Sofía Enríquez-Módulo de investigación-T4

De Casiopea



TítuloSofía Enríquez-Módulo de investigación-T4
Del CursoMódulo Investigación T1 2015
4
Alumno(s)Sofia Enriquez


Bailes chinos en la región de Valparaíso

  • Nombre: Sofía Enríquez
  • Carrera: Diseño gráfico
  • Profesor guía: Sylvia Arriagada
  • Fecha: 16 Mayo 2015
Baile Chino los maitenes, Mayo 2015, Sofía Enríquez

Nota previa

El proyecto de título “Bailes chinos en la región de Valparaíso” parte desde la inquietud de dar a conocer una tradición cultural con más de 300 años de antigüedad y que ocurre cada año en localidades por lo general rurales de nuestra región. Para este trabajo en particular se elaborará un estudio acotado sobre los bailes chinos en la región de Valparaíso con el fin de comprender su origen y mixtura cultural a partir de los elementos que los conforman, conocer el contexto histórico-cultural en el cual se fue formando esta tradición e Indagar en los elementos característicos del baile chino, (flauta, alférez, canto a lo divino, divinidad festejada) a modo de comprender la relación indígena-mestiza.

Abstract

En la zona central de Chile, específicamente en la región de Valparaíso, existen actualmente registradas 36 fiestas religiosas, de las cuales el 81% corresponden a bailes chinos. [1] Estos bailes datan desde la época precolombina, aportando con una tradición popular viva, mezclando identidad indígena y mestiza a través del canto y el baile. El 26 de noviembre de 2014, el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, reunido en París, Francia, aprobó la postulación de los Bailes Chinos de Chile como nuevo Patrimonio Cultural de la Humanidad. Con más de tres siglos de antigüedad, estas manifestaciones se han esmerado en vivir con apego a su acervo, logrando abarcar un amplio territorio, y aportando un sentido especial de pertenencia a las localidades donde se desarrollan sus fiestas y sus prácticas devocionales de religiosidad popular. [2] Dentro de este trabajo se abarcarán tres de estas fiestas devocionales; La Cruz de Mayo, San Pedro y la Virgen del Carmen. Cada una de estas se practica en diversas y por lo general pequeñas localidades de la V región, siendo la mayoría en la comuna de Puchuncaví. Dentro de estas fiestas pueden variar el numero de bailes chinos (Desde 1 hasta 10 o más bailes dependiendo localidad y fiesta). Cabe mencionar que junto con los bailes chinos participan también bailes danzantes, estos están conformados desde otras tradiciones las cuales no serán abarcadas en este estudio.

El transcurso general de la fiesta comienza con la entrada de cada baile a saludar a la divinidad, cantándole el alférez a la respectiva divinidad. Esta instancia se efectúa durante toda la mañana, luego se da paso a un almuerzo comunitario ofrecido por la comunidad dueña de casa y al termino de este se vuelven a juntar todos los bailes para comenzar con la procesión por la calle principal del pueblo, la cual dura aproximadamente dos horas. Al termino de esta se da por finalizada la fiesta.


Todo este proceso religioso, que data hace más de tres siglos, se mantiene hasta hoy, viendo una clara mixtura entre los elementos indígenas andinos (flauta, pasos de baile, canto) junto con los mestizos católicos (divinidad como símbolo, y la temática principal del canto, siendo generalmente pasajes improvisados de la Biblia) y como es que todos estos, darían paso para comprender como es que se fue forjando mutando y preservando esta cultura y de que manera es que se podría seguir manteniendo.

Palabras clave

Bailes chinos, mixtura cultural, elementos indígenas

Mixtura indígena-mestiza en los elementos del baile chino en la región de Valparaíso

Para comenzar a hablar de los bailes Chinos dentro de la zona central de Chile, debemos partir desde la globalidad de la fiesta, poniendo como punto crítico el antes y después de la llegada de los españoles a América Latina y específicamente Chile y la zona central, para luego derivar de esto a los primeros bailes oficiales nacidos en Andacollo (IV Región), llegando hasta la Región de Valparaíso. Si se quiere comprender la actualidad de la fiesta en Chile, debemos remontarnos a la cultura occidental y que es lo que traían ellos de tradición cultural festiva desde la península hibérnica hasta América.

Globalidad de la fiesta

Para tener una postura frente de los bailes Chinos dentro de la zona central de Chile, es necesario entender en un comienzo la globalidad de la fiesta, poniendo como punto crítico el antes y después de la llegada de los españoles a América Latina, específicamente en Chile y la zona central; es por ello que de acuerdo a Bajtin, quien señala que"Una teoría de la fiesta desde América Latina y Chile debe reconocer asimismo la importancia de la experiencia de la fiesta en el horizonte medieval y renacentista del Mediterráneo europeo. Aquí se tiene que considerar la enorme trascendencia del carnaval, como particular irrupción de la fiesta popular como vida abundante en oposición al mundo gótico y feudal de la Edad Media. En el carnaval se anuncia el nacimiento de una vida nueva, maravillosa y feliz, más allá de la decrepitud y el ascetismo de los sistemas políticos establecidos. En el carnaval es abolida toda jerarquía y todo miedo. Surge el mundo de lo no-oficial, de lo extra-oficial, de lo proscrito. Especialmente en las “diabladas”, donde se manifiesta una libertad desenfrenada, realmente utópica. " [3]

A esto se suma que el mismo autor indica que: "Todos estos ritos y espectáculos organizados a la manera cómica, presentaban una diferencia notable, una diferencia de principio, podríamos decir, con las formas del culto y las ceremonias oficiales serias de la Iglesia o del Estado feudal. Ofrecían una visión del mundo, del hombre y de las relaciones humanas totalmente diferente, deliberadamente no-oficial, exterior a la Iglesia y al Estado; parecían haber construido, al lado del mundo oficial, un segundo mundo y una segunda vida a la que los hombres de la Edad Medía pertenecían en una proporción mayor o menor y en la que vivían en fechas determinadas. Esto creaba una especie de dualidad del mundo, y creemos que sin tomar esto en consideración no se podría comprender ni la conciencia cultural de la Edad Media ni la civilización renacentista." (Bajtin, M. 1990)

Bajtin da cuenta de dos polos opuestos en la Edad Media, no existía para ellos esa religiosidad popular, una mezcla entre lo festivo y la religión oficial eclesiástica. Al llegar los españoles a América, su objetivo era evangelizar a los pueblos, que debían poseer un orden de trabajo, en donde este último con la fiesta no podían mezclarse entre sí, siendo que para los indígenas, la fiesta era parte de su cotidianidad, es aquí entonces donde comienzan las primeras oposiciones culturales que darán paso a esta mixtura festiva. Este panorama puede ser llevado a la zona central de Chile, específicamente en el periodo del Aconcagua.[4]

Primeros bailes en Chile y su influencia

Al mover el panoráma de la generalidad de la fiesta en América latina al caso específico de la zona central de Chile en la época colonial, podemos apoyar nuestra hipótesis de que fue precisamente en esta zona y temporalidad donde comenzaron las primeras mixturas culturales, basados en el estudio del antropólogo de Claudio Mercado referente al tema.

"Con la llegada de los españoles a la zona central de Chile, comienza un largo período de mezcla de las tradiciones locales con las de los recién llegados, y esto se hace evidente en lo concerniente al mundo espiritual y ritual. Los españoles intentan evangelizar, imponer sus creencias y erradicar los ritos “paganos” de la población local. De esta manera, los antiguos ritos locales tomaron nuevos elementos, nuevas formas traídas por los españoles, produciéndose una nueva forma de culto. No se sabe cómo fueron los rituales de los habitantes prehispánicos de Chile Central, pero es posible suponer que las flautas Aconcagua estaban asociadas a estos rituales y que de alguna manera formaban parte de ellos." [5]

Como se presenta la realidad de aquella época en esta cita, podemos inferir que precisamente fue durante la colonia en donde comenzó el mestizaje cultural que daría paso a la religiosidad popular, esto además se debe a otro factor importante dentro del periodo, la encomienda. Es aquí en donde pueblos de diversas partes del territorio nacional, eran enviados por los encomenderos a un mismo sitio, lo que produjo un intercambio cultural muy rápido. En nuestro caso, nos referiremos al intercambio específico que ocurrió en Andacollo, donde se encuentra la primera conformación oficial de baile indio, denominado así en aquel entonces.

"La encomienda generaba un entorno social dominado por el agobio, el abuso y el trabajo en extremo extenuante, situaciones a las que el nativo no estaba acostumbrado. Por esta y otras causas la doctrina debió implementar una serie de celebraciones orientadas a rendir culto a los santos patronos que se instauraba a modo de entidades espirituales y protectoras de la localidad donde establecía una encomienda. Los santos patronos permitieron, a su vez, la introducción de expresiones festivas que, si bien no eran acordes con la orientación doliente del credo contrarreformista de la época, permitían ciertos regocijos y relajamientos, al punto que junto con las solemnidades propias de la Iglesia católica tenían lugar expresiones de la piedad popular tan propia de la España de la contrarreforma. Este espacio festivo, en donde se podían encontrar tarascas, mascaradas, gigantes, bailes de bandera y parlampanes, reproducía en América una tradición propia del bajo medioevo español, solo que aquí se le unieron bailes de indios, pardos y zambos." [6]

Mercado aquí nos muestra un panorama general de la encomienda, generando este baile de indios, luego nombrado como baile chino. Años después, el etnomusicólogo Agustín Ruiz genera un análisis más específico sobre la situación en Andacollo.

"De tal modo, ese primer baile de indios, presente en las primeras celebraciones festivas de la Virgen de Andacollo, es el testimonio cierto de la gestación de un nuevo pueblo, cuya contextura cultural se va a manifestar principalmente a través de un tipo de devoción que cobrará autonomía de forma paulatina. Aquel primer baile de indios fue no solo el antecedente del baile chino actual, sino también la primera organización devocional surgida de la convivencia forzada a que fueron sometidos por la encomienda los aborígenes que arribaron desde las diversas naciones que poblaban el vasto territorio del Chile arcaico." [7]

Ambos autores concuerdan con la concepción de la encomienda como el momento en que se generó un mayor intercambio cultural y produjo esta religiosidad popular hasta poder alcanzar un punto de importancia mayoritaria debido al gran aumento de mestizos, los cuales fueron los que comenzaron la tradición de rendir culto a la divinidad impuesta. Es nuevamente Mercado quién logra definir con claridad a este nuevo segmento socio-cultural y su mutación hasta el nacimiento del campesinado que vive y continúa esta tradición en la actualidad chilena.

"Este segmento, crecientemente mayoritario desde mediados del siglo XVII, está configurado no sólo por el elemento bioógico indígena, sino además por sus características culturales y sociales. De este conglomerado comienza a surgir el inquilino asociado a la hacienda, y así nace el campesinado tradicional de Chile Central." (Mercado, C. 2003)

De la identidad del campesinado del valle central, pasamos directamente a la tradición del baile chino en la zona, a ser quienes llevan la tradición cultural viva. Rafael Contreras y Daniel González, llevaron a cabo una vasta investigación sobre los bailes en la zona central, específicamente en sus inicios, la cuarta región.


"Durante cinco siglos, entre continuidades y discontinuidades, estas hermandades se han ido configurando como expresión festiva y ritual del pueblo y los trabajadores, desarrollando su fe y devoción vinculadas a prácticas económico-productivas, a una organización política y territorial local, a una estructura de relaciones sociales y familiares, así como a memorias culturales y a una pervivencia indígena medida por un proceso de mestizaje que Gabriela Mistral caracterizó como una experiencia de violencia racial. Al vincularse todas estas dimensiones de lo social se generaron significativas formas de culto y devoción popular en el Norte Chico, territorio sin fronteras definidas de manera precisa pero que responde a un espacio geográfico y sociocultural con elementos más o menos comunes (población, ocupaciones productivas, recursos, sociabilidad, prácticas culturales, geografía, paisaje, etc.), y que, visto a nivel político-administrativo, abarca las actuales regiones de Atacama, Coquimbo y el área septentrional de la Región de Valparaíso, con sus valles de Longotoma, Petorca y La Ligua." [8]

Bailes chinos en la región de Valparaíso

Como ya se ha mencionado anteriormente, el baile chino como tal posee tanto elementos hispánicos como indígenas que dan cuenta de una mixtura que permanece hasta el día de hoy, siendo una de las tradiciones culturales vivas más importantes de la zona. Para poder entenderla en mayor profundidad, se debe ir indagando en cada uno de estos elementos de manera de dar a comprender, que cada uno de estos, posee una tradición propia y juntos generan finalmente esta apropiación cultural del valle central.

Instrumento musical

El primero de estos es la flauta, de origen indígena, siendo a su vez el antecedente más antiguo de este baile.

"(...)la tradición de los Bailes Chinos en Chile Central se remontan a la cultura Aconcagua, que se desarrolló entre el año 900 y 1400 de nuestra era. De aquella época se conservan algunas flautas de piedra muy semejantes a las que los Chinos usan en la actualidad. Ellas forman parte de un proceso de desarrollo músico-ritual, que abarcó una gran área de Los Andes del Sur. La tradición Aconcagua, ubicada entre los ríos Aconcagua y Maipo, separaba dos zonas culturalmente diferentes: la mapuche hacia el sur, y la diaguita al norte. Este contacto cultural fomentó el desarrollo musical local, llevándolo a un grado sobresaliente en el panorama de Los Andes Sur. Los antecedentes recopilados indican que en la región de Chile Central, durante el período Aconcagua, llega proveniente del norte una influencia cultural cuyos rituales incluyen el sonido rajado, rico en armónicos y de gran potencia, obtenido gracias a un tipo de flautas que poseen una forma especial de tubo sonoro, idéntico al de las actuales flautas de Chino, que se ocupan exactamente en la misma zona. Al tocar estos instrumentos con las técnicas de tañido de la flauta de Chino, los resultados son sorprendentes. No sólo el sonido, único e inconfundible con el de cualquier otro tipo de flauta conocida, es similar al de los instrumentos de Chinos. Además, corresponde al sonido más selecto y apreciado por los Chinos entendidos, el que sólo es producido por un tipo muy escaso de flautas, llamadas catarras o lloronas." (Mercado, C.2003)

La divinidad

El segundo elemento es la divinidad a la cual le rinden culto, esta enmarcada en el calendario católico, siendo de orígen hispánico. Dentro de estas, solo abordaremos tres, la Cruz de Mayo, San Pedro y Virgen del Carmen, cada una de estas posee su origen y mito particular según la cultura occidental.

La cruz de Mayo

Entre todas las festividades que se realizan con bailes chinos, la Cruz de Mayo en su historia, presenta un origen en los tiempos de conquista, que según indica Plath: "Esta tradición chilena viene de los primeros tiempos de la conquista, cuando el misionera católico ignoraba el idioma de los indios que deseaba evangelizar y para imponer su culto trató de afirmar la devoción en la Cruz. A esto habría que agregar que los buques que hacían la travesía del Viejo Mundo de presencia cargaban elementos bélicos y entre éstos venían objetos religiosos, eran destinados a los centros más poblados. Las imágenes que hubieran llegado habrían sido insuficientes en este dilatado territorio. Y, por ello, nada mejor para inculcar la idea de Dios que se sirvieran de la Cruz, la que fijaban en las colinas, en valles, donde los sacerdotes misionaban. Así como faltaban los santos de bulto escaseaban los representantes de Dios en la tierra para mantener la doctrina y de ahí que ellos nombraran a su vez, en los pueblos fiscales, por lo general patriarcas, que tenían encargo de bautizar y de rezar los días festivos al pie de la Cruz expuesta a la veneración pública. Los misioneros fundaron las hermandades que tenían por objeto mantener el culto a la Cruz y tributarle homenaje en el mes de Mayo. Ya en las casas o ya en los campos se efectuaba la ceremonia de vestir la Cruz, la que consistía en colocarle unos lienzos que llevaban en su centro estampado un crucifijo o los instrumentos de la Pasión y con ellos." [9]

Podemos decir que en la actualidad la Cruz de Mayo se celebra principalmente en localidades rurales de Puchuncaví, teniendo entre 2 a 5 bailes invitados, hacen una primera ceremonia en la mañana en donde todos los bailes saludan y le cantan a la divinidad, para luego hacer la procesión por el pueblo en la tarde. La fiesta es abierta a toda la comunidad.

Procesión de San Pedro

En el caso de San Pedro, este llegó a ser directamente adjudicado como el santo de los pescadores, en esta cita Plath plantea su origen y explicación: "San Pedro era pescador, oficio muy común en el mar de Galilea, abundante en peces;; el comercio resultante era activo y la precesión lucrativa. Era dueño de barcas. Su formación intelectual se clasificaba como hombre sin letras, es decir, no había estudiado en las escuelas rabínicas. Su lengua era el arameo occidental, con la pronunciación y modismos especiales de Galilea. Conocía también el griego, por las necesidades del comercio. Era hombre de grandes alientos y cualidades morales. Su formación religiosa lo colocó entre la porción escogida del Mesías. San Pedro estaba íntimamente ligado con el Precursos San Juan Bautista, y éste fue quien fiel y generosamente lo entregó al Señor. Desde la barca de San Pedro predicó Jesús a los galileos. Terminada la predicación, por su mandato, Pedro echó las redes, en circunstancias que a los pescadores les pareció milagrosa. En esta ocasión Jesús dijo: yo os haré pescadores de hombres. Pedro dejó la barca y siguió definitiva y abnegadamente a Jesús. En la mayoría de las caletas de Chile, San Pedro está en lo alto de las rocas, como un faro de esperanzas en los corazones de las madres, de las esposas, de las hermanas, de las novias de los pescadores. A las plantas del divino banquero, se postran a pedirle que mejore el tiempo, que supere la pesca y el 29 de junio, día del Santo, su procesión marítima tendrá más brillo y alegría si oye las súplicas, si suaviza la congoja." (Plath, O. 1979)

Virgen del Carmen

Finalmente, dentro del culto de las divinidades que seleccionamos para este breve estudio, tenemos el origen de la veneración de la Virgen del Carmen. "A los tiempos del Antiguo Testamento se remontan las raíces de esta devoción, que se asociaron a los milagros operados por el profeta Elías en el Monte Carmelo. Aunque la primera orden carmelita fue establecida por Simón Stock en el siglo XIII, la que difundió el culto a Nuestra Señora del Carmen fue la orden reformada de Carmelitas Descalzas, fundada por Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa, en 1562. Los frailes agustinos introdujeron el culto a la Virgen del Carmen en Reino de Chile y fundaron cofradías con esta advocación en sus conventos de Concepción, Talca, Valparaíso y Santiago. Su divulgación se debió a las religiosas Carmelitas Descalzas a partir de 1690, fecha en que estableció en Santiago el primer monasterio femenino de la orden reformada, con el nombre de El Carmen de San José. En la capital, no fue fiesta de tabla durante el periodo, ni se prescribió la asistencia de las autoridades. En la provincia de Tarapacá, que perteneció administrativamente al Virreinato del Perú y solo se incorporó al territorio de Chile después de la Guerra del Pacífico con el tratado de Ancón en 1883, la devoción de la Virgen del Carmen llegó con los frailes mercenarios y tiene una larga historia que se entrelaza a la leyenda. De ella surgió el culto mestizo, hispano-aborigen, el de la Virgen del Carmen de la Tirana, conocida también como la Tirana de Tarapacá." [10]

Alférez

Por último, el tercer elemento, es el alférez, que antes de la época de la colonia era llamado cantor. Este le canta a la divinidad, improvisando pasajes de la Biblia, y posee la creencia de entablar una relación directa con la divinidad festejada. Por lo tanto, es un elemento con terminología y contenido occidental, pero la manera en que este trata el contenido, proviene de una tradición indígena. Junto con esto, el lleva siempre una bandera de Chile, (es por esto que también se le llama el abanderado) la cual la agita según el ritmo y partitura del canto, y al finalizar, la enrolla por completo.

“El abanderado o alférez es el jefe del grupo y lleva la voz cantante. El responde por el canto y la poesía y discute la colocación de su hermandad en la procesión. Hace de solista en los saludos y despedidas a los otros bailes y, por lo general, compone los versos que canta.” (Echeverría, U. )

Consideraciones finales

La indagación de estos tres elementos es solo una pequeña aproximación a lo que podrían abarcar en su totalidad para poder dar cuenta de la trayectoria cultural que poseen estos bailes en la zona y su riqueza en cuanto a la preservación de tradiciones, principalmente en localidades rurales o pequeños poblados y caletas en la actualidad que aún no han sido introducidos a un mayor proceso de urbanización. Y cómo es que se puede seguir en la constante tarea de la preservación de los bailes, siendo que muchas veces no basta solo con declararlos patrimonio de la humanidad, sino estar en un continuo trabajo de cuidado y conservación.

Anexo: Fichas de lectura

Ficha 1

  • Título del libro : Fiesta populares tradicionales en Chile.
  • Autor: Claudio Mercado
  • Año: 2006
  • Lugar de consulta: Museo Chileno de Arte Precolombino, Santiago de Chile.
  • Citas:

"La idea de que lo religioso es solo divino, sin dar cabida a lo humano, es la que manda. Idea absolutamente contraria a la del mundo indígena y de las clases populares no urbanas, donde lo humano y lo divino forman parte de un todo invisible." (Mercado, C. 2006 p.64)

"Pero con los bailes chinos la batalla ha sido dura. Si bien la ritualidad china se transformó en una ritualidad enmarcada en el calendario ritual católico y la fe que actualmente profesan es la católica, es también cierto que la relación con la divinidad es distinta a la del católico urbano. Los bailes chinos se han mantenido autónomos a través de los siglos. Tomaron la palabra sagrada de la Biblia y tomaron las imágenes, pero su relación siguió siendo directa con la divinidad, su ritualidad siguió siendo chamánica, sin necesitar de la liturgia católica para producir el contacto con la divinidad." (Mercado, C. 2006 )

Ficha 2

  • Título del libro: Canto a lo divino y religión del oprimido en Chile.
  • Capítulo: Religión oficial- Religión Popular
  • Autor: Maximiliano Salinas
  • Año: 1991
  • Lugar de consulta: Biblioteca Nacional de Chile- Memoria Chilena
  • Citas:


"La Oligarquía chilena vivió su época hegemónica cobijada en el absolutista Estado construido por Diego Portales. a partir de 1830. y en la larga prosperidad económica, brindada por el salitre, a contar de 1880. Si en esos dos pilares residió el poder político y económico de la clase dominante, el poder social continuó residiendo incólume, como en la época colonial, en el dominio de la tierra, en la haciendas. Con todo, la “pax oligárquica” no funcionó completamente sin el poder moral y religioso que aportaron incluyentes sectores del catolicismo oficial. El catolicismo conservador, encarnación característica de la Religión oficial de la época (unida al Estado),fue el modelo privilegiado por la Oligarquía católica para sustentar el orden social y político chileno desde mediados del ‘800 hasta 1930. No es el lugar aquí de hacer un análisis exhaustivo del catolicismo conservador chileno. Basta decir que su trayectoria histórica coincide con las etapas de formación, expansión y decadencia del orden oligárquico. Pueden distinguirse, así, una etapa de constitución de la experiencia conservadora entre 1850 y 1880, otro momento de estabilización y apogeo entre 1880 y 1914,y finalmente, una etapa de desgaste y deterioro, desde 1914 a 1930."

"La latente contradicción entre Religión oficial y Religión popular, presente desde los orígenes de la sociedad colonial se hace ahora explícita, violenta, publica, política, abriendose una grieta que continuará creciendo hasta finales de la época oligárquica (es lo que advirtió con estupor el fesuit athlberto Hurtado en uno de los textos más lúcidos y polémicos de la primera mitad del '900,¿EsChile un país católico?, de 1941). A comienzos del'900,con la situación generada a partir de la guerra civil de 1891. el clero chileno fue un instrumento político al servicio de la unidad del bloque oligárquico, su misión electoral, incluso, fue, en palabras del Arzobispo Gomález Eyzaguirre a la Santa Sede en 1914, "unir las voluntades de la aristocracia. Las clases populares, progresivamente, fueron abandonando la Religión oficial. sostenedora de una política de esta índole. Este proceso se dio claramente hacia 1900 en Santiago. Este es el preciso contexto social y eclesiástico de la poesía religiosa popular que analizarnos en este trabajo."

Ficha 3

  • Título del libro : Con mi humilde devoción
  • Autor: Claudio Mercado
  • Año: 2003
  • Lugar de consulta: Museo Chileno de Arte Precolombino, Santiago de Chile.
  • Citas:


"Los Bailes Chinos son cofradías de músicos-danzantes que existen en Chile Central. Ellos expresan la fe de campesinos y pescadores que se reúnen en fiestas religiosas celebradas en pequeños villorrios y caletas, donde congregan a Bailes de pueblos vecinos. Los más antiguos antecedentes musicales de los Bailes Chinos se remontan al “Complejo Aconcagua”, cultura que habitó la zona central de Chile entre el 900 y el 1400 d.c. Durante la Colonia y el Período Republicano temprano, cronistas y viajeros dejaron testimonio de estas celebraciones, cuya supervivencia actual se explica por ser una tradición que aglutina social, cultural y religiosamente a los pueblos de campesinos y pescadores de la zona. Los Bailes Chinos se insertan dentro del marco general de los rituales populares americanos, donde se observan aportes indígenas, tales como la música instrumental, la danza, los instrumentos musicales, y la relación directa con lo sobrenatural, a través del ritual que incluye estados especiales de conciencia. También están presentes aportes hispánicos, como oraciones, el canto del alférez, las Sagradas Escrituras, imágenes sagradas, el calendario ritual y otros elementos de la religiosidad cristiana. Las comunidades que practican actualmente estos ritos pertenecen al mundo rural del centro de Chile, área en que el mestizaje se produjo con mayor rapidez, suplantando a la antigua población aborigen. Por otra parte, esta zona se caracteriza por ser la más intervenida del país, debido a su vertiginosa expansión urbana e industrial. A pesar de estos drásticos cambios, los pobladores supieron conservar el sustrato indígena en aquella parte que era la más importante y vital para su supervivencia: la comunicación con la divinidad a través de sus ritos tradicionales. Por su estrecha dependencia a la naturaleza, el sentimiento religioso entre pescadores y campesinos es profundo. Los Chinos bailan, tocan sus flautas y cantan para asegurar sus necesidades fundamentales: salud, lluvias y una buena cosecha en los valles, protección y abundante pesca en el litoral. A la vez, las fiestas son ocasión para estrechar los vínculos sociales y familiares que unen a los integrantes de pueblos y caletas vecinas."

"La encomienda perduró hasta que en 1789 un edicto puso fin a esta institución. En 1811 a todos los indios empobrecidos, se les declaró absueltos libres de gravámenes y comienzan a desaparecer los documentos referidos a las tierras de indios. A la par de la disminución de la población originaria se observa un aumento del grupo mestizo, cuya condición étnica los eximía de las obligaciones tributarias que afectaban al indígena. Este segmento, crecientemente mayoritario desde mediados del siglo XVII, está configurado no sólo por el elemento bioógico indígena, sino además por sus características culturales y sociales. De este conglomerado comienza a surgir el inquilino asociado a la hacienda, y así nace el campesinado tradicional de Chile Central."

"Pareciera que la población indígena y mestiza de Chile Central durante los siglos XVII y XVIII hubiera alcanzado sólo un cristianismo nominal, a juzgar por las precarias condiciones en que se llevó a cabo y los febles resultados que dan cuentan de él. En la segunda mitad del siglo XVII, son reveladores los re- petidos testimonios del obispo santiaguino Diego de Humanzoro, quien en 1667, escribe al Rey señalando que “las gentes que habitan en los términos viven como si no conociesen a Dios y tan ignorantes de la Doctrina Cristiana, como si no la hubieran oído en su vida...”. Cinco años más tarde, dirigiéndose al Consejo de Indias, agrega que “no hay indio ninguno de los que en dicho servicio padecen, que sepan y entiendan un sólo artículo de nuestra santa fe y santos sacramentos”. Al año siguiente denuncia, en relación dirigida a Roma, que los curas chilenos “no tienen ni pueblos, ni iglesia donde puedan congregar a los indios para enseñarles los rudimentos de la fe y por consiguiente no pueden cumplir su ministerio ni siquiera mediocremente. El proceso de evangelización colonial de la población indígena y mestiza de Chile Central, se caracterizó por ser esporádico, discontinuo y con precario control eclesiástico. Estas condiciones permitieron un desarrollo autónomo de formas y contenidos rituales y de formas de sociabilidad, en la que se advierten elementos explícitos e implícitos de un sistema de pensamiento de origen indígena, que nacieron y se desarrollaron sin control de la iglesia. Lo anterior podría explicar la cuestión de cómo una cristianización que se revela tan débil, llegó a producir tradiciones músico-rituales tan potentes como son los Bailes Chinos y el Canto a lo Divino y, de paso, la omisión de estas devociones populares en los documentos oficiales eclesiásticos."

"Sabemos que los bailes indios en las procesiones religiosas santiaguinas, tradición surgida a comienzos de la Colonia y de la que nos dan cuenta numerosas fuentes de la iglesia y del Cabildo, fueron abolidos en 1797 por subvertir el recogimiento debido, aunque existen noticias de estas prácticas hasta entrado el siglo diecinueve. Ello marca el principio del fin de este tipo de manifestación devota popular en la metrópolis. Sin embargo, no sucede lo mismo en los sectores rurales, que constituyen un escenario totalmente diferente y poco conocido aún. En suma, nos parece que la piedad popular rural permanece aún bajo un manto de brumas, entre las que relucen diáfanas y potentes las manifestaciones que en este libro se presentan. En el caso del Baile Chino, el aporte indígena más evidente se encuentra en el sonido, los instrumentos y el baile; en el universo de los cantores a lo divino, los orígenes indios se encuentran en las estructuras pro- fundas de relación con la divinidad, la naturaleza y el mundo onírico. Los antecedentes más antiguos de la tradición de los Bailes Chinos en Chile Central se remontan a la cultura Aconcagua, que se desarrolló entre el año 900 y 1400 de nuestra era. De aquella época se conservan algunas flautas de piedra muy semejantes a las que los Chinos usan en la actualidad. Ellas forman parte de un proceso de desarrollo músico-ritual, que abarcó una gran área de Los Andes del Sur. La tradición Aconcagua, ubicada entre los ríos Aconcagua y Maipo, separaba dos zonas culturalmente diferentes: la mapuche hacia el sur, y la diaguita al norte. Este contacto cultural fomentó el desarrollo musical local, llevándolo a un grado sobresaliente en el panorama de Los Andes Sur. Los antecedentes recopilados indican que en la región de Chile Central, durante el período Aconcagua, llega proveniente del norte una influencia cultural cuyos rituales incluyen el sonido rajado, rico en armónicos y de gran potencia, obtenido gracias a un tipo de flautas que poseen una forma especial de tubo sonoro, idéntico al de las actuales flautas de Chino, que se ocupan exactamente en la misma zona. En Chile Central esta influencia se superpone a una tradición propia de la región mapuche, que destaca por la creación de una gran variedad de flautas de piedra, dando como resultado los hermosos instrumentos Aconcagua, cuyo desarrollo plástico y acústico revela un gran dominio de la artesanía en piedra. Estos instrumentos son de tamaño medio, con paredes muy delgadas, de un perfecto acabado, de hermoso y equilibrado diseño funcional y musical. Existen escasos ejemplares encontrados hasta el momento, todos ellos correspondientes a un mismo modelo, con timbres y alturas de sonido, materia- les y formas similares. Al tocar estos instrumentos con las técnicas de tañido de la flauta de Chino, los resultados son sorprendentes. No sólo el sonido, único e inconfundible con el de cualquier otro tipo de flauta conocida, es similar al de los instrumentos de Chinos. Además, corresponde al sonido más selecto y apreciado por los Chinos entendidos, el que sólo es producido por un tipo muy escaso de flautas, llamadas catarras o lloronas."

"Con la llegada de los españoles a la zona central de Chile, comienza un largo período de mezcla de las tradiciones locales con las de los recién llegados, y esto se hace evidente en lo concerniente al mundo espiritual y ritual. Los españoles intentan evangelizar, imponer sus creencias y erradicar los ritos “paganos” de la población local. De esta manera, los antiguos ritos locales tomaron nuevos elementos, nuevas formas traídas por los españoles, produciéndose una nueva forma de culto. No se sabe cómo fueron los rituales de los habitantes prehispánicos de Chile Central, pero es posible suponer que las flautas Aconcagua estaban asociadas a estos rituales y que de alguna manera formaban parte de ellos."

Ficha 4

  • Título del libro : El baile chino en Chile
  • Autor: Consejo nacional de la cultura y las artes
  • Año: 2014
  • Citas:


"En efecto, tenía la encomienda entre sus atribuciones otra particularidad: incidiría directamente en el mestizaje que dio lugar al baile chino. La encomienda permitía al encomendero desarraigar a sus indios y trasladarlos durante seis meses del año a cualquier territorio donde este tuviese necesidad de mano de obra. Individuos de los pueblos huarpe, promaucae, aimara, quechua, mapuche y diaguita fueron llevados hasta Andacollo y puestos a trabajar principalmente en la minería aurífera. Las condiciones impuestas por el encomendero no solo produjeron oro sino además un proceso de mestizaje entre nativos que dio origen al indio y su cultura mixturada, que comenzó a manifestarse de forma temprana en el espacio festivo-ceremonial que propició el culto mariano andacollino. De tal modo, ese primer baile de indios, presente en las primeras celebraciones festivas de la Virgen de Andacollo, es el testimonio cierto de la gestación de un nuevo pueblo, cuya contextura cultural se va a manifestar principalmente a través de un tipo de devoción que cobrará autonomía de forma paulatina. Aquel primer baile de indios fue no solo el antecedente del baile chino actual, sino también la primera organización devocional surgida de la convivencia forzada a que fueron sometidos por la encomienda los aborígenes que arribaron desde las diversas naciones que poblaban el vasto territorio del Chile arcaico."

"La encomienda generaba un entorno social dominado por el agobio, el abuso y el trabajo en extremo extenuante, situaciones a las que el nativo no estaba acostumbrado. Por esta y otras causas la doctrina debió implementar una serie de celebraciones orientadas a rendir culto a los santos patronos que se instauraba a modo de entidades espirituales y protectoras de la localidad donde establecía una encomienda. Los santos patronos permitieron, a su vez, la introducción de expresiones festivas que, si bien no eran acordes con la orientación doliente del credo contrarreformista de la época, permitían ciertos regocijos y relajamientos, al punto que junto con las solemnidades propias de la Iglesia católica tenían lugar expresiones de la piedad popular tan propia de la España de la contrarreforma. Este espacio festivo, en donde se podían encontrar tarascas, mascaradas, gigantes, bailes de bandera y parlampanes, reproducía en América una tradición propia del bajo medioevo español, solo que aquí se le unieron bailes de indios, pardos y zambos. Entre todos estos bailes, uno habría de tener importancia superlativa en la conformación de un nuevo tipo de ritual: el baile de indios. Esta fue una denominación genérica que no designaba ningún estilo de danza específica; baile de indios más bien se refería al ascendente étnico de sus integrantes. Por cierto, estos bailes estaban compuestos por indios encomendados que participaban en estos festejos, prestando servicio en las galas, alabanzas y formando parte de la alegre algarabía que debía imperar en las procesiones con que se honraba a las imágenes de los santos, cruces y las diversas advocaciones de la Virgen María. No debemos olvidar, por lo demás, que en esta etapa inicial de la Colonia tuvo lugar una seguidilla de apariciones milagrosas o hallazgos de imágenes sagradas, siendo las figurillas marianas los hallazgos más recurrentes."

Ficha 5

  • Título del artículo : Permanencia y cambio en fiestas rituales de chile central
  • Revista:Valles
  • Autor: Claudio Mercado
  • Año: 1995
  • Lugar de consulta: Museo Chileno de Arte Precolombino, Santiago de Chile.
  • Citas:


"La música instrumental chinos se basa en el desarrollo de un concepto sobre todo armónico, vertical, en que grandes masas de sonidos se suceden unas a otras, formando un espacio sonoro con una inmensa gama de sonidos superpuestos. Los instrumentos usados para generar esta música son las “flautas de chino”, instrumentos de madera o caña cuya construcción interior del tubo, debido a una técnica compleja, permite al ejecutante no sólo una nota, sino un acorde altamente disonante en cada soplido, este sonido es llamado “rajado” por los chinos y es un elemento fundamental dentro del marco general de la música."

"La flauta del chino es de un tubo, sin orificios de dignación, que se sopla a manera de zampoña. El diametro interno del tubo está dividido en dos secciones, dejando un descanso entre ambos, esta conformación es la que produce un sonido formado por dos notas fundamentales y una gran cantidad de armónicos agudos altamente disonantes."

"Existen pruebas arqueológicas y etnohistóricas que permiten trazar una relación entre el actual ritual de los chinos y las antiguas poblaciones indígenas locales. El registro arqueológico cuenta con flautas asignadas al periodo Aconcagua, población indígena que habitó en la zona central de Chile entre el 900 y 1400 dC. Estas flautas son construidas en piedra, tienen la misma forma de tubo interior complejo que las flautas actuales, y el sonido que emiten es igual al sonido “rajado” tan preciado por los actuales chinos. Evidentemente esta relación no es casual, sobre todo tratándose de un sonido tan especial y escaso como el que da este tipo de tubo. Se diferencian en que las arqueológicas son de piedra, en su forma exterior, consta de cuatro tubos en vez de uno."

"Otro antecedente muy importante de las actuales flautas de chino son las pifilkas de la actual zona mapuche, instrumento que presenta las mismas características internas del tubo actual y que fueron construidas en piedra y madera en el periodo contemporáneo a las flautas Aconcagua. Estos instrumentos se mantienen aún en uso entre los mapuches, siendo muy importantes en el ámbito ritual."

"Por otro lado, los tambores prehispánicos que se conocen a través del registro arqueológico provienen de los Andes centrales y centro sur (Atacama y norte argentino), más al sur, en la zona central de Chile no se han conservado debido a las características ambientales y de suelos, pero existen datos etnohistóricos que describen su uso a la llegada de los españoles. Los tambores arqueológicos encontrados en el Norte Chico de Chile son iguales a los actuales, tambores de chino, no solo por su tamaño, forma, disposición del asa y palillo único para percutir, sino, incluso, en detalles como la cubierta sobre sus ataduras."

Evidencia ethnohistórica

"Con la llegada de los españoles a la zona central de Chile comienza un largo periodo de mezcla de las tradiciones locales con las de los recién llegados, esto se hace evidente en lo concerniente al mundo espiritual y ritual. Los españoles intentan “evangelizar” a los “salvajes”, dominar a través de la “verdad cristiana”, imponer sus creencias y erradicar las creencias y ritos “paganos” de la población local. De esta manera, los antiguos ritos locales tomaron nuevos elementos, formas impuestas por los recién llegados, produciéndose una nueva forma de culto. Con la llegada de los españoles se produce una mezcla, uniéndose de este modo, dos formas de culto. La influencia española se hace notar en el contexto católico general en que se inserta el ritual, en los nombres de los dioses adorados, en las fechas de las celebraciones y en los aspectos de comunicación verbal con la divinidad; el cantante, ahora llamado “alférez” organiza la métrica de su canto según los cánones españoles de cuartetas y décimas, usando en la actualidad el idioma español, aunque hay referencias que indican que en el siglo XVII, en La Ligua, algunos alféreces cantaban en idioma indígena (Aravena 1946)"

"Los actuales pobladores no se consideran descendientes de los indígenas, ellos han sido siempre campesinos y no hay conciencia de que antes hubieran vivido indígenas en el lugar. El mestizaje producido entre indígenas y españoles dio como resultado la dominación de la cultura hispánica, pero es en las manifestaciones religiosas, las más profundas, donde se puede observar la supervivencia de las tradiciones indígenas."

"La música es parte de estas manifestaciones religiosas y al parecer hay ciertos elementos indígenas que han permanecido; la forma interior de los instrumentos no cambia, el sonido de los instrumentos no cambia, la estética de la música no cambia, y no cambia porque es tan diferente, porque es tan distinta a la que viene con el español que es imposible que se mezclen. Se transformaron ciertos aspectos formales del ritual, sin embargo, hubo otros que no pudieron cambiar; las flautas, el tipo de música, la estética de la música, tal vez porque si cambiaba eso se perdía una parte fundamental del ritual, una parte que era central y que permitía el acceso a la comunicación directa con los dioses, pero sí pudieron cambiar los dioses y el idioma en que el alférez canta, porque, en el fondo, da lo mismo y el sentimiento es semejante, se cambia el nombre de los dioses, pero su esencia es la misma; se sigue pidiendo protección divina, se sigue rogando a los dioses, aunque, ahora se les nombre de otra manera."

Ficha 6

  • Título del libro :La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento
  • Autor: Bajtin, M
  • Año: 1990
  • Citas:


"Una teoría de la fiesta desde América Latina y Chile debe reconocer asimismo la importancia de la experiencia de la fiesta en el horizonte medieval y renacentista del Mediterráneo europeo. Aquí se tiene que considerar la enorme trascendencia del carnaval, como particular irrupción de la fiesta popular como vi- da abundante en oposición al mundo gótico y feudal de la Edad Media. En el carnaval se anuncia el nacimiento de una vida nueva, maravillosa y feliz, más allá de la decrepitud y el ascetismo de los sistemas políticos establecidos. En el carnaval es abolida toda jerarquía y todo miedo. Surge el mundo de lo no-oficial, de lo extra-oficial, de lo proscrito. Especialmente en las “diabladas”, donde se manifiesta una libertad desenfrenada, realmente utópica. Allí se expresa el clima desenfadado de la plaza pública, con sus hablas osadas y burlescas de la mezquindad del mundo del Estado y de la Iglesia feudales."

"Todos estos ritos y espectáculos organizados a la manera cómica, presentaban una diferencia notable, una diferencia de principio, podríamos decir, con las formas del culto y las ceremonias oficiales serias de la Iglesia o del Estado feudal. Ofrecían una visión del mundo, del hombre y de las relaciones humanas totalmente diferente, deliberadamente no-oficial, exterior a la Iglesia y al Estado; parecían haber construido, al lado del mundo oficial, un segundo mundo y una segunda vida a la que los hombres de la Edad Medía pertenecían en una proporción mayor o menor y en la que vivían en fechas determinadas. Esto creaba una especie de dualidad del mundo, y creemos que sin tomar esto en consideración no se podría comprender ni la conciencia cultural de la Edad Media ni la civilización renacentista. La ignorancia o la subestimación de la risa popular en la Edad Media deforma también el cuadro evolutivo histórico de la cultura europea en los siglos siguientes. No se trata por supuesto de ritos religiosos, como en el género de la liturgia cristiana, a la que están relacionados por antiguos lazos genéricos, El principio cómico que preside los ritos carnavalescos los exime completamente de todo dogmatismo religioso o eclesiástico, del misticismo, de la piedad, y están por lo demás desprovistos de carácter mágico o encantatorio (no piden ni exigen nada). Más aún, ciertas formas carnavalescas son una verdadera parodia del culto religioso. Todas estas formas son decididamente exteriores a la Iglesia y a la religión. Pertenecen a una esfeta particular de la vida cotidiana. Por su carácter concreto y sensible y en razón de un poderoso elemento de juego, se relacionan preferentemente con las formas artísticas y animadas de imágenes, es decir con las formas del espectáculo teatral. Y es verdad que las formas del espectáculo teatral de la Edad Media se asemejan en lo esencial a los carnavales populares, de los que forman parte en cierta medida. Sin embargo, el núcleo de esta cultura, es decir el carnaval, no es tampoco la forma puramente artística del espectáculo teatral, y, en general, no pertenece al dominio del arte. Está situado en las fronteras entre el arte y la vida. En realidad es la vida misma, presentada con los elementos característicos del juego."


"Bajo el régimen feudal existente en la Edad Media, este carácter festivo, es decir la relación de la fiesta con los objetivos superiores de la existencia humana, la resurrección y la renovación, sólo podía alcanzar su plenitud y su pureza en el carnaval y en otras fiestas populares y públicas. La fiesta se convertía en esta circunstancia en la forma que adoptaba la segunda vida del pueblo, que temporalmente penetraba en el reino utópico de la universalidad, de la libertad, de la igualdad y de la abundancia. En cambio, las fiestas oficiales de la Edad Media (tanto las de la Iglesia como las del Estado feudal) no sacaban al pueblo del orden existente, ni eran capaces de crear esta segunda vida. Al contrario, contribuían a consagrar, sancionar y fortificar el régimen vigente. Los lazos con el tiempo se volvían puramente formales, las sucesiones y crisis quedaban totalmente relegadas al pasado. En la práctica, la fiesta oficial miraba sólo hacia atrás, hacia el pasado, del que se servía para consagrar el orden social presente. La fiesta oficial, incluso a pesar suyo a veces, tendía a consagrar la estabilidad, la inmutabilidad y la perennidad de las reglas que regían el mundo: jerarquías, valores, normas y tabúes religiosos, políticos y morales corrientes. La fiesta era el triunfo de la verdad prefabricada, victoriosa, dominante, que asumía la apariencia de una verdad eterna, inmutable y perentoria. Por eso el tono de la fiesta oficial traicionaba la verdadera naturaleza de la fiesta humana y la desfiguraba. Pero como su carácter auténtico era indestructible, tenían que tolerarla e incluso legalizarla parcialmente en las formas exteriores y oficiales de la fiesta y concederle un sitio en la plaza pública. A diferencia de la fiesta oficial, el carnaval era el triunfo de una especie de liberación transitoria, más allá de la órbita de la concepción dominante, la abolición provisional de las relaciones jerárquicas, privilegios, reglas y tabúes. Se oponía a toda perpetuación, a todo perfeccionamiento y reglamentación, apuntaba a un porvenir aún incompleto."

Ficha 7

  • Título del libro :Será hasta la vuelta de año
  • Autor: Rafael Contreras y Daniel González
  • Año: 2012
  • Citas:


"Durante cinco siglos, entre continuidades y discontinuidades, estas hermandades se han ido configurando como expresión festiva y ritual del pueblo y los trabajadores, desarrollando su fe y devoción vinculadas a prácticas económico-productivas, a una organización política y territorial local, a una estructura de relaciones sociales y familiares, así como a memorias culturales y a una pervivencia indígena medida por un proceso de mestizaje que Gabriela Mistral caracterizó como una experiencia de violencia racial. Al vincularse todas estas dimensiones de lo social se generaron significativas formas de culto y devoción popular en el Norte Chico, territorio sin fronteras definidas de manera precisa pero que responde a un espacio geográfico y sociocultural con elementos más o menos comunes (población, ocupaciones productivas, recursos, sociabilidad, prácticas culturales, geografía, paisaje, etc.), y que, visto a nivel político-administrativo, abarca las actuales regiones de Atacama, Coquimbo y el área septentrional de la Región de Valparaíso, con sus valles de Longotoma, Petorca y La Ligua."

"Los hombres y mujeres participantes de estas hermandades descienden de múltiples grupos sociales y étnicos, desde indígenas locales y foráneos encomendados al trabajo minero durante la conquista y la primera colonia hasta mestizos, negros y blancos empobrecidos que se desempeñaban como inquilinos, peones, pirquineros, labradores, artesanos, pescadores, etc. En el marco de la evolución del orden político-económico —que va de la Conquista a la Colonia, y de esta a la República—, y vinculado al carácter de violencia racial que asumió el proceso de mestizaje, los grupos sociales que sostuvieron las primeras expresiones danzantes y musicales crearon y desarrollaron un culto o sistema ceremonial específico, el cual tiene uno de sus antecedentes más antiguos en las cofradías andacollinas del siglo XVI, expresividad ritual y festiva única en el mundo que se desarrolla y consolida como la tradición que conocemos hacia fines del siglo XVII y comienzos del XVIII. Esta tradición de los bailes chinos fue permeándose en otros territorios, especialmente en aquellos sectores del Norte Chico, la zona central y allende los Andes en los que confluían los factores étnicos, sociales, culturales, productivos y expre- sivos necesarios para su formación, o en los lugares donde, existiendo una significativa población indígena y mestiza, algunos habitantes encomendados a trabajar en las minas de Andacollo hubiesen participado en las conmemoraciones de la Chinita, o bien en aquellos lugares donde se conocieron imágenes relativas a su culto y festividad, para luego ser repli- cadas en sus localidades de origen. Así es que Andacollo fue ganando importancia en tanto centro minero y ceremonial hasta constituirse, desde mediados del siglo XVIII, en la celebración más concurrida del antiguo Corregimiento de Coquimbo, la Capitanía General e incluso de las provincias trasandinas de San Juan y Cuyo. Desde esa fecha hasta la actualidad los bailes chinos y las comunidades celebrantes han sobrevivido en el contexto de una sociedad en permanente cambio modernizador. Su misma existencia como colectividades, ayer y hoy, nos habla de una actualización permanente de la tensión producida entre el orden tradicional de un culto organizado en función del parentesco, la vecindad, la afinidad y lo comunitario, frente a las mediaciones institucionales, normativas, mercantiles y jerárquicas que la Iglesia, el Estado, el mercado y la clase domi- nante imponen a aquellas prácticas rituales locales. Hoy esta tensión entre tradición y modernización se ve in- fluenciada y agravada aún más por el proceso de globaliza- ción cultural y económica, el cual supone resignificaciones e innovaciones que afectan a todos los ámbitos de la vida en sociedad, incluidos aquellos territorios que parecen es- tar tan apartados, y tradiciones que asoman con un arraigo casi atávico. Por ello, prácticas culturales como los bailes chinos, que por siglos permanecieron y se reprodujeron culturalmente vinculados a actividades económicas y rela- ciones sociales particulares en el territorio, son tensiona- dos y presionados por cambios de la matriz económica del capitalismo mundial mucho más radicales e integrales que los vividos con anterioridad, los que a su vez desencadenan transformaciones culturales, desplazamientos poblacionales, flujos financieros y actividades económicas desrreguladas, agotamiento y sobreexplotación de recursos naturales como el agua y el suelo, y otros complejos procesos que ac- tualmente someten a estas tradiciones a una crisis de continuidad y de sentido ritual. Así, este trance está marcado por la disminución considerable de bailes, por una merma y envejecimiento de los integrantes, por la dificultad en las relaciones y el recambio intergeneracional, por una educa- ción formal que no reconoce esta práctica ni su valor, por las injerencias de la Iglesia y organismos externos que no valoran la importancia ritual de chinos, abanderados, alféreces y cantores, por imaginarios culturales y representaciones sociales que estigmatizan estas prácticas populares, entre muchas otras consecuencias."

"Frente a este escenario, y entendiendo que las prácticas y tradiciones religiosas del mundo popular son producto histórico del vínculo entre la expresividad devocional, la sociabilidad y el contexto territorial del acontecer productivo de un pueblo, se requiere hoy de un análisis de esta tradición cultural que desde la antropología y la historia ponga a dialogar la observación etnográfica, la memoria y el testimonio de los chinos, con la información disponible en los archivos, fuentes secundarias y literatura especializada, de forma que se pueda dar cuenta, a nivel explicativo —y no meramente descriptivo o exploratorio—, de las profundas transformaciones sociales, económicas, territoriales y culturales que afectan al complejo contexto ritual y festivo del mundo popular del Norte Chico. En este sentido es necesario entender lo popular no como un bloque petrificado de lo social —algo así como tradiciones arcaicas folclorizadas— sino como un movimiento que abarca tanto lo tradicional como lo moderno, que serpentea a través de distintas prácticas y objetos, casi como un ejercicio de corte y enmienda, donde se recupera todo lo que está a la mano y nos ha entregado la historia. Así, entonces, no hay que repetir el típico y frívolo discurso del costumbrista que ve en las prácticas rituales y festivas de los bailes chinos solo esfuerzos vetustos y empobrecidos de una cultura lejana y, en su tiempo, quizás gloriosa. Una mirada que impone una distancia social clasista, y muchas veces racista, entre quien reflexiona y escribe y quienes son objeto de dicha observación. Para nosotros la tradición de los bailes de chinos no es algo arcaico, y menos todavía una pieza inmóvil y tradicionalista de museo al servicio de un país anterior al Estado, primer paso de un proyecto nacionalista de corte fascista y oligárquico. Esta tradición es más bien una herencia contemporánea, moderna, dinámica, contradictoria a veces, que responde a los poderes del momento y atraviesa diversos ámbitos de la cambiante vida social."

Ficha 8

  • 'Título del artículo :Fiesta y trabajo: la oposición entre conquistadores y conquistados
  • Autor: Pedro DeVelado
  • Año: 1985
  • Lugar de consulta:

http://rei.iteso.mx/bitstream/handle/11117/907/02_renglones2_pedrodevelasco.pdf?sequence=2

  • Citas:


“Por ello los misioneros se esforzarán ante todo por sacarlos de su paganismo “quitándoles sus orgías y borracheras del demonio”, “enseñándolos a ser hombres racionales” (mediante la alfabetización y - sobre todo- la enseñanza de oficios y técnicas occidentales) y “dándoles policía humana”, es decir: congregándolos en pueblos y dándoles autoridades que se impongan por la fuerza. Figueroa manifiesta una intuición que va más allá de su indudable buena voluntad y nos dice que “todo lo anterior- vicios, libertinaje y paganismo- se minorara y se mejorara, muchos más se convirtieran y congregaran si en los montes no tuvieran tantas y tan buenas tierras..” y nos permite ver que los misioneros no estaban simplemente describiendo rasgos pintorescos de los indios sino que de algún modo comprendían que entre los diversos elementos había una relación intrínseca y que dicha relación decía una referencia fundamental a la tierra y al trabajo en ella. Arrancar al indio de sus cultivos era la forma de transformar su cultura y, en ella, su culto; igualmente válido resultaba el que transformar el culto (la fiesta) del indio era destrozar su cultura e impedir sus cultivos."

“La fiesta ha sido factor de resistencia en cuanto que: *sintetiza, manifiesta y realiza una determinada comprensión del hombre, del mundo y de los procesos de humanización. Comprensión que por su operatividad y coherencia permite resistir los mecanismos desintegradores de la cultura opresora.

  • porque da unidad e identidad al grupo.
  • porque proporciona una alternativa económico-política, es decir: una alternativa al pueblo y al trabajo-asalariado; inspira y realiza toda una organización y una estructura de relaciones y servicios alternativa a la occidental."

De hecho la fiesta ha sido un factor de resistencia.

  • porque la fiesta inspiró y sigue inspirando y reforzando mecanismos de socialización que hacen inútil la agrupación en pueblos e innecesaria la organización policial, militar, etc., fenómeno que ha dificultado el control tanto para la explotación como para la penetración cultural
  • porque la fiesta proporciona mecanismos de protección comunitaria (económicos y de salud) contra las amenazas exteriores, que hacen relativamente secundarias las facilidades proporcionadas por la cultura blanca.
  • en el fondo- y es el tema central del trabajo- porque la fiesta sintetiza, manifiesta y encarna realmente una opción ética (y religiosa) fundamental, una forma de situarse en el mundo y frente a los hombres.

Ficha 9

  • Título del libro : Folklore Chileno
  • Autor: Oreste Plath
  • Año: 1979
  • Citas:

"El sentimiento religioso del hombre del pueblo chileno se expresa acompañando y participando activamente de las festividades y celebraciones del calendario popular. Pasaron del Viejo Mundo al Nuevo Continente casi todas las costumbres y hechos folklóricos. Fiestas completas con representaciones han atravesado el Océano para realizarse en América. Dan exacta cuenta de esta realidad, viejas estampas y el mapa geográfico donde se ubican los santuarios lejanos, depositarios incansables de la tradición. En los santuarios del Norte Grande o Norte Chico se destacan aspectos de la devoción del pueblo, en la que laten costumbres y un pulso histórico; danzas legendarias, que recuerdan los Autos Sacramentales; cantos religiosos con remates de poesía popular; música que viene de otros imperios- de los quechuas y aimarás- que se realizan con instrumentos nativos y europeos."

"La mayoría de los villorrios del norte están bajo la adveración de un Santo, el que se venera una vez al año en un convivio religioso-profano. Cada una de estas festividades tiene sus características. Participan comparsas que visten trajes que hablan de la lucha del mal contra el bien en un sincretismo indígena- hispánico. Estas comparsas o agrupaciones tienen distintos nombres, trajes, instrumentos y son conocidas por el común, con el nombre genérico de Chinos, fieles servidores de la Virgen."

"Si los mineros están bajo alguna advocación, los pescadores tienen la suya y si Patrono es San Pedro. La procesión marítima de San Pedro es acompañada por gente del oficio, la que le da un carácter marinero y civil. Esta festividad se realiza en grande, tanto en puertos como en caletas. Estas procesiones o festividades ofrecen variedades caracterizadas por los ceremoniales; por los escenarios norte, centro y sur; por los participantes. Entre las celebraciones que el pueblo tiene junto a su corazón está la Semana Santa, la Cruz de Mayo, San Antonio, la Noche de San Juan y la Procesión de San Pedro. El pueblo no se evade de los fondos de la autenticidad. La tradición los sustenta, los confirma. Así como viven ardientemente su destino atados a la tierra, hincan sus almas rudas. Ayer como hoy, el pueblo abandona sus preocupaciones y deja rodar su alegría y su fe."


"La cruz de Mayo"

"Esta tradición chilena viene de los primeros tiempos de la conquista, cuando el misionera católico ignoraba el idioma de los indios que deseaba evangelizar y para imponer su culto trató de afirmar la devoción en la Cruz. A esto habría que agregar que los buques que hacían la travesía del Viejo Mundo de presencia cargaban elementos bélicos y entre éstos venían objetos religiosos, eran destinados a los centros más poblados. Las imágenes que hubieran llegado habrían sido insuficientes en este dilatado territorio. Y, por ello, nada mejor para inculcar la idea de Dios que se sirvieran de la Cruz, la que fijaban en las colinas, en valles, donde los sacerdotes misionaban. Así como faltaban los santos de bulto escaseaban los representantes de Dios en la tierra para mantener la doctrina y de ahí que ellos nombraran a su vez, en los pueblos fiscales, por lo general patriarcas, que tenían encargo de bautizar y de rezar los días festivos al pie de la Cruz expuesta a la veneración pública. Los misioneros fundaron las hermandades que tenían por objeto mantener el culto a la Cruz y tributarle homenaje en el mes de Mayo."

"Ya en las casas o ya en los campos se efectuaba la ceremonia de vestir la Cruz, la que consistía en colocarle unos lienzos que llevaban en su centro estampado un crucifijo o los instrumentos de la Pasión y con ellos se quería simbolizar y grabar en el pueblo, como antes en los indios, la idea de la Pasión de Salvador. La ceremonia de vestir la Cruz se iniciaba el primer día de mayo y la de desvestir la Cruz el 31 de dicho mes, a cuyos actos asistía todo el pueblo y la inasistencia era reputada como una especie de apostasia."

"La Cruz de Mayo en los campos.- En algunos lugares del campo de Chile salen actualmente en procesión con la Cruz, cargándola un grupo de hombres, y recorren los caminos entre cantor de alegría y algazara, deteniéndose en casas y haciendas para pedir una limosna por el Amor de Dios. Unos piden pan, otros velas, otros un bultito de cuatro patitas, esto quiere decir: un chanchito, una vaquilla, una ternera. Estos romeros creen que la Cruz de Mayo todo lo da en la mano. Y salen los dueños de casa trayendo algún cariño, pero excusándose, a la vez, de que sea poco y esperando que de algo les sirva, ya que los pilló pobres la Cruz de Mayo. Los romeros dan las gracias cantando al dueño de casa. En estos agradecimientos queda retratada la generosidad o tacañería."

"5) En Limache es tradicional la festividad de la Santa Cruz de Mayo, cuyo nombre lleva la parroquia de esta localidad. El día 6 de mayo se efectúa una peregrinación a un cerro, en cuya cumbre se levanta la Cruz la que, muy adornada con guías vegetales, figura al lado del pabellón nacional. Concurre una enorme masa de devotos, no solamente de la región sino de los lugares cercanos. Los católicos de Limache, después de subir la procesión, asisten al acto religioso que es tradicional en el cerro."


"Procesión de San Pedro"

"San Pedro era pescador, oficio muy común en el mar de Galilea, abundante en peces; el comercio resultante era activo y la precesión lucrativa. Era dueño de barcas. Su formación intelectual se clasificaba como hombre sin letras, es decir, no había estudiado en las escuelas rabínicas. Su lengua era el arameo occidental, con la pronunciación y modismos especiales de Galilea. Conocía también el griego, por las necesidades del comercio. Era hombre de grandes alientos y cualidades morales. Su formación religiosa lo colocó entre la porción escogida del Mesías. San Pedro estaba íntimamente ligado con el Precursos San Juan Bautista, y éste fue quien fiel y generosamente lo entregó al Señor. Desde la barca de San Pedro predicó Jesús a los galileos. Terminada la predicación, por su mandato, Pedro echó las redes, en circunstancias que a los pescadores les pareció milagrosa. En esta ocasión Jesús dijo: yo os haré pescadores de hombres. Pedro dejó la barca y siguió definitiva y abnegadamente a Jesús. En la mayoría de las caletas de Chile, San Pedro está en lo alto de las rocas, como un faro de esperanzas en los corazones de las madres, de las esposas, de las hermanas, de las novias de los pescadores. A las plantas del divino banquero, se postran a pedirle que mejore el tiempo, que supere la pesca y el 29 de junio, día del Santo, su procesión marítima tendrá más brillo y alegría si oye las súplicas, si suaviza la congoja."


"La procesión de San Pedro en Valparaíso, se está celebrando desde 1682 y es, también, fiesta de muchos otros puertos y caletas del mar de Chile. En esta fiesta participan pescadores, los fleteros de remolcadores, los conductores de gasolineras, bandas militares, civiles y las cofradías de chinos, organizaciones tradicionales en fiestas religiosas-populares. La procesión de San Pedro, se inicia con la salida del anda, desde la parroquia, y después de un recorrido terrestre, se coloca el anda en un remolcador, para dar la vuelta por la bahía o llegar hasta otra caleta cercana. La embarcación donde va el santo, es precedida de una interminable caravana de botes adornados con flores, banderas y cintas de colores. En unos van las bandas de músicos, los chinos con sus instrumentos y desde otras embarcaciones, parten vivas al santo y se elevan coros y cánticos sagrados. Los barcos surtos en la bahía participan, al paso de la procesión, lanzando al aire sus bocinas. En algunos botes se ubican familias completas de pescadores, con grandes canastas de comestibles, los que se sirven en el trayecto, y en la cubierta de potentes remolcadores se baila cueca, se cantan canciones populares y se disparan petardos y cohetes. Tan pronto llega la embarcación al punto de partida, es desembarcada el anda y guardada con gran respeto en la parroquia, siguiendo después, en la caleta, una fiesta con arpa y vihuela. Este ceremonial, con ligeras variantes, se han venido efectuando en Valparaíso y teniendo por sede la Caleta del membrillo. la que está presidida por la Imagen de San Pedro que mira hacia la bahía. La provincia de Valparaíso, con sus balnearios y caletas de pescadores, ofrece celebraciones en honor del Santo de Montemar, Los Lilenes, La Higuerilla, Ventana, Loncura, Horcón, Colchagua, Quintero. En Quintero San Pedro es acompañado por cofradías; hermandades que son cuerpos de bailes con sus abanderados, alféreces. Estas cofradías lucen trajes especiales, instrumentos de fabricación casera, ritmos, música y cantos de su creación. En algunas de éstas hay reminiscencias de trajes marineros de la Armada de Chile, no faltando entre ellos los niños vestidos de angelitos y otros reencarnando al Diablo, el bien y el mal. Hay en esta provincia maravillosos encuentros, de estos bailes en honor a San Pedro, descritos por Juan Uribe Echeverría en “Contrapunto de Alféreces en la Provincia de Valparaíso”, Santiago 1958. Esta tradición de los pescadores se manifiesta a lo largo del mar chileno y en algunos puertos y caletas habla con curiosos y bellos aspectos.

Ficha 10

  • Título del libro : La fiesta: Metamorfosis de lo cotidiano
  • Autor: Isabel Cruz
  • Año: 1995
  • Citas:


“La fiesta tradicional es una expresión peculiar; una cadencia de la temporal habitual y una renovación creadora de tiempo; una institución social legitimada al interior de una cultura y , a la vez, una experiencia colectiva de emancipación de ciertos cánones y normas culturales; un fenómeno que permite dar libre curso a las fantasías individuales, dentro de una estructura social disciplinada; un compromiso entre el mundo de lo sagrado y de lo profano; una demostración de individualidad y, a la vez, de socialización; una manifestación de las energías físicas y psíquicas y, conjuntamente, una sublimación en las representaciones religiosas y estéticas; una conquista, en suma, del universo cotidiano por parte de un mundo imaginario de fuerzas suprasensibles, que presta sus posibilidades de comportamiento individual a una espontaneidad colectiva investida de sacralidad.”


“Desde siempre, pues, la institución festiva, ha afirmado la existencia. Cada cultura, cada época, cada lugar ha hecho surgir su propia invención de fiesta, con sentidos y finalidades; formas y actitudes; artes y ritos peculiares.”

“En función de lo sagrado, el hombre revela en la fiesta las facetas múltiples de este perpetuo mostrarse ocultándose, o de ocultarse mostrándose, que constituye la vida humana a través de la historia. En su caracter de otra realidad que irrumpe en la existencia cotidiana revirtiéndola y revitalizándola, la fiesta es distracción es diversión; en su sentido amplio es juego.” Federico Nietzsche decía: “Todo lo que es profundo ama el disfraz. Todo espíritu profundo tiene necesidad de una máscara.”

Lo mitico

“La fiesta revive y rememora el mito, en especial el mito del origen, el “mito del eterno retorno” como lo ha denominado Mircea Eliade. Forma pre-lógica y primera de conocimiento, el mito permite al hombre establecer contacto con Diosa través del mundo cotidiano, sacralizar lo real, expresar su imaginario colectivo y crear una cosmología en la que el universo se inserta en un ser superior mediante ese proceso mental que se ha denominado como simbólico-analógico. A través del mito revivido en la fiesta, el hombre arcaico se afirmó en un tiempo ahistórico que negaba la irreversibilidad; y el hombre histórico creó un tiempo cíclico que regresaba periódicamente a los comienzos. La teoría antropológica más antigua y divulgada acerca del origen de la religión primitiva, señala que el mito fue la fuente y el origen de todo ritual religioso. Bien lejos de haber sido el producto de un rechazo o de una derivación, el mito dotó al mundo de un sentido figurado que primó sobre el sentido propio y ofreció una finalidad trascendente. Pero, a su vez, sostiene la citada teoría antropológica, el mito fue un hecho primitivo inseparable de las leyes de la dramatización espacio-temporales y, por lo tanto, de la fiesta.”

La Danza

En todas las culturas la danza tiene un origen sagrado y está íntimamente ligada al cuerpo de quien la ejecuta, el danzante. (… Para percibir la relación entre danza y fiesta es preciso ir más allá de la connotación abstracta de esta última y atenerse a su aspecto concreto: el cuerpo del danzante. El ser humano es el centro de toda danza y lo esencial de ella es la internación del cuerpo y del espíritu: la danza es kinestésica y conceptual; a través de su acción celebra esta unidad. En su origen, la danza fue una energía intencional que se organizó rítmicamente en función del culto sagrado. El ritmo intencional es su elemento central. El círculo es la forma más perfecta y más antigua de la danza; sugiere sus aspectos individuales y sociales, pues simboliza los lazos entre las personas y la relación del individuo con el grupo. Trajes, máscaras, música y un tema narrativo, han contribuido al efecto de la danza. Existe una estrecha relación entre la danza y el juego; ésta reside en las premisas de la indagación sensorial, en la exploración kinésica: moverse, percibir, experimentar. La institución de la fiesta estuvo centrada originalmente sobre una reconquista de lo sagrado mediante la experiencia corporal. Dr ahí el papel de la danza en la fiesta. En las sociedades arcaicas el cuerpo era un lugar privilegiado de expresión de lo sagrado. El propio cuerpo perdía su calidad de tal y pasaba a ser considerado sólo como un emplazamiento en el espacio mítico. Cada uno de los elementos del organismo no poseía ninguna autonomía material, ninguna significación orgánica, sino en su conjunto. El cuerpo era una especie de escritura sagrada a través del cual hablaba la trascendencia; era un mediador entre el psiquismo individual y el cosmos, un puente entre lo natural y lo sobrenatural."


Ritual de San Pedro y San Pablo

"Finalizaba el mes de junio con la festividad de los apóstoles el día 29. Sin embargo, eran San Pedro primer Papa, portero del cielo, patrono de los pescadores y de los porteros, el favorito de la devoción popular y así en pueblos y villorrios, la festividad lo honró principalmente. (…) A pesar de su adhesión al protestantismo y a ser poco aficionada a los esplendores del culto católico, María Graham en Diario de mi residencia en Chile en 1822, abogada por su restablecimiento. Y la descripción del viajero inglés Richard Longeville Vowell, quien residió en Chile entre 1821 y 1829, muestra que alcanzó especial realce en Valparaíso. Se prepara una lancha grande y muy decorada para recibir al Santo- señala el oficial- que es sacado de la iglesia principal en brazos de un Padre, en medio de los repiques de campanas de todas las iglesias. Al frente de la imagen y a su alrededor van bailando los catimbados hasta la orilla de la playa, a menudo dando vueltas en contorno y haciendo reverencias delante de ella. El sacerdote se embarca en seguida en la lancha, en medio de las aclamaciones del gentío que se junta para seguir la procesión y el disparo de voladores y otras piezas de artificio. La lancha atraviesa la bahía, acompañada de la alegre flotilla de canoas y botes, en dirección a la Caleta, pequeña aldea situada sobre unos peñascos en la costa, habitada especialmente por pescadores, donde se levanta un altar en la playa para la recepción del santo."

Ritual Cruz de Mayo

El mes de mayo quedaba marcado por las fiestas en honor de la Santa Cruz o la Invención de la Cruz el día 3, después conocido popularmente como “la Cruz de Mayo” que, con la fiesta de San Felipe y San Santiago el día 1, y San Isidro Labrador el 15, formaban una trilogía otoñal, completada por la conmemoración del aciago terremoto del 13 de mayo de 1647. Tres celebraciones relacionada con la devoción de la cruz aparecen en relación a la fiesta de las fiestas del Reino de Chile que dirigió el gobernador Tomás Marín de Poveda al Consejo de Indias en 1696: la Invención de la Santa Cruz celebrada el 3 mayo, día del precepto; el Triunfo de la Santa Cruz conmemorada el 6 de julio y la Exaltación de la Santa Cruz que se celebra el 4 de septiembre; los dos últimos no eran días del precepto. Según la tradición cristiana, la devoción de la cruz se remonta a Santa Elena, madre del Emperador Constantino, a quin se apareció Cristo Crucificado prometiéndole que triunfaría bajo el signo de la cruz. Partió entonces la semana a Jerusalén, en busca de la madera de la cruz de Cristo, la verdadera cruz. (…) En América, la cruz fue el símbolo religioso por excelencia. En los dos maderos cruzados, llevados en alto por las manos de los misioneros, erguidos a la vera de los caminos, en la cima de los cerros, en las sepulturas, dominando ciudades, poblados y casas, presidiendo ermitas y templos, se enarboló visiblemente un significado cristiano, de conquista espiritual y redención. Pero subyacentes, oscuras reminiscencias prehispánicas la ligaron a los ritos agrarios de la fertilidad y a connotaciones astrales, venidas de otras regiones. En América Central y en México, por ejemplo, se conoce a la constelación de la Cruz del Sur como la Cruz de Mayo, porque ese mes titila en el cielo tropical el grupo de las cuatro estrellas. El gran cronista de la fiesta de mediados del siglo XVII en Chile, el padre Alonso de Ovalle, señala que en Santiago el día de la Cruz de Mayo se celebraba con especial devoción y esmero en la capilla de la Vera Cruz, anexa a la iglesia de La Merced. El Cabildo, sin embargo, no intervenía en esta celebración."

La Virgen del Carmen

A los tiempos del Antiguo Testamento se remontan las raíces de esta devoción, que se asociaron a los milagros operados por el profeta Elías en el Monte Carmelo. Aunque la primera orden carmelita fue establecida por Simón Stock en el siglo XIII, la que difundió el culto a Nuestra Señora del Carmen fue la orden reformada de Carmelitas Descalzas, fundada por Teresa Sánchez de Cepeda y Ahumada, Santa Teresa, en 1562. Los frailes agustinos introdujeron el culto a la Virgen del Carmen en Reino de Chile y fundaron cofradías con esta advocación en sus conventos de Concepción, Talca, Valparaíso y Santiago. Su divulgación se debió a las religiosas Carmelitas Descalzas a partir de 1690, fecha en que estableció en Santiago el primer monasterio femenino de la orden reformada, con el nombre de El Carmen de San José. En la capital, no fue fiesta de tabla durante el periodo, ni se prescribió la asistencia de las autoridades. En la provincia de Tarapacá, que perteneció administrativamente al Virreinato del Perú y solo se incorporó al territorio de Chile después de la Guerra del Pacífico con el tratado de Ancón en 1883, la devoción de la Virgen del Carmen llegó con los frailes mercenarios y tiene una larga historia que se entrelaza a la leyenda. De ella surgió el culto mestizo, hispano-aborigen, el de la Virgen del Carmen de la Tirana, conocida también como la Tirana de Tarapacá."

Referencias bibliográficas

  1. Chino: voz quechua-aimara que alude a la persona de baja condición social que presta servicios o, simplemente, designa al animal de trabajo. De modo que hablar de baile chino es hablar de una clase social amalgamada en formas de trabajo proto-proletarias.
  2. http://baileschinos.cultura.gob.cl
  3. Bajtin,M. (1990). La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento. Madrid: Alianza editorial S.A
  4. Existen pruebas arqueológicas y etnohistóricas que permiten trazar una relación entre el actual ritual de los chinos y las antiguas poblaciones indígenas locales. El registro arqueológico cuenta con flautas asignadas al periodo Aconcagua, población indígena que habitó en la zona central de Chile entre el 900 y 1400 dC.
  5. Mercado, C. (2003). Con mi humilde devoción. Bailes chinos en la zona central de Chile. Santiago de Chile.
  6. Mercado, C. (2006). Fiestas tradicionales populares de Chile. Santiago de Chile:Instituto Iberoamericano del patrimonio natural y cultural.
  7. Ruiz, A. (2014). Baile chino en Chile. Santiago de Chile.
  8. Contreras, R y González, D. (2012).Será hasta la vuelta de año. Santiago de Chile.
  9. Plath,O. (1979). Folklore religioso chileno. Santiago de Chile: Platur.
  10. Cruz,I. (1997). La fiesta. Metamorfosis de lo cotidiano. Santiago de Chile: Universidad Católica de Chile.