Re-consolidación tipológica de las periferias patrimoniales obsolescentes: El caso del Cerro Monjas, Valparaíso.

De Casiopea


Re-consolidación tipológica de las periferias patrimoniales obsolescentes: El caso del Cerro Monjas, Valparaíso.


TítuloRe-consolidación tipológica de las periferias patrimoniales obsolescentes: El caso del Cerro Monjas, Valparaíso.
Palabras Clavepatrimonio, degradación urbana, periferia, tipologías, Cerro Monjas
Carreras RelacionadasArquitectura, Magíster
Período2020-2022
FinanciamientoFONDECYT, otro
Área Extensión, Ciudad y Habitabilidad
LíneaCiudad y Extensión
Investigador ResponsableIgnacio Favilla
CoinvestigadoresMarcelo Araya, Álvaro Mercado

Re-consolidación tipológica de las periferias patrimoniales obsolescentes: El caso del Cerro Monjas, Valparaíso.

Fundamento

Resumen

En los últimos años, se ha generado una nueva mirada sobre la categorización de edificios patrimoniales, donde la concepción tradicional basada en el registro de una estructura arquitectónica se reemplaza por una visión más amplia, que valora más el entorno territorial y social. Sobre el caso de Chile, el resguardo del patrimonio ha sido el resultado de estudios, análisis y catastros en cada localidad, que abordan la condición fundacional de las mismas (Consejo de Monumentos, 2000).

A partir de ello, se definen los atributos vinculados a dicho núcleo territorial, que son catalogados como valores históricos, arquitectónicos, sociales, artísticos o urbanos, los cuales a su vez conforman un casco histórico. Si bien este concepto ha logrado integrar áreas, tales como la planificación urbana, las relaciones intercomunitarias y la historia local, junto con proteger y salvaguardar elementos identitarios, también deriva en la exclusión de otros territorios, que se consideran periféricos.

Es así como surge una problemática, con respecto a la manera de categorizar estos territorios en la actualidad: La degradación de numerosos aspectos, a pesar de que se integran en un patrimonio. En palabras más simples, existen diferentes zonas de carácter patrimonial que, por la protección de un casco histórico específico, resultan excluidos, progresivamente deteriorados, e incluso demolidos y reemplazados por construcciones, que resultan disruptivas al entorno social y territorial.

Esta investigación pretende analizar la puesta en valor de las periferias urbanas que resultan obsolescentes y degradas, por efecto de la planificación urbana segregada, en base a criterios para definir si un barrio es patrimonial o no, lo cual podría llevar a su progresiva desvinculación social y arquitectónica. A partir de esto, el propósito será desarrollar un plano seccional, para un territorio de caso de estudio, en tal caso el Cerro Monjas, que se localiza en la ciudad de Valparaíso, Chile.

Bajo un nuevo sistema integral de categorización patrimonial, se buscará identificar los valores tangibles de un edificio histórico, con el propósito de tomar en cuenta su contexto territorial y social. De tal forma, este modelo podría ser utilizado como una herramienta de trabajo para los arquitectos, y como medio de información útil para los habitantes del Cerro Monjas y la población en general, en cuanto a la importancia de resguardar el patrimonio, al interior de los barrios obsolescentes.

Palabras clave: Patrimonio, periferia, obsolescencia, territorio, planificación.

Introducción

Durante el último tiempo, la visión del patrimonio ha adquirido una mayor relevancia a escala global, no sólo desde el punto de vista arquitectónico, en cuanto su mirada se ha ampliado a otras áreas del estudio, como la historia, la sociología, la cultura y sociedad. Es así como la UNESCO (2014) señala un concepto amplio de patrimonio, donde incorpora a los lugares de interés histórico, los paisajes naturales, los bienes culturales y los elementos que permiten identificar a una comunidad.

El concepto de patrimonio nació hacia el Siglo XIX, con la idea central de conservar el legado de generaciones anteriores, a través de un mantenimiento de vestigios del pasado (Galindo & Sabaté, 2009). Por lo tanto, su importancia radicaba en mantener las edificaciones y objetos desarrollados en períodos anteriores de nuestra historia, aunque esto implicaba desvincular la función que cumple el tema patrimonial, sobre el territorio donde se localizaban estas construcciones arquitectónicas.

Sin embargo, desde la segunda mitad del Siglo XX, se inició a promover una nueva visión de patrimonio, que se centra no solo en rescatar los bienes arqueológicos del pasado, sino también dar una valoración social y cultural. De allí nace la definición de “patrimonio cultural”, que la UNESCO (2014) señala como un proceso amplio, el cual suministra a los seres humanos recursos del pasado, que adquieren un mayor significado en el presente, para su transmisión a futuras generaciones.

Desde una visión práctica, este “patrimonio cultural” va más allá de las edificaciones arquitectónicas, al incluir también los paisajes naturales, los objetos artesanales, las tradiciones culturales y las experiencias humanas (Conti, 2002). De tal manera, no se puede abarcar el patrimonio solo en los bienes materiales, porque además deben ser considerados los aspectos propios de la cultura donde está inmerso, en cuanto su importancia se basa en la valoración entregada por la sociedad.

Entre los elementos claves del llamado “patrimonio cultural”, se destaca la visión de los bienes inmuebles, cuyo objetivo inicial era proteger las estructuras en función de su antigüedad y la restauración de los monumentos del pasado (Galindo & Sabaté, 2009). Así, la preocupación de los arquitectos se centraba en la medición de tamaño para un determinado edificio, la composición de sus materiales principales y el tipo de suelo, en donde se encontraba asentado este sitio patrimonial.

Tal visión constituye la sección material o tangible de un edificio, donde se incorpora la estructura arquitectónica como tal (Conti, 2002), mediante información asociada al polígono donde se ubica la edificación, materiales usados para su construcción y normas que regulan su asentamiento. En otras palabras, son aspectos que forman la estructura interna del bien inmueble, donde se otorga gran importancia a la labor del edificio patrimonial por sí mismo, sin recurrir a otros elementos.

Sin embargo, en las últimas décadas ha ocurrido un cambio de enfoque, en relación con el concepto de edificio patrimonial, que incorpora el lugar donde está ubicado y su significado, para los habitantes de esta zona. Por tanto, se observa la valoración de elementos antes desechados por los arquitectos, donde hoy en día se considera que ningún edificio surge con carácter patrimonial, sino que esta condición aparece a partir del significado entregado por la comunidad (Conti, 2002).

En tal punto, los edificios patrimoniales tienen un elemento inmaterial o intangible, compuesto por los valores sociales y culturales, que permiten a cualquier edificación transformarse en un patrimonio para sus habitantes. Esa situación permite el acceso hacia la diversidad cultural, es decir, al conocimiento científico, histórico, técnico y social de la población, fomentando el sentido de pertenencia en sus habitantes, que se puede expresar a nivel individual y colectivo (UNESCO, 2014).

La interconexión entre los aspectos tangibles e intangibles de un edificio patrimonial da cuenta sobre esta visión amplia de “patrimonio cultural”, que no se sustenta en principios y valores estáticos, sino en una mirada dinámica, la cual cambia según la realidad cultural y social de cada lugar (Conti, 2002). A su vez, este nuevo enfoque le da una valoración espacial a los bienes inmuebles, como un emplazamiento más allá de lo físico y arquitectónico, al distinguir un entorno histórico.

Siguiendo con esta visión, no se puede hablar de edificios patrimoniales, sin existir una vinculación con el concepto de territorio, como un espacio físico ocupado por la sociedad para su lectura, comprensión e interpretación (Flores, 2004). Por lo tanto, la presencia de una construcción arquitectónica toma nuevo significado, cuando las personas le otorgan sentido especial, que no solo se asocia con su ubicación física, sino además con su importancia, para el desarrollo de la comunidad.

A partir de estas nuevas tendencias a nivel mundial, no se comprende la edificación patrimonial como un ente aislado del territorio donde está ubicado, sino como parte de una relación interconectada, que consiste en la dependencia mutua. En palabras simples, no se puede comprender la función de edificios patrimoniales, sin tomar en cuenta valores culturales y significados adquiridos por la comunidad (DIBAM, 2015), relacionando bienes inmuebles a su contexto histórico, social y cultural.

Dentro de una simbiosis entre edificio patrimonial y territorio, se produce una mayor identidad y sentido de pertenencia, por parte de la cultura o un grupo social definido (Martínez, 2008), a construcciones de su acervo histórico. Esto le permite a la gente tomar conciencia, sobre el valor intrínseco de estas construcciones, como parte de su herencia social y cultural, junto con afirmar el carácter indisoluble del patrimonio arquitectónico y su importancia territorial para la población residente.

Para investigar el estado de preservación de un edificio patrimonial, se debe realizar una etapa preliminar, que consiste en tres aspectos fundamentales: El inventario o catastro, el catálogo o fichaje y registro de una construcción. Cada aspecto permite valorar un bien inmueble y difundirlo en la sociedad (Bossio, s/f), donde el arquitecto dispone de un instrumento legal, para generar los proyectos de intervención en un definido lugar, además de fortalecer la participación ciudadana.

Al registrarse un bien patrimonial, se procede a su inscripción legal en organismos pertinentes del Estado, al cual pertenece un inmueble, para más tarde empezar sus labores de preservación, conservación o restauración. Tal proceso no es sencillo de realizar, porque se deben tomar una serie de decisiones, las cuales se refieren no solo a una estructura como tal, sino también a elementos como su valoración social y cultural, características técnicas y capital económico (Conti, 2012).

Para el caso de Chile, el registro de edificios patrimoniales se hace con un sistema único de fichas, que permite inventariar los datos básicos acerca de su construcción, mediante uso de aspectos estandarizados (DIBAM, 2015). Pese a la labor esencial que cumple el modelo para organizar la información de forma uniforme, sus distintos componentes son analizados desde una mirada espacial, constructiva y normativa, por lo tanto, dejan a un costado los elementos sociales y culturales.

Dentro de las normativas vigentes en Chile, los edificios patrimoniales cuentan con una declaración de Monumentos Históricos, por parte del Consejo de Monumentos Nacionales, que a su vez depende del Ministerio de las Artes, Culturas y Patrimonio. La Ley N°17.288 de 1970 define un Monumento Histórico como las construcciones, lugares y objetos bajo propiedad fiscal, municipal o particular, que se declaran como tales, a raíz de su calidad, interés histórico o artístico y su antigüedad.

Por otra parte, se incorpora la declaración de Inmuebles de Conservación Histórica (ICH), una condición que depende del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, mediante el Decreto con Fuerza de Ley N°458 o Ley General de Urbanismo y Construcciones. En base a tal norma, se definen los ICH como edificaciones de valor arquitectónico, histórico o cultural que no tienen declaratoria de Monumento Histórico (Circular DDU N°400, 2018), e incluyen temas vinculados a la zona donde se ubica.

A lo largo de esta investigación, se plantearán los aciertos y deficiencias del actual sistema de registro y categorización de los edificios patrimoniales en Chile, en base a las perspectivas arquitectónicas vigentes en la actualidad. En un segundo punto, se analizará cómo el registro ha permitido una normativa en las denominadas Zonas Típicas (Consejo de Monumentos, s/f), donde se indicarán sus efectos, mediante el caso de una periferia urbana, que tiene características patrimoniales.

El objetivo principal de este ejercicio comparativo será generar un vínculo, entre los conceptos de patrimonio y territorio, mediante el desarrollo del sistema de registro, inventario y categorización de las edificaciones, que pueda extrapolarse a las zonas periféricas. Se busca con esto proyectar la reurbanización y/o el cuidado patrimonial de tales lugares, pese a no contar con una normativa más específica, falencia que ha propiciado la degradación de los barrios con origen periférico.

Para cumplir con los requerimientos, se desarrollará un plan seccional como modelo de categorización patrimonial integrado, que vaya más allá de los elementos físicos en una edificación histórica, integrado así su contexto social y territorial. Por tanto, se incluirán no solamente los aspectos presentes en el bien inmueble, sino además sus implicancias directas en el entorno, con el fin de considerar las perspectivas de los habitantes, que viven en el área de influencia de dicha estructura.

A partir de este nuevo sistema de registro patrimonial, se pretende cumplir con una doble función: Primeramente, que esta herramienta sea eficiente para el trabajo de los arquitectos, al momento de hacer un catastro de bienes inmuebles. Y por el otro, se convierta en un medio de información útil para la proyección del barrio periférico, señalando el patrimonio edificado como un referente normativo, en el desarrollo de nuevas construcciones dentro de la zona, como ejemplo clave de ello.

Problemática

La investigación antes señalada, se inserta en la comuna de Valparaíso, capital de la región del mismo nombre, conocida históricamente al ser uno de los puertos más importantes de Chile. Además, tiene un alto valor paisajístico, arquitectónico, social y urbano, que le permitieron ser nombrada y protegida como Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO al evidenciar el proceso de globalización, inmigración europea e industrialización, a fines del Siglo XIX (UNESCO, 2003). En base a lo anterior, la problemática se vincula de forma directa con la destrucción progresiva de inmuebles patrimoniales, al interior de la ciudad de Valparaíso, lo que provoca el deterioro de las periferias urbanas localizadas a pie de cerro. La principal causa de este hecho es el desconocimiento general, por parte de la población, del patrimonio como un recurso no renovable (Morales, 2020), además que estas zonas no cuentan con protección legal eficiente, que evite su desaparición.

Figura 01: Comparativa de laderas, Cerro El Litre (1970–2020).

Actualmente, la ciudad de Valparaíso sufre un proceso de migración de habitantes a otras comunas interiores y costeras de la región, donde la mayoría de su población reside en inmuebles históricos, que tienen condiciones de hacinamiento y/o riesgo de colapso y derrumbe (Fundación de la Vivienda, 2017). Con respecto al proceso de segregación urbana, Menéndez de Luarca (1975) señala que, a nivel urbano, se introduce un nuevo concepto de ciudad como máquina productiva. Como expresa Chateloin (2008), si bien en el Siglo XIX hubo diferentes soluciones urbanas, para distinguir las partes antiguas y modernas de una ciudad, fue durante el Siglo XX que el fenómeno del urbanismo histórico es más reconocido y estudiado. En este sentido, la presencia de conjuntos urbanos en Valparaíso, compuestos por edificios e hitos de valor arquitectónico–urbano (Consejo de Monumentos, 2001) es un factor gravitante, para el desarrollo de relaciones inter–barriales. Al interior de estos barrios, se pueden encontrar varios usos programáticos, siendo los más destacados aquellos que combinan las labores comerciales, al interior del primer nivel, con habitaciones en los pisos superiores. Sin embargo, en el caso de Valparaíso, su deterioro y eventual desaparición generan un profundo impacto en la configuración barrial, lo cual ha propiciado un aumento de especulación inmobiliaria, que se traduce en una obsolescencia urbana (Sanguinetti, 2014).

Lo último se evidencia en numerosas demoliciones y desplazamiento de habitantes, en contraste con unos pocos sectores que se volvieron excluyentes, lo cual genera una limitación y exclusión territorial, al interior de la propia ciudad. Durante el último tiempo, en Valparaíso se ha promovido una estricta regulación urbana sobre ciertos barrios, ahora conocidos como Zona Típica (Gobierno de Chile, 2001), que conlleva a la segregación urbana y pérdida de espacios para sus residentes. Otra consecuencia del cuidado extremo de un territorio, que se aísla cada vez más de sus zonas colindantes, es la destrucción de edificios que figuran en los listados de protección legal patrimonial (MINVU, 2001). Aunque Valparaíso está dividido en barrios claramente definidos, se muestra integrada ante los ojos de los urbanistas, en cuanto varios de sus atributos patrimoniales circulan por las calles de la ciudad, tales como los ascensores y los trolebuses (Undurraga, 2019).

Figura 02:Ladera norte y tipologías flanqueando al Ascensor Monjas. Fuente: Cavila, “Cº Monjas, vecinos dicen no a edificios”, rescatado en junio de 2021.

A partir de la mirada anterior, tal investigación abordará un caso de estudio, con el fin de establecer la condición de periferia, en uno de los barrios ajenos al perímetro legal y reconocido de la Zona Típica de Valparaíso: El Barrio Monjas. Esta zona se conforma por el cerro homónimo, que incluye el eje de Avenida Francia y Avenida Colón, sumando además la ladera nororiente del Cerro La Cruz, además de contar con dos ascensores: Monjas y La Cruz, este último ya desaparecido. El Cerro Monjas surge como parte de la expansión urbana primitiva, que se vivió en Valparaíso entre 1870 y 1880 (MINVU, 2003), la cual se consolidó tras el terremoto de 1906, donde sus inmuebles se ubicaron en la zona proyectada, como parte del proceso de reurbanización en Valparaíso (Plan Bertrand). A partir del nacimiento de este polo de densificación urbana, se desarrollaron varias tipologías arquitectónicas y resoluciones volumétricas, en torno a la construcción de ascensores.

Figura 03: Plano del Cerro Monjas, Valparaíso.

Pese a que los inmuebles y tipologías del Barrio Monjas forman una parte esencial, en el paisaje urbano y doméstico de Valparaíso, han sido invisibilizados por políticas de protección patrimonial y urbana, que están centralizadas dentro del llamado Sitio Patrimonio Mundial de la Humanidad (Morales, 2020). El sistema, pese a la evidente riqueza histórica y fundacional de Valparaíso, se caracteriza con numerosos fallos de gestión (Triviño, 2009) y debates en base a proyectos inconclusos.

Figura 04: : Calle Dieciocho, Cerro Monjas. Fuente: Fotografías colección personal Gastón Soublette Asmussen (circa 1970) rescatado en julio de 2021.

Es así como la segregación urbana de Valparaíso se traduce en la gentrificación y pérdida de espacios, donde muchos barrios han sufrido la especulación inmobiliaria y el deterioro urbano (Sanguinetti, 2014). El mayor ejemplo ocurre al interior de los cerros Alegre y Concepción, que se han convertido en sectores excluyente dentro de esta ciudad (Undurraga, 2019), en cuanto la ocupación de restaurantes, hoteles, boutiques y tiendan han coartado la vida residencial de barrios.

Figura 05: Acceso a la estación superior del Ascensor Monjas. fuente: blog Siempre de Paso, rescatado en julio de 2021.

Relevancia e impacto

La relevancia de esta investigación se relaciona al cuestionamiento a la delimitación patrimonial de Valparaíso, en especial al replanteamiento del centro fundacional o histórico de la ciudad, junto con ver el estado de conservación de su ordenamiento territorial e hitos de alto valor arquitectónico. Tal propuesta se establece en torno a la enajenación de territorios o espacios de la comuna, que se consideran periféricos y, por lo tanto, fuera de los sectores valoradas urbanísticamente.

Tomando en cuenta la situación del Barrio Monjas, se busca propiciar la intervención rupturista del tejido urbano de Valparaíso, más allá de su sector fundacional, como también la poca vinculación y difusión de tales situaciones con la comunidad. Según la visión de Cáceres (2019), las principales ciudades latinoamericanas reconvierten los centros históricos a espacios turísticos y consumo, naciendo como respuesta a un proceso de deterioro urbano, tal como ha ocurrido en Valparaíso.

A partir de tal investigación, se llevará a cabo una propuesta que busca redefinir la categorización de los valores arquitectónicos de una periferia, en este caso el Barrio Monjas, mediante la diversidad de atributos históricos, arquitectónicos, territoriales y sociales, para su consideración en el casco histórico de Valparaíso. Con respecto a lo anterior, se plantearán los elementos necesarios, que permitan una valoración del Cerro Monjas, para convertirse a futuro en un sitio patrimonial.

Figura 06: Comparativa de edificaciones, Calle Dieciocho, Cerro Monjas, Valparaíso (1970–2020).

Pregunta de investigación

PREGUNTA DE INVESTIGACIÓN INICIAL

¿Cómo se puede identificar una zona periférica, que se encuentra inscrita dentro de la estructura de centro urbano que caracteriza a Valparaíso?

SUB PREGUNTAS

a)¿Es posible identificar un barrio fundacional en Valparaíso, fuera del Sitio como Patrimonio de la Humanidad establecido por la UNESCO?

b)¿Cuáles son los aspectos territoriales y arquitectónicos, que permiten identificar al Barrio Monjas dentro de la trama urbana de Valparaíso?

c)¿Cómo es posible la delimitación de un barrio, que se ubica dentro de una trama irregular característica de los cerros de Valparaíso?

Hipótesis

En los barrios periféricos de la ciudad de Valparaíso, especialmente en el caso del Cerro Monjas, la implementación de una normativa urbano–arquitectónica para las Zonas Típicas, al ser aplicadas en un plan seccional, propiciará la reurbanización de áreas degradadas, generando un alto valor patrimonial en la zona.

Objetivos

OBJETIVO GENERAL

Comprender la relevancia urbana y arquitectónica del Cerro Monjas, como una zona periférica fundacional clave, para la expansión urbana de Valparaíso.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS:

a) Definir los polígonos territoriales de alto valor urbano, que conforman la periferia del Barrio y Cerro Monjas, en relación con la ciudad de Valparaíso.

b) Catastrar los polígonos territoriales y las tipologías arquitectónicas que delimitan el espacio geográfico del Cerro Monjas, en la ciudad de Valparaíso.

c) Catalogar las diferentes políticas de resguardo, que se generan en la regulación actual para el área del Cerro Monjas, advirtiendo efectos a la fecha.

Tabla 01: Aspectos Generales de la Investigación

Marco teórico

La investigación gira en torno a la patrimonialidad del Barrio Monjas, por lo cual se definirán, en primer lugar, las conceptualizaciones teóricas que forman parte de este trabajo práctico (patrimonio, casco histórico, periferia, plano seccional, degradación urbana, obsolescencia y tipología arquitectónica). Luego, se contrasta la propuesta de la UNESCO, con la del Gobierno de Chile, acerca de esta delimitación de “casco histórico”, que le permite a Valparaíso ser Patrimonio de la Humanidad.

A) PATRIMONIO

A partir de una visión arquitectónica, el patrimonio constituye una parte esencial, en el desarrollo de la identidad cultural de una localidad, mediante la configuración de una historia común, que nos permite remitir hacia nuestro pasado. En este sentido, también se puede entender el patrimonio, como la parte fundacional de una ciudad, es decir, el sector que inicia la historia urbana y territorial de una determinada zona, con el fin principal de mantener su herencia, de una generación a otra.

Según la perspectiva de la UNESCO (2003), se define el patrimonio como un legado cultural que hemos recibido desde el pasado, el cual estamos viviendo dentro de un presente y transmitimos su relevancia a las generaciones futuras. En la misma línea, la DIBAM (2005) dice que el patrimonio es una serie de bienes tangibles, intangibles y naturales, que forman parte de las prácticas sociales y se les atribuye un valor, al momento de ser transmitidos y resignificados a nuevas generaciones.

Por otra parte, ICOMOS (1964) aborda el patrimonio cultural, desde el punto de vista arquitectónico, señalando que la humanidad debe tomar conciencia sobre la unidad de sus tradiciones, además de salvaguardar las obras y monumentos, que forman parte fundamental de su existencia, de cara a las generaciones futuras. De tal modo, se considera como patrimonio todos los elementos heredados de nuestro pasado y que representa a nuestra sociedad, en base a sus peculiaridades.

A partir de las anteriores definiciones, el patrimonio está ligado a la acción humana, a lo largo de su trayectoria histórica, en base a la herencia de nuestros ancestros y al rescate de la pertenencia, que nos define como tales. Además, resulta pertinente mencionar la visión de diferentes actores (Mariano, 2010; Gómez, 2011; Jaramillo, 2011), quienes vislumbran la identidad como un factor importante al hablar sobre el patrimonio, en cuanto permite la vinculación de diversas comunidades.

En base a lo anterior, se puede ligar tal idea del patrimonio, con la construcción de identidades, por lo tanto, la conservación patrimonial también es parte del esfuerzo de los Estados para construir relatos nacionales, a partir del Siglo XIX. Siguiendo el estudio de Gellner y Anderson sobre Nacionalismo, Jaramillo (2011) aborda el tema del patrimonio cultural y arqueológico al interior de comunidades indígenas, diciendo que este cumple un rol clave, como soporte de la identidad nacional.

De esta manera, el patrimonio genera fuertes lazos de identidad, dentro de un nivel local, tal como ocurre en el caso de Valparaíso, donde se busca asociar esta ciudad como parte de Chile, especialmente por los aspectos tangibles e intangibles que la caracterizan (UNESCO, 2001), por ejemplo, sus características arquitectónicas. Por este motivo, las identidades nos ayudan a sentirnos parte de un lugar, que va más allá de sus construcciones físicas, para remitirnos a nuestra existencia.

En palabras más simples, los humanos somos un conjunto de experiencias que han ido construyendo nuestros antepasados, para definir el mundo donde actualmente residimos y nos desempeñamos. Gracias a la importante cantidad de personas, que construyeron y formaron el lugar donde vivimos hoy, podemos tener un gran número de piezas arquitectónicas, las cuales no solo permiten reconocer nuestro pasado y presente, sino también generar un legado para nuevas generaciones.

Según la visión de Patiño (2012), las zonas urbanas patrimoniales se definen como conjuntos homogéneos, donde incluyen elementos y procesos representativos de la ciudad, a partir de la cultura que le dio su origen. Asimismo, en la misma categoría identifica a los edificios patrimoniales, como estructuras físicas que particularizan el sitio urbano y sus valores, dando cuenta del asentamiento de una comunidad, como también de la conformación individual de una urbe (Patiño, 2012).

Si se entiende el patrimonio urbano, como parte fundamental del desarrollo y de sus procesos históricos, entonces se deben incluir todos los vestigios presentes en una ciudad, al delimitar un sector patrimonial. Pese a lo anterior, puede haber diferentes sitios, que por historia y rasgos arquitectónicos se consideren como patrimonio, pero no constituyen un centro histórico, tal como se genera en Valparaíso, donde solo la zona fundacional se considera como Patrimonio de la Humanidad.

Dentro del urbanismo, la idea de materialidad en el patrimonio tiene un gran sentido identitario, donde las comunidades se vinculan a su pasado, aunque en ocasiones se observa como un escollo para el desarrollo urbano, porque se ve lo patrimonial como un ente aislado, del resto de la ciudad. Esto se asocia con la realidad actual de Valparaíso, porque al ser una urbe patrimonial, se deben resguardar los edificios y monumentos antiguos, lo cual juega en contra de su crecimiento.

B) CENTRO O CASCO HISTÓRICO

Se entiende el centro histórico, como el núcleo urbano planteado desde los orígenes de una ciudad, generalmente en aquellas de tipo colonial, donde su eje se ubicaba en la plaza de armas, para que a su alrededor se construyeran edificios principales (iglesia, sedes institucionales y casas más prestigiosas). En el caso de Santiago de Chile, junto a la Plaza se ubica la Catedral y la antigua sede de la Real Audiencia, mientras a unos pasos está el Palacio de La Moneda y el “barrio cívico”.

Dentro de América Latina, son pocas las ciudades que surgen de la demolición o la ocupación de antiguas ciudades prehispánicas, como es el caso del Cusco (Perú), que era la capital del Imperio Inca, hasta la llegada de los españoles. Por su parte, la actual Ciudad de México se localiza encima de Tenochtitlán, que era la capital del antiguo pueblo azteca, la cual se había edificado en islas cercanas al lago Texcoco, perdiéndose debajo de la tierra, una vez que arribaron los conquistadores.

Para el caso de Valparaíso, según lo establecido por la UNESCO (2003), el centro histórico de esta ciudad representa un ejemplo de la herencia industrial, asociada al comercio internacional de finales del Siglo XIX y comienzos del XX. Con respecto a su extensión, la misma UNESCO delimita a Valparaíso del siguiente modo:

“Está ubicado en la llanura costera y parte de las empinadas colinas circundantes, donde la ciudad se desarrolló por primera vez.Está compuesto por cinco barrios entrelazados: Iglesia La Matriz y Plaza de Santo Domingo, ubicada entre los cerros y el llano y formada por la iglesia y edificios de finales del siglo XIX típicos de la arquitectura portuaria; Plaza Echaurren y Calle Serrano, de carácter predominantemente comercial y marcada por la presencia del Mercado Portuario, establecimientos comerciales y comercio callejero activo; Muelle del Prat y las plazas Sotomayor y Justicia, que componen el eje transversal principal de la zona y contienen los mayores espacios públicos; la zona de la calle Prat y la plaza Turri alrededor del pie de monte, con varios ejemplos de arquitectura monumental; y los dos cerros Cerro Alegre y Cerro Concepción, un solo barrio planeado y desarrollado en gran medida por inmigrantes alemanes e ingleses, con plazas, miradores, paseos, callejones, escalinatas y las estaciones superiores de algunos de los distintivos ascensores funiculares de Valparaíso”. (UNESCO, 2003).

A partir de la descripción anteriormente señalada, se deja fuera una importante zona del desarrollo histórico de la ciudad que, de acuerdo con la UNESCO (2003), forma parte de la consolidación urbana aledaña a la zona portuaria, la cual es una sección clave, para la herencia de Valparaíso. Estas zonas, pese a estar vinculadas al casco fundacional de la urbe, no se consideran dentro de la Zona Típica, ni tampoco son Patrimonio de la Humanidad, como por ejemplos el Barrio y Cerro Monjas.

C) PLANO SECCIONAL

Según el Artículo 2.1.15, de la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (OGUC, 1992), los Planes Seccionales consisten en una ordenanza local, donde se fijan las condiciones mínimas para el uso del suelo, edificación y trazado vial, dentro de una ciudad. En este sentido, un Plano Seccional se puede ocupar, en el caso de una urbe que no cuenta con Plano Regulador Comunal, o cuando se busca generar características arquitectónicas y urbanas especiales en un territorio.

La misma OGUC (1992), dentro de su Artículo 2.7.8, indica que las Municipalidades pueden utilizar los Planes Seccionales, en caso de proyectos que se realicen, dentro de zonas ligados a Monumentos Nacionales, Inmuebles o Zonas de Conservación Histórica. Por lo tanto, si un Municipio así lo considerase, podría fomentar sectores dentro de su propia comuna, para su protección y resguardo arquitectónico, lo cual debe ir de la mano con las normas indicadas en un Plano Regulador.

Si nos remitimos al caso de Valparaíso, solo el sector fundacional de esta comuna, es decir, el Barrio Puerto, ostenta el Sitio de Patrimonio Cultural de la Humanidad, que la UNESCO declaró en el año 2003. En palabras más simples, la legislación de nuestro país autoriza a los Municipios, en esta ocasión Valparaíso, a promover otras zonas típicas o de conservación histórica, que no sean parte del ámbito patrimonial en sí, por lo cual sería factible un Plano Seccional en el Barrio Monjas.

Por último, según el Artículo 28 octies de la Ley General de Urbanismo (1976), los procesos para elaboración y modificación de los Planes Reguladores y Seccionales deben ser transparentes y participativos, con la opinión de los vecinos afectados y de los principales actores del territorio planificado. Es decir, no se puede modificar o crear un Plano Seccional, como podría ser el caso del Barrio Monjas, sin tener en cuenta la visión de los habitantes, que residen a diario en esta zona.

D) TIPOLOGÍA ARQUITECTÓNICA

De acuerdo con la visión de Guerrero & Rodríguez (1998), la tipología arquitectónica se define como el estudio de los edificios y espacios abiertos, a partir de similitudes entre ellos que pueden ser por género (religioso, civil, militar) o tipo (mercado, teatro, hospital, biblioteca). Por lo cual, no existe una tipología arquitectónica única, porque su clasificación depende de la visión del arquitecto y/o del investigador, además de ser bastante diversa, al interior de una ciudad, una región y/o un país.

En cuanto a su contexto histórico, Zayas (2012) sostiene que la necesidad de tener una tipología arquitectónica viene desde los inicios de la Época Contemporánea, en especial desde el positivismo, donde se buscaba explicar y sistematizar la forma de diferencias las edificaciones, que se presentan dentro de una ciudad. Por lo tanto, su finalidad es determinar la variedad de construcciones y edificios, que son parte de una urbe, a partir de elementos que pueden ser comunes entre ellos.

Actualmente, la tipología arquitectónica va más allá de reconocer ámbitos comunes, para la identificación de obras, edificios y monumentos, porque también considera una serie de intereses vinculados a su contexto histórico, territorial y social (Zayas, 2012). En palabras más simples, no se puede clasificar una edificación de carácter arquitectónica, solo a partir de criterios técnicos, estéticos y/o físicos, en cuanto los habitantes de una zona tienen un rol clave, al interior de este proceso.

En este sentido, para definir un tipo de clasificación arqueológica, no se debe valorar una edificación desde el pasado, sino además hay que considerar los aspectos del presente y del futuro, que permiten ver la estructura física de una ciudad, como una continuidad de tipo histórica (Zayas, 2012). Para el caso de Valparaíso, aunque los elementos arquitectónicos del pasado influyeron en su declaratoria como Patrimonio de la Humanidad, la acción de sus habitantes toma mayor importancia.

E) PERIFERIA

El término de periferia urbana se refiere a sectores, que se encuentran alejados de la parte céntrica de una ciudad, no solo a partir de una mirada geográfica y territorial, sino también desde el ámbito histórico y social. Por lo tanto, hablar de una periferia va más allá de conformar zonas, que se distinguen del centro urbano, en cuanto se puede observar un fenómeno de centralidad en tales sectores (Rojas, 2004), donde se promueve un nuevo foco de atracción, dentro de la misma ciudad.

Sin embargo, la importancia que ha adquirido la periferia en el último tiempo, desde el punto de vista económico y social, también constituye un factor de deterioro en la zona céntrica, debido al crecimiento poco regulado de una urbe. Por lo tanto, dentro de las ciudades se produce el abandono y la subutilización de los terrenos, junto a la aparición de sitios eriazos (Rojas, 2004) que, en el caso de Valparaíso, se ha ido intensificando cada vez más, a lo largo de las últimas décadas.

Como se ha señalado antes, el concepto de periferia va más allá del estado en que se muestra una edificación, porque también aborda elementos históricos y sociales importantes, para el desarrollo de una ciudad. Según lo planteado por Gossé (1998), la relación centro–periferia introduce jerarquías, integraciones y espacios, entre los habitantes que viven en ambas zonas, pero también genera situaciones asociadas con la marginalidad, el subdesarrollo, la informalidad y la pobreza.

En palabras más simples, así como el centro y la periferia constituyen espacios de integración, promueven una exclusión social, que se ha traducido en edificaciones más deficientes y dificultades de acceso a servicios (Subirats, 2006). Un ejemplo de lo anterior se observa en el Barrio Monjas de Valparaíso, que pese a estar cerca del plan de la ciudad, se encuentra en un fuerte estado de deterioro territorial y social, si se compara a otras zonas, como los cerros Alegre y Concepción.

F) OBSOLESCENCIA URBANA

Asociado con el tema de la periferia, se encuentra el concepto de obsolescencia o degradación urbana, el cual se define como espacio de deterioro y abandono, que afecta a las ciudades, no solo desde un punto de vista arquitectónico, sino también en el ámbito social. Esta situación se produjo, a partir de la segunda mitad del Siglo XX, debido al crecimiento irregular y desproporcionado de las ciudades modernas, lo cual se tradujo en la aparición de zonas con alta vulnerabilidad.

Según la visión de Cervera (2013), hay una dificultad cada vez mayor para organizar las ciudades, debido al fuerte crecimiento poblacional y una falta de regulación, para el desarrollo de los nuevos sectores urbanos. Es decir, el aumento de las periferias ha llevado a un abandono cada vez mayor de las zonas céntricas o fundacionales de una ciudad, lo que en la práctica se traduce en edificios ruinosos o con riesgo de derrumbe, como también a una mayor presencia de sitios eriazos.

Es así como Rojas (2004) expresa que, durante los últimos años, las periferias están experimentando un marcado crecimiento urbano, que ha desplazado en importancia al centro, con edificaciones cada vez más desocupadas y abandonadas. El ejemplo de Valparaíso es preciso, para demostrar el grado de obsolescencia que la afecta, no solo dentro de sectores periféricos, sino también en el centro mismo de la ciudad, incluso en las zonas declaradas como Patrimonio de la Humanidad.

El deterioro urbano y arquitectónico de Valparaíso, tanto en el plan como en la gran mayoría de sus cerros, es una muestra bastante clara de la pérdida de funcionalidad y del declive, que actualmente vive esta urbe. Tal obsolescencia va más allá de una ruina arquitectónica, porque el contexto histórico, social y cultural también influye en su resultado actual, donde la pobreza y la marginalidad son factores de importancia, para entender la decadencia que sufre actualmente esta ciudad.

Figura 07: Incendio de edificación en calles Baquedano y Andrés Bello, Cerro Monjas, Valparaíso. Fuente: EMOL, “Vivienda en el cerro Monjas de Valparaíso con riesgo de colapso tras incendio”, 06 de octubre 2018.

G) BARRIO MONJAS

En base a lo señalado por la Guía de Valparaíso II (MINVU, 2005), para efectos de esta investigación, se denomina Barrio Monjas al polígono ubicado entre la AvenidaAlemania, calle General Rodríguez y Subida Garibaldi, proyectado a la zona plana de la ciudad, llegando al eje de Avenida Colón. Esta “proyección” al centro urbano está pensada en una articulación orgánica, entre la parte del cerro y el sector que se considera el “plan” o centro urbano de Valparaíso.

Figura 08: Ascensor Monjas. Fuente: fotografías colección personal Gastón Soublette Asmussen (circa 1970) rescatado en julio de 2021.

De esta manera, al igual que lo ocurrido en la Antigua Roma, el centro de Valparaíso vendría siendo una confluencia de las diferentes colinas que constituían la ciudad, por lo que se podría considerar al Cerro Monjas, como una parte importante de su zona fundacional. Este barrio se identifica a nivel urbano con el ascensor homónimo, que forma parte de la llamada “Ruta de los Tres Ascensores” (Monjas, Mariposas y Florida), al ocupar un rol clave dentro de sector céntrico (MINVU, 2005).

Figura 09: Planimetría del Ascensor Monjas, Valparaíso. Fuente: Ministerio de Vivienda y Urbanismo (2005). Valparaíso, un Itinerario de Descubrimientos.

La trayectoria histórica de este barrio se vincula íntimamente al desarrollo industrial, comercial y portuario de Valparaíso, derivado de las antiguas plazas de la Victoria y de la Intendencia (León, 2016). En este sentido, se puede establecer que el Cerro Monjas es parte de la trama fundacional de Valparaíso, aunque no esté incorporado al polígono de conservación y protección oficial del Gobierno de Chile, al momento de la postulación como Patrimonio de la Humanidad ante la UNESCO.

Metodología propuesta

SECCIÓN INTRODUCTORIA

La propuesta metodológica se basa en un proyecto de investigación y diseño, en el cual se llevará a cabo un estudio específico, con respecto al Cerro y Barrio Monjas, en la comuna de Valparaíso. Desde dicho territorio se proponen analizar sus valores arquitectónicos, mediante una delimitación de parámetros relacionados con la situación de obsolescencia urbana en Valparaíso, que se pueden aplicar en otros casos de esta comuna e, incluso, en territorios y zonas homólogas de esta región.

De tal manera, se abordarán temas vinculados a áreas como la planificación urbana, la educación y el patrimonio, en el marco de la degradación de las periferias, debido al proceso de despoblamiento y deterioro de elementos urbanos, que forman parte de un barrio o núcleo territorial. En un primer punto, la educación y el patrimonio se tratarán desde la desvinculación de los habitantes con su territorio, quienes hoy no conocen su barrio, ni tampoco entienden sus aspectos patrimoniales.

Como un segundo elemento, la planificación urbana se tratará como un enclave, en la relación de las dos temáticas antes mencionadas, para comprender la proyección de un barrio, en base a la mirada comunitaria y una normativa adecuada a la misma. A partir de ello, los conceptos de educación y patrimonio trascienden hacia el ámbito multiescalar, por lo cual se deben generar las instancias necesarias, para impedir la degradación de elementos con valor histórico fundacional en el barrio.

Junto con la educación y el patrimonio, se abordarán los conceptos de barrio, casco histórico, territorio y obsolescencia urbana, con el propósito de analizar la cualidad arquitectónica del Barrio Monjas, como una zona periférica de Valparaíso. A partir de lo anterior, se buscarán entender aspectos patrimoniales, en la escala del barrio, desde una visión centrada en la arquitectura y el territorio, que lo condiciona como periférico, obsolescente y valioso, dentro de su futura reurbanización.

Tabla 02: Aproximación a Metodologías para la Investigación

OPERACIONALIZACIÓN INVESTIGATIVA PROYECTUAL

A partir de un diagrama, las actividades desarrolladas en el proyecto se planificarán en tres etapas principales: Registro–catastro, discusión y propuesta, que tendrán un fuerte vínculo con los objetivos generales y específicos propuestos. Estas acciones, en un primer momento, se verán desde una mirada experta de reconocimiento y de delimitación del territorio escogido, con la idea de ceñir el polígono de estudio, según registros históricos, visitas a terreno y levantamiento planimétrico.

Luego de cumplirse estos criterios, se lleva a cabo la segunda etapa, que propone traslapar capas, para contrastar la visión del equipo experto con las opiniones de la comunidad del Barrio Monjas, para así comprender los hitos de tipo arquitectónico y patrimonial, que están siendo invisibilizados por sus residentes. La tercera y última etapa comprende el diseño del plano seccional para el barrio, cuya visión se base en el complemento de la propuesta comunitaria con las de oficinas de planificación territorial, con la finalidad de consolidar los lineamientos de cuidado urbano que permitirán proyecto en etapas futuras al Cerro Monjas.

Fig.01 - Calle 18, Cerro Monjas. fuente: fotografías colección personal Gastón Soublette Asmussen (circa 1970) rescatado en julio de 2021

Tabla 03: Diagrama de Operalización Investigativa Proyectual, Barrio Monjas

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Plan de trabajo

Archivo:Ignacio Favilla RPP Gantt 2021.pdf

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