Ida al Campo

De Casiopea

Ven! A lo abierto, amigo!
Cierto, lo brillante restado,
hoy, bajo y estrecho, nos encierra el cielo,
ni los cerros están ni aun abiertas de los bosques
las cumbres, al deseo
y vacío descansa de canciones el aire.

Nublado está hoy, dormitan callejuelas y calles
y casi quiere aparecérseme, sea, como la plomiza edad.
Sin embargo logrado el deseo,
no por una hora el recto creyente desespera.
Y al gozo queda consagrado el día.

Pues, no menos alegra, lo que recibimos del cielo,
cuando él se resiste y protege a los niños al cabo
solo que semejante palabra, así mismo el paso y el ánimo,
merezcan el fruto pleno y veraz sea el deleite.

Por eso espero, aun, y si lo deseado comenzamos,
y, antes, nuestra lengua, decidimos y hallada la palabra
y abierto esté el corazón, de frentes ebrias
brotarán las más altas reflexiones
y con las nuestras, junto,
comenzará el apogeo del cielo
y a la abierta mirada lo luminoso se abrirá.

Pues no es grandioso, mas a la vida pertenece
lo que deseamos y aparece, a la vez digno y espontáneo
así también vienen las golondrinas, portadoras de prosperidad
siempre, tantas, prematuras del verano, al país.

De igual modo, arriba,
para consagrar con la mejor palabra el suelo
donde la casa de huéspedes construye el discreto anfitrión,
así ellos catan y ven la hermosura y plenitud del país
y que, como el corazón lo anhela, franco y abierto,
al espíritu conforme
banquete y danza y cantos,
el jubilo de Stuttgart sea coronado.

Por eso, hoy,
deseosos nosotros ascendemos la colina
puedan, aun mejor que la afable luz de mayo,
de ello hablar
los huéspedes
y de lo mismo la imagen dilucidar.

Bien de otro modo,
como algunos prefieren,
pues antigua es la costumbre
y se ve luego sonreir los dioses sobre nosotros,
pudiese el carpintero en la cumbre del techo
cumplir el adagio.

Nosotros, bien que se cumpla,
lo nuestro habremos hecho.

Pero bello es el lugar
cuando en las fiestas de la primavera
el valle se abre,
cuando a lo largo del Neckar
los sauces enverdecen, el bosque,
los árboles temblando,
sucesivos, blancos, ondulantes
en el aire mecedor
y cobijada por una nube en la roja colina,
la vid amanece y crece y entibia
bajo el asoleado aroma
...

Hölderlin, Friedrich. Gedichte 1800-1804, Elegien. Der Gang aufs Land.</samll>