Yuri Feddersen . Tarea Final. Poética Gral 2015

De Casiopea



TítuloYuri Feddersen. Tarea Final. Poética Gral 2015
AsignaturaPoética General
Del CursoPoética General Mg 2T 2015
CarrerasCiudad y Territorio
4
Alumno(s)Yuri Feddersen

La impronta del espacio de condición pública en la imagen de ciudad

En el siguiente artículo se revisan las reflexiones que reconstruyen un primer momento de incertidumbre frente al crecimiento de las ciudades actuales. Donde el oficio del arquitecto evidencia la cuantificación de la urbe y se pretende rescatar en los fragmentos de la tradición poética, algunas las certezas y cualidades que debieran reconocerse en el destino de las ciudades y su planificación. Procurando abrir un tema de reflexión sobre lo público en la ciudad.

Se abordará primeramente el origen, denominado como El Problema que inquieta la reflexión del pensamiento. Seguido a continuación por el principio, llamado La Palabra, que ordena el problema entregando un sentido director a ese pensamiento, enunciando la ruta que se materializa en la tercera parte nombrada como La Pregunta.

El Problema

El tema se centra en la impronta espacial que a partir de la condición dialéctica entre lo público y lo privado, incide en las transformaciones de cómo sus ciudadanos perciben la ciudad. Indagando, como aspecto central, la publicidad de los espacios. Entendiendo por publicidad como la cualidad de lo que es público.

Permitiendo inferir que la condición pública de un espacio no se refiere, en esta reflexión, a su situación jurídica de dominio, si es un bien público o un bien privado. Sino más bien como se intersectan en el ‘ser público’, como la forma de habitar libremente un espacio le otorga una condición espacial particular a un lugar, y por consiguiente, la denominación de este aspecto como la ‘condición pública’.

Espacios que se pueden habitar a través del transitar, del permanecer, incluso de la mirada o los sonidos.

Para Jordi Borja (2001), “la historia de la ciudad es la de su espacio público” y a partir de ello, en contrasentido, se puede postular que la evolución del espacio público nos revela la evolución de la ciudad. Recobrando significado las palabras de Borja al decir: “En consecuencia toda la ciudad existente, toda la ciudad heredada, es toda ella ciudad histórica”.

Las diferentes cualidades y categorías espaciales de esta condición pública de los lugares, el cómo se vive y se recorre libremente en la ciudad, incide en la construcción de su imagen de ciudad.

El hombre percibe su entorno físico y lo proyecta de manera cognitiva en forma de una representación mental (Shepard, R.,1978) [1], construyendo su significación, la que le permite entre otros ámbitos, relacionarse e identificarse con ese entorno.

Esta teoría psicológica, sin entrar a debatir sus aspectos controversiales con otras teorías similares, situación que no es menester de este texto, sí entrega un interesante punto de reflexión sobre entender el efecto resultante de un aspecto específico cambiante en el crecimiento de la ciudad y por consiguiente de la evolución de su imagen. Resignificando la forma de percibirla y habitarla.

Específicamente, esta reflexión se origina en la indagación sobre la imagen de ‘Ciudad-Jardín’ de Viña del Mar y como esta se ha degradado, supuestamente, en comunión a la decadencia de la impronta de la condición pública en sus espacios en la ciudad.

Antes las ciudades eran construidas por sus habitantes, los individuos, y hoy en día, el protagonismo se vuelca sobre los gestores inmobiliarios, son éstos los que reforman las urbes en consonancia con los instrumentos de planificación territorial. Catalizadores que fraguan la renovación urbana y su expansión.

El crecimiento espontáneo, que nace en respuesta de las necesidades directas de sus ciudadanos (el construir para vivir) tiende a desaparecer en la mancha urbana o en su periferia para dar mayor prioridad a la planificación y sus gestores (el construir para vender), enmarcando una forma de hacer la ciudad. Pero el problema que se revela, tal vez principalmente en América, es que muchas de sus ciudades, a través de esta transformación, aparentemente han sufrido un proceso de deshumanización. Tanto por su poca participación efectiva en su gestación, como por el discutido debilitamiento de la vida pública.

Vinicius de Moraes, poéta y cantautor brasilero, en una canción recita: “A vida não é brincadeira amigo, a Vida é a arte do encontro. Embora haja tanto desencontro pela vida” [2]

Y justamente una de las principales esencias de los espacios con condición pública es el construir la oportunidad del encuentro, casual o programado, permanente o efímero. La cosa pública, los actos sociales que generan intercambio sobre un lugar de la ciudad, deduce cierta construcción identitaria sobre los espacios y consiguientemente también algún grado de apropiación [3]. .

Pero este “desencontro” que enuncia Vinicius trae asociado una desafectación espacial. Donde el hombre cada vez se identifica menos con su entorno público, esto probablemente dado porque no se construye pensando necesariamente en la cualidad de la ciudad futura que sus instrumentos crearán, más bien se centra en las funciones y capacidades para los suelos de la urbe.

Hoy, en varias ciudades de Latinoamérica, el mercado construye la ciudad, y no como piezas, sino que en general, sólo como partes no articuladas. Espacios públicos que aparentemente sólo están para unir la urbe en forma de vías para darle funcionalidad a los espacios privados. Entendiendo la ciudad como un lugar privado y lo residual seria el espacio público, en apariencia definiéndolo conceptualmente como la ausencia de lo privado. Primando lo cuantificable por sobre la cualidad del habitar.

Cuanto habrá de esto en el origen de América, ya que mientras que en los viejos continentes los suelos estuvieron ahí antes que el hombre los pudiera habitar, en este nuevo mundo las tierras antes de habitadas (‘descubiertas y por descubrir’) ya tenían dueño, el Rey de España.

La Palabra

El lenguaje

Amereida enuncia esta constante búsqueda de la identidad, inquieta cuando declara “el nuevo mar de nuestra muda interioridad” [4] el eco del continente vacío se refleja en la no escuchada identidad americana, este sentir que algo falta y que no se ha logrado encontrar el calce que ajuste a nuestra vestimenta. Hay que salir a desvelarlo. Encontrar lo que une las cosas con su nombre, signos que construyen lo permanente del continente y sus ciudades. Donde los actos de sus habitantes muestran su identidad desvelada en una ciudad que cada vez dice menos o que su voz no es escuchada o entendida. Espacios que construyen un lenguaje, ¿pero que significan sus signos?

Como una de las ciudades imaginarias de Marco Polo, Ipazia. “Los signos forman una lengua, pero no la que crees conocer” [5]. La imagen se construye no sólo con lo que se trae, sino con lo que se encuentra, hay que habitarla para entenderla.

El Ciudadano

"donde los ciudadanos con las partes de su cuerpo no cubiertas por las armas dibujan gestos que son tales porque el aire es diáfano la luz es diáfana tanto que estar al sol o a la sombra representan suertes idénticas aun hoy esperamos que cada sábado por la tarde nos traiga esa diafanidad que cada septiembre nos brinde tal aire y tal luz para las fiestas patrias" [6]

Indicación sobre el habitante de la ciudad, donde lo trasforma de un mero estar, a un habitar en ciudad. Ser un ciudadano, también es un habitar demarcado por los signos. Le permite ser él mismo en el ‘ágora’, otorgando valor a lo aparentemente efímero. Se genera una imagen perceptual de su entorno que cobija un anhelo de ser, un ser ahí, con la ciudad.

"a nadie le es negado el volverse un maestro de algo es así y tal vez aún más pues el habitante de la ciudad antaño podía ir a fundar y poblar otra ciudad una ciudad se engendraba así de la costilla de otra ciudad ese rango y poder detentaba entonces el ciudadano" [7]

Una afirmación que permite entender la esencia misma del hacer ciudad, que la ciudad la constituye su gente, los actos comunitarios, sociales, individuales que le entregan cuerpo al habitar un lugar. La interacción, el relacionarnos, el por qué vivimos en ciudades, partes de un todo vinculante donde lo edificado sólo es el continente.

Darle forma a ese continente era obra de ciudadanos, pero hoy su labor se ha restringido a activar los espacios de la ciudad, haciendo pública la voluntad de los actos.

Los espacios

"pues la intersección de hombres y lugar arroja – inevitablemente – la plaza y en ella lo – vale decir cada hombre con el destino de constituir un nuevo continente – se vuelve re publico" [8]

En este arte de encontrarse, lugares y los hombres. Se crea este “ser” del habitante que construye en su acto, la cosa pública. La fuerza del acto visible que transforma el lugar.

En Latinoamérica podríamos discutir si acaso existe un desapego por los espacios públicos, debido a la creciente impronta de los espacios privados como lugares de encuentro, ya sea colectivo o individual y en función de lo que es propio y lo que es ajeno. Pero aquello que es ‘nuestro’, propio y ajeno a la vez, coloquialmente se dice que es de nadie, invisibilizando en lo aquello público alguna evidencia de apropiación espacial.

Tal vez consecuencia de nuestra herencia emigrante, como Eneas que recorre desiertos al dejar atrás Europa y Asia, en un oficio de buscador de Patria, allí donde comienza el ‘ser latino’, nos dice La Eneida. (Iommi, G. 1982) [9] ¿Podría radicarse aquí nuestra facilidad de desarraigo?

Donde quedaron las palabras de Alberto Cruz, “Codueños de Valparaíso” [10]. , codueños por la mirada de los espacios de la ciudad, sobre lo público y lo privado, sobre las plazas y antejardines. Conocer y sentirse parte de algo debiera formar una apropiación espacial y por consiguiente, hacerse partícipe de sus transformaciones, entendiéndolo y nombrándolo. Haciendo de simple espacios, lugares.

‘Como podría cuidar una flor silvestre en mi paso apresurado, si su nombre no me es revelado, como mi lenguaje no la nombra, no sólo no la reconozco, sino que se invisibiliza, terminando por no existir en mi concepción del mundo’.

Se corre el peligro de no conocer la ciudad que se habita, como la Maurilia de Marco Polo donde se relata: “Hay que cuidarse de decirles que a veces ciudades diferentes se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre, nacen y mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí.” [11]

La distancia entre el imaginario de una ciudad y la ciudad que se ve, edifica mis dudas. Una ciudad jardín que no la veo, “así como las viejas postales no representan a Maurilia como era, sino a otra ciudad que por casualidad se llamaba Maurilia como ésta.” [12] tal como a Viña del Mar.

La Pregunta

La ruta

La pregunta que Amereida nos indica al formularse ¿Qué es ser americano?, no tiene la pretensión de cerrar con una respuesta, sino de abrir. Como Godofredo Iommi menciona en la Nota 46 de Amereida vol.2, “importa más la ruta, que la obra.” [13] Este es el regalo.

De este mismo modo los problemas planteados por el geógrafo brasilero Milton Santos sobre “identificar la naturaleza del espacio y encontrar las categorías de análisis que permitan estudiarlo” pretenden ser un inicio de nuevas ideas e interpretaciones del espacio geográfico incorporando la dimensión social (Santos. M, 1996).[14]

Kevin Lynch en 1960 desarrolla el concepto de "Imagen de Ciudad" [15] básicamente para estudiar “la calidad visual de la ciudad norteamericana” estudiando la imagen mental que tienen sus habitantes de ésta, basado en las representaciones internas que inicialmente denominadas “imágenes ambientales” y posteriormente llamados “mapas cognitivos”, son los productos de la interacción entre el medio y el sujeto. Así Lynch plantea que esta imagen tiene tres partes: Identidad, estructura y significado. Añadiendo en estudios posteriores la valoración práctica y experiencial del entorno por parte de sus habitantes (Lynch, K. 1981) [16].

Muchas veces hay elementos jerarquizadores que contribuyen relevantemente a la construcción de esta imagen ambiental, permite a través de una vivencia espacial, unificar un territorio urbano otorgándole cierta identidad distingueble, imprimiendo una impronta que condiciona la imagen de ese lugar. Impronta que puede llegar a ser heredada y/o transformada a través de sus habitantes, incluso viajando en sus mapas cognitivos como conceptos intangibles que se vuelven a materializarse en otro lugar a través de la intervención del ciudadano en este nuevo entorno.

Me refiero a las ‘calçadas’ portuguesas en Lisboa donde los mosaicos le otorgan a sus vías una impronta única identitaria que construye parte de la imagen de una calle portuguesa. Herencia que se evidencia en las transformaciones urbanas materializadas en varios espacios públicos de Brasil, donde también se constituyen como íconos estructurantes de la imagen de algunas aceras, paseos y recorridos, motivos que identifican un lugar de otro. Distinción que signa un lugar, como los mosaicos bajo el paso contemplativo de Copacabana en Rio de Janeiro.

El elemento

"Hay una crisis del espacio público en sus dos dimensiones: como elemento ordenador y polivalente, como lugar de intercambio y de vida colectiva, en cada zona o barrio, y también como elemento de continuidad, de articulación de las distintas partes de la ciudad, de expresión comunitaria, de identidad ciudadana." [17]

¿Hay algún aspecto o elemento espacial de relevancia, en la población Vergara de Viña del Mar, que haya generado de mayor manera el cambio en su imagen de ciudad?

Se postula que la cualidad pública de los espacios en la Población Vergara en relación al crecimiento de los espacios privados, incide en la pérdida y transformación de su imagen de ciudad jardín. Entender como hemos construido esta ciudad y el cómo sus ciudadanos se vinculan a los diferentes matices de la condición de lo público de sus espacios, podría evidenciar nuestra forma de circular y de encontrarnos, que al parecer es esencial en las transformaciones de ese ‘cómo es la ciudad’ y como cambiamos el modo de identificarnos con ella. Vinculación que ya nos indicara Alberto Cruz al afirmar que la vida de las ciudades está en su circular. (Cruz, Alberto. 1954)

Pareciera que estos constantes cambios o transformaciones nos hablan de una inmadurez o adolescencia en nuestra imagen e identidad, lo que implica la importancia de preguntarnos sobre que hacemos hoy, para la creación y maduración de nuestras ciudades futuras y no sólo buscar soluciones, de carácter reactivas, para las ciudades del hoy.

Consideraciones finales - La cualidad

Amereida tiene la pretensión de llegar a América para volver a ella. Creo que debemos otra vez volver a nuestras ciudades - y llegar, para así, otra vez desvelar sus cualidades, mirarla como por primera vez - para otra vez sentirnos parte de ella - reconocernos - leer su imagen y ver el qué la construye, para desde ahí regir su camino futuro.

La Población Vergara en su inicio nace como un emprendimiento, es parte de su origen, pero con un perfil de loteo para autoconstruirse [18]. Acompañado, supuestamente en este construir, por un imaginario del balneario que se quería. Existía entonces el construir para habitar, el ciudadano edificaba su entorno, elegía sus cualidades y sus virtudes. El ciudadano recorría y habitaba la ciudad entre dos verdes, el árbol público y el árbol privado (relato de Juan Purcell, 2015), así se construía una imagen de ciudad amparada en la visión que se tenía para ella, un anhelo de ser algo más, influencias europeas que se impregnaban en los espacios de la ciudad.

¿Cuándo cambiamos las visiones por las funciones; o los imaginarios por lo que ya está concreto? ¿Acaso dejamos de perdernos en lo público para sólo estar en lo privado? Sin la impronta de esta condición pública, ¿cómo llego a hacer ciudad?, a crear. O acaso en este camino de la ciudad actual, ¿ya no ‘ha lugar’ para la condición poética del hombre?


Referencias

  1. Shepard, R. (1978). The Mental Image. American Psychologist. nº 33, p125-137
  2. Samba da Bênção. Autores: Vinicius de Moraes (letra) y Baden Powell (melodía), 1965
  3. Pol, Enric. (2005) La apropiación del espacio: una propuesta teórica para comprender la vinculación entre las personas y los lugares. Barcelona: Universidad de Barcelona, Anuario de Psicología Vol 36 nº3
  4. Amereida, Volumen primero, 1967, pag. 19
  5. Calvino, Italo. (1972) Las Ciudades Invisibles (p.42). Italia: Einaudi
  6. Amereida, Volumen primero, 1967, pag. 98
  7. Amereida, Volumen primero, 1967, pag. 99
  8. Amereida, Volumen primero, 1967, pag. 98
  9. Iommi, Godofredo. (1982) Eneida-Amereida. Viña del Mar: Taller de Investigaciones Gráficas, Escuela de Arquitectura UCV
  10. Cruz, Alberto. (1954) Estudio Urbanístico para una Población obrera en Achupallas. Viña del Mar: Universidad Católica de Valparaíso
  11. Calvino, Italo. (1972) Las Ciudades Invisibles (p.31). Italia: Einaudi
  12. Calvino, Italo. (1972) Las Ciudades Invisibles (p.31). Italia: Einaudi
  13. VV. AA. (1986) Amereida, Volumen Segundo. Viña del Mar: Taller de Investigaciones Gráficas, Escuela de Arquitectura UCV
  14. Santos, Milton. (1996) A Natureza do espaço. Técnica e tempo. Razão e emoção. São Paulo: Hucitec
  15. Lynch, Kevin. (1960) La Imagen de Ciudad. Barcelona: Gustavo Gili
  16. Lynch, Kevin. (1981) La buena forma de la ciudad. Barcelona: Gustavo Gili
  17. Borja, Jordi. EL Gobierno del territorio de las ciudades latinoamericanas. Instituciones y Desarrollo, 2001 no. 8-9 p.83-142
  18. Salomó, Jorge. (2009) Viñamarina. Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso