Taller de Tipografía 2020

De Casiopea



Asignatura(s)Taller de Tipografía
Año2020
Tipo de CursoTaller de Etapa
TalleresDG 3º, DG 4º, DO 3º, DO 4º
ProfesoresManuel Sanfuentes
AlumnosSofía Jiménez, Mabel Núñez, Maria Consuelo Pulgar, Daniel Rojas, Alondra Zamorano, Martina García, Joaquin Mansilla
Palabras Claveletra, tipografía, libro
Carreras RelacionadasDiseño

Alumnos

En los textos antiguos podemos encontrar la palabra «tipo» adscrita a un conjunto de acciones que tienen en común la factura de un objeto a partir de matrices que permiten su producción en serie. El rey David después de asolar la ciudad de Rabbah termina por condenar a su gente a los «hornos de ladrillo»; esta expresión en el latín de la Vulgata reza originalmente «typo laterum» (horno de ladrillos)[1] ; en la Naturalis Historia de Plinio el Viejo[2] se refiere a «un tipo de arcilla endurecida» con la expresión «inpressa argilla typum».

Nos parece que el concepto de «matriz» en toda sus significación de molde, modelado, etc. preludian lo que más tarde en el siglo XV con la invención de los tipos móviles de Gutenberg, se constituirá como el epítome del sentido de «tipo» que otorga una modulación abstracta a la conformación de la palabra impresa.


Lección 01, jueves 13 de agosto.

Oralidad, escritura e impreso.

San Jerónimo escribiendo (Caravaggio, Roma) 1605.

Entender el fenómeno tipográfico como un arte que se desprende del hecho hablado que ha dado forma a un lenguaje que hoy podemos dibujar, escribir e imprimir tras un proceso de alfabetización cuya base fonética permanece intacta en la forma de pronunciación de la palabra. El acto hablado es la remisión última de todo escrito y de toda la abstracción tipográfica que modela hasta las últimas plataformas para la lectura.

La recuperación del vínculo con la palabra hablada y las tradiciones orales se produce tras una excesiva consideración de los escritos, de sus definiciones y estructuras; dejando sin análisis las prácticas orales que al final, y originalmente, son el origen de todo texto. Ente los años 60 y 70s los lingüistas y los estudios del pensamiento vinculan el mundo antiguo de las prácticas orales a los modelos contemporáneos del libro y la lectura. A continuación algunas fragmentos de la lectura de Oralidad y Escritura, Tecnologías de la Palabra[3], de Walter J. Ong:

«La escritura, consignación de la palabra en el espacio, extiende la potencialidad del lenguaje casi ilimitadamente; da una nueva estructura al pensamiento».

«Podemos llamar a la escritura un "sistema secundario de modelado" que depende de un sistema primario anterior: la lengua hablada. La expresión oral es capaz de existir, y casi siempre ha existido, sin ninguna escritura en absoluto; empero, nunca ha habido escritura sin oralidad».

«Desde el principio la escritura no redujo la oralidad sino que la intensificó, posibilitando la organización de los "principios" o componentes de la oratoria en un "arte" científico, un cuerpo de explicación ordenado en forma consecutiva que mostraba cómo y por qué la oratoria lograba y podía ser dirigida a obtener sus diversos efectos específicos».

«La escritura alfabética había dividido la palabra en los equivalentes espaciales de las unidades fonéticas (en principio, aunque las letras nunca funcionaron como indicadores enteramente fonéticos). Sin embargo, las letras utilizadas en la escritura no existen antes del texto en el cual aparecen. Con la impresión tipográfica alfabética, las cosas cambian. Las palabras se componen de unidades (tipos) que existen como tales antes que las palabras a las que darán forma. Lá impresión sugiere, mucho más de lo que jamás lo hizo la escritura, que las palabras son cosas.»

Lección 02, jueves 20 de agosto.

Incisiones, signos, alfabeto

Palacio asirio, escritura cuneiforme sobre figura tallada, piedra; siglo IX a. C. Pergamon Museum, Berlin.

Los actos orales se articulan de «palabras rituales por orden rutinario»; partimos con algunas notas de la lectura de la Galaxia Gutenberg de McLuhan; la escritura y más tarde el alfabeto aplican una técnica que se basa «en la uniforme reiteración; en una segmentación homogénea del conocimiento. Si se introduce una tecnología, sea desde dentro o desde fuera, en una cultura, y da nueva importancia o ascendencia a uno u otro de nuestros sentidos, el equilibrio y proporción entre todos ellos queda alterado»[4].

Un lenguaje de signos no es universal por la particularidad de sus circunstancias; la historia de la escritura ocupa al menos 50.000 años hasta configurar el alfabeto que hoy conocemos, que tampoco es universal, pero sí, un síntesis que va desde el signo representativo hasta la abstracción de una letra[5].

Lo que primero indican los signos se refiere a cantidad, dirección, territorios y escenas de caza; las imágenes y las figuras, como la Venus de Willendorf, materializan también una historia hablada. El acto creativo es la transición de un estado de representación a otro; aquí, una exteriorización del ámbito hablado que toma formas primarias para representar ideas matrices.

El comienzo del registro de la comunicación verbal constituye el nacimiento conjunto de la imagen y la escritura. La inscripción latina «scripta manent» reconoce tempranamente la importancia de la escritura para la historia cultural del primer milenio de occidente. Como una primera superficie, las marcas e imágenes de las cuevas de Chauvet, Lascaux y Altamira poseen la cualidad de enseñarnos directamente el nacimiento se esa cultura y la primera reunión de la imagen y la escritura; el gesto gráfico sobre la piedra describe el primer biblios que anota y describe un comportamiento. Sin embargo, luego de la expansión del significado del signo, Medio Oriente, en los territorio entre los ríos Tigris y Éufrates, fue la cuna de las formas de escrituras contemporáneas.

Los sumerios, escritura cuneiforme: 3.300 a. C., Mesopotamia. A partir de pictogramas, la forma más simple de significación y al mismo tiempo la más limitada, y una determinada alineación en conjuntos, crearon ideogramas, estableciendo un primer sistema de escritura que llamamos cuneiforme; con la punta recortada de una una caña (lat. cuneus: cuña) se hacían incisiones sobre la arcilla fresca de una tablilla pequeña; las marcas representan sílabas, y los conjuntos ideas.

Los egipcios, jeroglíficos: 3.300 a. C., Valle del Nilo; la palabra jeroglíficos proviene del griego «hierós», sagrado; y «glýphein», grabar = escritura sagrada. Se tarta de una escritura grabada mixta de dibujos de animales, humanos, plantas y caracteres que funcionan en conjunto como ideogramas; el principio yace en que un pictograma puede tener un valor fonético. Este sistema de lenguaje escrito posee 24 signos que representan sonidos constantes.

Escritura hierática: 2.500 a. C. Al utilizar la caña recortada con tinta sobre papiro u otros soportes, se modifica la ejecución del jeroglífico en su definición como signo; como una cursiva de los jeroglíficos, esta escritura más suelta estaba reservada para los textos religiosos y administrativos. Se podrían considerar estos signos como fonogramas por la asociación del sonido con lo dibujado. Los egipcios a estas alturas están a «un paso» de la escritura alfabética.

Escritura demótica: 600 a. C., gr. demos, pueblo. Esta es la última etapa de la escritura egipcia. La sintetización del los primeros jeroglíficos adelantaron una escritura del «pueblo»; usada en economía y literatura, expandió su utilización hasta su fusión y posterior absorción por el griego antiguo; los últimos registros del demótico datan del siglo IV d. C.

Alfabeto copto: Siglo II a. C. Es la última etapa del egipcio antiguo y el camino a su desaparición en un alfabeto de transición que introduce la escritura griega, sus vocales y algunos términos del demótico. En el siglo XI se prohibido definitivamente su uso público.

Alfabeto fenicio: 1.200 a. C. El pueblo fenicio está considerado el inventor de lo que entendemos hoy como alfabeto. Las letras acusan ya una abstracción, sus signos ahora representan fonemas, sin perder aún significado. El sistema se compone de 22 sonidos consonantes. Como grandes navegantes, desde la ciudad de Biblos, comerciaban por los pueblos del mediterráneo oriental; en Grecia, al papiro que llevaban los fenicios le llamaron byblos, para pasar al latín como biblion: libro.

Alfabeto griego: 850 a. C. Adoptan el sistema de los fenicios e incorporan los signos para las vocales, que toman del Arameo. Se puede ver esto en las dos primeras letras: ʾālep (𐤀‏), aleph (buey), gr. alfa, α; una H aspirada se convierte en A; y bēt (𐤁), beth (casa), gr. beta, β; y que finalmente darán nombre al «alfabeto».

Testimonio del transcurso a la definición de un alfabeto, construcción de un texto y tres escrituras distintas: jeroglífica, demótica y griego antiguo, el decreto de Ptolomeo V. del 196 a. C. grabado en la piedra Rosetta, ofrece la clave con la que Champollion descifra en 1822 los textos jeroglíficos.

Lección 03, jueves 27 de agosto.

Consolidación del Alfabeto Latino

Manuscrit en écriture caroline. Prudence, Carmina; vers 890 / Inv. Ms DR 9987 Bibliothèque royale de Belgique, Bruxelles.

A partir del siglo VIII a. C los griegos colonizan Italia llevando consigo su escritura que los romanos adapatarán los siguientes siglos juntos con algunos elementos de los Etruscos a quienes invaden el año 320 a. C. consolidando definitivamente el Imperio Romano y la definición del alfabeto latino. Al año 0 convivían ya varios modos de escritura:

Quadratas: Inscripciones grabadas en monumentos o superficies de piedra, cuyo modo a partir del cincel origina los que se conoce hoy como serif; se puede ver en la inscripción en la base de la columna de Trajano.

Capitalis Rustica: Signos más comprimidos, se trata de una escritura menos formal y más rápida, realizada con pincel o pluma biselada; se utilizaba fundamentalmente para la realización de «biblos» o primeros «libros».

Capitalis Cursiva: Más informal aún, esta escritura se utilizaba para documentos ordinarios, notas o cartas.

Ya en el siglo I d. C. estas formas de escritura consolidan las bases del alfabeto latino, que incluía hasta aquí solo a las mayúsculas en una altura fija. Hacia el año 313 el cristianismo se convierte en la religión oficial del imperio, lo que inicia una propagación del alfabeto por toda Europa sentando las bases de la civilización occidental; lo que provoca, por ejemplo en Egipto, la desaparición de viejos sistemas escriturales como la tradición jeroglífica; paralelamente el fenicio dio origen a las escrituras hebrea y árabe.

Los rollos de papiros se dejan de usar en el s. V en la última etapa del Imperio Romano para ser reemplazados por los «códices» que era un conjunto de hojas plegadas y encuadernadas como libro; se cambia también la caña por la pluma por ser más liviana y permitir una escritura con mayor soltura. De estas épocas se puede señalar las siguientes tipos de escritura:

Escritura Uncial: Del lat. unciālis (de una pulgada). A partir del siglo III; aún en mayúsculas, como una alternativa de la Rústica, sin embargo comienzan a surgir ligeros trazos ascendentes y descendentes; sus letras característica son la ADEH y M; un ejemplo característico de esta escritura se puede ver en el Libro de Kells, escrito e iluminado por los monjes celtas cerca del año 800.

Escritura Semiuncial: También utilizada para escrituras cotidianas, se acentúa su inclinación y se marcan aún más las ascendentes y descendentes sobre el alto de la letra. Un manuscrito importante con esta escritura es el que contiene las obras de San Hilario de Poitiers, compuesto a inicios del siglo VI.

Estos modos de escritura permanecieron bajo estas formas hasta el siglo IX, extendiendo su influencia por toda Europa y el mundo cristiano; y se transformó en la escritura oficial para escribir los evangelios en latín. Se notará que al inicio de los párrafos se dibuja una letra de mayor tamaño a la del texto anticipando lo que conocemos como capitales en las composiciones modernas. Paralelamente, producto de las invasiones bárbaras surgen nuevas escritura o modalidades nacionales de estas estas escrituras constituyéndose el conjunto en las «caligrafías medievales» como las merovingia, la visigoda o la irlandesa, para finalmente, al rededor del 600, incorporar espacios entre las palabras que hacen más legible los textos.

Escritura Carolingia: A fines del siglo VII, Carlomagno, dando inicio al Imperio Calolingio/Francia restituye la unidad política y cultural de Europa dispersa con la aparición de las diversas escrituras nacionales, estableciendo el latín como lengua oficial estandarizando y normando su escritura, labor que estuvo a cargo de Alcuino de York y que se refleja en sus obras De orthographica y De grammatica; incorporando por primera vez los signos de puntuación a través de reglas ortográfica; dando forma a lo que se conoce como minúscula carolingia; esta escritura se caracteriza por una gran consistencia que permite la lectura fluida y se considera como una renovación de las escritura anteriores y existentes en la época, conviertiéndose en el estándar para los próximos 400 años.

Escritura Gótica: Paralelamente en los monasterios de Suiza, Alemania, Francia e Inglaterra surge una escritura más condensada y densa, eliminándose las curvas amplias de las unciales. Sin embargo a pesar de la popularidad y gran propagación, era una escritura de difícil legibilidad, que agregado a la abreviación de algunas palabras, se volvía monótona y a veces ilegible. Con posterioridad, esta letra será el modelo utilizado por Gutenberg en sus tipos móviles para la impresión de la biblia de 42 líneas. En general se pueden distinguir dos versiones de escritura gótica; la del norte, en Alemania, llamada «Textura»; y en el sur, en Italia y España, toma el nombre de «Rotunda».

Todas estas escrituras tienen su versión «cursiva» (de cursar, curso), utilizada fundamentalmente para documentos informales; es lo que se llama la letra «bastarda». De estilos locales se pueden señalar los dos más relevantes que ya contienen minúsculas y mayúsculas en el conjunto, definiendo las escrituras para el Renaciemiento:

Fraktur: Alemania; diseñado por Johann Neudörfer (siglo XVI) a partir de las letras gótica, se transformó en el alfabeto renacentista por excelencia.

Littera Moderna: Italia, siglo XV; también llamada «Rotunda», de letras más redondeadas, para el mundo latino del renacimiento fue la escritura que modeló la escritura «humanista» sentando las bases para las primeras tipografías romanas.

Littera Antigua: Ya antes, Poggio Bracciolini en el 1400 retoma la forma de la escritura carolingia; por su parte Niccolo Nicoli desarrolla una escritura inclinada más informal, las «itálicas», que generó mucha influencia en Europa.

Escritura Cancilleresca: Los escribas papales aguzaron las escrituras imperantes implementando una versión propia para bulas y encíclicas papales denominada también «chancery».

Todos estos últimos tipos de escritura, letras y tipos determinaron la apariencia del alfabeto por los próximos 2 siglos. Dentro del mundo de las artes paralelamente se desarrollaron varios análisis geométricos que sin embargo sus bellas cualidades difieren bastante de los aspectos ópticos que rigen las tipografías modernas; es el caso de Felice Feliciano (1463), Luca Paccioli (1509), Durero (1525) y Geofroy Tory (1529).


Notas

  1. Por encargo del papa Dámaso I, San Jerónimo de Estridón traduce la Biblia del griego y del hebreo al latín; s. IV-V d. C; es lo que se conoce como la Vulgata Latina / A propósito en el sentido de la imagen como co-relato de la escritura, dos pinturas del Caravaggio que representan a San Jerónimo, en su acto de traducción y escritura. De los textos revisar: Latin Vulgate (ed. Saint Jerome, Bible Foundation and On-Line Book Initiative).
  2. Naturalis Historia, Pliny the Elder, siglo I d. C.; revisar las vartiantes de «typo» en Book 35, chapter 45 y 57, en Biblioteca Perseus
  3. Fragmentos de lectura de «La capacidad de leer y el pasado oral, I Oralidad y lenguaje», p. 15-19; y «El predominio del oído cede a la vista, V Lo impreso, el espacio y lo concluido», p. 117-122 en Oralidad y Escritura; Tecnologías de la Palabra, Ong, Walter J., Fondo de Cultura Económica, Bogotá 1999.
  4. La Galaxia Gutemberg. Génesis del Homo Typographicus, Marshall McLuhan; Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores; Barcelona 1998.
  5. Los apuntes de esta sesión están redactados a la luz de la lectura del excelente libro Educación Tipográfica. Una Introducción a la Tipografía, Francisco Gálvez; Universidad Diego Portales, Temas de Diseño; Santiago 2004; particularmente el Capítulo I. Breves pero muy elocuentes, también las primeras notas e ilustraciones de «The Type 1», en Letter Fountain, Joep Pohlen; Taschen GmbH 2011; ambas ediciones seguiremos revisando durante el transcurso del taller