Expresiones de Amor: Amor aprensivo y contemplativo

De Casiopea
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TítuloExpresiones de Amor: Amor aprensivo y contemplativo
AsignaturaTaller de Diseño de Interacción
Del CursoTaller de Diseño de Interacción 2018
CarrerasDiseño, Interacción y Servicios
Alumno(s)Karen Aballay

El sueño de Polífilo

Capítulo XIX: Sinopsis

Polia persuade a Polífilo para que vaya a ver los antiguos epitafios en el templo destruido. Allí ve Polífilo cosas admirables y, al contemplar por último el rapto de Proserpina, teme haber perdido incautamente a su Polia y vuelve a ella asustado. Luego viene el dios Amor, que invita a Polia y a Polífilo a entrar en su navecilla. Habiendo llamado aquel a Céfiro, navegan felices y los dioses marinos demuestran a Cupido gran veneración.

Estudio

De Polífilo y su amor

De la lectura del capítulo 19 de El sueño de Polífilo se extraen dos concetos de cómo el protagonista expresa su amor: aprensión, contemplación y

El primero expresado desde la preocupación y congoja de Polífilo al dejar sola en la orilla a Polia; el protagonista se muestra preocupado porque su amada podría ser abordada por Neptuno, el mismo señala tras ver la obra de Proserpina: «¡Ay de mí,desgraciado, imprudente e infeliz! ¿De qué me habría servido mi inoportuna exploración y desenfrenada curiosidad hacia las cosas pasadas y las piedras rotas si, a causa de mi imprudencia y de mi negligencia, me fuera arrebatada mi bellísima Polia, que me es más grata que todos los tesoros del mundo?». Tal preocupación lo llevó a correr en socorro de Polia, y al llegar y encontrarla a salvo, lloró en sus brazos. Aquí se produce la culminación de su congoja, pues al romper en llanto nuestro Polífilo, se genera la conexión, ambos entrelazados se expresan mutuamente el afecto que se tenían a través de las caricias tiernas.


El amor de Polífilo a las cosas, a los detalles se ve reflejado en la cantidad de interpretación que le da a cada uno de los detalles que de encuentra en las ruinas del templo. Polífilo contempla y ama esos detalles.

De los grabados

Lo interpretado por Polífilo en las inscripciones eran las memorias de aquellos amantes que fueron separados de sus amados por la crueldad de la muerte: Polífilo se encontraba delante de los sepulcros de amantes decidieron seguir su amor después de la muerte y acompañar a ese ser que ya había partido.

«A los dioses Manes. La muerte contraria a la vida y velocísima, todo lo pisotea, lo desprecia, lo arrebata, lo consume, lo disuelve. Unió aquí, muertos, a dos que se amaban mutua, dulce y ardientemente»

«Lector, quien quiera que seas, que te acercas a mí: si amas, ten cuidado; pero si no amas, piensa, desgraciado, que quien vive sin amor no consigue ninguna dulzura. Pero yo, al anhelarla, me perdí por ser incauto, y el amor fue la causa. Deseoso de complacer a la joven Dirvionia y de captar toda su atención, yendo a caballo, me caí por azar, quedándoseme el pie enganchado en el estribo, por lo que fui arrastrado y morí».

La congoja, cautela, la conexión que se establece y se consolida en la mirada.

La mirada

"Los primeros órganos que (los dioses) fabricaron fueron los ojos, portadores de luz"[1]


Tras entender el amor de Polífilo como un amor aprensivo, expresado en la congoja que busca por sobre todo mantener a su amada sana y salva, se busca un punto de simetría dentro de los amores cotidianos, que sin ser románticos, pueden lograr expresarse de manera pura. Este amor se estudia a través de las actitudes de los padres a los hijos.



Se dice que los ojos son el reflejo del alma, y una de las razones puede estar aquí, entre las ideas planteadas en el mito de las cavernas de Platón, el concepto de mirada se explica como lo que aloja lo sensible. Así mismo Aristóteles habla de que el hombre busca el conocimiento en todo lo que hay a su alrededor por lo que aquello que entra por la vista genera sensaciones, entre las que se encuentra el placer de las imágenes. Muy similar es lo que acontece al contemplar a un ser amado.

El sentido de la vista entonces, es el que captura el reflejo de lo contemplado y lo lleva a sensaciones pasionales. Las emociones y placeres se crean tras un estímulo generado por la luz que entra a través del ojo.


“Esa parte es realmente divina y quien la mire descubre lo sobrehumano, lo divino, y así se conoce mejor a sí mismo (...) Mirando a la divinidad, nos servimos de lo mejor y viéndonos en ella, nos conocemos mejor”.[2][3]


Tal como se señala en el fragmento anterior, la mirada no sólo nos entrega sensaciones placenteras, sino que tambien se le atribuye la búsqueda del ser. Al contemplar al otro o a lo divino, se encuentra al ser, a uno mismo como ente, la mirada en introspectiva nos ayuda a conocernos y a reconocer al otro.

Tras la mirada se esconden deseos y placeres, búsqueda y encuentros con lo divino, así es como la manifestación de un órgano no solo tiene una connotación sensorial, sino emocional y cognitiva, como señala Nicolas de Cusa "En verdad, nuestro mirar sigue las pasiones del órgano y del alma. De ahí que alguien ora vea con amor y alegría y más tarde con dolor y con cólera, ora vea como niño, después como adulto y a continuación de un modo grave y senil. Con todo, el mirar desvinculado (absoluto) de cualquier contracción abarca simultáneamente y de una sola vez todos y cada uno de los modos de ver como si fuese la medida más adecuada y el modelo más verdadero de todas las miradas."[4]


Polífilo es un gran contemplador, y manifiesta su amor a través de la observación, describiendo y dándole interpretación.

Referencias

  1. Platon, Timée, Traduction et notes par E. Chambry, Paris, 1969, 45b
  2. Ibidem, 133a-c
  3. http://revistas.ucm.es/index.php/ASHF/article/viewFile/ASHF0303110069A/4739
  4. Nikolaus von Kues: Die Philosophisch-Theologischen Schriften, herausgegeben und eingführt von Leo Gabriel, Band III, Viena, Verlag Herder, 1989, p. 100. Traducción portuguesa: Cusa, Nicolau de, A visão de Deus, Trad. João Maria André, Lisboa, 1988, p. 140.