Sobre el Acto de Orar

De Casiopea
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TítuloSobre el Acto de Orar
Año1964
AutorJosé Vial Armstrong
CoautoresArchivo Histórico José Vial Armstrong
Tipo de PublicaciónEnsayo, Inédito
CiudadValparaíso
Palabras Claveiglesias, terremoto, reconstrucción, oración, acto
LíneaCiudad y Extensión
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial, Náutico y Marítimo, Ciudad y Territorio

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Archivo:DOC ora 64 - sobre el acto de orar (J. Vial).pdf. Archivo pdf con transcripción y originales.

Transcripción

[manuscrito]

Se trata del terremoto de 1960

“hay lugar cuando la tierra nos encuentra sentido...” “el lugar, nunca fué adaptaciones...”[1]

sentido aquí, es en el acto de orar.

Es una escuela - capilla vetusta que la humedad y la vejez han debilitado. El terremoto termina el efecto, destartalándolo todo.

Lo viejo y lo nuevo se ofrecen como forma. Una reconstrucción. Pero no lo viejo conservardo o rejuvenecido, sino lo viejo y lo nuevo para ser nuevo.

Un espacio doméstico, figurativo y levantado por maestros, quiere ser ahora llevado a un nuevo grado de abstracción, tarea de arquitectos.

Esa abstracción hace resplandecer el acto de orar.

El obispo quiere un templo: esa es su caridad para con los damnificados abandonados.

La liturgia, que ha quedado oculta por las figuraciones bastardizadas del templo, debe emerger ahora en el despliegue de sus gestos. Eso significa para la forma, en este caso, luz, tamaño y dirección de enfrentamiento entre el oficiante y los fieles.

Pero ese enfrentamiento no debe ser un escenario. La bastardización de la liturgia y su sentido, ha conducido al escenario. En ese escenario se mueven los sacerdotes como actores; y convertidos ellos en actores, el rito pierde significado de gestos y se hace formulismo. Muchos sacerdotes ven entonces con recelo y comienzan a desconfiar y a desconocer el espíritu de la liturgia.

Las figuraciones bastardizadas del templo llevan al escenario, que destruye el espíritu de la liturgia y crea, en el espacio del templo, un muro de fondo. El muro de fondo, una vez constituido, es un objeto que no puede ser sino un escenario; y entonces llegan los motivos y las decoraciones, las cuales allí �se multiplican, porque está el altar, que es un centro descentrado. Si el arquitecto es un neo - arcaizante, colocará un muro desnudo para indicar sobriedad; si es un folklórico, colocará objetos para atraer al vulgo; si es un esteticista hará efectos luminosos agradables, conforme al gusto imperante; si es neo-estilista, copiará estilos nuevos o viejos.

Pero todas estas “formas”, son arreglos del escenario.

Cuando después del gótico se fue ocultando el sentido procesional de la liturgia y sobrevino el ocaso de la música sagrada, desapareció simultáneamente el ambulatorio que retorna en el ábside. La topología del gótico es un círculo procesional. Eso hace que en el gótico no haya muro de fondo <#> y sí, en cambio, un gran vacío central encerrado por ese círculo. Sólo que en el gótico, con un refinamiento arquitectónico muy superior al de los orientales que materializan el círculo, ese vacío circular toma la forma de una vacío lineal cuyo centro es descentrado.

Lo opuesto al escenario es ese espacio centrado, un vacío. Por eso, al sustituir el muro de fondo a ese vacío, la bastardizaciones figurativas del templo han perdido el sentido y la forma del presbiterio. Iglesias hoy sin presbiterio: reducidos al concepto de espacio mínimo, convierten al altar en un objeto presentado en escenario contra un fondo decorativo.

Notas

  1. Se refiere probablemente a los versos de Amereida: ni recuerdos ni climas ni sucesos que nos conciernen dan lugar porque el terruño jamás fue adaptabilidad y aún más allá de la herencia la tierra emerge cuando nos encuentra sen- tido Amereida página 12.