Diferencia entre revisiones de «Gregorio Garretón M /Acerca del acto Reverente»

De Casiopea
 
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Fiesta de la Resurección en Iglesia La Matriz, Valparaíso.
 
Fiesta de la Resurección en Iglesia La Matriz, Valparaíso.
  
La Iglesia que hizo nacer Valparaíso, siguen en pie con sus campanas sonando en fiesta y el mar más lejos regalando las distancias a la ciudad.
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La Iglesia que hizo nacer Valparaíso, sigue en pie con sus campanas sonando en fiesta y el mar más lejos -que antes- regalando las distancias a la ciudad.
  
El hombre en su necesidad de ciudad - como toda la historia de Valparaíso - ha alejado la línea de mar creando - e inventando - nueva ciudad, pero sin pensarlo, le han regalado valor al cerro - y sus pies -.
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El hombre en su necesidad de ciudad - como toda la historia de Valparaíso - ha alejado la línea de mar creando -e inventando- nueva ciudad, pero sin pensarlo, le ha regalado valor al cerro -y a sus pies-.
  
Apareen terrazas, desde el mar, calle, el atrio de la Matriz, su suelo - y aquí el nuevo - el horizonte de fieles. Todos de pie - pero también sentados - miran, esuchan, y se entregan a un otro. Este es el regalo de la reverencia. Es regalar silencio con la cabeza gacha y atención a tro, una vez al día, semana o año, pero ahí se está, con detención, la vida entera se ha pausado y se da paso a este silencio de murmullos.
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Aparecen terrazas, desde el mar, calle, atrio y suelo interior de la Matriz, y el nuevo horizonte de fieles. Todos de pie -pero también sentados- miran, escuchan, y se entregan a un otro. Este es el regalo de la reverencia. Es regalar silencio con la cabeza gacha y atención a otro, ya sea una vez al día, semana o año, pero ahí se está, con detención, la vida entera se ha pausado y se da paso a este silencio de murmullos reverente.

Revisión actual del 18:45 1 abr 2013

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Fiesta de la Resurección en Iglesia La Matriz, Valparaíso.

La Iglesia que hizo nacer Valparaíso, sigue en pie con sus campanas sonando en fiesta y el mar más lejos -que antes- regalando las distancias a la ciudad.

El hombre en su necesidad de ciudad - como toda la historia de Valparaíso - ha alejado la línea de mar creando -e inventando- nueva ciudad, pero sin pensarlo, le ha regalado valor al cerro -y a sus pies-.

Aparecen terrazas, desde el mar, calle, atrio y suelo interior de la Matriz, y el nuevo horizonte de fieles. Todos de pie -pero también sentados- miran, escuchan, y se entregan a un otro. Este es el regalo de la reverencia. Es regalar silencio con la cabeza gacha y atención a otro, ya sea una vez al día, semana o año, pero ahí se está, con detención, la vida entera se ha pausado y se da paso a este silencio de murmullos reverente.