Nicolás Molina: Taller Amereida V

De Casiopea
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TítuloSer en el Sur
AsignaturaTaller Amereida V, Taller de Amereida 2014 2° ARQ, Taller de Amereida 2014
Del Curso2º ARQ 2014
CarrerasArquitectura
Alumno(s)Nicolás Molina


Ser en el Sur

[1]

Sobre la evolución de la valoración como Americanos, en la andada de la travesía y el encuentro con el otro

La palabra travesía es de aquellas que deben llevarse a cabo, ser nombradas y puestas en práctica para entender la experiencia que lleva consigo la misma palabra. Dentro de ella y sus márgenes de significado, en la “travesía” lo que pareciera ser un hecho pactado o determinado termina desarrollándose sin una secuencia, no pertenece a un grupo en específico sino que de forma libre resulta darse en lo espontáneo. Es según estos términos que la gratuidad se da en ella de punta a cabo y resulta aparecer desde la actitud frente a la travesía emprendida. Tiene que ver con el regalo que la persona ofrece, ahora, al presente y al mismo tiempo el presente a nosotros. Es una manera de acometer y sentir el viaje sin un tiempo; lo espontáneo nace desde el agradecimiento a lo imprevisto, no se es prisionero del tiempo, si de la atemporalidad en la que se transita paso por paso. De ello rescato una frase de la novela “Hijos de los días” de Eduardo Galeano que nos demuestra el sentido de transitar sin un objetivo:

“Yo no viajo por llegar. Viajo por ir” [2]

Apertura del IR

Esta atemporalidad gobernada por un espacio concreto, como es en el que el cuerpo viaja y vive, lo declaro como el IR, palabra tan corta y que puede representar la vida misma. El IR se encuentra inmerso en la travesía, siendo parte de ella desde el momento en que se da el primer paso hacia el avance, constituyéndose como la ruta, las vivencias, el querer ver y conocer. Más que seguir una línea delimitada por kilometraje o dividida en días y noches, es volver a lo primitivo del hombre. Despertar y salir a recorrer América, es saber partir de cero y mirar el allá no como fin sino que como una OPORTUNIDAD PARA SER Y HACER.

La única ruta fijada es estar en el desconocimiento y por ende sin miedo a lo que nos enfrentamos, una LIBERTAD en lo ABIERTO y BELLO del pasar. Ver como si lo hiciéramos por primera vez, sin un “algo” preconcebido que sea limitante a la hora de crear y permanecer en el momento. La travesía aborda por sí misma el encuentro ya sea con lo que vemos, el entorno y espacio como también con el OTRO. El continente se nos hace propio en el recorrer junto al otro, se conforma a partir de un cuerpo único pero al mismo tiempo compuesto por muchas personas. Es este cuerpo el que le da forma a la travesía y a la obra, desde un primer momento convivimos y experimentamos en la andada, nos damos cuenta de que lo diverso está en todas partes, muchas más de la que nosotros creemos.

Construcción del encuentro

Lo diverso está justamente en el otro, pareciera que las cosas tienen que aparecer muchas veces frente a nuestros ojos para reconocer lo nuevo, hemos perdido la capacidad de en lo rutinario abrirnos a lo desconocido, es por ello que la travesía es todo lo contrario a lo rutinario, nos presenta lo extraordinario, aquello que potencia nuestro presente en el encuentro con lo nuevo, en parte cosas que quizás hayamos visto, pero a las que le encontramos una segunda mirada. Aquí retomo este volver a la ruta de lo desconocido, una oportunidad única que forma parte del IR sólo por el hecho de trascender junto con este cuerpo que nos pertenece a todos.

ojos que guían el cuerpo,
ojos que guían la obra
y al unísono nos guían al otro

Ser parte del encuentro es una rutina que se da en cada segundo de la historia, así como se dio entre civilizaciones hace muchos años atrás. A pesar de lo distinto que pueda haber sido el encuentro entre un hombre y otro, lo que prevalece es la condición de seres humanos que nos posiciona como iguales. En este punto hago hincapié en la historia, en la que durante muchos años incluso en nuestra época contemporánea, el encontrar se dio dentro de lo fortuito y trágico para nuestro continente, en que el encuentro se llevó a una dimensión desigual entre europeos y americanos, donde los indios fueron usados y abusados, capítulos manchados de sangre y sufrimiento para civilizaciones americanas que no fueron vistas por sus “descubridores” como iguales. Estar conscientes de ello significa habitar de manera primitiva este continente rico en culturas, lenguas y civilizaciones. Ir de travesía es seguir la ruta libre que en algún momento siguieron nuestros ancestros y que trazaron su paso por el largo y ancho de América, habitando cada rincón de manera distinta según sus costumbres, pero sabiendo que pertenecían a una tierra que los unía y les proveía aquello que necesitaban para su presente

Me parece pertinente citar en este momento del texto un fragmento escrito por Rimbaud, sobre un pensamiento global, que toca la dimensión del OTRO:

“Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. — Perdón por el juego de palabras. YO es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes, que pontifican sobre lo que ignoran por completo!”. [3]

Aciertos y Desaciertos

Y es raro por un momento escribir estas palabras desde la comodidad de un interior, solo y hablando del encuentro, dando cuenta de un pasado que puede volver a hacerse presente con el sólo hecho de redactar e imaginar un espacio ficticio donde todo ello ocurrió. Pero es que pareciera que existe una parte de nuestras mentes que nos permite imaginar y posicionarnos en lo no vivido, quizás lo pensemos de una manera muy errónea, pero seguimos siendo capaces de remontarnos a tiempos que simplemente no nos pertenecen, al menos en lo real del espacio y el tiempo. Nuestro momento es el presente, y la travesía una manera de vivir ese presente como si fuera ese pasado ficticio que nos imaginamos, aquel acto de errar del que tanto hablamos pero del que no somos capaces de cumplir por MIEDO A VIVIR, simplemente por miedo a vivir.

“La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio cielo." [4]

Fe de Erratas

Es momento de que como seres americanos nos atrevamos a salir en busca de nuestro propio continente, dejar de lado el eurocentrismo y su influencia en gran parte de lo que hacemos, y lo que acontece en nuestra rutina. Ir por errar, ir por conocer, ir en lo ADVERSO para expresar de una vez por todas la profunda libertad de nuestro cuerpo y alma. Cada uno de nosotros tiene el rol de convertirse en poeta, al menos en un momento de nuestras vidas, para palpar la adversidad y lo nuevo, remitirnos a nuestra procedencia, a un continente americano donde aún existe la vastedad y lo abisal sin fronteras.

Permanecer en lo adverso de la travesía nos permitirá habitar en una constante oportunidad para hacer del presente lo extraordinario, entregándonos por completo a un reconocimiento del “YO COMÚN” aquel en el que nos encontramos con la suma de todos los otros.

Y me parece paradojal que escribiendo estas palabras, considere que la “travesía“ de la que hablaba en un principio, a medida que escribía, fue tomando el sentido de la palabra “vida”, en una especie de analogía que nació de lo fortuito, tratando de tener una visión global de ella, como si la hubiera vivido por completo y hablara desde la experiencia. La verdad, la experiencia frente a esta travesía/vida es casi nula para alguien como yo, sólo he tratado de exponer un concepto que se acomodó a lo que debemos a hacer de nuestras vidas. Por un momento me posicione en un futuro lejano que quizás nunca logre vivir, pero del que pude por un momento hacer “memoria”. Quizás a medida que crezca me dé cuenta de que muchas cosas de las que escribí no son como las pensaba. Espero que así no sea, ya que estas palabras las escribí frente a la absoluta ignorancia de esta travesía de la vida, desde la inocencia de un joven que sigue creyendo en el Ser Americano.

América afronta el desafío de defender la conciencia de sí mismo, donde los suyos sepan quiénes son, de dónde vienen, hacia dónde van.


Citas y Bibliografía

  1. Título referido al libro del mismo nombre, escrito por Volodia Teitelboim, 2010.
  2. Eduardo Galeano, "Hijos de los días", Enero 1: El placer de ir, 2011.
  3. Arthur Rimbaud, "De Arthur Rimbaud a Georges Izambard", 1871.
  4. Eduardo Galeano, Entrevista Televisión Venezolana, 2007.