T4. Cristian Zepeda Arancibia

De Casiopea



TítuloHabitar el Bordemar, patrimonio popular palafítico en el Archipiélago de Chiloé
AsignaturaTitulo 1
Del CursoMódulo Investigación T1 2015
CarrerasArquitectura
4
Alumno(s)Cristian Zepeda

Título

Habitar el Bordemar

Gestación, evolución y perspectivas del patrimonio popular palafítico en el Archipiélago de Chiloé

Palafitos como Hoteleres y vivienda unifamiliar. fuente http://www.palafitodelmar.cl

  • Alumno: Cristian Zepeda Arancibia
  • Carrera: Arquitectura
  • Profesores guía: Rodrigo Saavedra, Mauricio Puentes
  • Fecha: 16 de Mayo de 2015

Nota previa

Esta investigación surge cómo uno de los temas abarcados en el proyecto de título a desarrollar: Aula-Hospedería flotante ,para el poblado de Isla Chaullín. Se piensa el emplazaiento en la costa Sur de la isla, en el área de manejo del sindicato de pescadores de Chaullín, para el estudio en terreno de especies, técnicas y acciones relacionada con el cultivo y la extracción de estas mismas. Es por esto que aparece como desafío la construcción de un proyecto que trabaje el borde mar y su conexión con el mar adentro.

Archivo:Isla Chaullín.jpg
Extremo Este Isla Chaullín, abril 2015. Fuente propia

Se busca estudiar un caso geográfico y culturalmente equivalente al existente en el territorio del proyecto,a lo cual se hace una recopilación de antecedentes sobre el modo de habitar en la costa de la Isla de Chiloé a través del tiempo, para conocer los factores que determinaron la arquitectura bordemar de ese lugar (palafitos) , y conocer las causas que han afectado las voluntades originales con respecto a la ocupación de este espacio.

Abstract

El palafito manifiesta la apropiación innata del ser humano en su entorno natural, creando un artificio ajeno a toda planificación y planeamiento arquitectónico, que, sin embargo, dentro de su espontaneidad expone pautas territoriales modeladas por una coherencia social. Desde tiempos prehistóricos, los pobladores han ido construyendo un hábitat modelado por el trabajo de la pesca y la agricultura, que le han atribuido una condición de bordemar. La playa, desde la época de los chonos, primeros habitantes de los cuales se poseen antecedentes, ha sido la base territorial para crear su vivienda, fruto de los continuos movimientos entre islas. Con la llegada de los jesuitas al Archipiélago, se incorpora una condición sacra al borde, sustento de la Iglesia y de las procesiones religiosas entre Islas. Pero es finalmente, con la llegada de nuevos habitantes provenientes del campo, en el auge comercial que afectó al país en el siglo XIX, donde el borde se torna un medio netamente habitacional. Producto de un déficit económico y la necesidad de habitar en la ciudad, los nuevos pobladores adoptan su casa de campo a las orillas del mar chilote. Tomándose ilegalmente éstos terrenos fiscales, realizan su vivienda suspendida sobre el agua a través de pilotes, permitiéndoles tener una economía de autosuficiencia en torno a los oficios de la pesca y la agricultura. La vivienda palafítica posee un frente a la ciudad y otro frente hacia el mar, siendo un núcleo artificial que se inserta sabiamente en los dos elementos más relevantes de la naturaleza chilota. Esta naturaleza chilota es la que en el último siglo se ha visto amenazada a cambios, paradójicamente por las herramientas utilizadas para su protección y conservación como lo es la implementación de nuevos programas como hotelería, loft, etc…

¿Cómo fue este proceso de ocupación del bordemar, y cuáles fueron los factores que incidieron en la transformación turística de los palafitos?


Palabras clave

Chiloé, palafitos, Bordemar.

Desarollo

Introducción

El destino patrimonial de los palafitos en isla de Chiloé es un tema en debate; en la problemática de su conservación por herramientas netamente turísticas que atentan con su los rasgos culturales de la casa palafito, la evolución de su arquitectura, su urbanismo y sus relaciones sociales.

Para poder entender la construcción de los palafitos y la evolución patrimonial que esta vivienda ha tenido se intentara reconocer la línea histórica de la ocupación costera en la Isla, sus raíces indígenas y su modernización y auge en el sXIX. Así poder determinar los factores que incidieron en la transformación turística de los palafitos.



Orígenes del palafito como vivienda de borde-mar

Las viviendas palafíticas, es decir, aquellas que se emplazan en el agua construidas sobre pilotes, son un tipo de arquitectura que no es exclusiva de Chiloé; muy por el contrario, es una tipología que posee vestigios desde el tiempo del Neolítico, los motivos de su construcción son variados como la utilización de la madera de los bosques aledaños y selvas vecinas, y uso del agua como protección contra los animales, medio de transporte y base de su economía. Eran tiempos de guerras incesantes, donde el agua se utilizaba como barrera natural de protección El período Neolítico se caracteriza por el paso del nomadismo al sedentarismo, donde las construcciones palafíticas caracterizan el asentamiento comunitario permanente. Sin embargo, el descubrimiento del metal en la edad de Bronce hizo posible la tala de los árboles de mayor diámetro y por tanto, un aumento del poder portante de los pilotes. Antes de la llegada de los españoles a América, varias culturas indígenas desarrollaron sus viviendas en torno al agua, fundamentalmente aquellas comprendidas en el cordón tropical del planeta caracterizadas por un clima cálido y húmedo. Dichos lugares poseían grandes inundaciones por las intensas lluvias conformándose terrenos pantanosos, y con una economía pesquera, el palafito (autoconstruido en zonas despreciables y con altura para sortear las tierras inundables y el calor).

Origenes de la relación del Chilote y su borde-mar

La arquitectura vernácula de la vivienda construida en el archipiélago de Chiloé entrega en su totalidad el carácter del lugar habitado, del oficio realizado y de la vida allí vivida, ya que al estar geográficamente aislada del continente, rodeada de mares, fiordos, canales y una gran cantidad de islas que la rodean especialmente en su lado este, Ha mostrado inherentemente una complejidad geográfica y climática para habitar el lugar, la cual fue bien comprendida por los Chonos en su tiempo, y luego afinada con la llegada de los españoles y las misiones franciscanas.

Desde tiempos prehistóricos el oficio principal de la isla ha sido el trabajo en el mar, comenzando por los Chonos , este pueblo es la base de la tradición marítima del pueblo chilote actual. Navegaban peligrosamente en los canales del sector adentro de sus dalcas fabricadas de cortezas de árboles como cipreses, que luego del contacto cultural con otro grupo de la zona, los «Huilliches» empezaron a ser realizadas por tablones de madera curvados con agua y con fuego donde cabían hasta 10 personas, de las cuales la mayoría remaba..Pasaban gran parte de su vida en la dalca navegando, por lo cual no poseían residencia fija Los hombres eran los encargados de armar la choza cuando llegaban a tierra firme, y también se dedicaban a la pesca y la caza, mientras que las mujeres eran las encargadas de la recolección de mariscos, algas en la costa y estaban preparadas desde muy pequeñas a la práctica del buceo, años más tarde con la introducción de la cultura jesuita y española sumarían el rol maderero y agricultor a la isla.

Comenzando por la fundación de la ciudad de Castro por los padres mercedarios que acompañaron a Ruiz de Gamboa en 1567 en la expedición de colonización de la isla, y debido a las leyes de indias dadas por la corona, la arquitectura en la isla no rescató en un principio este valor marítimo dado por los Chonos, sino que gracias a las misiones jesuitas, en especial las “misiones circulares” que iban recorriendo los archipiélagos catequizando a los indígenas y creando puntos de referencia en pequeñas capillas y asentamientos de caseríos ya misionados, donde la estrategia era ir avanzando concéntricamente desde los islotes más próximos hasta los más remotos y así ingresando en la cultura chilota la faceta maderera que posteriormente le sería de gran ayuda para cuando curiosamente más tarde, los españoles abandonaron sus incipientes núcleos urbanos en el siglo xvii y optaron por un patrón de asentamiento rural, próximo a la localización de la mano de obra indígenas en el borde mar.

Acerca de la vida al interior de las viviendas de los chonos, el padre y cronista jesuita Diego de Rosales (Madrid, 1601- Santiago de Chile, 1677), escribió en su obra «Historia General del Reyno»:


«Las de los indios chonos son más fáciles de hazer y más humildes, porque las hazen de unas cortezas de árboles grandes que sirven por un lado de pared y (...) de cubierta. De estas cortezas hacen tinajas para guardar la comida y ollas para cocer el pescado y marisco, de que de ordinario se sustentan por habitar en islas del mar, mudándose de unas en otras con sus casas conforme se acaba el marisco o se huye el pescado. Y porque no parezca novedad dezir que cuecen el pescado en ollas de cortezas, digo que como estos indios no hallan en las islas del mar barro para hazer olla, la necesidad, que es ingeniosa, les enseña a hazerlas de cortezas de árboles y a cocer en ellas quanto quieren. Y el modo es calentando muchas piedras al fuego y echándolas en la olla hasta que yerbe el agua y se cuece el pescado.» [1].

En este relato se observan tres factores de la cultura de los Chonos que han sido heredados por los chilotes y que hoy son parte de su territorio: viviendas realizadas con las cortezas de los árboles, hábitat en Islas para aprovechar el mar en torno a la pesca y el ingenio gastronómico para cocer los productos marítimos. La descripción que realiza el padre Diego de Rosales en relación al cocimiento se puede comprender como la base del curanto que ha seguido realizándose en la Isla como comida típica y autóctona. El curanto significa en el idioma mapundungún (lengua del pueblo Mapuche) «pedregal», proveniente de la palabra kurantu. El poblamiento en el archipiélago se emplaza en torno al mar interior, y no hacia el abierto mar Pacífico. De esta manera se aprovechan las bahías más tranquilas y protegidas, con playas abundantes de mariscos y pescados y tierra propicia para la agricultura. Por tanto para un mejor aprovechamiento de la ribera durante la expansión comercial en el siglo XIX La construcción de palafitos será la gran obra que uniría los dos grandes oficios culturales de la isla transformando la vivienda en el reflejo del habitar en este entorno específico. Se puede decir que existe otro factor cultural que se abstrae de la mera cuestión gastronómica del curanto: la conjunción de mar y tierra. En el curanto se juntan los productos de la tierra y del mar, dimensión simbólica de Chiloé que se podrá ver en el palafito y en el modo de vida actual del habitante chilote.



LA APROPIACIÓN DE LA PLAYA y la construcción de palafitos

Para comprender cómo, porqué y quienes llegan a poblar los terrenos de bordemar en Chiloé, hay que analizar el determinante e intenso periodo migratorio desde el campo a los centros urbanos, ocurrido durante el último tercio del siglo XIX hasta mediados del siglo XX.

Las consecuencias del movimiento migratorio campo-ciudad se denominó cuestión social, que se significó grandes síntomas sociales y económicos, entre los cuales cabe destacar: problemas de vivienda, alcoholismo, vicios, prostitución, epidemias infecto-contagiosas, delincuencia, inflación económica, elevados alquileres y una serie de enfermedades sociales. En el caso de la vivienda, la afluencia de población provocó la proliferación de habitaciones que carecían de alcantarillado, agua potable, y en general, de condiciones mínimas de higiene y salubridad. Dentro de los tipos de habitaciones más características se encuentran los conventillos, casas grandes de varias habitaciones donde cada una de ellas era habitada por un grupo familiar 144. Se multiplicaron por la demanda habitacional de los sectores populares, al igual que las viviendas «cités», debido a la falta de terrenos para levantar viviendas y el incremento del valor del suelo.


La toma ilegal de terrenos fue otro de los efectos de la «cuestión social», manifestadas principalmente en Santiago, la capital del país, pero también en las provincias, donde se desarrollaba de igual manera el fenómeno migratorio. Es, en este contexto, donde algunas playas del Archipiélago de Chiloé son apropiadas por pobladores del campo que se asientan en las ciudades de la isla con el fin de encontrar oportunidades laborales dentro del auge económico que se está produciendo. Los nuevos pobladores son campesinos-agricultores que se «toman» trozos de tierra a orillas del mar ya que éstos son «terrenos de nadie» (pertenecen a la Subsecretaría de Marina, pero al ser playas fiscales, ningún particular puede ser dueño) y a su vez, tienen la oportunidad de construir sus viviendas sin pagar los altos alquileres que se están incrementando en las edificaciones y en los terrenos privados. Por otra parte, la playa les ofrece la oportunidad de pescar o mariscar cuando baja la marea y, al mismo tiempo, poseer un pedazo de tierra para poder realizar sus cultivos y huertos; por lo tanto, vivir del mar y la tierra a la vez. Esta condición de hábitat se observará formalmente en las viviendas que los nuevos residentes construirán: los palafitos. Existen antecedentes donde se data que las primeras construcciones en el bordemar de Chiloé se originaron en los alrededores del año 1880, producto del fuerte desarrollo de los puertos chilotes dentro del proceso del auge maderero. Los primeros palafitos fueron residencias, hospederías y almacenes, tal como se hace mención al puerto de la ciudad de Chonchi hacia el año 1880: «El puerto se convierte en el elemento urbano de mayor jerarquía dentro de la ciudad. En el borde, se ubican grandes bodegas para almacenar productos agrícolas, astilleros, campos de encastillamientos madereros, comercio y palafitos.» [2]. Sin embargo, de los palafitos originarios de Chiloé quedan muy pocos vestigios, salvo en documentos y fotografías históricas. El terremoto, pero sobre todo, el maremoto del año 1960, destruyó la mayoría de dichas edificaciones, que se encontraban principalmente en las ciudades de Castro, Ancud, Chonchi y Mechuque.

No solamente el mar significó para los habitantes de los palafitos el espacio que proveía su dieta alimenticia, sino que otorgaba una condición de reloj casero o llamado también reloj chilote: «cuando se ve descender a las playas a los chanchos y gallinas, es señal que el reflujo se encuentra a media carrera. Estos animales que, se alimentan también del marisco de las prolíficas playas, siguen el reflujo para saciar su apetito cuando estoa la marea.» [3]. El mar sube y baja (flujo y reflujo) en un ciclo de seis horas, alcanzando aproximadamente una diferencia de 6 o 7 metros de longitud en algunas partes.

El llamado reloj chilote, aquel que rige el flujo y reflujo del mar, abriendo paso a la abundancia de los alimentos, ha tenido una trascendencia, pasando de ser un movimiento marítimo hasta llegar a convertirse en un sistema de creencias que rige la cotidianidad humana. Por ejemplo, se dice que si una mujer embarazada siente los síntomas del alumbramiento y la marea ha crecido, deberá tener resignación porque el parto no podrá tener lugar hasta que no repunte el reflujo.

Los nuevos residentes de las orillas, auto-constructores de los palafitos, eran pobladores rurales, por tanto, sus viviendas se conformaron como casas de campo incorporadas sobre el mar. El encuentro entre campo y mar se podría identificar como el punto de partida para comprender cómo se origina y se construye el hábitat de bordemar. La concepción tipológica-arquitectónica se estudiará en el próximo punto, de modo que antes de la comprensión de la forma, se contempla fundamental entender cómo es el hábitat humano y espacial que sustenta la vida del bordemar chilote.


La catástrofe del año 60 acrecentó la emigración de familias chilotas y campesinos pobres hacia la Patagonia. Familias completan se embarcaron para Argentina o Magallanes en busca de mejores condiciones de vida, lejos de la marginación que se vivía en Chiloé, donde el gobierno mantenía al Archipiélago fuera de las políticas de desarrollo social y económico. Pero, no todas las consecuencias fueron negativas. El terremoto trajo consigo cambios geológicos y geográficos, pero también impulsó modificaciones sociales y económicas. Comienza la urbanización y pavimentación de calles, mejora en los sistemas de agua y alcantarillado de las viviendas, se inician nuevos estilos de vida con el auge de la «modernidad» y de sociabilidad entre vecinos y las ciudades isleñas expanden sus límites. Por otra parte, al hacerse «conocido» Chiloé en los medios de comunicación, comienza poco a poco un fenómeno turístico que se irá incrementando fuertemente con los años.

El dilema sobre La evolución turística del palafito

Remontándonos nuevamente a la historia de Chiloé, debemos situarnos a fines de los años 70 para comprender cómo comenzó el proceso de decadencia de los palafitos. En esta época se vislumbran dos hechos que poseen la mayor incidencia en este decaimiento con consecuencias en lo social, económico y lo patrimonial: la presencia de las salmoneras en el Archipiélago y el decreto de erradicación de palafitos.

La salmonicultura influyó sustancialmente en la economía de autoconsumo de la pesca artesanal, afectando principalmente a las nuevas generaciones isleñas, que han migrado a trabajar a los centros de cultivo y plantas de proceso como mano de obra empleada, los cuales se localizan distantes a los principales asentamientos urbanos .Por ello, la actividad salmonera es considerado como una causa fundamental para entender el proceso de decaimiento del hábitat palafítico.

Por consiguiente, el segundo hecho atribuido a la idea de los palafitos en peligro es la promulgación de un decreto municipal, por considerarse insalubres y símbolos del menoscabo urbano y descuido, «que contrastaba con la idea de modernidad de la época» [4]. Como explica Rojas, las «precarias condiciones de la instalación original, sumada a la incierta situación legal y al origen campesino de su habitantes que criaban cerdos y gallinas en las terrazas de los palafitos, así como a la carencia de servicios básicos como electricidad, agua potable y alcantarillado, reafirmaban la condición de marginalidad urbana de este barrio, más aún por el hecho de que al descargar las aguas servidas al mar contribuían a la contaminación de la playa y el mar donde se emplazaban.» [5]. La posible erradicación de los barrios de palafitos fue en puntapié inicial para que un grupo de pobladores y profesionales, entre ellos el arquitecto Edward Rojas, se embarcaran en un proyecto de defensa, ya que «nos parecía un atentado contra los valores esenciales de la cultura y la arquitectura de Chiloé. En el documento Carta por Chiloé planteamos que el tema debería ser mejorar las construcciones y las condiciones de vida de sus habitantes y dotarlos de servicios básicos, porque ellos eran una manifestación arquitectónica y cultural única en el país. Y, por lo mismo, formaban parte de una tradición que los convertía en patrimonio vivo, propio de la cultura de Chiloé y de su identidad» [6]. El documento fue acogido por las autoridades, lográndose que sólo se erradicara el barrio de Pedro Aguirre Cerda. A los otros barrios palafíticos se les dotó de agua potable y alcantarillado, «y con el grupo de Arquitectos sin Fronteras y la propia municipalidad, los reparamos y pintamos a principios de los 90» [7]. Para Edward, el color en los palafitos significó un reforzamiento en la revalorización de esta arquitectura y su imagen.

Los palafitos en la actualidad si poseen un valor económico, y se venden, situación que han aprovechado diversos empresarios para transformar estas viviendas en hoteles y lofts. Iniciativas como la ayuda económica que han recibido recientemente los pobladores son fundamentales para la reparación, y con ello, la preservación de esta arquitectura. No obstante, la «reconversión» de palafitos en hoteles ha sido la alternativa más exitosa, según algunos, para «salvar» estas construcciones. Las prácticas de rehabilitación de viviendas populares en hoteles, restoranes o lofts no son únicas en Chile, al contrario, en sitios como Valparaíso o San Pedro de Atacama cada vez se hacen más habituales, y son vistas para los turistas, especialmente extranjeros, como un plus a la hora de decidir el rumbo de sus vacaciones y con ello, su alojamiento.


Cabe preguntarse: ¿los hoteles boutique significan la conservación del patrimonio palafítico? ¿Cómo ha de ser la conservación de los palafitos?


Conclusiones

A modo de cierre se puede concluir lo siguiente: En el transcurso del tiempo El palafito, casa vernácula, ha sido para Chiloé una solución frente a sus necesidades de asentamiento, donde el agua se ha convertido en el medio de sustento para la población, es por ello que se deberían gestionar estudios que proyecten la ocupación del bordemar, como una forma de habitar propia de la cultura Chilota.


Referencias Bibliográficas

  1. . D.Rosales, Historia General del Reino General de Chile; Imprenta de El Mercurio, Tomo I Valparaíso, 1877, p. 151.
  2. . J. Ferraro, J.Piraces, H.Torrico, B.Urquieta; Chonchi, la ciudad de los tres pisos, Santiago, año 1978, p. 85.
  3. . R.Maldonado; Reconocimiento de las Costas O. y S. de Chiloé 1895-1897; Anuario Hidrográfico de la Armada, Tomo 21, Valparaíso, 1898, pág. 235.
  4. . E.Rojas, «Una arquitectura del lugar ,en la Isla de Chiloé“, Ponencia Tercer Congreso Internacional de Arquitectura y Ambiente, Hacia la producción sustentable del hábitat, UNAM, Facultad de Arquitectura, Ciudad de México, Octubre 2011.
  5. . E.Rojas, «Una arquitectura del lugar ,en la Isla de Chiloé“, Ponencia Tercer Congreso Internacional de Arquitectura y Ambiente, Hacia la producción sustentable del hábitat, UNAM, Facultad de Arquitectura, Ciudad de México, Octubre 2011.
  6. . E.Rojas, «Una arquitectura del lugar ,en la Isla de Chiloé“, Ponencia Tercer Congreso Internacional de Arquitectura y Ambiente, Hacia la producción sustentable del hábitat, UNAM, Facultad de Arquitectura, Ciudad de México, Octubre 2011.
  7. . E.Rojas, «Una arquitectura del lugar ,en la Isla de Chiloé“, Ponencia Tercer Congreso Internacional de Arquitectura y Ambiente, Hacia la producción sustentable del hábitat, UNAM, Facultad de Arquitectura, Ciudad de México, Octubre 2011.
  • D.Rosales, Historia General del Reino General de Chile; Imprenta de El Mercurio, Tomo I Valparaíso, 1877, p. 151.
  • J. Ferraro, J.Piraces, H.Torrico, B.Urquieta; Chonchi, la ciudad de los tres pisos, Santiago, año 1978, p. 85.
  • R.Maldonado; Reconocimiento de las Costas O. y S. de Chiloé 1895-1897; Anuario Hidrográfico de la Armada, Tomo 21, Valparaíso, 1898, pág. 235.
  • E.Rojas, «Una arquitectura del lugar ,en la Isla de Chiloé“, Ponencia Tercer Congreso Internacional de Arquitectura y Ambiente, Hacia la producción sustentable del hábitat, UNAM, Facultad de Arquitectura, Ciudad de México, Octubre 2011


Anexos

Ficha 1

  • Autor: Gutiérrez, R.
  • Titulo:Las misiones circulares de los jesuitas en Chiloé. Apuntes para una historia singular de la evangelización.
  • Año: 2007
  • Editorial: APUNTES, Vol. 20 Núm. 1, 50-69.
  • Breve resumen:

Trata sobre el trabajo de las compañías Jesuitas en el Archipiélago de Chiloé y su influencia en el territorio dejando un rasgo identitario tan fuerte en la geografía y la forma de asentamiento de “bordemar” , dejando una impronta cabal y singular en la cultura regional.

  • Citas

“[…] Las misiones de los jesuitas fueron dando pie a la formación de pequeños puntos de apoyo donde habrían de construir capillas a partir de la residencia de Castro.” “La instalación del Colegio en Castro dio lugar a una de las modalidades misionales más notables, la de la “misión circular”, que iba recorriendo los archipiélagos catequizando a los indígenas y creando puntos de referencia en pequeñas capillas y asentamientos de caseríos ya misionados. La estrategia era ir avanzando concéntricamente desde los islotes más próximos hasta los más remotos de Chonos y Guaitecas, utilizando las épocas adecuadas por razones climatológicas, entre los meses de septiembre –primavera– y mayo. (“Breve noticia...”, 1871, p. 380). Esto no obviaba lo sacrificado y fatigoso de un sistema que exigía la permanente movilidad de los sacerdotes, que andaban en las canoas –dalcas– llevando el mensaje evangélico.”

“Los jesuitas, como en sus otras experiencias misionales, respetaban las creencias de los indígenas en tanto no fuesen contradictorias con la fe católica.”

Ficha 2

  • Autor: Ther Ríos, Francisco
  • Título: PRÁCTICAS COTIDIANAS E IMAGINARIOS EN SOCIEDADES LITORALES. EL SECTOR DE CUCAO, ISLA GRANDE DE CHILOÉ.
  • Año: 2008
  • Editorial: Revista de Antropología Chilena Volumen 40, Nº 1. Páginas 67-80
  • Breve resumen:

El artículo da cuenta acerca de las prácticas cotidianas en una sociedad litoral específica. Se toma como estudio de caso el sector occidental de la Isla Grande de Chiloé (Chile), considerando para ello las interrelaciones entre cultura y ambiente. Describe y caracteriza las prácticas cotidianas de tipo económico que ponen en juego los habitantes del sector de Cucao en Chiloé, junto a los usos sociales del tiempo asociados a dichas prácticas. Los habitantes de este sector se dedican en el presente a una producción primaria vinculada a la agricultura, pesca y marisqueo, y uso y manejo de productos del bosque. A partir de lo anterior, se enuncian modos de vida e imaginarios en una sociedad en transición a la modernidad.

  • Citas:

““[…] este sector es un área geográfica de especiales características que permite conocer en vivo los juegos y tensiones existentes entre tradición y modernidad. La rica biodiversidad y paisaje imbricados con la actividad humana indígena y no indígena, junto al aún relativo aislamiento, otorgan al sector relevancia antropológica. En este sector de la Isla Grande de Chiloé los pobladores han venido realizado históricamente sus actividades en distintos microambientes: mar, río, costa y monte (bosque). El amplio y diverso medio ambiente se ha llenado de vínculos aprendidos y creados con la experiencia que otorgan los años de vida en un lugar poco a poco domesticado con saberes y conocimientos locales e indígenas. Este proceso de domesticación viva ha influido sobre el espacio biofísico para hacer emerger un ethos cultural con marcado sesgo territorial.”

“Se evidencia una preterización de formas modernas, al tiempo que una futurización de formas tradicionales de relación con el mar y bordemar. ““[…] reconstruir las prácticas, memorias e imaginarios chilotes implica un proceso etnográfico-analítico destinado a develar varios de los vínculos que acontecen en lo cotidiano y que significativamente van permitiendo que, en y por el cotidiano, se incorporen, de manera no lineal, al interior/pasado chilote, todo su exterior/futuro (todo su devenir).”


Ficha 3

  • Autor: Antonio Sahady
  • Título: LA COCINA CHILOTA: EL GENUINO LUGAR DE ENCUENTRO DE UNA COMUNIDAD BORDE MARINA,
  • Editorial: Revista INVI v.24 n.67 Santiago nov. 2009.
  • Año: 2008*

Breve resumen:

Hay, sin duda, elementos de permanencia en la cultura chilota que dan identidad al espacio donde habita el hombre isleño. Estas invariantes se asientan en el patrimonio tangible, particularmente en su arquitectura y en las creaciones artesanales. Pero, muy en especial, se alojan en el patrimonio inmaterial. El fogón está en la frontera de ambos. Y su calidad de permanente depende de la resistencia que oponga a los embates externos. La habitación destinada a la cocina, de algún modo, ha materializado la condición de cobijo o abrigo que tiene el pueblo chilote. Se explica, así, su condición de "lugar de encuentro", resultado de vivir varios siglos en el particular sistema de comunidad que caracteriza la cultura chilota. Estos lugares de encuentro familiar, comunitario y cultural están insertos en la memoria colectiva del pueblo chilote, debido a su valor histórico, social, económico y patrimonial. Más que una visión geométrica o física del espacio en que se encuentra el núcleo familiar, el término lugar de cobijo cultural contiene una poderosa carga espiritual, que calza perfectamente con las definiciones que proponen las Ciencias Humanas como la geografía, la arquitectura, la antropología y la sociología, entre otras.

  • Citas:

““[…]los pueblos indígenas que cocieron a fuego lento la cultura chilota eran los llamados chonos y veliches. Se instalaron en el territorio entre los 40° 30' y 43° 30' de Latitud Sur y 72° 50' y 73° 10' de Longitud Oeste. Desde que vieron la luz, por primera vez, supieron de la sensación de invierno. El frío y las lluvias fueron siempre sus referentes inevitables en el espacio exterior. ¿Cómo no desear un recinto tibio, un hogar que les devolviera el calor disipado a bordo de sus dalcas? 8 El fuego era la solución. Sus poderes físicos desbordaban hacia el territorio de lo mágico. Se confundieron, también, las necesidades de alimentarse y de atrapar calor, de comunicarse y de ordenar las actividades futuras. Todo en torno a la hoguera. La cocina a leña es fruto de la natural evolución de la hoguera primordial. Este artefacto hubo de requerir un recinto propio para ser cobijado dentro de la vivienda. Finalmente, la cocina, como recinto, y la cocina a leña, como artefacto, se tornan indispensables.

La historia revela la gravitación que siempre tuvo este lugar en la vida cotidiana del chilote. Chonos y veliches se organizaban socialmente en torno a una hoguera. Ambos pueblos destinaban un sitio que cumpliera con la característica de poder mantener el fuego, que en muchos casos tenía la cualidad de sagrado”

“En el caso de los chonos -pueblo canoero y recolector marino, por excelencia-, su vivienda consistía en una choza o toldo, morada que era muy similar a la de los qawáshqar y otros pueblos fueguinos. A diferencia de los demás, los chonos recurrían, para fabricar el techo, a cortezas, ramas y grandes hojas y de cuando en cuando, a cueros de lobo. Con estas palabras el Padre Lozano describía la vivienda de los chonos: "...se reducen a unos palos clavados en tierra, y cubiertos los claros con cortezas de árboles, que defienden de recibir el embate de los vientos, más no reparan contra los rigores del frío y sólo a fuerza de fuego las conservan calientes, principalmente, que las forman tan baxas, y estrechas, que en algunas de rodillas tocaban los padres al techo y apenas cabían los dos estendidos. Solo tienen la triste conveniencia de poderlas fácilmente transportar a otro sitio, porque si necesitan hacer viage á sus pescas cargan en su pyraguilla dichas cortezas y palos, y la arman de pronto donde quiera que aportan..."

““[…]En la cultura mapuche-huilliche el fuego era producido mediante la fricción de un palo puntiagudo que se encajaba en otro agujereado por el medio.”

Ficha 4

  • Autor: Juan C. Skewes, Ricardo Álvarez y Magdalena Navarro
  • Título: USOS CONSUETUDINARIOS, CONFLICTOS ACTUALES Y CONSERVACIÓN EN EL BORDE COSTERO DE CHILOÉ INSULAR
  • Editorial: MAGALLANIA (Chile), 2012. Vol. 40(1):109-125
  • Breve resumen:

Se describe el modelo consuetudinario prevalente en la ocupación del borde costero de Chiloé insular a partir de información histórica y de observaciones y relatos testimoniales de residentes de comunidades costeras. Se analizan las formas de regulación tradicionales en el acceso a la naturaleza, las que se contrastan con las surgidas a raíz de la expansión de la industria pesquera. Se identifican los rasgos principales del modelo consuetudinario, el que se plasma materialmente en las modalidades que históricamente se emplearon para acceder a las faenas de pesca y recolección de algas y mariscos. La relación mar-tierra, en este modelo, adquiere un carácter especular toda vez que las actividades agrícolas y pesqueras se reflejan recíprocamente.

  • Citas

“[…]te contexto, de “recurso económico”. Fruto de los procesos contemporáneos en el litoral de Chiloé se advierten, de modo esquemático, dos dinámicas económicas que conviven conflictivamente: 1) Poblaciones que aplican usos consuetudinarios: campesinos y ribereños que desarrollan actividades de raigambre histórica, con aplicación de métodos sencillos, una alta diversidad de oficios distribuidos estacionalmente y alta movilidad espacial (que combina tierra-mar constantemente), y 2) industria pesquera-acuícola / pesca artesanal que abastece a la industria y poblaciones asalariadas ligadas a la industria. Se advierte una separación clara entre industria y pesca-asalariados. Quienes aplican usos consuetudinarios tienen poca o nula incidencia en la toma de decisiones sobre el maritorio, mientras que los segundos se encuentran en constantes negociaciones, con pesos y resultados desiguales, respecto al destino de los espacios marinos y sus recursos. Durante la historia reciente los primeros han mantenido un patrón de migración constante hacia el segundo grupo: pesca artesanal y asalariados”

“La regulación del acceso involucraba aspectos normativos y religioso-rituales observados por la comunidad local. El recurso, desde esta perspectiva, se entendía como la base para el sustento del medio familiar[…]”