Isadora Aubel EAD 4210-01. Tarea 1

De Casiopea
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TítuloIsadora Aubel EAD 4210-01. Tarea 1
AsignaturaSeminario de América
Del CursoSeminario de América 2020 2S
CarrerasArquitectura, Diseño, Magíster
1
Alumno(s)Isadora Aubel

¿dónde están las musas ahora?

Reflexiones desde "Hay que ser absolutamente moderno"[1]

La situación mundial y la actual crisis sanitaria han puesto en valor la presencia. Presencia que se contrapone a la virtualidad en la que vivimos hoy, donde nuestros sentidos están “distorsionados” a la hora de asistir y comprender una clase o reunión. Todos escuchamos lo mismo, pero no necesariamente al mismo tiempo, no sintiendo el mismo suelo bajo los pies y ni nos envuelven los mismos olores. Lo virtual hace que renunciemos entonces a experimentar los cinco sentidos en común a la hora de estar. Manteniendo solo la vista y el oído común, mientras que los otros tres sentidos se mantienen en la individualidad. Espacios distintos pero con una misma materia. Y es esta misma materia la que los vincula, es decir, una suma de espacios fragmentados, convirtiéndolos en espacios divergentes que conforman una unidad mayor con la riquezas de lo individual desde una misma materia.


Lo que lleva consigo el relato

Al escuchar la clase histórica de Godofredo Iommi “Hay que ser absolutamente moderno”[2] en lugar de leerla, se puede “percibir” la clase con sus pausas y entonaciones originales, abriendo dimensiones a las cuales no se logra llegar a través de la lectura. La mayor diferencia entre estas dos formas de “recibir”[3] esta clase es que al leer, las pausas se definen a partir de los párrafos, con ideas que no muchas veces se limitan a estos párrafos. Múltiples veces la lectura de un texto se enfoca únicamente en comprender y reflexionar sobre estos párrafos por separado, como elementos desvinculados entre sí. Mientras que al escuchar completamente la clase, la narración se percibe con mayor fluidez. Las ideas se conectan con otras con mayor claridad, cómo al escuchar una conversación, un diálogo o una reflexión. Como un total, más que un conjunto de párrafos es un relato completo. Dado que la voz tiene tiempo y espacio que la lectura carece. Podemos leer en distintos ritmos, pero todos escuchamos al unísono las mismas palabras y las mismas pausas.


El relato se comprenderá para este escrito como el traspaso de conocimiento a través de la palabra. Teniendo en consideración que se dice en el relato, que no se dice, el valor de la palabra y lo que logra pasar al otro. Es decir, el relato no es sólo las palabras que lo constituyen, sino un conjunto de dimensiones que traen a presencia estas palabras y la forma en las que son hiladas. Entonces nace la pregunta ¿Qué es lo que traen consigo estos relatos?


La temporalidad

Los relatos han sido parte de la humanidad desde sus inicios. Desde la tradición oral, tradición milenaria que es parte esencial de tantas culturas alrededor del mundo; pasando por los épicos poemas Griegos que cantan sobre tragedias y héroes hasta las historias de los abuelos alrededor de la mesa, que cuentan experiencias vividas de los años idos.

El relato tiene o afecta al tiempo de dos formas principalmente. La primera, mencionada anteriormente, es el tiempo definido por pausas y entonaciones del relato oral. Esto lo podríamos llamar como el tiempo intrínseco del relato a viva voz, que varía de narrador a narrador, del entorno y el contexto en que se relata.

El relato tiene o afecta al tiempo de dos formas principalmente. La primera, mencionada anteriormente, es el tiempo definido por pausas y entonaciones del relato oral. Esto lo podríamos llamar como el tiempo intrínseco del relato a viva voz, que varía de narrador a narrador, del entorno y el contexto en que se relata. La segunda dimensión temporal del relato, que no se limita al relato oral, es el tiempo que trae a presencia. En el Laberinto de la Soledad, Octavio Paz lo describe como “el tiempo mítico”, un tiempo que no responde a reloj ni calendario, “sino que se halla impregnado de todas las particularidades de nuestra vida: es largo como una eternidad o breve como un soplo, nefasto o propicio; fecundo o estéril”[4] (Paz, 1996)

Podemos observar este tiempo mítico en los cuentos infantiles o mitos, valga la redundancia. El “había una vez” o “érase una vez” son característicos de los cuentos y nos llevan a tiempo indefinido, al “tiempo del Mito, como el de la fiesta religiosa, o el de los cuentos infantiles, que no tiene fechas” (Paz, 1996). A pesar de esto, el receptor del relato lo reconoce. Una frase y concepto traducible a distintas lenguas que logra abstraer al receptor del relato del tiempo cronológico y lo transporta sin esfuerzo a un tiempo que va más allá de cualquier calendario. Lo lleva a un tiempo suficientemente lejano para diferenciarse de los personajes que protagonizan el relato, pero suficientemente cercano para identificarnos con la condición cultural que lo impregna.

En la poesía épica de Homero, trae a presencia una dimensión temporal que se ubica en el encuentro del tiempo mítico y el tiempo de “real” . Se mantiene en la vaguedad temporal inscribiéndose en un espectro temporal. Un rango de tiempo establecido, un tiempo antiguo que también es ahora. La Ilíada tiene fecha de publicación, pero hasta el día de hoy se debate la “historicidad de la Ilíada”. Incontables estudios y discusiones sobre qué tan real o qué tan ficticia es fue la guerra de Troya, los guerreros sobre los que canta la musa y la misma Troya como lugar. Esta es la diferencia entre lo que sería una historia y la historia, o story[5] y history[6] . La historia es del pasado, tiene un comienzo y un final definido por un calendario. El mito y el cuento es de allá y acá. Fluctúa entre las reglas temporales establecidas, y cambia según evoluciona la condición cultural.

Lo espacial del relato

Además de la dimensión temporal, el relato trae a presencia el espacio. El “había una vez” que va usualmente acompañado del “en un lugar/reino muy muy lejano”. Asi se observa en Amereida II [7], donde se abre el tiempo mítico desde la palabra, seguida del espacio distante del relato. Palabras abiertas que dan a conocer el ambiente. Le dan lugar al relato.


“Pero había una vez un pueblo de montañas que ha-

bía adquirido por larga práctica una maestría ca-
si entera sobre todo lo que tenía que ver con el
fuego.”

Luego del primer párrafo que ubica la historia y da contexto. Se presenta un nuevo lugar, el origen de los que llegan. Se muestra el contraste que abre el conflicto narrativo de la historia, con tal de recalcar el papel de estos nuevos personajes en el relato y su papel de quiebre en lo ya establecido en el primer párrafo:

“Ahora bien, un día vinieron de la llanura unos men-
sajeros para pedir socorro. Anunciaron que el Di-
luvio había comenzado y que el mar invadía sus
tierras.”

El espacio del relato se relaciona con el espacio mítico, que hace referencia directa al concepto de “tiempo mítico” acuñado por Octavio Paz. Este espacio es distante, y tal como en los cuentos, esta distancia nos hace sentir seguros. Seguros de que las dificultades y andanzas de los protagonistas no llegan a nuestro espacio concreto. Esta seguridad crea la vaguedad con la que se describe el espacio, y cómo la mente humana es capaz de crear espacios cambiantes, cambiantes en el sentido de cómo varía este espacio de persona a persona. Maria Konnikova afirma en el artículo “The Power of Once upon a Time : A Story to Tame The Wild Things”[8] que “At a distance, the world is less threatening. It is easier to take in.“[A la distancia, el mundo es menos amenazador. Es más fácil de asimilar/comprender](Konnikova, 2012). Observar un fenómeno, una situación desde la distancia lleva al receptor del relato a entender realidades que no logra comprender de estar inserto en este espacio y tiempo donde ocurre dicho fenómeno o situación.

El espacio construido a partir de la vaguedad de la descripción y la distancia, es resultado de nuestra propia identidad y experiencia. Se moldea a partir de nuestro entorno y nuestros conocimientos previos. El “en un lugar lejano” es suficientemente abierto para que traer consigo evidencia de nuestro pasar por el mundo y de la condición cultural que moldea nuestras mentes.

A esta vaguedad del espacio se contrapone la construcción certera de un espacio narrativo concreto, el cual se puede ubicar en un mapa y que llega desde las palabras precisas del autor. Un ejemplo importante de eso es El Elogio de la sombra[9], donde Junichiro Tanizaki trae a presencia paisajes distantes de lugares no visitados. Sus palabras son cálidas mientras narra cómo comprende el mundo, su mundo, como lo contempla y la belleza de las imperfecciones. Realza través de sus palabra la belleza de la construcción tradicional japonesa, construcción de cosas como de objetos, palabras que van desde la descripción física hasta lo que está más allá de lo que se percibe a plena vista. Le da reconocimiento a la sombra a través de sus palabras, a lo imperfecto y es así como ensalza la relación de esta sombra con la luz y como es parte de la belleza de las cosas. Sus palabras son precisas. No emite juicio, sólo contempla y narra lo contemplado, es capaz de comprender el espacio, y se lo entrega al receptor. No se habla de verdades, ni busca encontrar lo falso.

El cruce entre este espacio concreto como el espacio mítico ocurre en la Ilíada, gran obra de la poesía épica y símbolo de la literatura occidental. Como se comentó anteriormente, la discusión de si es una obra que narra historia o solo una historia de guerras y tragedias está presente hasta el día de hoy. Pedro Tapia Zúñiga da dos opciones respecto a la ubicación o historicidad de Troya: aceptar que Troya y la guerra con su nombre son fruto de una invención con base en la realidad [10] , o reconocer Troya como “pura invención poética, y, entonces, podemos imaginarla en cualquier otra parte.”(Tapia Zúñiga, 2015)

¿Afecta esta vaguedad espacial a la comprensión de la obra como hito literario?¿O es esta vaguedad la que la mantiene vigente hasta la actualidad? En ambos casos, lugares clave en las obras se han convertidos en hitos que van más allá del espacio físico. En el caso de la Odisea, se describe el viaje de regreso de Odiseo o Ulises desde Troya a Ítaca. Ítaca se convierte en símbolo del hogar y del destino y una odisea en una larga travesía llena de eventos ya sea desagradables o favorables [11]. En el poema titulado “Camino a Ítaca” de Constantino Cavafis, relata y aconseja al oyente lírico a tener en mente a Ítaca, el destino en la travesía, valorando cada momento y aprendizaje del viaje, considerando las enseñanzas que trae consigo.

“Ten siempre a Itaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino

sin aguantar a que Itaca te enriquezca.”

(Cavafis, 2016)

En el poema, Cavafis relata sobre una Ítaca a la que podamos encontrar en un mapa, o una odisea específica. Relata y logra que el receptor reflexione sobre sus propias Itacas, cambiantes y nunca únicas, mientras entiende “qué significan las Itacas”(Cavafis, 2016). Porque al hablar de Ítaca al convertirla en protagonista del relato, trae a presencia dos momentos claves en la vida del ser humano, el viaje y el hogar. Subrayando nuevamente como el relato es fiel reflejo de la condición cultural.

Entonces, esta imprecisión temporal y espacial reflexiona sobre la condición cultural, ¿Qué tan atrás y que tan lejos en la historia podemos ir con él “Había una vez”?¿cuánto ha cambiado la condición cultural a lo largo de estos cientos de años? Homero llama a las musas en el primer verso de la Ilíada, mientras que Hesíodo [12] se transforma de pastor a poeta luego de que las musas lo visiten e investen en él la palabra poética. En la Grecia antigua las musas eran diosas que traían consigo las palabras de elogio, donde el reconocimiento de las virtudes llevan a un mundo recién creado a la perfección, pues sin este re-conocimiento, no sería perfecto. La poesía, construida con palabras de elogio cantadas por poetas antiguos desde las musas, no emite juicio, solo con el elogio y palabras que recogen y reconocen la condición cultural de cierto grupo humano, en este caso, el origen de la occidentalidad. Y nos preguntamos: ¿Dónde están las musas ahora?



El jardín de las musas

Las musas de los tiempos griegos han cambiado, no son las mismas que convivieron con los poetas antiguos. Pues en su origen, las musas nacen para cantar la verdad y la falsía, mientras que en la modernidad la poesía no tiene fin didáctico. No busca emitir juicio ante lo que es verdadero y separarlo de la falsedad. La poesía es la trayectoria que busca el desconocido, y al ser así, es el poeta quien está en esta constante búsqueda de lo desconocido, la sed y volver al no saber. Develando y sacando la razón. Quizá la palabra poética se ha pulido, al igual que la forma de expresar estas palabras, y así como las palabras de elogio se originaron con las musas, nos damos cuenta en la modernidad que la poesía va más allá, que escapa de lo verdadero y de lo falso, que es este ir tras lo desconocido, en un constante develar. Las musas cargan consigo significados antiguos, mientras que la poesía moderna renuncia a los significados, se libera de ella y con esto el sentido del mundo, para recuperar la aventura del hombre. ¿Pero cargan significados, o cargan con la condición humana? ¿Por qué encontramos consuelo y guía en los antiguos relatos? ¿Qué es lo que cantan realmente las musas? Los relatos cuentan momentos y relatan sobre la condición cultural humana en sí, en un tiempo y lugar distinto al nuestro que se traen a presencia a través de palabras. De palabras propias y distintas que cargan con si lo inherente. Somos los mismos, pero tan distintos. No todos son relatos de origen, historias de griegos antiguos heroicos y míticos, son experiencias que se repiten a lo largo de los años, reacciones a estímulos externos. Relatos familiares que cuentan cómo vivieron, cómo habitaron y cómo reaccionaron a ciertas situaciones. A través de estos relatos se percibe lo más profundo del ser, y con esto se percibe cuando es el elogio y el re-conocimiento.

Tomamos los relatos como un elogio a la cultura, lo inherente y cambiante de la humanidad. Y es ahí donde están las musas, entre las palabras de nuestros relatos e historias. Invistiendo palabras de elogio a nuestra propia condición cultural.


Observación y relato

Con todo lo anteriormente mencionado, ¿podemos construir una relación entre el relato y la observación arquitectónica? ¿Es la observación un relato?

El relato cuenta con dimensiones temporales y espaciales. A través de sus palabras construyen un hilo que envuelve a quien lo recepciona. Mauricio Puentes describe la observación como “estado contemplativo que reúne tiempo y espacio; lugar y acontecimiento. Por ello la observación como lenguaje que emana del irreductible vínculo entre dibujo y anotación.” (Puentes, 2013).<ref>Puentes, M. (2013). La Observación Arquitectónica de Valparaíso: su periferia efímera. Ediciones Universitarias de Valparaíso.<ref>

Lo anteriormente se ve reflejado y contrastado con el cuento como relato en el artículo “The Power of Once upon a Time : A Story to Tame The Wild Things”, donde Maria Konnikova afirma que en los cuentos “we are able to see a reality that is broader and deeper than the one we can perceive up close” [Somos capaces de ver una realidad más amplia y profunda que la que percibimos de cerca] (Konnikova, 2012). Si la observación es dibujo y anotación, ¿Es el cuento palabra y percepción? Ambas traen a presencia un espacio y tiempo vago, que atravez de un lenguaje especifico nos ayuda a comprender la realidad, tanto en actos como en el espacio. Salir de uno mismo, sacar el piso que nos sostiene y poder mirar con ojos nuevos algo que creíamos que conocíamos. Apoyando este concepto, en “Porque leer los clásicos”<ref>Calvino, I. (1992). Por qué leer los clásicos. Tusquets Editores. <ref> Ítalo Calvino escribe que “Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.” (Calvino,1992). Lo conocido no impresiona, lo cotidiano no parece interesante a primera vista, pero si somos capaces de remirar y de quitar “el velo a aquello que parece ocultarse entre los quehaceres cotidianos de la ciudad” (Puentes, 2013) encontramos una realidad compleja que es reflejo y evidencia de nuestra condición humana. En conclusión, subrayamos la importancia del relato, que tal como la observación arquitectónica es un “lenguaje constructor de mundo” (Puentes, 2013), el relato es capaz de construir y trae a presencia lo que nos es propio. Y por esto la importancia del relato propio. De ser capaces de narrar nuestros conocimientos, todas las historias que tenemos sobre nosotros, pero que no nos detenga de escuchar nuevas historias con oídos limpios, tal y como el observar nos permite ver con ojos nuevos con tal de recoger y comprender las virtudes del espacio.

Referencias

  1. Clase dictada por Godofredo Iommi en la Escuela de Arquitectura de la PUCV - Chile durante el Taller de América de 1979.
  2. Iommi, G. (1979). Hay que ser absolutamente moderno. https://soundcloud.com/archivo-jose-vial-a/sets/hay-que-ser-absolutamente
  3. RAE [Definición recibir]: Dicho de una persona: Tomar lo que le dan o le envían
  4. Paz, O. (1996). El laberinto de la soledad. En El laberinto de la soledad, Postdata y Vuelta a El laberinto de la soledad Fondo de Cultura Económica de España.
  5. Cambridge Dictionary [Definición Story] : a description, either true or imagined, of a connected series of events [una descripción, sea verdadera o imaginaria, de una serie de eventos conectados]
  6. Cambridge Dictionary [Definición History] : (the study of or a record of) past events considered together, especially events of a particular period, country, or subject [(el estudio o el registro de) eventos pasados considerados en conjunto, especialmente los acontecimientos de un determinado período, pais o tema]
  7. Varios Autores. (1986). Amereida, Volumen Segundo. Taller de Investigaciones Gráficas UCV. https://wiki.ead.pucv.cl/Amereida_II p.79
  8. El artículo es una reflexión a partir del fallecimiento de Maurice Sendak (1928-2012), autor de “Where the Wild Things Are”.
  9. Tanizaki, J (1933) El elogio de la sombra
  10. Tapia Zúñiga, P. C. (2015). La Épica Griega Arcaica (Cuéntame algo de Homero). Estudios filosofía · historia · letras, xiii(112), 97–116. http://estudios.itam.mx/sites/default/files/estudiositammx/files/112/000261135.pdf
  11. RAE [Definición Odisea]: viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas y favorables al viajero.
  12. Poeta y filósofo griego, (750 – 600 a.C.)