Daniel Moris Tarea 2 - Módulo investigación T3 2017

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TítuloDaniel Moris Tarea 2 - Módulo investigación T3 2017
AsignaturaMódulo investigación T3 2017
Del CursoMódulo Investigación T3 2017
2
Alumno(s)Daniel Moris

LA RELACIÓN ENTRE PAISAJE Y MEDIO AMBIENTE: ASOCIACIONES, DISOCIACIONES Y PUNTOS DE ENCUENTRO

Desde la abolición de la geometría simétrica del Renacimiento en el siglo XVIII, el paisajismo ha abandonado progresivamente los jardines para transformarse en una materia de estudio relacionada con problemáticas medio ambientales y urbanas. Ésto ha ocasionado que sus valores artísticos se hayan visto desplazados, volviéndose cada vez más un campo científico.

El siguiente escrito busca entender la forma en la cual las ciencias naturales dialogan con el paisaje, planteando siguiente interrogante: ¿Cómo convergen las dinstitas apreciaciones que existen sobre la relación entre paisaje y medio ambiente?

Esta interrogante es estudiada a través de la lectura de autores de distintas áreas -tales como la filosofía, la arquitectura y las ciencias naturales-, los cuales poseen miradas discímiles respecto al tema. Esta disociatividad pone principalmente en duda si el paisaje corresponde realmente a una materia de estudio científico. Según algunos autores, éste habría de entenderse como un producto cultural y como una reacción estética –y por lo tanto subjetiva-, separada de los valores medioambientales y ecológicos a los cuales ha estado sujeto, mientras que otros hacen incapié en el que paisaje es ante todo territorio, y por lo tanto es también la materia prima desde la cual el medio ambiente cobra expresión.

Finalmente, las lecturas aquí contrastadas permiten buscar y darle una valoración a los conceptos propios del paisaje, a modo de posicionarlo en su vínculo con el medio ambiente.

FICHA DE LECTURA 01

AUTOR: Ian L. McHarg

TÍTULO: Proyectar con la naturaleza

AÑO DE EDICIÓN: 2000

EDITORIAL: Gustavo Fili

LUGAR DE PUBLICACIÓN: Barcelona

NÚMERO DE PÁGINAS: 198

PALABRAS CLAVES: Paisajismo, Ecología, Geografía.

1. En la tradición occidental, con la única excepción del siglo XVIII inglés y sus derivaciones, la arquitectura del paisaje se identificaba con la creación de jardines, ya sea en la Alhambra, en la abadía de Saint Gall, en la Villa d’Este o en Versalles. En esta tradición, las plantas manejables y decorativas se disponen mediante una geometría simple como símbolo metafísico comprensible de un mundo sometido y ordenado, creado por el hombre. Las cualidades ornamentables de las plantas son primordiales en este caso; no se deja que los conceptos ecológicos de comunidad o asociación enturbien el objetivo. (Pág. 70)

2. El objetivo funcional consistía en la obtención de un paisaje productivo y operativo. Las cumbres y las laderas de las colinas se repoblaron para obtener bosques, grandes prados ocupaban el fondo de los valles, donde se construyeron lagos y por donde serpenteaban corrientes de agua. El producto de este nuevo paisaje fue el extenso prado que servía para mantener granado vacuno, equino y ovino. Los bosques proporcionaban madera muy valiosa (cuya falta había deplorado ya con anterioridad Evelyn) y servían de cobijo a la caza, al tiempo que las arboledas, colocadas estratégiacmente sobre el prado, proporcionaban sombra y protección a los animales mientras pastaban. (Pág. 72)

3. La naturaleza misma produjo la estética; la geometría simple del renacimiento quedó abolida, no por su sencillez sino por su elementarilidad. “La naturaleza aborrece la línea recta”. El descubrimiento de una estética ya formalizada en Oriente, basada en el equilibrio oculto de la asimetría, vino a refrendar este punto de vista. En el paisaje del siglo XVIII comenzó la revolución que rechazó la imagen clásica y la imposición de su geometría como símbolo de la relación entre hombre y naturaleza. Esta tradición tiene importancia por muchas razones. Proporcionó los fundamentos de la ecología aplciada como justificación de la función y de la estética del paisaje. La proposición manifiesto de la arquitectura monderna –“la forma sigue a la función”- ya había sido superada mucho antes por la concepción del siglo XVIII, en la cual forma y proceso eran aspectos indivisibles de un único fenómeno. Algo especialmente importante por la escala a la que se plantean las actuaciones. (Pág. 72-73)

4. La preocupacion fundamental se centra en la forma y, por ello, deja a un lado factores de emplazamiento que explican la situación de las ciudades –límites de marea, vados, cruces de puentes, recursos minerales y agrícolas, clima favorable y cosas semejantes-. Parece cierto que las ciudades improtantes tienen características que pueden deberse al lugar donde se asientan, a las aportaciones del hombre o a la combinación de mabas circunstancias. Río de Janeiro, Nápoles y San Francisco están asociadas directamente a lugares magníficos. Venecia, Amsterdam y París se identifican inicialmente con los principales artefactos que las constituyen. Sin embargo, cuando las ciudades están construidas en lugares magníficos, espectaculares o ricos, a menudo su belleza es resultado de la conservación, explotación y mejora, más que la destrucción de las características del lugar. Cuando no hay espectacularidad intrínseca, la belleza de un lugar puede conseguirse con edificios y espacios, como puede comprobarse en los casos de Amsterdam, Venecia y París. Cuando una ciudad contiene tales creaciones maravillosas, éstas entran a formar parte del inventario de valores, el genius loci. La ciudad en conjunto puede verse entonces como una explotación del lugar intrínseco –las creaciones humandas vistas como adaptaciones convenientes al lugar- que preserva, realza y mejora sus cualidades básicas transformadas en valores por derecho propio. (Pág. 175)

5. Cuando descubrimos el conocimiento renunciamos a la integración y tal renuncia nos lleva a la desintegración. (Pág. 196)

6.En cuestión de valores supone un gran avance dejar de considerar a la naturaleza como una tercera persona y empezar a tratarla como algo próximo a nosotros, algo con lo que nos comunicamos. Mejor aún, debemos sentirnos nosotros mismos parte de las relaciones ecológicas. El sistema económico de valores debe ampliarse en un sistema relativo que abarque los procesos biofísicos y las aspiraciones humanas. La ley debe reflejar que la muerte o las lesiones debidas a inundaciones, sequías, avalanchas o terremotos pueden ser producto de la negligencia humana o de la malicia, y por ello deberían ser competencia de los tribulanes. (Pág. 197)


FICHA DE LECTURA 02

AUTOR: Alain Roger

TÍTULO: Breve tratado del paisaje

AÑO DE EDICIÓN: 2007

EDITORIAL: Biblioteca Nueva

LUGAR DE PUBLICACIÓN: Madrid

NÚMERO DE PÁGINAS: 211

PALABRAS CLAVES: Paisaje, Ciencia, Medio ambiente.

1. El paisaje no forma parte del medio ambiente Se considera evidente que el paisaje forma parte del medio ambiente, del que sería uno de sus aspectos, uno de sus tipos y, por lo tanto, que también merece ser protegido, del mismo modo que nos preocupamos por salvaguardar el medio ambiente. Esta postular, que parece sensata, es tan falsa en sus principios como perjudicial en sus efectos. Hablando estrictamente, el paisaje no forma “parte” del medio ambiente. Este último es un concepto reciente, de origen ecológico, y, por esta razón, susceptible de tratamento científico. (Pág. 135)

2. Ignoro lo que quiere decir “ecología del paisaje”, a no ser que sea: la absorción del paisaje en su realidad física, la disolución de sus valores en las variables ecológicas, en resumen, su naturalización, mientras que un paisaje no es nunca natural, sino siempre cultural. (Pág. 137)

3. Pero, ¿qué pasa con las definiciones oficiales? En este aspecto, la consulta de los diccionarios y enciclopedias es instructiva. Tomemos, por ejemplo, el artículo “Paisajes” de la Encyclopedia Universalis. Primera indicación: este artículo lleva como subtítulo y entre paréntsis la palabra “medio ambiente”. Está claro que, desde el principio, el paisaje se postula como un subconjunto del medio ambiente y que no va a tardar en llegar la reducción ecológica. Así lo confirma la primera sección del artículo, “Paisajes y ecólogía. Ambigüedades del paisaje”, debida a dos eminentes especialistas, Patrick Blandin y Maxime Lamotte, que no dejan de “lamentar” estas “ambigüedades”. ¿Cómo deshacerse de ellas? Eliminando los valores subjetivos, vinculados a la percepción, para refugiarse en la ecología, esta abra de objetividad. De ahí la referencia obligada a los padres fundadores, Tansley y Lindeman, y al concepto de ecosistema, pronto relegado por el de ecocomplejo, forjado por nuestros dos autores: “Este término evita las ambigüedades desde la palabra ‘paisaje’, pues designa una categoría de sistemas ecológicos considerados sin ninguna referencia a los fenómenos de percepción.” Nos deja confundidos. Es cierto, las “ambigüedades” han desaparecido, pero ¡a qué precio! El escamoteo del paisaje. ¿Qué queda de él, en efecto, cuando se lo ha separado de su percepción? Toda la historia del paisaje occidental, así como del extremo Oriente, lo demuesta con evidencia: el paisaje es, en primer lugar, el producto de una operación perceptiva, es decir, una determinación sociocultural. (Pág. 138-139)

4. Contra los ecólogos, diré que un paisaje no puede nunca reducirse a un ecosistema. Contra los geógrafos, que menos aún puede reducire a un geosistema. Por muy decepcionante que sea, en apariencia, esta propuesta, sin embargo, hay que mantenerla con firmeza: el paisaje no es un concepto científico. En otros términos, no puede haber una ciencia del paisaje, lo que no significa, sino muy al contrario, que no pueda mantenerse un discurso coherente respecto a este tema. (Pág. 140)

5. Si la noción de paisaje es de origen artístico, el concepto de medio ambiente es de inspiración científica. Se entiende claramente con Haeckel y su definición de ecología: “Por Ecología entendemos la totalidad de la ciencia de las relaciones del organismo con el medio ambiente, comprendidas, en sentido amplio, todas las condiciones de existencia”. Pero sobre todo es con Tansley y su teoría de los ecosistemas con lo que el medio ambiente, enriquecido con determinaciones abióticas, se impone como concepto científico, sintético y conquistador, listo para absorberlo todo, incluído el paisaje. (Pág. 142)

6. El conocimiento de los geosistemas y de los ecosistemas es evidentemente indispensable, pero no nos hace avanzar un solo paso en la determinación de los valores paisajísticos, que son socioculturales. El análisis objetivo de un biotopo, la medida del grado de contaminación de un río no tienen, literalmente, nada que ver con el paisaje, como hace poco señalaba Bernard Lassus en su artículo decisivo: “Hay una diferencia, una irreductibilidad de un agua limpia en un paisaje. Se puede imaginar fácilmente que un lugar contaminado constituya un paisaje bello y que, a la inversa, un lugar no contaminado no sea necesariamente bello”. (Pág. 143)

7. Mi experiencia, tanto teórica como práctica [...], me ha convencido de que la mayoría de ls problemas ligados al medio ambiente, con su cortejo de malentendidos y de diálgoso sordos, podrían resolverse más fácilmente si no se mezclara todo y si hiciera un esfuerzo por distinguir cudiadosamente los valores ecológicos y los valores paisajísticos. (Pág. 145)

8. Seamos claros y firmes: debemos recordarles incansablemente, a los ecologistas y a otros defensores del medio ambiente, los derechos del paisaje, que no se limitan a la preservación del medio ambiente, verde o no, y mostrarles que le hacen un parco servicio a su causa cuando practican esta confusión reduccionista. A los poderes públicos y a los profesionales de las infaestructuras, debemos, por supuesto, recordarles las exigencias del medio ambiente, pero también, con mayor razón, las del paisaje, y ahcerles ver que están lejos de haber acabado su tarea cuando han respetado el medio ambiente, demasiado a menudo reducido a su valor fónico. (Pág. 150)


FICHA DE LECTURA 03

AUTOR: Juan Calatrava / José Tito

TÍTULO: Jardín y paisaje, miradas cruzadas

AÑO DE EDICIÓN: 2011

EDITORIAL: Abada

LUGAR DE PUBLICACIÓN: Madrid

NÚMERO DE PÁGINAS: 198

PALABRAS CLAVES: Paisaje, Medio ambiente, Territorio.


1. Diremos, por tanto, que “medio ambiente” es más que “territorio”, siendo el medio ambiente el territorio cualificado biológica, histórica y culturalmente. En el medio ambiente está el territorio, con el añadido de la vida, la historia, la cultura; por lo tanto, “medio ambiente” y “territorio” no son conceptos, por así decirlo, intercambiables. (Pág. 48)

2. El medio ambiente es “el territorio viviendo para el hombre y vivido por el hombre”, mientras que el territorio puede ser pensado y estudiado y manipulado, en tanto que tal, sin tener en cuenta la vida que “en él vive y el hombre que esa vida vive”. (Pág. 48)

3. Resultará bastante fácil, creo, en este punto, una definición del “paisaje” como “forma” (“función” o “contenido”, podríamos llamarlo, adaptando por analogía los términos de la crítica literaria y artística) que el medio ambiente otorga al territorio como “materia” de la que se sirve. O, mejor, si queremos ser más precisos, “paisaje” es la “forma” en que se expresa la unidad sintética a priori [...] de la “materia (territorio)” y del “contenido-o-función (medio ambiente)”. (Pág. 49)

4. El medio concreto, el medio en eque vivimos y del que vivimos por vivir en él, es siempre medio ambiente como forma de un territorio, es decir, paisaje. No será, por tanto, arriesgado suponer que lo mismo que el concepto de “medio ambiente” incluye el de “territorio”, también el concepto de “paisaje” incluye el de “medio ambiente”, de modo que la reallidad que debemos estudiar y sobre la que, si es necesario, debemos intervenir es siempre el “paisaje”, y no el “medio ambiente” y, mucho menso aún, el “territorio”. (Pág. 50)


FICHA DE LECTURA 04

AUTOR: Javier Maderuelo

TÍTULO: Paisaje y territorio

AÑO DE EDICIÓN: 2008

EDITORIAL: Abada

LUGAR DE PUBLICACIÓN: Madrid

NÚMERO DE PÁGINAS: 350

PALABRAS CLAVES: Paisaje, Territorio, Entendimiento.


Pág. 204 1. Frente al paisaje, el observador no adopta una aproximación científica sino que sufre una reacción estética que le produce emociones y le despierta sentimientos. Esta sensación sin embargo no es nunca arbitraria sino que en ella juegan un papel primordial los referentes que maneja el observador y su entendimiento de la situación. La aproximación al paisaje emociona combinando en el aprecio sentimientos y entendimiento. (Pág. 204)

2. La reponsabilidad que implica la aproximación al territorio y a su paisaje reclaman un adecuado entendimiento de la variable temporal. (Pág. 205)

3. El patrimonio genético de la tierra se muestra en sus paisajes, pero no de una manera directa, sino estableciendo relaciones entre las formas del ambiente y los seres que en él habitan, pues unos están estrechamente asoaciados a otros. Las relaciones entre rasgos y formas son relaciones abiertas, nunca estrictas y precisas, por lo que requieren una cierta flexibilidad en la interpretación. (Pág. 219)