Tenue llovizna

De Casiopea



TítuloTenue llovizna
AutorGodofredo Iommi
Páginas1
Imágenes2
Ancho 21 cms.
Alto 30 cms.
Fecha1990
ColecciónPoética
FondoIommi-Amunátegui
ConjuntoCarpeta 05
Número de Ingreso005
NotaOriginal manuscrito en tinta negra sobre papel blanco; sin fecha, se propone 1990 que corresponde al general del conjunto.
PDFArchivo:Tenue llovizna.pdf
Código
IOM-PTQ-IAM-C05-TEN-990-005


El nimio caso de una tenue llovizna en Viña del Mar

Carísima:

Una leve llovizna suena en los árboles altos de este 8 Norte, aquí en Viña del Mar (¡qué llueva, que llueva, la vieja está en la cueva, los pajaritos cantan, la vieja se levanta!, es una antigua canción de romance heredada y que los niños cantando tratábamos de conjurar la lluvia para no mojarnos). Pero siento en mis vidrios que ha de existir un silencio oculto en todo rumor, como secreto, apertura de amor, para dar cabida al sonido. ¿Recuerdas a tu propio profesor de piano que decía, no recuerdo a quién citaba, que la real música no es el sonido sino el silencio que oculta, y que el ejecutante capaz es quien puede revelar ese secreto amoroso, ese connubio invisible para hacerlo audible?

Qué poeta no soñó con expresar en el murmullo del verso, el silencio inaprensible de la palabra. pero no hay mayor perfección que en la palabra de Jesús cuando dice el inefable misterio de ser una naturaleza y tres personas. Dulzura insuperable que será para danza celeste, para cuando la carne crucificada y resurrecta nos lleve a la plenitud del amante amor de amante que pide, exige, el éxtasis. Extasis quiere decir «estar fuera», echado al naufragio amoroso que no tendrá ya nunca fin.- Tú me dirás porqué insisto con casi majadería en este tema que sólo una leve llovizna me produce. Es simple. Bien lo sabes tú y nuestros hijos, que ojalá vivan cuánto sinfín fue dado a ti y a mí, este verdadero secreto erótico del tiempo. Ahora estoy en la calle dejándome tocar por la tenue llovizna y me apresuro para volver a Santiago cuanto antes para fundirme en tus brazos y ceñir y apretar ese secreto del eros que no sólo nos hace amarnos, sino -¡oh, increíble misterio!- entre guerras, enfermedades, falacias, gente sana y buena, y el infierno cotidano que dan cuenta los diarios –hace el mundo. Acaso querida, caríssima (se me dio hoy por llamarte así) solo por los aires, en pleno vuelo de vuestros aviones es posible esta bella voladura a propósito de una nimia llovizna.

Saboreo por adelantado la ensalada que preparas e invita a quien quiera participar de la resonancia de la lluvia viñamarina que me motivó esta líneas.-

Caríssima, carissima – el amor que nos amó primero puede encontrarse en lo cotidiano que aparece como insignificante. Hasta la noche, tú sabes quien te quiere realmente cuando te diga otra vez carísima, te quiero.-

Godo.

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Fondo Iommi-Amunátegui / Carpeta 05:

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