Sombra que Asombra

De Casiopea

Sombra que asombra


AutorTravesía Paposo
LugarLocalidad de Paposo, Comuna de Taltal, Región de Atacama, Chile
Palabras ClavePaposo, Madera laminada
OficiosArquitectura, Diseño
MaterialidadMadera laminada (láminas: madera sólida de pino, sección de 1x4"cepillada), herrajes de acero (en base a pletinas de acero de 100mm ancho x 5mm espesor) soldada y con uniones de pernos diámetro 1/2" y largos variables, Fundaciones de hormigón armado. Cubierta (parrilla colgante) pino cepillado con madera de 1x4" cepillada. Marco estructurante con vigas en madera de pino sección 2x8".
Dimensiones4x12 mts
DescripciónPórtico-umbra que reúne un sistema de 4 arbotantes articulados en dos dimensiones, compuestos cada uno por tres cuadernas de madera laminada prefabricada. Sus vínculos (herrajes de acero), permiten el montaje de las piezas y luego la rotación libre de las cuadernas (para el transporte y regulación) hasta que son fijados en la obra sobre las fundaciones en la base. Luego las cuadernas que trabajan como viga son fijadas en su posición por un tirante en el extremo superior. Este rango de juego es el que permite pasar de lo seriado a lo discreto, pues cada arbotante resulta así con una misma ley de movimientos, pero cada uno con una forma diferente, permitiéndonos dar una figura singular al conjunto. El conjunto se arriostra en el plano perpendicular por una serie de vigas de 2x8". La cubierta se monta colgando de las vigas superiores. El emplazamiento de la obra es a un costado del acceso en el frontis de la escuela Paposo y frente a la Posta local.
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Una travesía es un viaje donde un grupo de personas recorre la extensión americana en busca del desconocido y el volver al no saber; para poder encontrarse, con uno mismo, con otro y otros, con un lugar, con una realidad, con una comunidad, con sueños y anhelos de aquellos que se sienten de algún modo más desamparados. Este año, la travesía tuvo su origen en la articulación de dos talleres: el “Taller de Fabricación” de los profesores diseñadores Juan Carlos Jeldes junto a Carolina Chávez y el taller de “Habitabilidad en Infraestructura urbana” guiado por los profesores arquitectos David Luza y Alejandro Pacheco. Ambos talleres reunidos junto a En la pre travesía se tuvo como primer centro la madera laminada, experimentando el proceso constructivo y de investigación de ésta para la obra, aun cuando no sabíamos cuál seria la forma final de la edificación . Se trabajó arduamente en la matricería y se verificaron ciertos aspectos de cálculo, apoyados de la ingeniería, a sabiendas que no tenemos la maestría ni el dominio de ciertas herramientas y sí, sobre la línea, la arista, el plomo y el horizonte. Teníamos un destino de lugar no muy claro en su inicio, y sí cómo en toda travesía, sabíamos del tiempo y los recursos (costos) que marcan un punto de referencia al horizonte de la obra, con tiempo acotado de 10 días y $270.000.- máximo por personas ($150.000.- finalmente al cierre de la contabilidad). Con esto y unas recomendaciones del biólogo Sergio Elórtegui, nos proponemos ir a Paposo, un caserío costero ubicado al suroeste de la Provincia de Antofagasta y 56 kilómetros al norte del puerto de Taltal; lugar que durante el siglo XIX constituyó el límite territorial entre Chile y Bolivia. Allá en el norte, nos esperaba un macizo montañoso que impide la llegada de la humedad costera al interior de la Provincia de Antofagasta, provocando que Papo¬so presente abundante nubosidad diaria y anual. Enfrentado al calmo y vasto horizonte del Pacifico, se encontraba una escuela, pequeña, leve y honesta en su escala, recibiéndonos para realizar un teatro de las sombras y los talleres del Aconcagua FabLab a los niños, quienes nos reciben con su sonrisa generosa. Paposo carece de servicios básicos como telefo¬nía y agua potable residencial. Un camión abas-tece al poblado con agua desalinizada sólo dos veces por semana. Además existe una gran problemática respecto de los de¬sechos, ya que no cuentan con alcantarillado. Pero a pesar de las dificultades y con una sonrisa, colchones y agua (de colaboración municipal), reciben a este grupo de desconocidos que viene a construir, en su horizonte, una obra sin previos antecedentes, que emerge del lugar mismo. Al no existir una plaza, no existe un lugar declarado para la reunión. Así, la obra se propone como construcción de este punto de encuentro. El lugar escogido, entre la escuela y la posta, es un lugar visitado diariamente por los pueblerinos. Así, el regalo otorgará un cobijo a sus visitantes, dará paso a la detención, a la contem¬plación, a la reunión. Con el pasar de los días, vamos conociendo este desconocido desértico. Así mismo vamos conociendo los rasgos de lo que será la obra a construir, los que aparecen a medida que aprendemos y nos relacio¬namos con el lugar. Las cuadernas de madera laminada de 3,2 metros fabricadas en la etapa de pre travesía, en Viña del Mar, fueron la primera certeza de la obra, un elemento que por sí mismo siquiera alcanza a ser un pormenor y sí, nos permitía idear un tamaño mayor a partir de su modulación. Entonces, la segunda certeza constructiva fue que el módulo se lograría ensamblando las cuadernas laminadas mediante herrajes de acero de nuestro pro¬pio diseño y manufactura, siendo ingredientes delimitantes a la obra el tiempo, la técnica y las tecnologías disponibles in situ. Estos elementos nos permitieron crear un siste¬ma de arbotantes articulados en dos dimensiones, compuestos cada uno por tres cuader¬nas. Sus vínculos (herrajes de acero) permiten la rotación libre de las cuadernas hasta que son fijados en la obra sobre las fundaciones en la base y por un tirante en el extremo superior. Este rango de juego es el que permite pasar de lo seriado a lo discreto, pues cada arbotante resulta así con una misma ley pero con una figura diferente, permitiendonos dar una figura singular al conjunto. Así, los materiales dieron forma habitable a una pórtico-umbra que reúne en un remanso sostenido con el ojo en el horizonte del mar vasto y pacífico, a un remanso apoyado en un macizo montañoso, lumínico, que esplende cuando la camanchaca nos permite estar ante él.