Tarea II trimestre taller amereida

De Casiopea



TítuloII trimestre Amereida
AsignaturaTaller Amereida 2014
Del CursoTaller Amereida 2014
CarrerasArquitectura
Alumno(s)Francisca Torres

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Para ser hay que abrir los ojos y la mente a una conciencia colectiva y a un entramado substancial. América y la obra majestuosa que es la naturaleza nos hace el constante llamado a una unificación mental, espiritual y corporal. Desde el complejo sistema de fractales y de epifanías que los aborígenes amazonas encontraron en las ceremonias con plantas medicinales (que pertenecen a la madre Tierra por cierto) hasta las fronteras naturales que nos contienen en una unidad poblacional y humana anclada a un suelo determinado por el avanzar del tiempo. Para lograr un encuentro fundamental con nuestro entorno y con todo lo con lo que interactuamos nos es necesario asumirlo como propio dándole un significado único, propio e intransferible de acuerdo a nuestra experiencia en la travesía cotidiana. Lo intransferible es perfectamente justificable por lo vivo que tiene que ser el descubrir de esta verdad; nadie más que nosotros podemos enseñarnos a nosotros mismos lo que podemos utilizar para darle sentido a nuestra realidad a través de descubrir lo que no asimilamos como propio y, por ende, real. Podemos reconocer algo desde nuestra apreciación personal solo mientras logremos forjar una conciencia que interprete por nosotros el estímulo visual y parcial que recibimos desde la dimensión y realidad que nuestra biología nos permite vivir. Es esto a lo que hay que referirse cuando hablamos de un yo. De un prójimo. Es imprescindible entender lo ajeno como lo propio para no hacer ajeno lo que lo es. Hablando de significado, es como podemos llegar a entender el ocio como algo que llena el alma; una intención de nutrir el alma a través del concreto satisfactorio e ir más allá del significado colectivo y ajeno que implica rechazar el ocio por el desperdicio sustancial que implica. El camino es importante caminarlo por el acto de caminarlo y no por estar ausente del paisaje. Lo importante para la travesía por América y para encontrar el sentido de la poesía que nos describe con su existir es sentirse parte de este estilístico expresar que maneja el entorno natural. Un ejercicio que puede concretar esto es el de observarse a uno mismo dentro de lo que uno está mirando durante la travesía y así contemplarnos desde la hermosura que proyectamos como ser existente y vivo dentro del paisaje y del suelo existente y vivo al que pertenecemos. Por otra parte, también es digno hacer la separación entre el propio ser y el ser ajeno, entre la experiencia y lo compartido, entre el propio estar y el lugar lejano del que se proyectan ideas para lograr apuntar la mirada hacia aquel horizonte y no solo experienciar lo propio sumido en el ego del poder de la conciencia forjada por los rincones de la reflexión y de la interpretación de la realidad. El proceder se refiere a una continuidad temporal desde la línea experiencial y del crecimiento humano con tal de avanzar y de atreverse a innovar el pensamiento y el significado del que somos protagonistas. El ceder corresponde a la gratuidad y en la ingenuidad tras la acción de proceder y de exponer la experiencia que nos permite dar significado a la realidad. El atravesar se condice con lograr trascender a través del camino de compartir significados. El exponer experiencia y significado propio y lograr esparcirlo de tal manera que se vuelva propio y no ajeno en los demás es lo que se llama trascender y no responde a un tema de popularidad ni de masificación de una idea, sino a la intención de atravesar fronteras no palpables en la realidad visible. Todo esto implica una apertura a lo desconocido y a lo susceptible a ser vivido desde diversos vivires y sentires bastante amplia. La armonía entre lo experienciado y lo próximo a ser transmitido por un ser ajeno es lo que establece el equilibrio entre lo interno y lo externo del ser humano como ser de luz, bello, trascendente, compartido y en proceso de vivir. La armonía es que establece la perfecta sincronización entre lo que se pretende compartir y en la existencia de un vacío virtual experiencial que se puede llenar con un significante en común pero con una visión colectiva y abierta a admitir como desconocido lo que es objeto de observación, mirada y contemplación. La diferencia de significados, interpretaciones, experiencias o no congregar un pensamiento en una misma línea no expresa ausencia de armonía sino que es el mejor ejemplo del perfecto y sistemático funcionamiento del concepto de armonía como funcionamiento colectivo de un transcurrir temporal y espiritual inconsecuente desde el punto de vista del concepto de proceder ya que es imprescindible la inconsecuencia desde el alero de estar abierto a presenciar lo desconocido y no permanecer en lo vivido sin empaparlo del diario avanzar del que somos objetos como entes pertenecientes al gran entramado humano, social, natural, espiritual y físico. La magnitud de la travesía y de la ceremonia que tenemos que presenciar para llegar a una trascendencia y en una apertura a la empatía espiritual extrapolada a la apreciación significativa y propia de la realidad mundana y ser capaces de internalizarlas y asumirlas como propias es tan longeva como nuestra inquietud nos permita y nos inste a explorar desde los pies de un viajero del vivir colectivo desde lo personal para luego retribuirlo a lo ajeno asimilado como propio. El horizonte vislumbrado caminando el sendero hacia establecer una experiencia a compartir es mucho más ambicioso e ideal, pero menos empatizable y transferible directamente; lo realizable de lo ambicionado se ve truncado por concretar en una realidad ajena a la que fue el nido de la intención y se ve afectado o favorecido por lo propenso a ser asociado con un significado colectivo pero mientras más ideal y más cercano a nuestras intenciones intransferibles y sólo compartibles menos empatizable será para quienes no hayan formado parte de nuestro camino hacia la trascendencia en la travesía, por ende es importante apreciar tanto el proceso de forjado de una expresión concreta como la obra terminada en sí y no asumirla como terminada sino darle una trascendencia a través del compartir su significado como proceso y como un fin con un objetivo intencionado pero dándole más importancia al proceso de vivir alcanzar el objetivo sin tanto buscar el encontrar y apreciando el buscar nutritivo.