Margarita Casas

De Casiopea
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La doble envolvente como respuesta a la percepción renacentista

Ensayo 1


El proceso que va dando término al medioevo y al temor del hombre de adentrarse en lo desconocido, a la vez da fuerza al instinto de exploración, impulsado por la aparición de América y también por la nueva percepción que otorgan los hombres desterrados de la roca medieval, de que lo que se encuentra fuera no solo no es malo, sino que constituye un escenario de gran belleza. El hombre renacentista concibe los límites desde lo propio, como algo habitable y construible, ya no es un simple término, y su forma origina una armonía en la totalidad. La arquitectura como arte a la disposición del hombre responde a su transformación psíquica y nueva noción de los márgenes que lo rodean, recobrando un sentido de belleza que incide desde el paisaje hasta lo más íntimo, y un orden de la ciudad configurado desde lo puramente público. Ambos desde el edificio y su envolvente ahora proyectada desde la fachada hacia lo que lo rodea.


Desde lo privado las villas presentan el soporte arquitectónico al nuevo desarrollo, otorgando un espacio de contemplación que inspire al hombre ilustrado de la época, porque de todas partes goza de bellísimas vistas, de las cuales algunas le son un poco interceptadas, otras son muy largas y otras hasta el horizonte, se le construyeron galerías o pórticos. Estos últimos conforman un espacio medio, propio de la transición entre lo íntimo y la naturaleza, dando espesor a la luz y al momento de acceder a la extensión sin dejar la templanza del edificio, se degrada su límite dando una doble habitabilidad desde el resguardo, con la mirada desplegada sobre la ciudad a partir de la altura en la periferia. Además incorpora el territorio con un jardín como extensión de la villa dando un orden doméstico y simétrico a la naturaleza, conformando una segunda envolvente de ella que genera un traspaso armónico con el entorno, y un espacio de apertura hacia la ciudad al acceder mediante una peregrinación contemplativa hasta el edificio.

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Planta de la Villa Medici a Fiesole junto a sus jardines

En la ciudad el edificio público cobra su importancia a través de una doble envolvente desde donde ordena su entorno a fin de crear un traspaso en peregrinación hasta el umbral que separa su interior. Generalmente adyacente a plazas o extensiones abiertas de uso común, y también con logias que extienden su orden interior hacia el entorno, proyectan su límite simétrico a la ciudad, siendo un configurador de esta al vincular la habitabilidad interior con las relaciones de orden en la urbe, envolviendo la apertura de lo común en una cualidad de interior, bajo su geometría y cierre proyectado. Finalmente del renacimiento surgieron barrios, como es el caso del Ghetto Nuovo de Venecia cuyo orden también consta de un espesor entre envolventes. Este doble borde genera tiempos de atravesar, anunciando el centro como un interior y la cercanía a lo externo con un previo visual en su estrechez.

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Emplazamiento del Ghetto Nuovo de Venecia
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Centro del Ghetto Nuovo

Desde el renacimiento el hombre conlleva una intención de incidir sobre el entorno y construir bajo su importancia lo que lo rodea, las transformaciones en la urbanización hasta el día de hoy radican en los cambios que surgen en la percepción colectiva. Los ideales se transforman en actos, y es el oficio de la arquitectura dar lugar a estos, por lo que es esta una fiel representante de la sociedad de cada época y su manera de habitar de acuerdo a lo circunstancial. La doble envolvente responde a la nueva soberanía del hombre sobre su entorno y la extensión de este que da forma a la ciudad, con un orden del cuerpo y su acto contemplativo y de encuentro, como centro, dando armonía desde lo propio a lo lejano.


Bibliografía

Los cuatro libros de la arquitectura, Libro II Capítulo III. Andrea Palladio

La luz como articulador del recorrido visual ante la fachada renacentista

Ensayo 2


La fachada del edificio público había tomado con el Renacimiento gran importancia a medida que su proporción y orden se desplegaban hacia el espacio público, apropiándose de él extendiendo esta envolvente y dándole al hombre renacentista un mayor dominio desde lo íntimo hacia su entorno. Bajo esta misma ley la primera cara de los edificios evoluciona, en proporción a la ciudad que la soporta, pero ahora también, como es propio de la época, en disposición del habitante como un ente que observa y tiene una manera de mirar con posibilidades, porque quanto será esto que á los que caminan derecho á cada paso se les ofrecen poco á poco nuevas maneras de edificios. Esto entrega una flexibilidad a la creación de estas fachadas en virtud del recorrer de la mirada. En esta nueva manera de concebir el orden, con un previo acceder hacia el edificio mediante lo visual, es la luz la que otorga a través del patrón de los elementos, un fluir del ojo que reconoce la forma.


La ciudad entrega un ritmo de atravesar mediante el cual se encuentra el hombre con lo que la compone y se adentra en ello en medida que reconoce en sus elementos una proporción propia y posibilidad de habitar. La fachada presenta una arista menor de esta categoría, pero a la vez más íntima, creando una relación directa entre el habitante y la forma misma del edificio, con lo que compone su primera cara, construyendo un encuentro inicial. Un orden que se aproxima mediante elementos estructurales (pilares, arcos, friso, etc) y ornamentales, como son las esculturas, logrando un acceder previo al edificio desde el recorrido visual. Este es articulado por la luz plena que recorre el sobresalir de la fachada, a su vez otorgando matices ante los vacíos que ceden los elementos en su patrón continuo creando profundidades. Sobre esta dualidad luminosa los límites muestran el doble borde de las fachadas donde la forma del edificio, desde su profundidad se expone mediante el vacío de elementos alternados, que otorgan un reconocimiento del total en un fluir de la mirada con un ritmo pleno.

La mirada del hombre se presenta como una estructuradora de la forma con que el edificio se muestra y acerca conformando su recorrido, como es el caso de San Carlino alle Quatro Fontane cuya fachada propone una doble cercanía a través de la curva, donde a pesar de su continuidad los límites de la luz ordenan frentes, dando una jerarquía visual a través de las proximidades, siguiendo el fluir de esta por uno primero, reconociendo elementos y órdenes, y luego profundizando sobre lo que presentan los vacíos aparece la forma, al acceder a la intimidad de los detalles. Así la luz define también los tiempos que otorga la fachada para reconocer sobre sí misma la forma del edificio y lo que entrega al habitante la ciudad.

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Vista del aparecer de la fachada de San Carlino
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Fragmento de la fachada curva del edificio

El edificio público se moldea para entregarse al habitante, la nueva ornamentación y formas permiten percibir, desde la simpleza de una mirada, ahora múltiples maneras de reconocer la forma que lo estructura y lo que este ofrece a la ciudad a través de una fachada accesible. El recorrido visual articulado por la luz que atrapa el patrón de llenos y vacíos, da cuenta de la respuesta arquitectónica a una sensibilización sobre las capacidades del hombre y la importancia de sus posibilidades de habitar y apreciar el entorno en el contexto del Renacimiento.


Bibliografía

Los diez libros de arquitectura, Libro IV Capítulo VI. León Battista Alberti

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Polígono de relaciones