Travesía Puerto Gala

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Travesía Puerto Gala, Isla Toto. Aysén, 2017
2017/11/10 - 2017/11/25
DestinoPuerto Gala, Isla Toto. Región de Aysén, Chile
ObraAlbergue Gala 1, Albergue Gala 2
ProfesoresIván Ivelic, Mauricio Puentes
AyudantesMaximiliano Trigos, Antonia Scarella, Bruno Marambio Márquez
AlumnosDaniela Aguirre Silvana Amaro Fernanda Aravena Benjamin Arratia Sergio Barrientos Maria Gracia Basso María Berges Susana Cadavid Eduardo Carvajal Margarita Casas Yohann Chareyre Pedro Contardo Marie Couderc Benjamin De La Paz Thais Delfortrie Diego Diaz Rodrigo Escobar Christian Fuenzalida Pedro Goncalves Antonia Hernandez Paulina Hernandez Susanne Hornauer Pamela Ibañez Daniela Kampers Benito Larraín Gaia Lenzi Francisca Leyton Valentina Lucero Sol Martino Leire Mintegui Macarena Monroy Marta Moya Mei-Ling Oberli Antonio Olivares Matias Oppermann Francisco Rada Boris Ramirez Manuel Ribeiro Enrique Rivadeneira Marta Roig Catalina Rosas Eber Saez Maria Paz Sanchez Lucas Schiesewitz Natalia Uribe Tomas Vasquez Matias Villalobos Marianne Welzel
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, María-Gracia Basso, Benjamín De la Paz
TalleresARQ 3º, ARQ 4º, ARQ 5º

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Travesía Puerto Gala, Isla Toto.

Las travesías a Gala y Gaviota surgen desde una invitación de parte de la Ilustre Municipalidad de Puerto Cisnes, en específico del Alcalde Sr. Francisco Roncagliolo y de Alejandro del Pino, este último ex-alumno de la e[ad] y actual Director de Obras de la municipalidad. La invitación demandó una primera gestión de Pre-travesía a cargo de los Profesores Alfred Thiers y Felipe Igualt, destinada a un reconocimiento de las posibles locaciones de obra dentro de la comuna de Cisnes, donde se tienen mayores necesidades producto de las condiciones de vida. Se visitó Puerto Gaviota y Puerto Gala, constatando mayores similitudes que diferencias; comunidades pequeñas y compactas dedicadas a la pesca, que actualmente viven en la escasez debido a múltiples restricciones a los habitantes, tanto en lo que producen como en lo que consumen. En estas localidades se constató una circulación estrecha a través de pasarelas peatonales, lo que constituye la única vía terrestre de comunicación. Por mar surgen múltiples vías, pero se depende de la disponibilidad de una embarcación y sus tripulantes. Los espacios públicos o de reunión son escasos. La reunión se da de manera espontánea en la estrechez de estas vías.

La región de Aysén reúne condiciones geográficas y tectónicas que la convierten en un territorio de una extraordinaria belleza natural, pero lleno de riesgos naturales. Entre otros han ocurrido: Sismos, marejadas, temporales de viento y lluvia, bajas temperaturas y tsunamis, ya sean de origen remoto, como de origen local producidos por deslizamientos de tierra. Estos últimos se presentan como el mayor riesgo natural en la zona costera. Es importante mencionar que la región de Aysén si bien registra una baja actividad sísmica en comparación a otras zonas de nuestro país, posee un gran número de fallas donde ocurre actividad sísmica de forma esporádica. Uno de los eventos recientes más significativos fue el ocurrido en Abril de 2007, cuando un sismo Mw 6.2 producido a baja profundidad, generó decenas de deslizamientos de tierra en la zona de los canales de la región de Aysén. Estos deslizamientos generaron tsunamis. Uno de estos, registrado en Puerto Aysén -ubicado a 80Km al sur de Puerto Cisnes- ocasionó la muerte de 7 personas y la destrucción de decenas de viviendas en las zonas contiguas.

En estas condiciones de precariedad, la obra busca su oportunidad de aparecer como una contribución al sistema de vida, lejos de imponer una ocupación preconcebida. Luego de un recorrido general de las dos localidades se constató una necesidad real de los habitantes: la de contar con refugios de emergencia en el caso de ocurrir algún desastre natural que los forzara a abandonar sus viviendas. Esta iniciativa había sido inicialmente desarrollada por los residentes, quienes construyeron un primer refugio (de plástico) en Puerto Gala. Sin embargo, debido a las condiciones geográficas -en especial las dificultades de movilidad en las islas- se constató la necesidad de contar con más de un refugio por localidad. De esta manera, se planificaron 4 refugios, dos en Puerto Gaviota y dos en Puerto Gala. Estos tenían como condición principal -que es a la vez un desafío en estas latitudes- de alcanzar (o acercarse lo más posible) a la cota de seguridad de nuestro país: la cota 30mts sobre el nivel del mar. Con este primer cálculo se dio paso a una serie de gestiones que incluyeron al municipio, autoridades marítimas y vecinales.

Lo siguiente consistió en organizar los talleres participantes en 3 grupos o postas: El primero conformado por el Taller 1ºaño Diseño, el segundo por el Taller Oficio Arq B, y el tercero compuesto por dos talleres disciplinares (Mauricio P. e Ivan I.). Esta organización respondió a una ecuación de máxima eficiencia y economía que dio como resultado la construcción de los primeros refugios de emergencia en toda la región de Aysén.

Ante la posibilidad de financiamiento de las obras por parte del municipio de Puerto Cisnes abordamos en un plazo muy acotado, el desafío de proponer un sistema constructivo posible de desarrollar en 11 días de faenas que nos permitiera cerrar una cubicación de materiales y presupuesto asociado, para su aprobación por el consejo municipal. Considerando las posibilidades locales optamos por un sistema de tabiquería en madera, intentando disminuir al mínimo la cantidad de secciones con que trabajaríamos, optando por rollizos impregnados de 6” para pilotes de fundación, 2x8 en vigas maestras, 2x6 envigados de piso, 2x4 tabiquerias de muros, 1x6 vigas de techo y 2x3 costaneras. Para pisos y revestimientos interiores optamos por terciado de 18 y 12 mm respectivamente y para techumbre y forros exteriores zincalum acanalado. Concebimos para cada uno de los tres albergues, uno en gaviota y dos en Gala, dos módulos de 2.44x4.88 mts en planta (cuatro planchas de terciado como suelo), vale decir 24 mts cuadrados de superficie interior. Cada interior concebido a partir de dos módulos nos daría la posibilidad de múltiples posibilidades de intersección entre ellos y adaptación a la compleja topografía de los emplazamientos. Presentada nuestra propuesta, el consejo municipal por unanimidad aprobó fondos por 22 millones para cuatro albergues, dos en Puerto Gaviota y dos en Puerto Gala. Así emprendimos junto al Taller de Mauricio Puentes y Max Trigos, una Travesía conjunta, sostenida en común desde la pre-travesía (una semana), el transporte, la logística, el campamento, y ejecutando dos obras equivalentes en sistema constructivo, cantidad de materiales, personas involucradas (app 20 en faenas cada día) y dos emplazamientos distintos que dieran respuesta a una rápida evacuación de la población (127 personas estables) que vive dispersa a lo largo de las costa (entre la selva y el mar) suspendida en palafitos y pasarelas. Un aspecto que no consideramos fue la complejidad que implicó tener los materiales en cada sitio de obra, los cuales llegaron en 3 momentos diferidos y no en el orden en que los necesitábamos, lo que implicó algunas invenciones como por ejemplo, emplazar vigas maestras sin tener los pilotes de fundación y un enorme desgaste de tiempo y energía, moviendo 7 toneladas de materiales para cada refugio desde la barcaza a la rampa, de la rampa a los botes de pescadores, de los botes al muelle más cercano a cada sitio de emplazamiento y finalmente subir con los materiales desde el nivel del mar hasta los 23 mts de altura a través de escaleras, pasarelas y senderos en medio de un bosque muy abrupto, hasta el lugar de obra. Sin duda una tarea que comúnmente no reviste mayores complejidades, en esta región de Aysén hasta el más mínimo detalle no previsto se transforma en una gran dificultad, mudar lo adverso en favorable, nos advierte Amereida... Hemos de reconocer que bordeamos el límite, de nuestras energias, del tiempo disponible, de la cantidad de obra, de las dificultades.. sin embargo bajo un tiempo extraordinario, el que abre la travesía, en que nos sometemos al rigor de la obra y el misterio de verla aparecer, es que las adversidades se vuelven favorables. La leccion de vida, trabajo y estudio, aquilatada desde la experiencia recogida en el cuerpo nos retorna a Valparaíso cómplices profesores y estudiantes, ya no somos los mismos que partimos, el tiempo de la obra nos ha transformado.

En nuestro caso, la pre-travesía se realiza de forma acotada, pues las faenas duran una semana. Considerando la calidad de “posta” de esta gran travesía las herramientas, los implementos de cocina, la ruta ya se encontraban definidas y nuestros esfuerzos se pusieron en la alimentación, el ámbito, el campamento, la obra y algunas dimensiones de la ruta que aún se debían concretar. El rigor del clima (llueven 6 metros al año en la zona) nos obliga a pensar en lo impermeable, etiquetas plásticas, carpetas impermeables, documentos plastificados y el indispensable y relevante traje de agua que nos permitiría llevar a cabo las faenas y movernos en un territorio donde el agua es protagonista. Ya nos habían advertido, comprar el traje más grueso porque los otros se rompían el primer día. El viaje largo, dos buses, un transbordador y una barcaza, luego de dos días 48 alumnos y 5 profesores llegamos a Puerto Gala, isla Toto, un territorio en donde las pasarelas eran las protagonistas, donde todo es a través del agua y donde reina un ambiente de tranquilidad que deja en evidencia que nos encontramos lejos del continente. Nos instalamos en el gimnasio de la escuela, un espacio de 350 m2, una cancha donde se instala la mesa y las carpas, las gradas que acogen la ropa de obra, dos baños, una cocina. El lugar nos recibe con lo justo, pareciera que estuviera pensado para instalarnos, ya que las carpas se ubican en dos líneas a lo largo de la cancha, dejando un corredor central que ordena el espacio. A un costado, las mesas alcanzan justo para el número que somos, albergándonos para los desayunos, almuerzos y cenas en un espacio que es preciso, ni muy grande ni muy chico, es el tamaño perfecto que se vuelve nuestro hogar por los 12 días que permanecemos en Gala. La hospitalidad y recibimiento por parte de la comunidad es un elemento estructurante de la travesía, en primer lugar José que nos preparó la llegada a las obras con un impresionante don para hacer escaleras en un territorio por decir lo menos, complejo, entre el barro y la pendiente en unas pocas horas José tenía construida una obra casi ingenieril como si fuera nada y que además se volvió parte de nuestras faenas apoyando la construcción de las terrazas exteriores de ambas obras; La Sra. Teresa que nos acogió a muchos del frío por las tardes en su casa; Don Mario, alcalde de mar, supervisando cada llegada de las barcazas con los materiales para la obra, y que nos deleitó con pescados de regalo, ceviches y caldillos de mariscos que fueron los protagonistas en el banquete final; Iván el paramédico que nos atendió a los muchos que caímos enfermos por un virus estomacal; los vecinos que nos despidieron con una noche de música; y los incontables personajes que participaron de nuestra travesía permitiéndonos hacernos parte del lugar e involucrándose en el proceso de la obra, apropiándosela y cuidandola. Las obras son dos, ubicadas en Caleta Lenga y Caleta Andrea, la más cercana se encuentra a 5 minutos del gimnasio pero a 23 metros de altura, el equivalente de ida y de vuelta a subir 31 pisos cada día. La segunda, en Caleta Andrea, a 25 minutos de distancia a pie, el equivalente a subir 66 pisos cada día (aunque gracias a la hospitalidad recibida en el lugar, muchos de esos pisos se evitaban gracias a los pescadores que nos llevaban de un lugar a otro).

El emplazamiento de la obra se ubica a 23 metros sobre el nivel del mar, altura suficiente en caso de Tsunamis. Esta condición implica una dificultad en la accesibilidad desde un inicio, las pasarelas son el único elemento urbano que permite el transitar, es decir, no hay esa libertad de recorrido propia de la ciudad. Los materiales llegan por mar al muelle y en tres momentos distintos, hay que descargar todo desde la barcaza para luego volver a cargarlo a las embarcaciones de los pescadores, que nos aproximaban lo más posible a las caletas Lenga y Andrea. Una vez ahí, nuevamente hay que descargar y generar un acopio al costado del muelle, para luego ir subiendo una a una las partidas de madera que íbamos requiriendo. Como si esto no fuera suficiente, el material expuesto a la constante lluvia hacía que contuviese una gran cantidad de humedad, aumentando el peso que debía ser cargado en los hombros por las pasarelas y escaleras que no llegaban hasta la obra, con un tramo a subir por entre los árboles, caminando sobre barro y piedras. Son más de 75kg en clavos, 3.967kg entre placas de terciado y planchas de zinc, 9.855kg en maderas que finalmente suman un total de 14 toneladas de materiales transportados, aproximadamente 300kg cargados por persona que generaron las dos obras de la travesía. El lugar de nuestra obra se ubicaba en el trayecto de un pequeño curso de agua, por lo que nos elevamos del suelo y uno de los módulos queda sobre él. El otro módulo está intersectado en ángulo según lo que nos permite el desnivel del terreno, y considerando que la visibilidad del albergue desde lejos es fundamental en caso de catástrofe. Desde este punto en adelante cada paso que fuimos dando comienza a deconstruir la cubicación inicial de los módulos, en función de lo que nos sugería el lugar. El desfase de la llegada de los materiales y el mal tiempo no fueron obstáculo para la velocidad a la que avanzábamos, a medida que pasaban los días la estructura iba creciendo y comenzaba a asomarse entre las copas de los árboles. Más allá de la dificultad que propone la construcción de alrededor de 35m2 en total, el desafío es la consolidación de un interior y todo lo que eso implica, poner aislante y fieltro, hacerse cargo de los puentes térmicos, tener esa claridad de lo que se estaba haciendo para ir resolviendo los pormenores constructivos sobre la marcha hasta que llegase la totalidad de los materiales. La obra se consolida en dos volúmenes intersectados que generan un giro encaramado para llegar al nivel de piso más alto que permite mirar hacia las islas del frente. La diferencia de alturas transforma al espacio en un escenario lúdico donde se genera un circuito en torno a una terraza central de madera, que sirve de espacio congregante y mirador. En el interior se privilegian ventanas de policarbonato para el ingreso de luz hacia el interior, y ventanas de vidrio para traer a presencia el paisaje ante la vista. Esta luminosidad construida al interior de la obra genera un gran contraste en comparación a la penumbra del bosque y el barro. La obra es un ábside luminoso que trabaja un tragaluz en la intersección de los dos módulos, generando un cobijo bajo unos muros bañados en luz que permiten permanecer en los desniveles construidos por la escalera, conformando un vértice luminoso a través del cual pasamos del ir al volver. Gala1.JPG