Travesía Quiaca

De Casiopea



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Quiaca, isla LLancahué, Aysén, 2003
DestinoIsla Llancahué, Quiaca, Región de los Lagos, Chile
ProfesoresDavid Luza, Iván Ivelic, Jaime Reyes
AlumnosBegoña Arellano, Macarena Báez, Felipe Bastías, Catalina Bodelón, Germán Bustos, Eric Caro, Carlos Covarrubias (n), Paulo Cubillos, David Díaz, Francisco Durán, Ricardo Figueroa, Felipa Fischer, Luisa Frigolett, Felipe Gaymor, Ángela Gómez, Andrea Gómez, Felipe Guillón, Corina Hidalgo, Felipe Igualt, Mitsue Kido, Paulina Klagges, Fernanda Muñoz, Jorge Olguín, Karina Orozco, María Cecilia Peñaloza, Samuel Pereira, Pedro Pérez, David Rodríguez, Daniela Roldán, Leopoldo Saavedra, María José Salas, Hermes Sepulveda, Diego Silva, Felipe Valenzuela, Valeria Valenzuela, Sebastián Valenzuela, Luis Vásquez Urbina, Rodolfo Wiedmaier, María Dolores Yáñez.
TalleresARQ 2º

Fotografías

Travesía Isla Llancahué - TRA lla 03 Colección de álbumes publicadas en el flickr del Archivo Histórico.

Textos

Por Jaime Reyes Discurso Final para el Exámen del Tercer Trimestre, del taller de 2º año de arquitectura.

Estimados

Hoy día puedo contar con quince travesías en el cuerpo, quince años de dedicación que se supone marcan y dejan huellas. Pero para decirlo con rigor, las travesías no se cuentan en el cuerpo sino en el espíritu. Y mejor aún; no se pueden contar, simplemente porque la experiencia o vivencia de lo extraordinario no es acumulable. Me explico.

Sí se pueden reunir y sumar los cálculos, los prepartivos y preparaciones, incluso las esperanzas y las expectativas, pero lo que sucede y acontece, lo que surge y se presenta en una travesía no puede constituirse como una parte o componente de otra cosa. La suma de lugares visitados, el total de kilómetros recorridos, la galería de obras erigidas, la lista de los participantes o los inventarios de lo utilizado no sirven más que como una referencia. La Gracia de las travesías es precisamente que su potencia vitalizadora no puede ser acumulada porque esa fuerza no progresa. Más bien nace cada vez, crece y se constituye en sí misma de principio a fin. En este sentido, una travesía no es una experiencia de la cual aprendemos, sino una en la que cambiamos. Y esta diferencia, aunque leve y sutil, es esencial. Semejante cambio no es un progreso ni personal ni institucional porque no se trata de un avance hacia adelante ni del desarrollo de ciertas mejoras hacia la prosperidad (las travesías actuales no son ni mejores ni peores que las de hace diez años). Tampoco es exactamente una evolución como son, por ejemplo, las de tipo biológicas: procesos continuos de cambios en los seres vivos, mediante modificaciones progresivas, por los cuales se han producido, a lo largo de las eras geológicas, la enorme variedad de formas y especies vegetales o animales, actuales y extintas. No: El cambio se produce por la severa medida del “soy otro”, que nos asegura que estos horizontes fabulosos permanecerán, a pesar de todo y pase lo que pase, aguardando por otros horribles trabajadores que sí vendrán y comenzarán allí donde nosotros nos desplomamos.

Una travesía es al unísono un viaje hacia los orígenes y hacia el destino y se realiza –se hace realidad- a través del puro presente. Su tiempo misterioso se resuelve y existe como la eternidad. Es decir, allí donde se juntan en forma simultánea todas las formas del tiempo sin que se conozca su comienzo ni se anuncie su fin. Allí donde están sincrónicamente todas las personas, los hechos y los lugares existidos, existentes y por existir. Y “el presente es el punto en el que el tiempo coincide con la eternidad. Del momento presente, y sólo de él, los humanos tienen una experiencia análoga a la que Dios tiene de la realidad como un todo; sólo en el presente la libertad y la realidad les son ofrecidas” [1]. Y el presente, por suerte, no se puede acumular; o se lo vive intensa y apasionadamente o no, pero no se lo puede retener de ninguna forma.

En todo caso y desde este punto de vista las travesías sí ofrecen un fruto; de hecho ellas han de aprehenderse como fruto. Son un tiempo que no se fuga hacia la muerte; un presente que se parece a la eternidad, pues en ella nada tiende hacia la muerte. Y un fruto esplende como tal cuando sirve más para el regalo que como alimento. Un tiempo regalado entonces; como cualquier semilla, que es un signo viviente que guarda y cuida en secreto la maravilla de la creación y que a través de una maduración y un florecimiento ya no perece. Un tiempo como un hijo –fruto del amor- que encarna el renacimiento y la resurrección atravesando la muerte para que recomience el ciclo de la vida. Nosotros no sólo llevamos inexorablemente esta condición –porque somos hombres y mujeres- sino que debemos manifestarla, hacerla presente, convertirla en regalo. Y esto es la creación de un mundo. Comprendemos entonces, con admiración y profundidad, la palabra regalo. Las travesías son un regalo y por eso las llevamos a cabo a lo largo y ancho de América; porque creemos que nuestro continente es también un regalo.

Por eso se equivocan quienes piensan o creen que esta escuela declina, o que se detiene y se atrasa respecto del “veloz” avance del mundo. Se equivocan quienes se deslumbran frente a las apuestas del progreso. Y se equivocan quienes sostienen que el devenir de los años y los siglos exige colocar todas las atenciones hacia el futuro. Esta escuela compone, año tras año, su fundamento radical y lo hace oir y consonar y resonar no sólo en las inmensidades del ancho y largo de América, sino en una vastedad mucho más preciosa y desconocida: la de vuestros corazones. Y esa canción no puede ser repetida ni convertida en fórmula; hay que cantarla cada vez. Esta es la canción “donde residen todos los deberes, toda la gracia, toda la sabiduría y todo el placer”[2]


Taller de 2º Año, compuesto por los alumnos:

Begoña Arellano, Macarena Báez, Felipe Bastías, Catalina Bodelón, Germán Bustos, Eric Caro, Carlos Covarrubias, Paulo Cubillos, David Díaz, Francisco Durán, Ricardo Figueroa, Felipa Fischer, Luisa Frigolett, Felipe Gaymor, Ángela Gómez, Andrea Gómez, Felipe Guillón, Corina Hidalgo, Felipe Igualt, Mitsue Kido, Paulina Klagges, Fernanda Muñoz, Jorge Olguín, Karina Orozco, María Cecilia Peñaloza, Samuel Pereira, Pedro Pérez, David Rodríguez, Daniela Roldán, Leopoldo Saavedra, María José Salas, Hermes Sepulveda, Diego Silva, Felipe Valenzuela, Valeria Valenzuela, Sebastián Valenzuela, Luis Vásquez Urbina, Rodolfo Wiedmaier, María Dolores Yáñez.

y los Profesores:

Iván Ivelic, Arquitecto. David Luza, Arquitecto.

Notas

  1. C. S. Lewis en la Carta XV de "Cartas del Diablo a su Sobrino"
  2. idem

Documentos Especiales

Jaime Reyes, Poeta.