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VERA

(Redirigido desde «Vera»)

VERA



RondaHerbert Spencer, Arturo Chicano
Período2026-
Palabras Clavememoria, hipertexto, inteligencia artificial, soberanía digital, software libre, con§tel
OficiosDiseño
Área de InvestigaciónForma, Cultura y Tecnología
MaterialidadSoftware libre, protocolos abiertos y una comunidad de personas y agentes
URLhttps://github.com/mediafranca/vera
DescripciónUna memoria viva, personal y local-first para profundizar, compartir y trabajar con inteligencias artificiales sin entregar el gobierno del propio conocimiento.
NotaAlfa de investigación y obra abierta en construcción.

Vera es una memoria viva para estudiar, escribir, investigar y construir conocimiento con otras personas y con inteligencias artificiales, sin entregar a una plataforma ajena el control de nuestras fuentes, palabras, recorridos y decisiones.

Nace de una pregunta que también pertenece a la historia de esta wiki: ¿cómo puede una comunidad construir y cuidar el soporte con que piensa? Casiopea hizo de la escritura enlazada una obra común de la Escuela. Vera retoma esa búsqueda a escala personal: cada persona conserva su propio grafo, decide qué comparte y puede reconocer de dónde viene cada intervención.

Una obra antes que una plataforma

Vera no busca reemplazar el juicio con automatización ni competir con los grandes modelos de inteligencia artificial. Busca ofrecerles un suelo distinto: una memoria que permanece cerca de quien la produce, donde las fuentes no desaparecen bajo sus derivados, la escritura humana y la generación artificial se distinguen, y toda transformación conserva autoría y procedencia.

Para un estudiante puede ser un cuaderno que atraviesa asignaturas y años: notas, imágenes, fuentes, preguntas, proyectos y conversaciones que no se pierden al terminar un curso. Para un profesor puede ser un taller de docencia e investigación: un lugar para preparar corpus, componer recorridos, comentar pasajes precisos y acompañar procesos sin convertirlos en vigilancia.

La apuesta es que una herramienta universitaria puede aumentar nuestra capacidad de actuar sin capturarnos. Por eso Vera es local-first, portable, auditable y modificable. Los modelos y agentes deben ser reemplazables; las publicaciones, selectivas; los permisos, explícitos; la memoria, recuperable.

Un hypomnema para este momento

Los antiguos llamaron hypomnemata a los cuadernos donde una persona reunía lecturas, fragmentos, observaciones y experiencias para volver sobre ellas y elaborar una relación consigo misma y con el mundo. No eran depósitos pasivos ni diarios íntimos: eran soportes para ejercitar la memoria, formar juicio y componer una vida.

Pensar hoy ese cuaderno es urgente. La inteligencia artificial ha entrado en la escritura, la búsqueda, el estudio y la decisión; es decir, en las prácticas con que una persona forma criterio y responde por lo que hace. Si el cuaderno queda enteramente dentro de infraestructuras que perfilan, extraen y deciden qué recordar, no sólo cambiamos de herramienta: cedemos parte de las condiciones desde las cuales podemos decir yo y nosotros.

La carta encíclica Magnifica Humanitas plantea que la innovación técnica debe permanecer guiada por una inteligencia humana consciente y libre, con responsabilidades reconocibles y posibilidad real de revisión y discusión. Vera toma ese desafío como materia de diseño. No basta declarar principios éticos alrededor de una plataforma: hay que intentar que dignidad, libertad, procedencia, responsabilidad y cuidado adopten una forma verificable en su arquitectura y en sus gestos cotidianos.

Así, Vera no propone un cuaderno que piense en lugar de quien lo habita. Propone un soporte donde personas y agentes puedan colaborar sin confundir sus voces; donde las fuentes permanezcan junto a las interpretaciones; donde sea posible corregir, disentir, cambiar de modelo, retirar una publicación y reconstruir el camino por el que se llegó a una afirmación.

Lo que ya se puede tocar

Vera es hoy una alfa de investigación: funciona sobre un corpus real, pero todavía no es un servicio masivo ni una promesa terminada. Ya permite, entre otras cosas:

  • escribir y enlazar páginas y bloques con identidad estable;
  • recorrer el grafo como texto, mapa y trayecto;
  • conservar autoría, revisiones y procedencia de las operaciones;
  • trabajar con agentes mediante accesos revocables y acotados;
  • publicar páginas seleccionadas y formar espacios compartidos;
  • exportar el grafo y continuar leyendo y escribiendo sin depender permanentemente de una nube.

Lo incompleto no se oculta: faltan todavía mayor fluidez de edición, instalación y actualización sencillas, sincronización entre instancias, accesibilidad comprobada, colaboración robusta, integración bibliográfica y pruebas con más personas. Esa distancia es precisamente el campo de la obra.

Invitación a una utopía concreta

Buscamos colaboradores entusiastas. No sólo especialistas ni personas que ya sepan programar: también estudiantes dispuestos a instalar Vera, usarla de verdad, encontrar sus torpezas, discutir sus supuestos y ayudarnos a imaginar qué clase de herramienta merece acompañar una vida intelectual.

La ronda de Vera se está conformando. Ha comenzado con Herbert Spencer y Arturo Chicano, pero quiere abrirse a estudiantes, profesores y colaboradores de todas las facultades de la Universidad. La obra necesita que ingeniería, ciencias, educación, filosofía, derecho, economía, arquitectura, artes, teología y las demás formas de saber no aparezcan sólo como usuarias finales, sino como voces capaces de interrogar y transformar lo que se construye. Ninguna disciplina posee por sí sola la pregunta por la inteligencia, la memoria y la vida común.

Hay lugar para muchos oficios:

  • diseño de interacción: hacer que escribir, seleccionar, mover y relacionar ideas sea fluido;
  • programación: local-first, sincronización, seguridad, accesibilidad, visualización y herramientas para agentes;
  • investigación: estudiar memoria, aprendizaje, autoría, evaluación y colaboración humano–IA;
  • edición y documentación: explicar, ordenar, traducir, dibujar ejemplos y cuidar el vocabulario;
  • prueba situada: instalarla, llevar una bitácora, trabajar una semana con ella y comunicar con honestidad dónde ayuda y dónde estorba;
  • imaginación política y poética: discutir qué significa que nuestras palabras vuelvan a pertenecernos y cómo compartir sin ser extraídos.

La utopía no consiste en una aplicación perfecta. Consiste en volver discutible y transformable la infraestructura con que pensamos; en construir una Internet donde personas, cursos y comunidades puedan encontrarse sin entregar primero su memoria; y en que la Universidad no sólo consuma el futuro técnico, sino que lo interrogue y le dé forma.

Instalar, estudiar y colaborar

El código, las especificaciones de comportamiento, la hoja de ruta y la guía de contribución son públicos:

Quien llegue puede comenzar por leer, clonar el repositorio, levantar una instancia local o abrir una conversación proponiendo una prueba, una crítica o una colaboración. No hace falta creer de antemano en toda la visión: una obra común necesita también a quienes encuentren sus límites y sepan decir que algo no funciona.

Si esta utopía te entusiasma, ven a construirla; si te inquieta, ven a discutirla; si encuentras una falla, ya encontraste una posible contribución.

Genealogía

Vera continúa preguntas abiertas por el Memex de Vannevar Bush, el hipertexto de Ted Nelson, las herramientas conviviales de Ivan Illich y casi veinte años de escritura común en Casiopea. Dentro de la Escuela reconoce dos antecedentes especialmente próximos.

Con§tel explora la lectura y la marginalia compartida como conformación de un espacio común. Allí los textos se aproximan mediante secciones, títulos y notas; el lector no recibe simplemente un documento, sino que participa en una constelación de relaciones y voces. Vera prolonga esa intuición conservando la glosa junto a aquello que comenta, haciendo visible quién interviene y permitiendo que cada persona gobierne su memoria antes de poner una parte en común.

Axis Mundae propone un poema que no tiene una única sucesión: nueve versos y sus conectivas invitan a cada lector a escoger saltos y componer un recorrido. Vera recoge el recorrido como forma intelectual. Una idea no vale sólo por el punto al que llega, sino también por las fuentes, enlaces, decisiones y desvíos que permitieron alcanzarla. Un recorrido puede conservarse, volver a andarse y ofrecerse a otra persona sin fingir que es el único camino posible.

Con§tel pregunta por el espacio que aparece entre textos y lectores; Axis Mundae, por el sentido que se forma al andar entre fragmentos; Vera intenta dar a ambas preguntas un cuaderno durable, soberano y compartible para el tiempo de la inteligencia artificial. No pretende cerrar esa genealogía: quiere ofrecerle otra forma construida, desde Valparaíso, y convocar una ronda universitaria capaz de seguir transformándola.