Taller de Amereida 2004

De Casiopea



Asignatura(s)Taller de Amereida
Año2004
TalleresARQ 1º, ARQ 2º, ARQ 3º, ARQ 4º, ARQ 5º, DIS 1º, DG 2º, DG 3º, DG 4º, DO 2º, DO 3º, DO 4º
ProfesoresAlberto Cruz, Jaime Reyes, Manuel Sanfuentes, Andrés Garcés
Palabras Clavearquitectura, poesía, diseño, amereida, poética
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial

Alumnos

Fotografías

Clases de Jaime Reyes

Trimestre 1

Clase 1

Fábula

Primera clase del 16 de marzo de 2004.

Antes de que el mundo fuese el mundo, antes de la creación de todas las cosas, existía un panteón de dioses que habitaban en Caos. Entre seres y no seres, dioses y entes y fuerzas oscuras se libraban feroces batallas que duraban eternidades inconmensurables. No había calma ni silencio ni paz ni descanso. Luego, en un instante feroz, el dios Cronos dio muerte a Caos, acaso su padre, y se convirtió en rey y dio inicio al tiempo. Instauró las eras, los transcursos, el devenir, pero mantuvo el desorden y gobernó cruelmente el pasado, el presente y el futuro. Él era todos los tiempos, todos los augurios, todas las herencias, todas las suertes. Cronos, el rey de los dioses y del tiempo, sufría el horror al final, al término, a que el anuncio del cumplimiento fatal de su propia vida fuese igual a la de su padre. Entonces mataba y devoraba a sus hijos para mantener el poder y la gloria. Así eliminaba el futuro sacrificando el presente. Edificó el reino estático, invariable, donde los hechos transcurrían eternamente del mismo modo y a la misma velocidad. La realidad se consumía sobre su figura y su trono derramándose como sangre y oscuridad. Hasta que fue engañado por su esposa. Hera salvó a uno de sus hijos del homicidio, lo ocultó y lo crió hasta que estuvo fuerte para enfrentarse al padre y así cumplir una vez más con la forma del tiempo. Fue Zeus, quien finalmente mató a Cronos y restableció el modo del tiempo griego; uno en que padres e hijos combaten y se dan muerte unos a otros para gobernar. Es el sino que gobierna desde la voz de los oráculos, cuyas divinaciones habrán de realizarse sin excepciones; el futuro, trágico o benéfico, está desde antes de antes establecido.

Zeus es ahora el rey de los dioses, y hereda también el temor a que sus hijos lo maten algún día. Decide entonces no tener hijos-dioses. Pero para ello hace falta otro universo distinto, uno en que existan otros seres y en que por ejemplo tenga sentido la historia, es decir, uno en el que el pasado, el presente y el futuro sean momentos radicales y soberanos. Zeus se aboca a la Creación, y crea el universo y todas las cosas y al hombre y a la mujer. Cuando ha terminado llama a todos los dioses para que contemplen la labor. Sobreviene un gran silencio de admiración frente a la belleza de la creación. Zeus les pregunta si hace falta algo y los dioses consienten en que sí falta algo. Falta la palabra, porque sólo la palabra elogia la belleza de la creación. Entonces Zeus crea las musas. Entonces los poetas pueden cantar cuando las musas se acercan a ellos.

Mnemosine, la madre de las musas, se convierte en la memoria y envía a Clío, la que ofrece la gloria, a danzar con algunos elegidos y así la historia nace para que el tiempo sea. Sin embargo, el tiempo griego es poderoso y todavía el destino está sujeto a la voluntad profunda de las fuerzas superiores que dominan incluso a los anhelos de los dioses mismos. Nadie puede escapar a lo que le ha sido designado y entregado.

Durante miles de años los hombres deben obedecer y toda rebelión es inútil. Y esta tradición pasa de generación en generación y de templo en templo por todos los confines de occidente. Hasta que un hombre -hijo de un dios- instaura un nuevo modo del tiempo, que ya no implica matar a su padre para heredar el reino. Fue Cristo quien propuso la libertad para hacer cada cual su propia vida y para que todos, sin excepción puedan heredar el reino.

Desde entonces es posible que cada acción sea una decisión libre y fundamental que sirva para construir el presente y el futuro e incluso el pasado. Desde entonces la historia cobra sentido porque el tiempo compuesto por pasado, presente y futuro ha sido instaurado como trinidad y ya no como un ente unitario intransformable que domina sanguinariamente sobre los otros. Desde entonces Clío vuelve y vuelve sobre la tierra para que los hombres conozcan su origen y así tengan el poder de construir su propio destino.

Y nuestro primer origen es Cronos. Y los hombres consagrados al primer origen harán crónicas. Y sólo desde ellas es que podremos preguntarnos y respondernos hacia el destino.

Por eso amereida recoge a los cronistas de América como voz poética fundamental y fundadora y durante este trimestre nosotros prestaremos oidos a esa extraordinaria canción.

Clase 2

Martes 23 de marzo de 2004. 

(se leen fragmentos de la Bitácora de Huinay, de la Travesía de San Ignacio de Huinay del invierno de 1994)


prólogo 
tener y hacer una bitácora es referirse inevitablemente a la 
aventura a los viajes de todas las especies hacia infinitos 
lugares expediciones y empresas de épicas magníficas  
 gestas de hombres y pueblos travesías de gloria y de muerte 
de riqueza y de ruina de salvación y de aniquilamiento  
 muchos hombres de las más diversas razas y épocas han 
registrado estos acontecimientos    registro que vale para dar 
fe de tales afanes    nosotros un afán tenemos en la aventura  
 la nuestra es una aventura poética y por ello hemos de cuidar 
el decir y contar de todo cuanto nos ocurre y nos ocupa 
es una aventura poética porque hemos venido a fundar un mar 
nuevo    a dar el marco el primer golpe el de la puesta en 
marcha    y para que nuestro esfuerzo permanezca imborrable 
a través de las generaciones    en la memoria de la noche de 
los tiempos    es preciso oír a la poesía    oírla pues en su voz 
está cifrado el origen -su secreto- que nos impulsa y nos 
ilumina    en sus indicaciones adviene misteriosa y bellamente 
la revelación que nos permite obrar con maravilla y justicia 
con humanidad y consuelo con divinidad y dolor  
 poéticamente habitamos los mares de aysén y si somos fieles 
a esa condición habremos de llevar a cabo el más alto destino 
al que un hombre puede ser llamado    dar glorioso testimonio 
de lo celestial y divino que somos y hacemos     ese ha de ser 
el rumbo inviolable de nuestro oficio por el cual nombramos 
y construimos el mundo 
esta bitácora entonces cuidará todo lo que hacemos    nuestras 
faenas y labores nuestras reflexiones y pensamientos nuestras 
alegrías y nuestros fracasos     cuidar implica el cultivo 
delicado y fino    admirado    sin juicios personales    libre de 
formas pre-establecidas de emociones particulares    ajeno a 
la historia    esto es un juego y un juego hecho por todos    los 
que la escriben han de recibir este encargo con solemnidad y 
abertura han de situarse disponibles y así hospedarán en sus 
páginas este presente que nos estremece y nos regala

martes diecinueve de julio 
ha llovido toda la noche 
hemos ido adelantando la hora del desayuno para intentar 
aprovechar mejor las horas de luz    el cuerpo debe 
acostumbrarse de a poco a un nuevo horario    se almuerza a 
las doce y media y se cena a las diecinueve    es ese el horario 
de los colonos 
un grupo se traslada a las faenas del baño del aula espora  
 comienza el hoyo de la plataforma y su nivelación    en sala 
apollinaire se instala el bidón de docientos litros y continúa la 
instalación del alcantarillado y sus conexiones    al parecer ha 
nevado en las cumbres sobre nosotros pues hace un poco más 
de frío    el generador ha vuelto ha fallar    no tenemos energía 
eléctrica    esto implica no sólo la luz sino el taladro    nos 
vemos en la necesidad de reemplazar las perforaciones por 
otras soluciones    en apollinaire se hacen canaletas en las 
vigas y cesan la mayoría de las goteras    se está más cómodo 
a la espera de una solución definitiva    hoy vimos el sol    la 
visión ha durado exactamente medio minuto    apareció 
también un fragmento del arco iris    la nieve se acerca    está 
a unos cien metros sobre nosotros y en todas las cumbres del 
fiordo    sigue lloviendo aunque más levemente 
algo que decir    llevamos aquí casi una semana    si uno se 
queda sin hacer nada    simplemente perece    hay que 
abocarse casi ciegamente al trabajo    a cualquier labor    el 
sólo hecho de detenerse y quedar con la mente en blanco 
implica el riesgo de caer en un estado de naufragio sin 
remedio    como un extraviado en el desierto o en el caos  
 pero es necesario guardar un cuidado porque el trabajo por sí 
solo y en sí mismo no redime    debe haber algo anterior algo 
primigenio    es necesario y justo volver a la poesía    pues 
son sus indicaciones las que nos han traído y nos seguirán 
trayendo hasta estos mares 

miércoles veinte de julio 
ha llovido casi toda la noche    amanece con frío 
continúan las faenas iniciadas ayer    la nivelación del baño 
dos y el alcantarillado del baño uno    llega al aula espora el 
grupo que instala los bidones de docientos litros    penosa 
faena    nos encontramos con una roca inamovible  hay que 
desviar la tubería    se pulen limpian y pintan las estructuras 
del baño dos    en el baño uno siguen las conexiones  
 pareciera ser que la lluvia se detiene    volvemos a ver 
brevemente al sol    pero luego sigue el agua    caemos en la 
cuenta que cada faena que realizamos en tierra resulta 
infructuosa difícil    la selva no debe ser subestimada    esta 
tierra entrampa y engaña    y eso lo sabemos de sobra  
 resulta paradógico saberlo y aún así no asimilarlo del todo  
 la extrañeza reside en este mar que mudamente es testigo de 
nuestros esfuerzos    hacia él queremos llegar    en él ha de ser 
nuestra fundación    un barco para trapananda    único modo 
de accederla e iluminarla    y nosotros hombres de la ciudad y 
los campos casi no podemos abstenernos de realizar obras en 
la tierra    sobretodo si creemos que así llegaremos a construir 
nuestra embarcación    sabemos también o es menester saber 
el precio a pagar por tales costumbres    hoy continuamos sin 
el generador y continuamos revisándolo y sobretodo 
aprendiéndolo    es una máquina vieja que ha tenido mucho 
uso y desgaste    la cena es con velas    la noche es muy clara 
y fría    entre las nubes de pronto aparece la luna    está casi 
llena    sigue lloviendo    hemos leído a baudelaire    pasajes 
de amereida    a octavio paz    luego de la cena largas 

martes veintiséis de julio 
como siempre    ha llovido en la noche    hoy amanece 
lloviendo 
luego de nuestro acostumbrado desayuno comienzan las 
faenas    primero y conforme a lo de todos los días se corta 
leña    se lava limpia y entrega la cocina al siguiente turno y 
se realiza el aseo general que es ordenar el interior de la sala  
 barrer y botar la basura limpiar lámparas pañol etc    luego el 
trabajo del día    se construye un toldo con los andamios y 
plástico de la antigua membrana    hay que limpiar las piezas 
de la nueva carpa ya que el día del oleaje las llenó de barro y 
óxido    continúan desarmando las torres    hay que cortar los 
pernos    no tenemos el dado preciso    se hace un inventario 
de cables bridas y grilletes    en apollinaire se arreglan las 
muchas goteras y filtraciones del baño    está prácticamente 
listo para ser pintado    se inaugura el uso del w c    en espora 
se está conectando el agua a la red del baño además de los 
fittings    ha llovido todo el día    el generador no funciona  
 ahora está bien el sistema eléctrico y falla el carburador  
 viene la cena    respecto de nuestros alimentos hay que decir  
 como somos el primer grupo hemos constatado las fallas de 
esa planificación    hay algunas cosas que se nos hacen pocas 
   el café la mermelada el aceite las verduras y las frutas duran 
poco el tocino está incomestible    de otras cosas hay mucho 
avena azúcar quaker huevos    pero en general nos hemos 
alimentado muy bien 
después de comer conversamos    tapia habla 
como estamos en el día quince desde nuestra partida    cabe 
una reflexión aún cuando resulte larga para el ámbito de esta 
bitácora    han pasado dos semanas desde nuestra llegada  
 estamos a mitad de nuestra estancia    ha llovido casi todos 
los días y las noches    ya sabemos el rigor de un trabajo    de 
los tiempos y engaños de esta tierra    de la mudez    de un 
mar que aún nos resulta lejano y adverso    vinimos a 
construir una embarcación para habitar el mar de aysen    el 
nuevo mar    sin embargo aún nos encontramos entrampados 
en su selva y ella nos cobra rudamente nuestros modos y 
costumbres    la risa a pesar de todo no nos abandona    todos 
los rostros se han transformado    también las almas    también 
las almas    poco a poco vamos siendo el mismo    el único  
 el insobornable cuerpo múltiple que todo lo hace y todo lo es 
como el vuelo de la gran mariposa hacia la luz de su estrella  
 la luz que nos hará cenizas    el vuelo quebrado que nos 
enraíza con el anhelo original    aquí se es un nuevo pueblo  
 casi sin remedio    no sabemos del mundo    no tenemos 
noticias    y sin embargo estos mares nos regalan una realidad 
a la que prácticamente no le cabe más libertad    aquí es el 
verdadero mundo    el que no sólo amenaza    sino cumple 
rigurosamente    el vértigo de un tiempo de abismo    vértigo 
como el terror de toda musa    que anula incluso toda voluntad 
de arrojo    es sin opción    estamos ya en un fondo 
inconfesado de los jardines intocables de la creación    aquí 
no hay responsables    sólo paseantes profundos que danzan y 
danzan infinitas formas interminables    dioses y magníficas 
voluptuosidades    aquí no han de reinar los juicios    sólo las 
labores irrepetibles    irrenunciables    así el testimonio de la 
belleza    el atestiguarse como la humanidad    es cierto    hoy 
hablamos siendo todos los hombres    aún en el desvío    aún 
en los sueños    ese deber se nos encarga y nuestra espalda 
como el surco espantoso donde florecen y germinan todas las 
cosas    aquí dependemos de saber la hermosura de los errores 
   su hendidura feroz en la gentileza de las manos 
la vida entera aquí es dependiendo ya no de la constancia ni 
de los apegos    ya no de la esperanza ni de la soledad    más 
bien    este vivir le cobra íntimo sentido a la fidelidad con 
nuestro origen    con sus signos y con su incesante pregunta  
 con el misterio inviolable de su melancolía y toda la oscura y 
bella tiniebla que siempre nos espera    siempre    allí    donde 
ha estado la residencia de muchas soluciones    allí donde 
hemos cantado y cantaremos    en verdad decimos que en 
estos mares todo es posible de repensarse    de rehacerse    de 
revivirse    aquí nuestra orientación es volver    volver a no 
saber    aquí pasado y futuro no significan nada    todos los 
elementos conocidos y los por conocer    todas las relaciones  
 comparecen al unísono    mostrándose y ocultándose  
 apareciendo y desapareciendo en las sombras y fulgores de 
un mismo instante    todo lo que nace y lo que muere    las 
carencias y los desprendimientos    los opuestos y los iguales  
 la salvación y el aniquilamiento    aquí emergen y se 
sumergen simultáneamente    aquí somos la fiesta    el gran 
acto y gesto de otro modo del tiempo    un presente puro  
 cuya dimensión es apenas pensable - como la de los ángeles  
 que no existe -    cuyos dones no pueden ser demostrados 
racionalmente    porque es ésta la fiesta de lo inalcanzable  
 de las fronteras que atravesamos y nos atraviesan    a pesar 
de su evidente distancia la fiesta consoladora de una venida 
que es siempre venida    sin llegar jamás    de esa única 
presencia que es misterio y ausencia    comprender esto  
 vivirlo    sin importar dónde cómo o con quiénes    es 
acercarse a la santidad que nos ha elegido con su llamado y 
bajo cuyo estigma saludable habremos de fundar una gloria 
que nos convierta y nos resucite 
martes nueve de agosto 
ha llovido durante la noche y amanece lloviendo    con mucho 
frío    más que ningún otro día 
mañana es el día oficial del inicio de la embarcación por lo 
que la carpa debe estar lista    se aceleran estas faenas    todas 
las manos a coser la malla se aseguran con cable y bridas las 
unidas en que hay cadenas    y se construye la red exterior de 
cordel y alambre    el frío es fuerte    las manos no responden  
 y los pies no se sienten    además llueve    sin embargo ha 
quedado todo prácticamente listo para levantar las membranas 
al día siguiente    en los baños se sigue con la pintura de los 
terciados y la instalación de un lavatorio interior 
en la noche continúa el frío    toda nuestra leña está muy 
mojada por lo que cuesta encenderla    ahora con la 
motosierra tenemos mucha leña    pero toda mojada 
después de la cena volvemos a la tradición de nuestras 
conversaciones y es boris quien habla 
miércoles diez de agosto 
amanece lloviendo    aunque durante la mañana tiende a 
disminuir - no a cesar - la intensidad de la lluvia

se unen los conos y el manto central de malla rachel y se 
coloca sobre la estructura    en esto hemos demorado toda la 
mañana    después de almuerzo se une la otra malla y la 
colocamos después de la membrana intermedia de polietileno 
   esta faena es lenta    deben subirse varios a los arcos y 
ayudar a deslizarla sobre ellos    además de los cordeles con 
que se trata desde el otro costado 
luego viene la colocación de la red exterior de cordel y cable 
que la asegurará contra las fuerzas de succión    esta faena 
resulta ser la más lenta y complicada de todas    pero 
finalmente acaba    es casi de noche    estamos cansados  
 pero la carpa ha sido levantada    está prácticamente lista  
 muy tensa y muy asegurada    nos vamos a cenar con alegría  
 después será gonzález r  quien hable 

jueves once de agosto 
dejarse atravesar    atravesar    este día nos comenzamos a dar 
cuenta que aún no somos oficiantes en el tema de las carpas y 
mantos    ser oficiantes implica el dejarse atravesar y atrapar 
en sí el rigor que nos propone en este caso la naturaleza    el 
viento    hoy comenzamos a oficiar y la abertura no la damos 
nosotros la abertura la dio un signo 
hoy se cumple un mes desde que salimos de viña    amanece 
lloviendo    
durante la madrugada han soplado algunas ráfagas de fuerte 
viento    antes de ir a desayunar algunos de espora van a ver 
cómo va la carpa 
lo que vimos y sentimos casi no tiene palabras    dos de los 
arcos están en el suelo    la carpa se ha caído    ha durado una 
sola noche    el arco central y las cumbreras de un arco-cono 
están completamente retorcidos    como si fueran del más 
delgado de los alambres    los cables no se han movido de sus 
posiciones    la membrana de plástico está intacta y el viento 
la azota con violencia 
en ese momento cede la cumbrera del otro arco-cono y 
amenaza con desplomarse    el espectáculo es desolador  
 nada que hacer    simplemente irse a desayunar 
la noticia es recibida con asombro y consternación 
decidimos que lo primero es encastillar las maderas    una vez 
en la playa se decide que la embarcación será construida al 
lado del taller de don checho    y ahí se comienza a encastillar 
en la mañana las tablas se transportan caminando y al hombro 
   son pesadísimas y hay que andar sobre piedras resbalosas y 
atravesar un río    en la tarde trasladamos la quilla 
aprovechando la marea alta    luego la roda    y luego se 
inventa un sistema de correa sin fin para pasar las tablas de a 
una y por el agua    el rendimiento aumenta 
espectacularmente 
pasamos casi una por minuto    al final del día estamos muy 
cansados    pero hay algo que finalmente nos sostiene 

dejarse atravesar    dejarse atravesar    es la durísima consiga 
que      en nuestros oídos    pero esa voz    esa música    nos 
mantiene con coraje y vida    cosas como las que sucedieron 
hoy son la verdadera prueba que una travesía regala    el dolor 
y sacrificio    la fidelidad a toda prueba para mudar lo adverso 
en favorable    la caída de la carpa habrá de tornarse 
invariablemente en una bendición    no hay otra posibilidad  
no hay otra alternativa 

¿por qué fue importante haber hecho estas crónicas? ¿por qué es importante leerlas hoy? ¿a quién está dirigido el relato de lo que sucediera, en un rincón perdido del archipiélago más bello del mundo, hace ya 10 años?

Por un lado sabemos que la historia quisiera ocuparse de los hechos, de los personajes, de los sistemas y situaciones que existieron a través de todas las épocas. Y así puede enseñarnos y educarnos y hasta hacernos mejores hombres y mejores mujeres. Pero la historia no puede contar algo que no ha oído jamás y que tampoco llegará a oir nunca. Me refiero al origen. El origen no es una cuestión que verdaderamente le incumba a la historia porque lo originario no existe ni como hechos ni como personajes ni como sistemas. Lo originario no existe para ser enseñado ni para inculcarle educación a nadie. Tampoco se preocupa de las épocas ni de los períodos ni de ninguna de las estructuras formales que utilizan los hombres para separar y reordenar sus asuntos a favor de la comprensión y del conocimiento. Lo original depende de la creatividad, de lo creativo, de lo siempre nuevo y desconocido. De ahí que ser original –tener origen- implica al regalo del presente. Volvemos al origen porque allí está la residencia eterna de las claves secretas que ya habíamos olvidado; aquellas voces que nos indican hacer que lo estamos haciendo hoy: Eso que hacemos simplemente y sin reparar en ello. Y que lo hacemos sin saber por qué lo hacemos. Esas claves musicales que en cuanto voces tienen la forma de murmullos apenas audibles, apenas perceptibles, y que, querámoslo o no, se han introducido en nuestra más profunda intimidad para guiarnos en el proyecto entero del ser. Lo que cada uno de nosotros es, ese ser que siempre al final es sólo puro anhelo del ser, proviene de aquel jardín secreto que tantas veces hemos entrevisto a mitad del recorrido entre la vigilia y el sueño. Y para ser conducidos hasta allí oimos a la poesía cuando nos cuenta y nos canta todas las leyendas.

Clase 3

Tercera clase del 30 de marzo de 2004

Carta


Sabrá usted, que aquello comenzó a diez y siete dias del mes de Junio de mil y quinientos y veintisiete, cuando partimos del Puerto de San Lúcar de Barrameda, mandados de vuestra majestad para conquistar y gobernar el cabo de la Florida. Con la armada de cnco navíos llevábamos seiscientos hombres, yo Cabeza de Vaca, por tesorero y alguacil mayor.

Toda la aventura por Gloria de nuestro Señor resultó extraña si usted quiere, por toda la peripecia acaecida. Todo el mundo sabe que naufragamos y que los pocos y desperdigados sobrevivientes anduvimos extraviados muchos meses, hasta que estuve solo sin cristiana compañía. Sufrí hambrunas que no se pueden volver a contar, caminé dieciochomil kilómetros desnudo ya no en busca ni del oro ni de la gloria, sino sólo apenas intentando hallar algún signo de neustro Señor Salvador. Fui esclavo de indios paganos que apenas me vestían o me daban porquerías para comer. Durante mucho tiempo no pude escapar dellos porque no podía valerme de mi siquiera para comer en aquellas ciénagas, selvas y desiertos. Pero luego me convertí en médico y anduve curando a los enfermos de los poblados y las tribus. Y fui personaje muy respetado. Pero todas las atenciones bárbaras y paganas no disminuyeron la soledad que tantas veces me empujó hacia la locura. Sólo la eterna misericordia de nuestro Señor pudo tenerme despierto aún cuando ya no existían las esperanzas. Nunca vi otro oro más que aquel soñado malamente en noches de fiebres mortales ni tuve otra familia que esos amos del infierno. Tampoco conquisté tierra alguna y, lo que es lo peor de todo, no pude convertir a ningún salvaje a ver la luz divina de Dios. En todo ese tiempo hallé tantas lenguas que que no aprendí más comunicación que unas cuantas palabras ni pude tampoco hacerme entender más allá que los elementales signos que apenas reconocería un hombre civilizado.

Diez años transcurrieron desde el naufragio hasta que hallé cristianos otra vez. Diez años que yo no sabía cuántos eran hasta que el capitán dellos me dio la fecha feliz.

Pero ya ve usted, me volví a embarcar en capitulación de su Majestad Carlos V como gobernador, adelantado y capitán general del Río de la Plata…

Dejo ahora una pregunta. ¿Por qué Alvar Nuñez Cabeza de Vaca volvió a embarcarse después de todo esto?

Capítulo treinta y tres.

Cómo vimos rastro de christianos.

Después que vimos rastro claro de christianos y entendimos que tan cerca estávamos dellos, dimos muchas gracias a Dios Nuestro Señor por querernos sacar de tan triste y miserables cautiverio, y el plazer que desto sentimos júzguelo cada uno cuando pensare el tiempo que en aquella tierra estuvimos y los peligros y trabajos por que passamos. Aquella noche yo rogué a uno de mis compañeros que fuesse tras los christianos, que ivan por donde nosotros dexávamos la tierra assegurada, y avía tres días de camino. A ellos se les hizo de mal esto, escusándose por el cansancio y trabajo, y aunque cada uno dellos lo pudiera hazer mejor que yo, por ser mas rezios y mas moços, mas, vista su voluntad, otro día por la mañana tomé conmigo al negro y onze indios, y por el rastro que hallava siguiendo a los chistianos passé por tres lugares donde avían dormido, y este día andava diez leguas. Y otro día de mañana alcancé cuatro chistianos de cavallo que rescibieron gran alteración de verme tan estrañadamente vestido y en compañía de indios. Estuviéronme mirando mucho espacio de tiempo, tan atónitos que ni me hablavan ni acertavan a preguntarme nada. Yo les dixe que me llevassen adonde estava su capitán, y assí fuimos media legua de allí donde estava Diego de Alcaraz, que era el capitán, y después de averlo hablado me dixo que estava muy perdido allí porque avía muchos días que no avía podido tomar indios y que no avía por donde ir, porque entre ellos començava a aver necessidad y hambre. Yo le dixe cómo atrás quedavan Dorantes y Castillo, que estavan diez leguas de allí, con muchas gentes que nos avían traído. Y el embió luego tres de cavallo y cincuenta indios de los que ellos traían y el negro volvió con ellos para guiarlos, e yo quedé allí y pedí que me diessen por testimonio el año y el mes y día que allí avía llegado y la manera en que venía, y ansí lo hizieron. Deste río hasta el pueblo de los christianos, que se llama Sant Miguel113, que es de la gobernación de la provincia que dizen la Nueva Galicia, ay treinta leguas.

113 Culiacán, fundada por Nuño de Guzmán en 1530 con el nombre de San Miguel. El territorio de Nueva Galicia comprendía las tierras de los mixtecas, Michoacán, Ycanarit, Jalisco y Sinaloa. Su capital fue primero Compostela y más tarde, ene 1533, Guadalajara, fundada por Juan de Oñate.

Clase 4

Martes 6 de abril de 2004.


La vez anterior terminé con una pregunta: ¿Por qué Alvar Nuñez Cabeza de Vaca volvió a embarcarse después de haber pasado inenarrables penurias durante diez años de naufragio en la Florida?

Propongo una respuesta: Lo hizo simplemente por la Aventura.

No quiero definir esta palabra, prefiero indagar sencillamente en ella para vislumbrar aquello en que nos toca y que viene al caso para el tema de este taller.

Alvar Nuñez escribió todo lo que le sucedió en esos diez años. Hizo las crónicas en un libro que se llama Naufragios. La proposición entonces es que toda crónica es el relato de una aventura.

Por otro lado, nosotros tenemos una estrella nombrada y posada sobre el océano pacífico; a una de las cuatro estrellas de la cruz del sur la hemos llamado aventura y es en virtud de ese nombre que llamamos mar interior a toda la vasta extensión del continente americano. De alguna forma, para nosotros, América es sinónimo de mar. Y por lo tanto sinónimo de aventura. El por qué asociamos al mar con esta palabra es una cuestión que trataré en otra ocasión.

Ahora bien, para vivir una aventura se requieren en verdad pocas cosas. Casi basta con imaginar –ni creer ni pensar- que todo cuanto sucede a nuestro alrededor es susceptible de convertirse en una.

Una aventura no es sólo la maravilla de la peripecia desenacadenada a cada instante, mostrándose por doquier incansablemente, renovando el espíritu humano.

No es sólo el ansia de conocimiento, la búsqueda insaciable del la verdad del universo o la demostración de un mundo que, en tanto naturaleza, se extiende y se abre ofreciendo sus dones.

No es sólo la tensión del peligro constante, desbocada a flor de piel abrazándonos como una droga, plena de necesidad, que nos impulsa a intentar alcanzar extremos cada vez más extraños.

No es sólo el anhelo de la soledad que nos quita de la realidad como una fiebre para conducirnos hacia los lugares ignotos y lejanos donde no hay huella humana que nos testimonie en la dulzura de la compañía.

No es sólo el amor profundo a lo desconocido cuando nos invita, soplando un viento frío y libre sobre el rostro, a decir siempre “adelante”, a partir por partir en todo momento tras horizontes siempre inalcanzables que van convirtiéndose, uno tras otro, en el destino.

Ni siquiera basta comprender ni amar la sed que alimenta el vuelo de la mariposa hacia la luz de la estrella.

Alvar Nuñez volvió a embarcarse porque en la aventura se halla y se posee el reino de los cielos (y no importa aquí de cual religión o credo). No se trata de ser aventurero sino bienaventurado.

Clase 5

Quinta clase del 20 de abril de 2004.


Esta vez una nota breve a propósito del Acto de Recepción del Primer Año.


Muchas veces, en este taller, nos hemos referido a amereida. Y hemos dicho que es un poema, una travesía, un libro, etc. propongo considerarla hoy como una visión. Amereida es la visión de la Escuela. Y es una visión propia y original.

Tener una visión propia significa muchas cosas; un estado especial que influye en la vida, en el trabajo, en los estudios. Pensemos por un momento que es como un horizonte hacia el cual estamos siempre mirando y hacia el cual nos dirigimos intentando llegar. Nunca se llega a él, pero sus luces y voces nos iluminan y llaman y orientan en todos los quehaceres, en todas las tareas e incluso en todos los anhelos. Pero tener un horizonte propio no quiere decir sostener una dirección única, no significa andar sobre un camino exclusivo ni postular un rumbo absoluto. La vida es demasiado plena de posibilidades y probabilidades como para pretender la arrogancia de establecer que sólo algunas de éstas son válidas. De hecho es justamente al revés: poseer una visión propia, un horizonte original, permite precisamente esa abertura de las posibilidades y probabilidades. En la claridad de lo peculiar se acepta la diversidad y el ir hacia ese horizonte con la justa medida de cada cual.

Esta escuela ha permanecido fiel a su visión y con y desde ella anda y camina hacia el tal horizonte desde hace más de cincuenta años. Ustedes, los alumnos, cuando egresen, deberán encontrar su propia posición en el mundo. Una posición desde la cual puedan llevar adelante sus propios intentos. Suyos y propios, no los de esta Escuela. Por supuesto que no se trata de olvidar lo aprendido ni de renegar de la formación recibida, pero es que esa formación quisiéramos que justa y necesariamente los impulsara, a todos y cada uno, a hallar una posición propia desde la cual acometer la construcción del mundo. Es más; esta Escuela es también todas vuestras posiciones; esta Escuela es también todos sus ex alumnos y ellos son testimonio de la visión. Seríamos un completo fracaso si todos ustedes, al egresar, quisieran seguir en la escuela en vez de ir a por el mundo.

Pues bien. El día lunes pasado realizamos un acto en Valparaíso; recibimos a los alumnos de primer año. Aquella fiesta no fue un acto de iniciación, porque ni ustedes ni los ex alumnos ni nosotros los profesores somos iniciados en amereida. Una iniciación implica determinar, de antemano, conductas y modos de ser y de responder a los requerimientos que el mundo propone. Los iniciados en algo se entregan a una dirección definida y consagran su tiempo a cumplir con preceptos obligatorios. Esto no es ni menor, pero la poesía jamás va a tener iniciados. Su canto seduce a la libertad sin opción, a la primigenia. Seduce al instante o momento en el cual ustedes deben hacerse cargo de hallar, desde el más hondo e íntimo fuero personal, el llamado del propio destino. La poesía le canta el dios a cada cual. Que de ahí puedan ustedes juntarse y reunirse con otros y otras para construir el mundo, en hora buena, pero esto es ya un segundo paso (esto es por ejemplo la Ciudad Abierta).

Tampoco hicimos un acto al modo de un bautismo. La poesía no bautiza a nadie; los poetas no son profetas que anuncien la salvación ni que anden ungiendo elegidos. Amereida no es salvífica porque no va a salvar a nadie de nada. Amereida no es la promesa de un mundo mejor ni resguarda el secreto de la bondad o de la esperanza. Nadie en esta Escuela ha sido ni será bautizado en amereida, o en la observación, o en el arte moderno. Nadie en esta escuela es nombrado con un nombre ajeno a sí mismo o con una palabra que no le corresponde. Amereida no canta en el nombre de la arquitectura o del diseño o de cualquier otro oficio.

¿Qué hicimos entonces el lunes al aterdecer en Valparaíso? No hicimos un mero acto por trámite para cumplir con una tradición (por lo demás las tradiciones vacías no existen porque nada alcanza a convertirse en tradición si no celebra algo profundo y real). Recibimos al primer año con acto de saludo. Es el saludo de amereida., así, el saludo de un pueblo. En ese acto se juega la composición de un pueblo. No importa por ahora si se trata de un pueblo de palomas o uno de estorninos, porque ambas metáforas de las aves quieren indicar una configuración acerca de cómo ese pueblo avanza y se mueve, no tanto sobre cómo se compone. Baste entonces decir que han sido recibidos en el seno de un pueblo y que gozan con toda la libertad para atender al horizonte y a un destino. Es este un destino abierto donde todos, absolutamente todos, pueden jugar (tal vez sólo se queda afuera del juego aquel que Claudio Girola llamaba el “aguafiestas”, aunque esto ya es otro asunto). Jugar en el acto del saludo, de esto se trata, aunque lo verdaderamente importante es comprender por qué es fundamental este acto. Un saludo, lo que hace, es provocar la aparición del LUGAR; un Lugar de encuentro. Toda construcción del mundo está basada en la comprensión de la Tierra en cuanto y como Lugar. Por esto amereida es la poesía del Ha-Lugar.

Clase 6

Crónicas Marcianas 27 de abril de 2004


LOS COLONOS 
Los hombres de la Tierra llegaron a Marte. 
Llegaron porque tenían miedo o porque no lo tenían, porque eran felices o desdichados, porque se sentían como los Peregrinos, 
o porque no se sentían como los Peregrinos. Cada uno de ellos tenía una razón diferente. Abandonaban mujeres odiosas, trabajos 
odiosos o ciudades odiosas; venían para encontrar algo, dejar algo o conseguir algo; para desenterrar algo, enterrar algo o alejarse 
de algo. Venían con sueños ridículos, con sueños nobles o sin sueños. El dedo del gobierno señalaba desde letreros a cuatro 
colores, en innumerables ciudades: HAY TRABAJO PARA USTED EN EL CIELO. ¡VISITE MARTE! Y los hombres se 
lanzaban al espacio. Al principio sólo unos pocos, unas docenas, porque casi todos se sentían enfermos aun antes que el cohete 
dejara la Tierra. Y a esta enfermedad la llamaban la soledad, porque cuando uno ve que su casa se reduce hasta tener el tamaño de 
un puño, de una nuez, de una cabeza de alfiler, y luego desaparece detrás de una estela de fuego, uno siente que nunca ha nacido, 
que no hay ciudades, que uno no está en ninguna parte, y sólo hay espacio alrededor, sin nada familiar, sólo otros hombres 
extraños. Y cuando los estados de Illinois, lowa, Missouri o Montana desaparecen en un mar de nubes, y más aún, cuando los 
Estados Unidos son sólo una isla envuelta en nieblas y todo el planeta parece una pelota embarrada lanzada a lo lejos, entonces uno 
se siente verdaderamente solo, errando por las llanuras del espacio, en busca de un mundo que es imposible imaginar. 
No era raro, por lo tanto, que los primeros hombres fueran pocos. Crecieron y crecieron en número hasta superar a los hombres 
que ya se encontraban en Marte. Los números eran alentadores. 
Pero los primeros solitarios no tuvieron ese consuelo. 
F I N 

INTERMEDIO 
Trajeron cinco mil metros cúbicos de madera de pino de Oregón para construir la décima ciudad, y veinticinco mil metros de 
abeto de California y levantaron a martillazos un pueblo limpio y claro, a orillas de los canales de piedra. En las noches de los 
domingos se iluminaban los vidrios rojos, azules y verdes de las iglesias, y desde la calle se oían los himnos numerados. 
«Cantaremos ahora el 79.» «Cantaremos ahora el 94». Y en ciertas casas se oía el duro repiqueteo de una máquina de escribir: el 
novelista estaba trabajando; o no se oía ningún ruido: el ex vagabundo estaba trabajando. Parecía a veces que un enorme terremoto 
hubiera arrancado de raíz una ciudad de lowa, y en un abrir y cerrar de ojos u ciclón fabuloso se hubiera llevado a Marte toda la 
ciudad, y la hubiera puesto allí sin una sacudida. 
F I N 

LAS LANGOSTAS 
Los cohetes incendiaron las rocosas praderas, transformaron la piedra en lava, la pradera en carbón, el agua en vapor, la arena y 
la sílice en un vidrio verde que reflejaba y multiplicaba la invasión, como espejos hechos trizas. Los cohetes vinieron como 
langostas y se posaron como enjambres envueltos en rosadas flores de humo. Y de los cohetes salieron de prisa los hombres 
armados de martillos, con las bocas orladas de clavos como animales feroces de dientes de acero, y dispuestos a dar a aquel mundo 
extraño una forma familiar, dispuestos a derribar todo lo insólito, escupieron los clavos en las manos activas, levantaron a
martillazos las casas de madera, clavaron rápidamente los techos que suprimirían el imponente cielo estrellado e instalaron unas 
persianas verdes que ocultarían la noche. Y cuando los carpinteros terminaron su trabajo, llegaron las mujeres con tiestos de flores 
y telas de algodón y cacerolas, y el ruido de las vajillas, cubrió el silencio de Marte, que esperaba detrás de puertas y ventanas. 
En seis meses surgieron doce pueblos en el planeta desierto, con una luminosa algarabía de tubos de neón y amarillos bulbos 
eléctricos. En total, unas noventa mil personas llegaron a Marte, y otras más en la Tierra preparaban las maletas... 
F I N 

LA MAÑANA VERDE 
Cuando el sol se puso, el hombre se acuclilló junto al sendero y preparó una cena frugal y escuchó el crepitar de las llamas 
mientras se llevaba la comida a la boca y masticaba con aire pensativo. Había sido un día no muy distinto de otros treinta, con 
muchos hoyos cuidadosamente cavados en las horas del alba, semillas echadas en los hoyos, y agua traída de los brillantes canales. 
Ahora, con un cansancio de hierro en el cuerpo delgado, yacía de espaldas y observaba cómo el color del cielo pasaba de una 
oscuridad a otra. 
Se llamaba Benjamin Driscoll, tenía treinta y un años, y quería que Marte creciera verde y alto con árboles y follajes, 
produciendo aire, mucho aire, aire que aumentaría en cada temporada. Los árboles refrescarían las ciudades abrasadas por el 
verano, los árboles pararían los vientos del invierno. Un árbol podía hacer muchas cosas: dar color, dar sombra, fruta, o convertirse 
en paraíso para los niños; un universo aéreo de escalas y columpios, una arquitectura de alimento y de placer, eso era un árbol. 
Pero los árboles, ante todo, destilaban un aire helado para los pulmones y un gentil susurro para los oídos, cuando uno está 
acostado de noche en lechos de nieve y el sonido invita dulcemente a dormir. 
Benjamin Driscoll escuchaba cómo la tierra oscura se recogía en sí misma, en espera del sol y las lluvias que aún no habían 
llegado. Acercaba la oreja al suelo y escuchaba a lo lejos las pisadas de los años e imaginaba los verdes brotes de las semillas 
sembradas ese día; los brotes buscaban apoyo en el cielo, y echaban rama tras rama hasta que Marte era un bosque vespertino, un 
huerto brillante. 
En las primeras horas de la mañana, cuando el pálido sol se elevase débilmente entre las apretadas colinas, Benjamin Driscoll se 
levantaría y acabaría en unos pocos minutos con un desayuno ahumado, aplastaría las cenizas de la hoguera y empezaría a trabajar 
con los sacos a la espalda, probando, cavando, sembrando semillas y bulbos, apisonando levemente la tierra, regando, siguiendo 
adelante, silbando, mirando el cielo claro cada vez más brillante a medida que pasaba la mañana. 
—Necesitas aire —le dijo al fuego nocturno. 
El fuego era un rubicundo y vivaz compañero que respondía con un chasquido, y en la noche helada dormía allí cerca, 
entornando los ojos, sonrosados, soñolientos y tibios. 
—Todos necesitamos aire. Hay aire enrarecido aquí en Marte. Se cansa uno tan pronto... Es como vivir en la cima de los Andes. 
Uno aspira y no consigue nada. No satisface. 
Se palpó la caja del tórax. En treinta días, cómo había crecido. Para que entrara más aire había que desarrollar los pulmones o 
plantar más árboles. 
—Para eso estoy aquí —se dijo. El fuego le respondió con un chasquido—. En las escuelas nos contaban la historia de Johnny 
Appleseed, que anduvo por toda América plantando semillas de manzanos. Bueno, pues yo hago más. Yo planto robles, olmos, 
arces y toda clase de árboles; álamos, cedros y castaños. No pienso sólo en alimentar el estómago con fruta, fabrico aire para los 
pulmones. Cuando estos árboles crezcan algunos de estos años, ¡cuánto oxígeno darán! 
Recordó su llegada a Marte. Como otros mil paseó los ojos por la apacible mañana y se dijo: 
—¿Qué haré yo en este mundo? ¿Habrá trabajo para mí? 
Luego se había desmayado. 
Volvió en sí, tosiendo. Alguien le apretaba contra la nariz un frasco de amoníaco. 
—Se sentirá bien en seguida —dijo el médico. 
—¿Qué me ha pasado? 
—El aire enrarecido. Algunos no pueden adaptarse. Me parece que tendrá que volver a la Tierra. 
—¡No! 
Se sentó y casi inmediatamente se le oscurecieron los ojos y Marte giró dos veces debajo de él. Respiró con fuerza y obligó a los 
pulmones a que bebieran en el profundo vacío. 
—Ya me estoy acostumbrando. ¡Tengo que quedarme! 
Le dejaron allí, acostado, boqueando horriblemente, como un pez. «Aire, aire, aire —pensaba—. Me mandan de vuelta a causa 
del aire.» Y volvió la cabeza hacia los campos y colinas marcianos, y cuando se le aclararon los ojos vio en seguida que no había 
árboles, ningún árbol, ni cerca ni lejos. Era una tierra desnuda, negra, desolada, sin ni siquiera hierbas. Aire, pensó, mientras una 
sustancia enrarecida le silbaba en la nariz. Aire, aire. Y en la cima de las colinas, en la sombra de las laderas y aun a orillas de los
arroyos, ni un árbol, ni una solitaria brizna de hierba. ¡Por supuesto! Sintió que la respuesta no le venía del cerebro, sino de los 
pulmones y la garganta. Y el pensamiento fue como una repentina ráfaga de oxígeno puro, y lo puso de pie. Hierba y árboles. Se 
miró las manos, el dorso, las palmas. Sembraría hierba y árboles. Ésa sería su tarea, luchar contra la cosa que le impedía quedarse 
en Marte. Libraría una privada guerra hortícola contra Marte. Ahí estaba el viejo suelo, y las plantas que habían crecido en él eran 
tan antiguas que al fin habían desaparecido. Pero ¿y si trajera nuevas especies? Árboles terrestres, grandes mimosas, sauces 
llorones, magnolias, majestuosos eucaliptos. ¿Qué ocurriría entonces? Quién sabe qué riqueza mineral no ocultaba el suelo, y que 
no asomaba a la superficie porque los helechos, las flores, los arbustos y los árboles viejos habían muerto de cansancio. 
—¡Permítanme levantarme! —gritó—. ¡Quiero ver al coordinador! 
Habló con el coordinador de cosas que crecían y eran verdes, toda una mañana. Pasarían meses, o años, antes de que se 
organizasen las plantaciones. Hasta ahora, los alimentos se traían congelados desde la Tierra, en carámbanos volantes, y unos 
pocos jardines públicos verdeaban en instalaciones hidropónicas. 
—Entretanto, ésta será su tarea —dijo el coordinador—. Le entregaremos todas nuestras semillas; no son muchas. No sobra 
espacio en los cohetes por ahora. Además, estas primeras ciudades son colectividades mineras, y me temo que sus plantaciones no 
contarán con muchas simpatías. 
—¿Pero me dejarán trabajar? 
Lo dejaron. En una simple motocicleta, con la caja llena de semillas y retoños, llegó a este valle solitario, y echó pie a tierra. 
Eso había ocurrido hacía treinta días, y nunca había mirado atrás. Mirar atrás hubiera sido descorazonarse para siempre. El 
tiempo era excesivamente seco, parecía poco probable que las semillas hubiesen germinado. Quizá toda su campaña, esas cuatro 
semanas en que había cavado encorvado sobre la tierra, estaba perdida. Clavaba los ojos adelante, avanzando poco a poco por el 
inmenso valle soleado, alejándose de la primera ciudad, aguardando la llegada de las lluvias. 
Mientras se cubría los hombros con la manta, vio que las nubes se acumulaban sobre las montañas secas. Todo en Marte era tan 
imprevisible como el curso del tiempo. Sintió alrededor las calcinadas colinas, que la escarcha de la noche iba empapando, y pensó 
en la tierra del valle, negra como la tinta, tan negra y lustrosa que parecía arrastrarse y vivir en el hueco de la mano, una tierra 
fecunda en donde podrían brotar unas habas de larguísimos tallos, de donde caerían quizás unos gigantes de voz enorme, dándose 
unos golpes que le sacudirían los huesos. 
El fuego tembló sobre las cenizas soñolientas. El distante rodar de un carro estremeció el aire tranquilo. Un trueno. Y en seguida 
un olor a agua. 
«Esta noche —pensó—. Y extendió la mano para sentir la lluvia. Esta noche.» 
Lo despertó un golpe muy leve en la frente. 
El agua le corrió por la nariz hasta los labios. Una gota le cayó en un ojo, nublándolo. Otra le estalló en la barbilla. 
La lluvia. 
Fresca, dulce y tranquila, caía desde lo alto del cielo como un elixir mágico que sabía a encantamientos, estrellas y aire, 
arrastraba un polvo de especias, y se le movía en la lengua como raro jerez liviano. 
Se incorporó. Dejó caer la manta y la camisa azul. La lluvia arreciaba en gotas más sólidas. Un animal invisible danzó sobre el 
fuego y lo pisoteó hasta convertirlo en un humo airado. Caía la lluvia. La gran tapa negra del cielo se dividió en seis trozos de azul 
pulverizado, como un agrietado y maravilloso esmalte y se precipitó a tierra. Diez billones de diamantes titubearon un momento y 
la descarga eléctrica se adelantó a fotografiarlos. Luego oscuridad y agua. 
Calado hasta los huesos, Benjamin Driscoll se reía y se reía mientras el agua le golpeaba los párpados. Aplaudió, y se incorporó, 
y dio una vuelta por el pequeño campamento, y era la una de la mañana. 
Llovió sin cesar durante dos horas. Luego aparecieron las estrellas, recién lavadas y más brillantes que nunca. 
El señor Benjamin Driscoll sacó una muda de ropa de una bolsa de celofán, se cambió, y se durmió con una sonrisa en los 
labios. 
El sol asomó lentamente entre las colinas. Se extendió pacíficamente sobre la tierra y despertó al señor Driscoll. 
No se levantó en seguida. Había esperado ese momento durante todo un interminable y caluroso mes de trabajo, y ahora al fin se 
incorporó y miró hacia atrás. 
Era una mañana verde. 
Los árboles se erguían contra el cielo, uno tras otro, hasta el horizonte. No un árbol, ni dos, ni una docena, sino todos los que 
había plantado en semillas y retoños. Y no árboles pequeños, no, ni brotes tiernos, sino árboles grandes, enormes y altos como diez 
hombres, verdes y verdes, vigorosos y redondos y macizos, árboles de resplandecientes hojas metálicas, árboles susurrantes, 
árboles alineados sobre las colinas, limoneros, tilos, pinos, mimosas, robles, olmos, álamos, cerezos, arces, fresnos, manzanos, 
naranjos, eucaliptos, estimulados por la lluvia tumultuosa, alimentados por el suelo mágico y extraño, árboles que ante sus propios 
ojos echaban nuevas ramas, nuevos brotes. 
—¡Imposible! —exclamó el señor Driscoll. 
Pero el valle y la mañana eran verdes. 
¿Y el aire? 
De todas partes, como una corriente móvil, como un río de las montañas, llegaba el aire nuevo, el oxígeno que brotaba de los 
árboles verdes. Se lo podía ver, brillando en las alturas, en oleadas de cristal. El oxígeno, fresco, puro y verde, el oxígeno frío que 
transformaba el valle en un delta frondoso. Un instante después las puertas de las casas se abrirían de par en par y la gente se 
precipitaría en el milagro nuevo del oxígeno, aspirándolo en bocanadas, con mejillas rojas, narices frías, pulmones revividos, 
corazones agitados, y cuerpos rendidos animados ahora en pasos de baile. 
Benjamin Driscoll aspiró profundamente una bocanada de aire verde y húmedo, y se desmayó.
Antes que despertara de nuevo, otros cinco mil árboles habían subido hacia el sol amarillo. 
F I N 

NOCHE DE VERANO 
La gente se agrupaba en las galerías de piedra o se movía entre las sombras, por las colinas azules. Las lejanas estrellas y las 
mellizas y luminosas lunas de Marte derramaban una pálida luz de atardecer. Más allá del anfiteatro de mármol, en la oscuridad y 
la lejanía, se levantaban las aldeas y las quintas. El agua plateada yacía inmóvil en los charcos, y los canales relucían de horizonte 
a horizonte. Era una noche de verano en el templado y apacible planeta Marte. Las embarcaciones, delicadas como flores de 
bronce, se entrecruzaban en los canales de vino verde, y en las largas, interminables viviendas que se curvaban como serpientes 
tranquilas entre las lomas, murmuraban perezosamente los amantes, tendidos en los frescos lechos de la noche. Algunos niños 
corrían aún por las avenidas, a la luz de las antorchas, y con las arañas de oro que llevaban en la mano lanzaban al aire finos hilos 
de seda. Aquí Y allá, en las mesas donde burbujeaba la lava de plata, se preparaba alguna cena tardía. En un centenar de pueblos 
del hemisferio oscuro del planeta, los marcianos, seres morenos, de ojos rasgados y amarillos, se congregaban indolentemente en 
los anfiteatros. Desde los escenarios una música serena se elevaba en el aire tranquilo, como el aroma de una flor. 
En uno de los escenarios cantó una mujer. 
El público se sobresaltó. 
La mujer dejó de cantar. Se llevó una mano a la garganta. Inclinó la cabeza mirando a los músicos, y comenzaron otra vez. 
Los músicos tocaron y la mujer cantó, y esta vez el público suspiró y se inclinó hacia delante en los asientos; unos pocos se 
pusieron de pie, sorprendidos, y una ráfaga helada atravesó el anfiteatro. La mujer cantaba una canción terrible y extraña. Trataba 
de impedir que las palabras le brotaran de la boca pero éstas eran las palabras: 
Avanza envuelta en belleza, como la noche 
de regiones sin nubes y cielos estrellados; 
y todo lo mejor de lo oscuro y lo brillante 
se une en su rostro y en sus ojos.... 
La cantante se tapó la boca con las manos, y así permaneció unos instantes, inmóvil, perpleja. 
—¿Qué significan esas palabras? —preguntaron los músicos. 
—¿De dónde viene esa canción? 
—¿Qué idioma es ése? 
Y cuando los músicos soplaron en los cuernos dorados, la extraña melodía pasó otra vez lentamente por encima del público que 
ahora estaba de pie y hablaba en voz alta. 
—¿Qué te pasa? —se preguntaron los músicos. 
—¿Por qué tocabas esa música? 
—Y tú, ¿qué tocabas? 
La mujer se echo a llorar y huyó del escenario. El público abandonó el anfiteatro. Y en todos los trastornados pueblos marcianos 
ocurrió algo semejante. Una ola de frío cayó sobre ellos, como una nieve blanca. 
En las avenidas sombrías, bajo las antorchas, los niños cantaban: 
... y cuando ella llegó, el aparador estaba vacío, 
y su pobre perro no tuvo nada... 
—¡Niños! —gritaron los adultos—. ¿Qué canción es ésa? ¿Dónde la aprendisteis? 
—Se nos ha ocurrido de pronto. Son sólo palabras, palabras que no se entienden. 
Las puertas se cerraron. Las calles quedaron desiertas. Sobre las colinas azules se elevó una estrella verde. 
En el hemisferio nocturno de Marte los amantes despertaron y escucharon a sus amadas, que cantaban en la oscuridad. 
—¿Qué canción es ésa? 
Y en mil casas, en medio de la noche, las mujeres se despertaron gritando. Las lágrimas les rodaban por las mejillas y los 
hombres trataban de calmarlas. 
—Vamos, vamos. Duerme. ¿Qué te pasa? ¿Alguna pesadilla? 
—Algo terrible va a ocurrir por la mañana. 
—Nada puede ocurrir. Todo está muy bien. 
Un sollozo histérico: 
—¡Se acerca, se acerca! ¡Se acerca cada vez más! 
—Nada puede sucedernos. ¿Qué podría sucedernos? Vamos, duerme, duerme. 
El alba de Marte fue tranquila, tan tranquila como un pozo fresco y negro, con estrellas que brillaban en las aguas de los canales,
y respirando en todos los cuartos, niños que dormían encogidos con arañas en las manos cerradas, y amantes abrazados, y un cielo 
sin lunas, y antorchas frías, y desiertos anfiteatros de piedra. 
Sólo rompió el silencio, poco antes de amanecer, un sereno que caminaba por una calle distante, solitaria y oscura, entonando 
una canción muy extraña. 
FIN

Clase 8

11 de mayo de 2004


La clase anterior hice una linea que comenzaba con el teatro griego y la mimesis continuando con la cámara oscura del renacimiento y teatro de nuestros dias, pasando por el cine, la televisión y finalizando con lo que llamamos interfaz.

Hoy me referiré a este último concepto, que también se conoce como interfaz gráfica de usuario. En los comienzos de la computación se consideró innecesario (además de ser extremadamente caro) dedicar potencia de computación a las personas en cuanto usuarios. Se dedicaba entonces todas las capacidades al problema sobre el cual estaba trabajando una máquina. Hce treinta años manejar un computador requería una especialización equivalente a la que posee hoy dia un piloto de naves espaciales; maquinas sin lenguaje operadas desde consolas llenas de lucecitas y botones mudos. La creencia, casi filosófica, de que el manejo de un computador debía estar restringido a unos pocos iniciados resultó y aún hoy lo es, enormemente perjudicial para los usuarios corrientes. Incluso si se consideran razones comerciales o de seguridad nacional.

La interfaz de usuario comenzó a mejorar en laboratorios especializados a partir de la década del ’70 en lugares como el MIT. Mejoras que se treadujeron en un nivel comercial y popular cuando en 1984 Steve Jobs introdujo en el mercado el primer macintosh. La invención de ventanas en la pantalla, con íconos fáciles y una interacción a través de nuevos elementos como el mouse fue un gran paso en el desarrollo de la interfaz y, en comparación con ese avance, en los últimos 20 años no ha sucedido nada realmente importante. Copiar el Mac demoró más de 5 años a otras compañías y en la mayoría de los casos los resultados, aún hoy, son inferiores.

En general el esfuerzo humano para con el uso de sus máquinas se dirige hacia optimizar la percepción de los puntos de contacto y el desarrollo de mejores diseños físicos. La interfaz sigue siendo tratada como un problema de diseño industrial tradicional, es decir, como la manipular esta máquina sin que se caliente, sin que emita ruidos excecivos, sin que dañe las manos u otras partes del cuerpo, etc. Es el mismo tratamiento que se le puede dar a la problemática de una plancha o una tetera eléctrica. Por ejemplo: el funcionamiento de los actuales controles remotos (con que manejamos toda clase de artefactos electrónicos como televisores, equipos de música e incluso camas especiales) está basado en la pulsación de botones; su diseño depende de algo físico. Recuerdo el primer Sony Trinitron en colores que llegó a Chile; su control remoto tenía 5 botones (dos para el volumen de audio, dos para cambiar canales y uno para el encendido-apagado). Hoy dia un televisor de la misma compañía puede tener más de 40 botones. Se le han agregado cientos de funciones, la mayoría de las cuales no se utilizan nunca ni sirven para el objetivo básico: ver televisión. El problema consiste en que diseñar una TV basándose en la ergonomía, en el modo en que el cuerpo humano utiliza sensores para trabajar con herramientas no produce una interfaz adecuada ni correcta ni satisfactoria para ver televisión. Apostar todo al desarrollo de aparatos cada vez más sofisticados, con pantallas gigantes de altísima resolución, con sistemas de audio de alta fidelidad, etc, no aporta en nada al problema principal: en decenas de canales –entregados como paquetes por empresas de tv cable u otros- no hay nada que ver. Esto se demuestra fácilmente preguntando ¿Para qué alguien compra un sistema carísimo de home-theater? Para ver videos o DVD que arrendó o compró en alguna tienda especializada, es decir, no para ver al locutor de noticias ni al animador de turno. Así debiese comportarse una televisión inteligente; permitiéndome ver aquello que yo quiera en el momento en que yo quiera.

Otro ejemplo: los teléfonos celulares. Estos pequeños aparatos deben ser los objetos más sobre diseñados de la actualidad, se parecen más a comandos de naves espaciales que a intercomunicadores normales. Al igual que en el ejemplo del contro remoto, estos teléfonos son muchísimo más dificiles de usar que los antiguos mamotretos negros con disco redondo de marcado. Hay tantas funciones hacinadas en dispositivo que produce más mareo que satisfacción. Aquí tampoco se comprende el problema principal: nadie quiere un teléfono celular para apretar botones, sino para hablar con otras personas.

El desarrollo del hardware computacional tiende a seguir estas mismas lógicas equivocadas; pantallas planas gigantes de alta resolución, procesadores cada vez más potentes, memorias con capacidades que hace 5 años no se soñaban, teclados ergonómicos ultrasensibles, parlantes de alta fidelidad, etc. Y además, todo esto portátil. Sin embargo no hemos avanzado un ápice en interactividad real. Un ejemplo: un perro, una mascota doméstica cualquiera reconoce a su dueño a una cuadra de distancia por la forma de caminar o el olfato. Mi computador de última generación no tiene la menor idea que yo estoy sentado al frente a 40 centímetros de distancia. Toda la interactividad actual se basa en la persona que maneja la maáquina, por eso algo tan elemental como imprimir un simple archivo puede convertirse en un ejercicio extenuante y estresante. Por esto es que muchos adultos se niegan a alfabetizarse digitalmente: son muy pocas las satisfacciones de acuerdo al esfuerzo entregado.

Doy otro ejemplo: Mis clases, tareas y lecturas del curso de Presentación al Diseño se encuentran en forma de archivos digitales, en formato PDF (portable document format) en un sitio en la red internet. Para obtener y trabajar estos documentos los alumnos deben instalarse frente a un computador equipado con conexión a internet (para este caso el ancho de banda de la conexión no es relevante), deben abrir un primer programa navegador y llegar hasta mi sitio, luego bajar los archivos. Si su sistema no tiene los lectores de este formato deberá navegar hasta otro sitio, descargar dichos lectores, instalarlos y reiniciar el sistema. Entonces podrá leerlos, para luego configurar su impresora con los formatos adecuados para la impresión, tener papel y tinta y sólo entonces, si todo resulta bien, imprimir los documentos para recién ahora comenzar a trabajar o estudiar con ellos. Pero puede hacer otra cosa; ir hasta la fotocopiadora de Elsa y pedirle las copias. Ella ya las tendrá preparadas porque yo hablé previamente con ella. Todavía no puedo hablar con vuestros computadores personales. No quiero decir, en absoluto, que una opción sea mejor que la otra, solamente quiero indicar que ciertas opciones que se nos ofrecen hoy dia como obligatorias para estar dentro del mundo deben ser constantemente revisadas.

Señalé más arriba que el desarrollo tecnológico extraordinario del hardware y del software no le han aportado nada a la interfaz. Doy un nuevo ejemplo: Supongamos a un general en el centro de comando de sus fuerzas durante una guerra. El general está parado frente a un enorme mapa, a todo color, de cielo a suelo y de muro a muro, que representa su escenario de operaciones. Mientras sobre el mapa va moviendo figuritas de colores que representan a sus tropas, camina, gesticula, y habla con sus oficiales. Mientras esto ocurre un soldado va introduciendo en algún sistema digital la información que el general produce sobre el mapa. La pregunta es ¿Por qué el general no introduce personalmente estos datos? ¿Por qué prefiere el mapa? ¿porque es de la “vieja guardia”? ¿porque es más rápido o más eficiente? El general está cómodo con el mapa porque se contacta con él a través de todo su cuerpo. En el fondo sigue siendo la vieja mimesis griega.

Los computadores actuales poseen una interfaz restrictiva con opciones excluyentes y todo su funcionamiento está basado en sus dispositivos materiales y configuraciones físicas. Pero incluso si llegásemos a acordar que esto es bueno ¿qué es mejor, el mouse, el lápiz óptico sobre una pantalla sensible, teclear órdenes en lenguaje DOS? La respuesta es que depende: cada persona tiene sus propios y particulares requerimientos y precisa entonces de una solución única y específica.

Por lo tanto: una interfaz moderna es aquella que desaparece. Así de simple y paradójico. Una que sea capaz de reconocer gestos, miradas, conversaciones, la riqueza del habla. Esto es multimedia, no el intercambio básico de información. La interactividad real es una por la cual los trabajos digitales con un computador se parezcan más a una conversación cara a cara, al mapa del general, al reconocimiento de la mascota.

Clase 9

18 de mayo de 2004


En los comienzos de la revolución industrial se produce, en Inglaterra, un cambio radical en los modelos y sistemas de educación. Hasta mediados del S. XIX, la educación era una instancia reservada para un segmento reducido de la población. No existían ni los colegios ni las escuelas y las universidades eran lugares pequeños, elitistas y clericales –además repartidos y diseminados- que se dedicaban a la elucubración filosófica, a las bellas artes. La ciencia no tenía el lugar privilegiado con que cuenta hoy día. Entonces el estado inglés se da cuenta de que los nuevos métodos de producción requieren de una mano de obra semi especializada que socialmente se adapte y se conforme de acuerdo a estas nuevas necesidades. Una fuerza de trabajo entrenada para las fábricas, para las cadenas de montaje, para la producción en serie. Es más, esta nueva forma de producción se sostiene sólo si existe un nuevo orden social y cultural capaz de consumir sus productos, clases y estamentos aptos, educados para que necesiten estos productos. La reforma educacional entonces consiste en:

la asistencia de todos a las aulas, ahora ubicadas y cenralizadas en un mismo edificio en los centros urbanos y en el campo.

La instrucción universal y homogenea en diversas materias como matemáticas, ciencias, filosofía, lenguas, historia, etc.

La creación de planes y programas de estudio medibles y evaluables objetivamente, que ya no dependan de la habilidad o carisma de tal o cual profesor, sino de un contenido que se repite año tras año. Son planes y programas basados en la idea positivista de la progresión del conocimiento.

El conocimiento se hace evaluable a través de puntuaciones y escalas universales y objetivas.

La aplicación de una férrea disciplina que inculca sistemas de comportamiento social, religioso y cultural. Alumnos de uniforme, horarios acotados estrictamente –por el sonido de una campana- para el estudio, el recreo, la concentración, etc.

Trimestre 2

Clase 3

la lectura

Bien. Vamos a intentar leer, como si la lectura fuese el ejercicio que por excelencia nos corresponde. Al respecto una cita de Godo del texto “Eneida-Amereida”:


“Variadas y legítimas son las formas de leer. Sea con tedio entrecortando la lectura por fatiga o ensueño, sea por distracción suspendiéndonos. Otras por real gusto que es el surco de la cultura con la que maduramos, o por ilustración a fin de lucirnos en los reflejos del recuerdo. A veces, las menos frecuentes, la lectura nos toca, nos despierta, nos advierte o nos llama. No importa el modo como sucede, pero se nos transforma en un toque, en un llamado. Puede decirse entonces que la lectura nos acaece como una experiencia. Heidegger decía para definir la experiencia que la mejor expresión para comprenderla es la expresión popular “se me cayó la casa encima” o “se me cayó el mundo encima”. Cuando algo a uno se le cae encima hay experiencia. Ella abre, provoca una pregunta, al par que trae o insinúa respuestas al modo como una herida alerta y revela el cuerpo. Vamos a tratar de una lectura de esta especie”.

He traido una lectura en virtud del encargo –tal vez como ejemplo- que tienen ustedes para aprobar esta asignatura. Una lectura que ha sido y sigue siendo trascendente, al menos para nosotros en la Escuela, por varios motivos. Se trata de “The Rime of the Ancient Mariner” de Samuel Taylos Colerdige. Un poema escrito hace más de doscientos años y es una parte esencial del fundamento poético moderno de los mares del mundo. Sobretodo para quienes hablan inglés, por eso le he pedido a una compañera de ustedes que inicie leyendo el poema en este idioma. De alguna forma este poema convirtió a los océanos, especialmente al Pacífico, en un destino occidental; en un campo abierto y disponible para cumplir la condición humana. Los océanos son, para el castellano, sinónimo de “inmundo”, de carencia y de ausencias. América no sabe de sus mares y por esto es que la lectura de poemas como este puede traernos luz y aberturas. Quisiera que el libro de la poesía universal que ustedes escojan tuviese al menos el tono o los aromas de este.

Clase 4

Se está celebrando en todo el mundo el centenario del nacimiento de Neruda. Grandes acontecimientos, actos, reuniones, artículos, reediciones, recitales, etc. Quisiera explicar brevemente por qué esta fecha nos particularmente sentida ni significativa en nuestra Escuela.

Antes de continuar pretendo aclarar la falta de soberbia y la absoluta tranquilidad para tratar temas sensibles como éste, pero insistir firmemente en ciertas cuestiones que son caras y fundamentales para nosotros.

En primer lugar el natalicio de una determinada persona no significa nada en términos constructivos en cuanto no se celebra ni agradece una obra sino el hecho de una persona. Si bien se trata de una buena excusa para repasar obras y actuaciones y demases, en el fondo no deja de ser eso: una excusa. Por otra parte hay natalicios cuyas celebraciones sobrepasan al hecho mismo de una persona, como es el que celebran todos los años, cada 25 de diciembre, los cristianos. Porque en el fondo se trata de la llegada al mundo de una buena nueva que comienza en el instante mismo del nacimiento de Cristo. Pero eso es harina de otro costal y ambos casos no pueden compararse.

En segundo lugar Neruda, que puede ser considerado como el más grande y mejor poeta de América de todos los tiempos, no hizo una obra que permita que América sea lo que debe ser. Este es el punto central y el más importante. Insisto: no me interesan aquí las consideraciones políticas ni estéticas ni voy a ser condescendiente; las cosas claras con toda libertad.

No vamos a tener la desfachatez de decir que la poesía de Neruda es mala o que no sabía escribir. No estamos haciendo crítica. Por el contrario; sabemos y admiramos la belleza de los poemas de Neruda, pero el asunto es que esa poesía no conduce hacia la verdadera construcción de América. Y por sobre todo nosotros creemos que la poesía debe ser y es la palabra que construye. Neruda recibió el nobel de literatura y eso está muy bien y es muy justo; su poesía es parte esencial de la más alta y extraordinaria literatura. La cuestión es que nostros consideramos a la litertura como un arte. Y en este sentido creemos que todos los oficios pueden llegar a ser un arte en la medida que logren crear algo que antes no estaba, algo nuevo. He aquí entonces la cuestión: para nostros la poesía no es un arte. Tampoco un oficio. La poesía es anterior a la literatura y anterior a los oficios. Su juego esencial se ubica y acontece en un tiempo y un lugar previos al desarrollo de los oficios. De hecho es la poesía la que abre la realidad misma para que en ella exista la posibilidad de las artes y de los oficios. Todos los oficios trabajan con una materia a través de un lenguaje, pero la poesía no posee ni materia ni lenguaje. Ella trabaja a partir de y con la lengua, es decir, lo anterior a cualquier forma de lenguaje.

Esta es la épica capaz de construir verdaderamente el mundo y así América. En esta faena podemos ser malos o buenos o regulares o mediocres; podemos fracasar o tener éxito, pero no es esto lo que importa. La cuestión es que en esta escuela estamos en este intento desde hace más de cincuenta años sin que pretendamos acordarlo o predicarlo. A este intento nos debemos enteramente y en él nos jugamos la vida, el trabajo y el estudio. Es por cierto un camino difícil, acaso el que más, pero es el que escogimos y nuestra fidelidad se funda en estos preceptos.

De Godo leo fragmentos de “Hoy me voy a ocupar de mi cólera”:

¿Qué nos pasa en América? En primer lugar, todos somos unos copiones, esa es la primera medida. Y hay que tener el coraje y la libertad de decirlo y promulgarlo. Somos copiones para adelante y para atrás, si no queremos ser copiones europeos, somos copiones indigenistas, somos todos copiones, que vamos corriendo como mendigos enloquecidos buscando algo que se llama el “proceso de identidad”. ¿Quiénes somos? Yo creo que lo más propio de los americanos, es preguntarse quiénes somos; no se le pasa por la cabeza a un francés preguntarse quién es. Lo sabe de más.

Y entonces qué hacemos. Juntamos todos los problemas, unos lo ven desde aquí, otros desde aquí, como ustedes prefieran; unos de arriba y abajo, centro, derecha, izquierda, los metemos en la maravillosa coctelera de las técnicas llamadas modernas y producimos obras. Y nos dan Premios Nobel, y nos lo creemos. Esta es la maravilla. Había una antigua fórmula, típica de Sudamérica: fulano de tal ¿lo conoces? No. – Triunfó en París. - ¡Ah! – Pero lo contrario era peor: ¿Conoces a fulano de tal? – Sí - ¡Ese nunca fue a París! ... ¡Ah!

¿Qué es lo que sucede? Nosotros tenemos que optar, no tenemos alternativa, nosotros ya hemos optado, hemos muchas veces olvidado estas cosas, nadie es puro aquí. O retomamos permanentemente y queremos renacer como el ave Fénix sobre las cenizas de nuestras propias derrotas en la línea inviolable de lo que nosotros llamamos específicamente la creatividad – entiéndanme bien – al alcance de cualquiera en su propia medida o nos inclinamos insensiblemente – y esto vale para la vida cotidiana – para las relaciones de amor, para los matrimonios, para los pololeos, para las tonterías y para las no tonterías también, o nos dejamos inclinar suavemente y dulcemente vestidos con poncho boliviano o a la moderna; al mundo de los problemas significantes. Entonces nos sentimos muy cómodos, muy bien, y muy justificados sobre esta tierra, y el camino de la intransigencia, por la palabra que construye, es duro, es implacable, es difícil, pero no porque sea difícil en sí sino por el lastre que llevamos adentro. Todos. El otro es más favorable, y por supuesto, muy existista.

Entonces yo me reitero diciendo: me arrepiento de haber predicado todo lo que prediqué contra mi propia voluntad y me vuelvo violentamente, contra mí mismo, a la postura, al origen de la palabra que construye y me vuelvo a jugar entero por el algoritmo. Y repito, no me interesa más que rime; celebro, lo canto, lo encuentro divino el cuadro, pero no me interesa más. Espero que otro sea capaz de traer a luz algo como trajo él cuando hizo el Guérnica, después de esto, Picasso, dejó de pintar, todo lo que hizo después es pura destreza. Como Klee también, como Miró, después es pura destreza, tal vez me toque a mí también, puede ser un problema de la edad.

Pero la batalla está situada en otro punto y es donde realmente es preferible ser reducido a cenizas que tener un Premio Nobel significativo. Frente a este cuadro, la pregunta se reinicia. Bueno y nosotros qué: ¿cómo podemos construir América? Yo recuerdo muy bien, y esto es bueno que lo sepan todos, porque a media que pasan las generaciones estas cosas desaparecen. El proyecto grande de Amereida, el proyecto concreto, fuera de instaurar la Ciudad Abierta, que es una realidad, es un hecho que está ahí, era: cómo podíamos unir el Cabo de Hornos con Caracas. ¡Ah, es fácil, se hace un camino, se toma un avión, no hay ningún problema; problema de dinero.

¡No! Entonces, cuando Alberto Cruz – en aquella ocasión – junto con todos los artistas que estábamos en pleno viaje y debate, dramático, por otra parte; pues una de las cosas deliciosas de América es que sin estar en guerra se viaja como si se estuviera en una guerra apocalíptica, increíble, es más fácil viajar en una guerra entre Alemania y Francia y cruzar la frontera que cruzar la frontera de aquí a Bolivia; en medio de ese debate, Alberto planteó una cosa que hasta hoy sigue como una estrella cuya luz aún no ha llegado a la tierra. “No es un camino lo que nosotros llamamos camino”. La pregunta, entonces, surge fácil, ¿qué es? ¡Ah, si yo lo supiera! ¿¡Pero, cuántos están dispuestos a dar la vida por él!? Porque aquí no se trata de decir; “yo tengo una buena idea”. Yo voy a contestar: en dieciocho años, nadie.

cuando ya se tiene destreza, inspiración, se puede llegar a ciertos momentos de arte, como los tiene Neruda, pero no tiene ningún interés eso desde el punto de vista de la palabra que construye, eso no tiene la menor diferencia con el buen periodismo. Y si nosotros pensamos que vamos a construir América por esa vía no vamos a construir nada, ¡jamás!, a lo sumo, la vamos a comentar, como si yo dijera del mar ¡qué bonito está el mar! ¿¡Qué sucede!? Nosotros lo hemos predicado muchas veces, porque parece que lo predicamos. Yo hoy quiero despredicarme; quiero que todos los poetas americanos por más buenos que sean, serán siempre inferiores a esa genial obra de arte, (señala “Guérnica”) no hay ninguno, ustedes comprenderán que Machu Pichu al lado de eso, ni siquiera es un balbuceo. Cada uno en su nivel, lo que plantea Machu Pichu no aporta nada a la lengua española, esto a la pintura, ¡Dios mío lo que aporta!

En esa línea, todos los americanos que trabajan para rematar en esa línea, no me interesan nada; los respeto profundamente, los canto y los celebro, en la vereda del frente.

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