"Voluntad de belleza" (Darcy Ribeiro)

De Casiopea

Introducción a diseñar la periferia de Gui Bonsiepe


Meditando ahora sobre mi sentimiento, después de tantos años, descubro en él dos componentes principales. Veo que en lo indios me encantaba su dignidad inalcanzable para nosotros, de gente que no pasó por la trituradora de la estratificación social. No haber sido ni conocido jamás señores y esclavos, patrones y empleados, o élites y masa, cada indio se despliega como un ser humano en su totalidad e individualidad, para ver al otro y para ser visto por todos como un ser único e irrepetible. Un ser humano, respetable en sí, simplemente por ser gente de su pueblo. Creo incluso que luchamos por el socialismo por nostalgia de aquel "paraíso perdido" de hombres que viven una vida igualitaria, sin ninguna necesidad posible de explotar a otros o de ser explotado por otros. La otra vertiente de aquel encanto vino del asombro frente a el ejercicio de la voluntad de belleza que vi expresarse allí de mil maneras, Nosotros nos acostumbramos tanto a atribuir el arte a los artistas y sólo ver lo bello exhibido en los museos u ostentado en las casas ricas, que nos asombramos frente a una belleza gratuita, generalizada y hasta vulgar: la sencilla belleza que impregna las cosas que los indios hacen. La primera reacción frente a éste descubrimiento consiste en decir que allí no hay arte y que tampoco puede existir arte. Para eso les faltan artistas especializados y profesionalizados como creadores de lo bello. Les falta sobre todo la capacidad de construir objetos inútiles, únicos y singulares que es la esencia de la creación artística, les falta, igualmente, la característica de los entendidos capaces de apreciar y criticar sus creaciones, atribuyéndoles mérito artístico. Envuelto en la bruma de éstas consideraciones, costó mucho entender que la función real y profunda, la verdadera razón de ser de cada cosa que los indios hacen, es simplemente ser bello. Poco a poco percibí que aquellas sociedades simples, guardan, entre otras cosas que perdimos, el de no haber despersonalizado ni mercantilizado su producción, lo que permite ejerce la creatividad como acto natural de la vida diaria. Cada indio es un "hacedor" que encuentra enorme placer en hacer bien todo lo que hace. Es también un usuario, con plena conciencia de las calidades singulares de los objetos que usa. Con esto quiero decir simplemente que la india que trenza un simple cesto para cargar mandioca, emplea en su hacer, diez veces mas celo y trabajo del que sería necesario para el cumplimiento de su función utilitaria. Aquella tejedora de cestos pone tanto empeño en el hacer de su cesto porque sabe que se retrata enteramente en él. Una vez hecho, él es un retrato reconocible, que cada cualquier otra mujer de la aldea, viéndolo, leerá en él inmediatamente, por la caligrafía cesaría que exhibe, la autoría de aqulla persona que lo hizo. A título de generalización quiero retener de paso que - al contrario de lo que sucede con nosotros - lo importante en la vida indígena no es el objeto artístico para ser confeccionado. Más bien, lo importante es su "hacedor", estimulado por toda la comunidad a crear cosas cada vez más bellas. Otra generalización que me permito es la siguiente: no existen para los indios fronteras de cosas tildadas como artísticas y otras vistas como vulgares, ellos quedan libres para crear lo bello. Allí una persona, al pintar su cuerpo, al modelar su vaso o al tejer su cesto pone en todo su trabajo el máximo de voluntad de perfección y un deseo de belleza solamente comparable con el deseo de belleza de nuestros artistas cuando están creando. Cuando el indio gana del otro un utensilio o adorno, él gana con eso la expresión de quién lo hizo. El presente estará ahí recordando siempre que aquel buen amigo existe y es capaz de hacer cosas tan lindas. Puede muy bien ser, como advertí antes, que no exista una ligazón visible para otra persona aparte de mí y el diseñador industrial y las artes indias. Yo estoy dispuesto a afirmar que existe. Concuerdo con las cuestiones enfocadas en éste libro con relación a nosotros seriamente si se colmaran de facto con la problemática de los indios avasallados y desculturizados. Aquellos que al haber perdido su ser perdieron su capacidad creativa pasando a denunciar a sus dominadores. Por más que esos pobres indios desindianizados se esfuercen, ellos no producirán más que un simulacro pobre y triste de la civilización que los tocó y degradó. Nosotros también… Esto significa que nuestra era de los milagros tecnológicos, de la automatización, de la internacionalización mercantil de toda comunicación no promete a los pueblos del Tercer mundo más autonomía y abundancia, pero si más dependencia y penuria. Tal como nuestro pasado de modernización refleja dentro de las civilizaciones del carbón, del petróleo y de la electricidad, al progresar nos tornamos, apenas más eficientes en el papel de pobres proveedores de insumos; así también la civilización emergente, por su propia dinámica, solamente nos puede dar más atraso relativo a los pueblos autónomos que avanzan aceleradamente frente a nosotros. En el proyecto del futuro que ellos tienen por si mismo a nosotros nos está atribuido un papel indispensable para que ellos realicen sus potencialidades. Papel inevitable de proletariado externo, sobrepasado en la historia, en cuanto aceptamos su dominación sociológica y sus estilos de producción y de vida. Papel ineluctable en cuanto nuestro proyecto de vida fuese dictado por un patronato gerencial descomprometido con nuestro pueblo. La ruptura con nuestra situación presente de pueblos dependientes nunca se dará por el camino del mimetismo piadoso de lo que hacen los otros. Solamente se abrirán nuestros horizontes cuando prohibimos que el pasado y el presente forjen el futuro que corresponda a su ser y a su propensión. Solamente realizaremos nuestras potencialidades proyectando nosotros mismos el futuro que queremos darnos. Esto solamente sucederá cuando desarrollemos estilos de vida y modos de consumo que no se rigen por la primacía del lucro sino que miran fundamentalmente a tender a las necesidades de nuestra población, en términos de empleo, alimentación, educación, salud y vivienda. Sobre ésta vida productiva nueva y autónoma que ocupará todos los millones de trabajadores es que estamos en el esfuerzo de producir lo que consumamos, podrá florecer y florecerá un día, la civilización que corresponde a nuestro ser, con su tecnología propia y con su estilo creativo genuino. Volveremos entonces, ¿quién sabe?, a ser indios como aquellos de los cestos para cargar mandioca.