Un Ritmo en el Uso de las Herramientas

De Casiopea
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TítuloUn Ritmo en el Uso de las Herramientas
Año1985
AutorAlberto Cruz, Claudio Girola
Tipo de PublicaciónCapítulo de Libro
EditorialEscuela de Arquitectura UCV
Edición1a
ColecciónOficio
CiudadValparaíso
Palabras Claveherramientas, oficio, ritmo, travesía
Código
743.8368 COR
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial
NotaPublicado en la Memoria de Título de Diseño Gráfico "Diez Separatas del Libro no Escrito", 1985.

El Lunes 30 de Septiembre en el Campamento, Alberto Cruz les dijo a los alumnos de Diseño Gráfico:

Hay que tener un ritmo en el uso de las herramientas. Diseño Gráfico dibuja la actividad de arquitectura, pero no indiscriminadamente. Cada instrumento, su modo; hachas, un modo; carretilla, otro modo; palas, picotas, azadón y chuzo, otros modos.


Y el Miércoles 30 de Octubre dice en la Escuela:

Los alumnos comienzan a trabajar con las manos. Con los dedos desgarran la tierra vegetal. Ello resulta posible. Incluso, fácil. Pues la tierra está humedecida. Los dedos comienzan a disgregar la tierra. Así ahondan el hoyo. La tierra disgregada hay que sacarla del hoyo mismo. Hay que trasladarla. Ella queda al lado del hoyo como un residuo. Ello, significa una operación. No puede, entonces, decirse que la tierra es desgarrada como se acaba de decir al comienzo. La palabra desgarrada usada instintivamente –como para señalar cualquiera (extensión), (por ejemplo) se trazó un cuadrado o un círculo– no conviene. No viene al caso. Pues se está sordamente pensando en el cuerpo humano. Un cuerpo se desgarra. No la tierra a-orgánica. Si se permite tal expresión. De repente se cambia de los dedos a las herramientas. En este sentido los dedos trasladadores y no, desgarradores. Es un invento reciente en cada alumno. Que casi comienza en el preciso momento de ponerse a facturar el hoyo. Por cierto, la mano es una antigua cosa en el cuerpo de cada cual y de la humanidad. Pero así como la mano trasladante es reciente; las herramientas: palas, chuzos, combo, y otros semejantes son antiquísimos. Han padecido como Troya siete re-edificaciones, unas sobre otras o como la tierra, diversas capas de sedimentaciones geológicas. Las herramientas son así lo constituido. Y como tal advienen como lo constituyente. Ante la mano trasladante que no desgarrante.

Pero las herramientas constituidas y constituyentes al ser tales llevan consigo la rapidez. Rápidamente han de ser utilizadas y rápidos avances han de traer. Y por cierto la rapidez implica la decisión. Y la decisión el riesgo. Y el riesgo, la generosidad. Y la generosidad, la fianza. Y la fianza, la épica. Y la épica, la poesía, ella misma.

Pero la herramienta que es otra cosa del hombre, que su mano, entra en enojos con la mano. Y la mano entra en enojos con la herramienta. La herramienta, por cierto -de suyo- en un enojo rápido. Pero la mano en un enojo desvanecerte, pues le conviene del todo la herramienta pues le evita a ella, cuerpo, desgarrarse en esa labor de trasladar que no desgarrar a tierra. Ahora, ritmo, es algo que acaece en un cierto destiempo. En ello es semejante a oír la voz del poeta. Que cuando llega al oído –hay que observar el canto del pájaro en la madrugada– para saber de lo que es ese llegar al oído, bien, cuando la voz poética llega al oído nuestro el poeta se ha marchado, para siempre. Ritmo es retener lo marchado para siempre. Es precisamente lo que se hace –como se dice habitualmente– a fondo perdido. Es lo que se hace a fondo. Separemos. Digamos se hace a fondo. Sólo, sin “perdido”. Agreguemos ahora "perdido". Pasemos este escrito a Claudio para que hable de eso que en escultura se entiende por: "a cera perdida…"


Entonces… el máximo riesgo. Basta pensar sólo en que alguien hace algo "único" y por lo tanto "aislado", como un hijo, por ejemplo, y que para que exista en la duración es necesario, casi obligatorio, que se "pierda". Que sea un "perdido"; puesto que sólo así, perdiéndose volverá a comparecer como "pródigo", es decir, "exigente".

Dicho de otro modo. La mayor “fidelidad” exige, reclama y cobra el riesgo de perderse para durar.

He descrito metafóricamente en qué consiste el procedimiento o técnica de la fundición "a cera perdida", entre los escultores.