Usuario:Claudio rivas
La oportunidad de vivir en comunidad
Un Condominio, según la ley se define como la construcción o los terrenos acogidos al régimen de copropiedad inmobiliaria, lo que los hace ser sociales es porque su construcción se realiza mediante recursos públicos. Los condominios sociales pueden ser de dos tipos, los condominios en las cuales el bien común es el predio, o la infraestructura (block), los condominios sociales en altura son estos últimos, es aquí donde ocurre la convivencia de forma más íntima donde no solo se comparte la misma coordenada sino también el mismo techo. El término “Condominio” es de origen latín, nos evoca la propiedad, no la privada, sino la que comparto con mi vecino, el que está al lado, arriba y abajo, el vecino que se encuentra en mis pies pero también en mi cabeza, al que puedo escuchar, ver y sentir, el que no conozco, pero vive bajo mi mismo techo, el mismo techo que se comparte con la madre, la pareja y el hijo, se comparte con un extraño que no sé, de donde viene, tampoco se donde trabaja y menos, lo que piensa de mí, solo hay veces que lo veo cuando abro mi puerta y cuando me voy al trabajo o a estudiar, el condominio social permite este tipo de encuentros, y nos obliga a convivir en comunidad, comunidad que ninguno eligió. Que transforma en social a este tipo de condominios, su pobreza, su arquitectura, su olor, sus historias, no, son las formas de financiamientos en donde el estado es el que se encarga de la viviendas de los que tienen menos, o simplemente se llaman “condominios sociales” porque su gente está obligada a sociabilizar y saludar al de al lado, y obligatoriamente vivir en comunidad. El vivir en un condominio social me invita a vivir de una forma particular y transformarme en “uno de ellos”, un habitante del gueto. El vivir en altura ya sea en el segundo, tercero o cuarto piso, modifica la forma en que el habitante se relación con su territorio, el vivir con otros, ya sea al lado, arriba o abajo y el vivir en altura son condiciones que modifican no solo la relación del habitante con su contexto sino la forma de vivir interna de la persona y como este ser se enfrenta a su vivienda y su contexto, “la infraestructura condiciona la forma en que vive el hombre”. Vivir en copropiedad es vivir en lo mío, lo tuyo y en lo de los otros, ¿pero cuál es mi propiedad?, solo la que está adentro de mis cuatro paredes, la cual no superan los 40 metros cuadrados, “aquí es donde hago mi vida y soy el que me gusta ser”, pero sin caminar muy rápido o hablar muy fuerte para que mis vecinos no escuchen como vivo. A pesar de eso después de un tiempo conozco los pasos de mi vecina y los gritos de los niños de abajo. Las decisiones políticas y el mercado inmobiliario, condicionan a la población más vulnerable a vivir en el gueto, lejos de los centros productivos, lejos de establecimientos educacionales y de salud, al mirar alrededor y detenerme en mis vecinos, es evidente, que ellos son igual que yo, la única diferencia son nuestros lugares de origen, los cuales pueden ser de cualquier parte del país. Pero a pesar de esto, nos parecemos más de lo que nos diferenciamos, Mis vecinos tienen los mismos problemas que yo y vivimos de la misma forma, sin plazas, mal conectados, sin juegos o lugares que inviten a habitar en los espacios públicos, en conjunto con otras problemáticas relacionadas a la seguridad y accesibilidad, todo esto nos hace pensar y preguntarnos ¿él porque tenemos que querer un lugar que no nos entrega nada, y que ni siquiera nos invita a vivirlo?, tal vez estas mismas condiciones desfavorables entregan “algo” y este mismo se transforma en el valor rescatable de este tipo de habitar. Pero vivir en copropiedad es vivir en una oportunidad, la oportunidad de conocer, de sorprendernos, del encontrarnos con el otro, incorporar y nutrirnos de “algo nuevo”, tal vez no se eligió con quien vivir, pero si con quien reunirnos, a pesar de la imposición hay una decisión. Vivir en copropiedad es vivir en un constante umbral entre lo mío y lo tuyo, es como se escribió en la apertura de terrenos de ciudad Abierta “todos estábamos cerca, pero ninguno supo estar juntos” , esto es lo que sucede en copropiedad. La oportunidad esta en esto, en el aprendizaje de estar juntos, como lo hicieron en ciudad abierta donde la decisión, se inició desde la voluntad, y creer en un proyecto en comunidad. La voluntad recae en fundar, y superar lo impuesto, superar el ¿por qué estamos ahí?, y la decisión no es aceptar, es simplemente fundar sin repreguntarse, elegir el lugar impuesto y transformar la escases en oportunidad, al igual que en ciudad abierta donde la “ley está escrita, es exacta, es precisa no hay alternativa, no hay propiedad privada”, la diferencia está en el significado del lugar y esto solamente se resume en la decisión, y en querer. La hospitalidad es parte de esto, se acepta donde se vive, se comienza a trabajar para mejorar, y se acepta la gente con quien se comparte el día a día, la oportunidad esta en mirar al vecino como parte de mi habitar, parte del condominio social, Lamentablemente el vivir muchos años en un lugar determinado y específicamente en un condominio social no es sinónimo de arraigo y apego por este lugar. Este sentimiento se fabrica con el día a día y con el agrado de vivir en un lugar que ofrece condiciones en las cuales mi familia, y mis vecinos puedan acceder, espacios públicos, seguridad, acceso a distintos servicios entre otros elementos resultan clave a la hora de hablar de topo filia. Si yo no puedo lograr el desarrollo de forma individual o como grupo familiar, la oportunidad está en la unión y en el trabajo en equipo, y han sido muchos los ejemplos en donde esta unión y el trabajo en comunidad han sobrepasados las barreras que fueron impuestas por los mismos que eligieron, diseñaron y ejecutaron el lugar que hoy habitan las personas más vulnerables.