Tomás Valladares: Taller Amereida VIII

De Casiopea



TítuloEl otro como comprensión del nosotros
AsignaturaTaller Amereida VIII, Taller Amereida
Del CursoTaller Amereida 2014
CarrerasArquitectura
Alumno(s)Tomás Valladares Vergara
”Ese encuentro con el otro, que tenga su máxima belleza, amabilidad a éstas diferencias de la realidad. De una vez por todas el oro que ha acompañado al hombre con su capacidad de enceguecer la condiciona, que el oro se centre en el otro, el otro es un yo, se produce en el encuentro” -Clase de Amereida.

El Otro Como Comprensión De Un Nosotros

El concepto de otredad

La otredad corresponde a la definición usada por la filosofía, la sociología y la antropología entre otras ciencias para definir el reconocimiento del otro como un individuo diferente, que no forma parte de la comunidad propia. La sociología emplea la otredad para definir el fenómeno de exclusión que ocurre en un grupo de personas, en donde el “otro” es aquel que no calza con los ideales de tal grupo y queda en distancia, en un lugar subordinado respecto a ese grupo.

Si bien el “otro”, bajo el concepto usado en la sociología, es un término que nadie quiere llegar a ser en una sociedad, también es un término que ayuda a definir los límites de toda persona, es decir mi persona existe hasta cierto punto, desde ahí yo defino al otro, a esa persona que es diferente a mí. Es importante aprender a distinguir estos límites, ya que es usual creer que parte del otro es parte de mi persona y es ahí cuando comienzan los conflictos entre las personas, en la confusión de querer cambiar algo que no es mío.

Freud también habla del otro en el sentido de todo aquello que no es “yo”, así por ejemplo menciona el "afuera", que es todo aquello que no es la persona en sí misma, es decir lo otro, incluso da a la madre el papel del primer otro, pues es ésta quien da al niño las primeras nociones de él.

Entonces, entender quién es el otro me ayuda a entender quién soy y qué puedo hacer por mí y el otro, es de importancia saber que este encuentro entre yo y el otro siempre es con una distancia, un contraste dado por las diferencias. En esta diferencia yace la belleza, la belleza de descubrir cuáles son estas diferencias, la belleza de ir averiguando los puntos de contacto, los puntos en común y los puntos de contraste.

La belleza en el otro

El Partenón como ejemplo clásico de armonía

En la historia, la creación humana siempre ha estado en búsqueda de la belleza, siempre fue bajo la pregunta de cómo ese otro logra tal belleza. En el renacimiento, por ejemplo, la belleza en la naturaleza fue admirada y empleó el conocimiento obtenido por los griegos en la antigüedad. La matemática ayudó a dar medida a dicha belleza mediante la armonía.

La armonía queda perfectamente definida por Alberti quien, en el renacimiento escribe: …”la belleza es la armonía de la totalidad de las partes adaptadas unas a otras de tal modo que no se puede cambiar ni añadir nada sin estropear al conjunto. Ésta fórmula ya fue enunciada por Aristóteles. ‘No añadir, no quitar, no cambiar nada’”.

Ahora, si intentamos realizar un cruce entre estos conceptos y el “otro” como persona, la belleza vuelve a aparecer al admirar en el otro la armonía que lo hace ser “otro”. Así, se explica que como personas, no podemos intentar agregar o quitar algo en el otro sin estropear su conjunto. Es por eso que, en palabras de Carlos en una de las clases de Amereida, es correcto recibir con amabilidad las diferencias que existen entre una belleza y otra, porque todas las personas tienen bellezas distintas, distintas armonías que las hacen ser esos otros.

La teoría de la otredad

Pero volviendo un poco sobre el término de la otredad, existe una teoría de ello, la teoría de la otredad: Se entiende como la parte integral de la comprensión de una persona (un todo), ya que es el individuo mismo el que asume un rol en relación con el “otro” como parte de un proceso de reacción.

Interesante de analizar es la utilización de este término en la antropología, la cual se caracteriza por ser la disciplina encargada de estudiar científicamente a los “otros”. En un principio se trataba de una curiosidad por descubrir lo desconocido, adentrarse en tierras vírgenes, navegar por mares lejanos, pero también conocer criaturas humanas aparentemente extrañas a “nosotros”.

La curiosidad por conocer a otros siempre ha existido en la historia. Heródoto, por ejemplo, comenta que "... si se diera a alguien, no importa quién, la posibilidad de elegir de entre todas las naciones del mundo las creencias que considerara mejores, inevitablemente (...) elegiría las de su propio país. Todos sin excepción pensamos que nuestras costumbres nativas y la religión en que hemos crecido son las mejores (...) Existen abundantes evidencias de que éste es un sentimiento universal (...)" (citado por Palerm, 1984:28). Es así como el otro da cuenta de una distancia que tiene con el nosotros, ese horizonte que desconozco.

Lo mismo ocurría con los bárbaros, estas culturas diferentes que eran ‘menospreciadas’ por tener modos de vida distintos al nosotros.

En la Edad Media, muchos cientistas sociales concuerdan en que la llegada de los europeos a América es uno de los momentos estelares en la historia del pensamiento occidental, abre una reflexión sobre la diferencia cultural y sobre la irrupción del Otro.

América aparece a ojos de occidente como un espacio indefinido, desconocido y de un tiempo inclasificable. El salvaje se muestra como el límite entre una nueva humanidad de ‘nosotros’ u otro que amenaza al nosotros. Aparece la duda. La duda de desconocer a estos habitantes, de creer que en sus tierras encontraría (Colón) el propio Edén o paraíso terrestre. Américo Vespucci ve en la vida de los indígenas una idea de cómo se vive en el paraíso, vivir conforme a la naturaleza.

El encuentro de los europeos con otras culturas dio origen a lo que sería la pregunta fundante de la antropología ¿Por qué estos hombres son diferentes?

Las distintas teorías que trataban de dar respuesta a esta interrogante, asumen el término de evolucionismo y toman un vuelco al terminar observando a el otro como un pueblo ‘primitivo’, un pueblo que es viva prueba de un pasado del hombre. Siendo así que la antropología nace, como la ciencia de la máquina del tiempo.

Resulta curioso pensar en que los científicos del tiempo clasifican a los otros en salvajismo, barbarie y civilización. Términos que por tradición se diferencian entre algo malo y algo bueno, siendo la civilización este concepto positivo que da seguridad.

Pero tanto estudio termina por dar enfoque al otro como una extrañeza la cual al ser diferente al nosotros, es vista como algo negativo, algo semejante a los animales, -viendo también a los animales como algo negativo-. Queda la duda, en el cómo la búsqueda de tal pregunta significa una comprensión del yo, o si crea desde ya una segregación.

Mucho tiempo después, específicamente luego de la primera guerra mundial, el evolucionismo entra en crisis.

Malionowski es considerado como el impulsor de un profundo cambio. Un cambio que se apoya en la empatía, “ponerse uno mismo en la situación de la experiencia del otro”. Es decir, las ideas y conductas solo tienen sentido en el contexto en que se producen y practican, es este el inicio de comprender al otro por lo que hace, piensa y dice de sí mismo.

Estos pensamientos del otro abren al término de “diversidad cultural”, ya no trata al “otro” como algo diferente, si no como distinto, diverso al nosotros.

Se refiere así, al pueblo distinto, no como una sociedad sin evolución, como un animal, sino más bien como una sociedad que tiene una organización y un orden distinto. Poseen diferencias, pero buscan el mismo sentido.

Algunos cientistas sociales como M. Augé (1994-1995), plantea que estos “otros” ya no son diferentes, han perdido la facultad de exotismo. La relación con el otro, ahora se establece en una relación de proximidad, real o imaginaria. El indígena ya ha ido perdiendo su imagen estereotipada de otredad.

Pero, sigue quedando la pregunta del otro, qué es el otro, porque es “otro”, pero quizás la pregunta está en cómo entender y aceptar las diferencias.

Si existiese una educación por la cual las personas fuésemos capaces de comprender, admirar y entender al otro, podríamos llegar a entender mejor cuáles son sus solicitaciones a la hora de recibir un encargo. Ya que si entendiéramos cuales son los conceptos que forman a ese otro y cuáles son sus principios gustos etc., podríamos ser capaces de dar un correcto calce a esos requerimientos con nuestras habilidades.

De igual modo, resulta importante dar cabida al yo, siempre se encuentra en una constante relación con el otro, como decía Freud, nuestros padres aparecen como las primeras referencias de otros, la familia es nuestro primer grupo social que nos incluye y enseña a comprender al otro y aprender del otro.

El yo es una síntesis de todas las relaciones que se han hecho con otros a lo largo de la vida. Pero esta síntesis es elegida por cada uno, por decisiones únicas, que van dando forma y completando la armonía del yo.

Al entender al yo, podemos conocer nuestros límites, nuestras capacidades como personas, entendiendo al yo, podemos ser capaces de admirar nuestra belleza para así admirar la del otro. Siendo así una de las razones por las cuales podemos comenzar con la gratuidad hacia el otro, un querer regalar parte de mí al otro, sin esperar algo, sin cegar mis capacidades por dinero, sin un propósito.

Si terminamos por encontrar un hilo en común a todo lo explicado, quizás caemos en la cuenta de que el otro, como la palabra sigue siendo un sinónimo de distancia, un aquí yo con mi vida, allá el otro con la suya, pero en la práctica sigue sin ser así, siempre termina siendo un aquí yo con mi vida y mira allá el otro como hace su vida distinta a la mía, la hace mal. Caemos en cotidianidades que miran al otro con una distancia tal que queda en un escaso observador, pero un observador que descalifica el cómo vive de manera distinta el otro.

Si como sociedad, fuésemos capaces de entender que la distancia, debe tener una justa medida, ni tan lejana para terminar observando con crítica, ni tan cerca para querer irrumpir en la intimidad del otro. Encontrar una medida justa, variará en como las distintas armonías encuentran un calce que las permita convivir, como quien habla de amor, enamorarse de las diferencias y verlas como un potenciador de mi yo.

Quizás las herramientas, como la observación nos permitan acercarnos a esta medida para con el otro, encontrar, comprender y capturar una relación con el otro, pero sin ánimo de irrumpir, sin ánimo de ganar algo. Hacerlo, con gratuidad, por el presente que da el sólo hecho de ser otro, para ese otro.

Croquis personal

Es así como la travesía otorga una instancia que, tras un año lleno de aprendizaje de conocer la ciudad, al otro que tengo cerca y tener una retroalimentación que hace mejorar a mi persona, el yo de cada alumno se encuentra preparado para iniciar un viaje, sin objetivo claro, solo con las ganas de aprender sobre ese otro que nos esperara allá a una distancia inesperada, en ese horizonte desconocido. Ese otro, que sin saber nada de nosotros y sin saber nada de él, recibirá un regalo, hecho por nuestras habilidades, hecho por el simple hecho de amar y admirar al otro.


Bibliografía

1. http://www.chasque.net/frontpage/relacion/0308/el_otro.htm

2. http://es.wikipedia.org/wiki/Otro

3. http://definicion.de/otro/