Presentación de la Arquitectura: Ensayo sobre el Barroco

De Casiopea



Título
Tipo de ProyectoProyecto de Taller, Proyecto de Curso
Palabras Clavepresentación, barroco, arquitectura, escala, urbanismo, arte, realismo
Período2013-2013
AsignaturaPresentación 4.5 ARQ 2013
CarrerasArquitectura
ProfesorAndrés Garcés, Eduardo Retamales, Salvador Zahr


INTRODUCCIÓN

La representación escénica en la pintura del Barroco

La pintura adquirió un papel prioritario dentro de las manifestaciones artísticas, y llegó a ser la expresión más característica del peso de la religión en los países católicos y del gusto burgués en los países protestantes.

Volvemos a encontrar una dualidad en la representación artística de la época. Surgen dos tendencias contrapuestas, el naturalismo (basado en el realismo y crudeza representativa a través del tenebrismo –claroscuro-) y el clasicismo (representación idealizada de la naturaleza, representándola no como es, sino como debería ser). El eclecticismo trata de salvar el gusto clásico dentro de la nueva estética.

La representación artística del barroco se vive a través de la búsqueda de la emoción del espectador. El arte, en todas sus expresiones va dirigido a la sociedad, en un intento de suscitar sensaciones y emociones fuertes, despertar inquietudes, a través de lo efectista y lo teatral.

El arte barroco pretendía evocar la emoción y la pasión en lugar de la tranquila racionalidad que había sido apreciada durante el Renacimiento. Para este fin, en la pintura se emplean distintas técnicas pictóricas que resaltan el sentido de movimiento, la vitalidad y la tensión que quiere ser gatillada.

Ejemplo escultórico:

El David de Miguel Ángel, 1501-1504.

En el renacimiento, se acostumbraba a mostrar el momento anterior a ocurrir cualquier acontecimiento. Un momento de calma antes de la detonación de un suceso. Un ejemplo de ello es la escultura del David de Miguel Ángel, exponente renacentista. El David es representado en quietud y compostura, exaltando su belleza y serenidad, para ser contemplada desde la racionalidad.

David de Gian Lorenzo Bernini, 1623-1624.


En cambio, el David barroco de Bernini, elige mostrar el acontecimiento en toda su expresión, en el acto mismo de lanzar la piedra con su honda al gigante Goliat. De esta manera se evoca la emoción y la pasión del suceso, reflejada en el gesto y postura de David. La imagen se vuelve realista, más cercana y comprensible desde lo emocional.




Es por esto que asocio la pintura también con el teatro, ya que la intensidad e inmediatez representadas en un cuadro, dependen de la importancia que se le dé a los gestos retratados. Estos son particularmente expresivos, los estados de ánimo se expresan con pasión y violencia, se exageran.

Gesto y posturas dramáticas; teatralidad y carácter escenográfico.

La composición se vuelve abierta y asimétrica. La imagen se muestra tal cual el artista la podría ver en realidad. Se sugiere un cierto desequilibrio o escenas ilimitadas, más real. El espacio se vuelve más dinámico, existe una fluencia temporal.

En el Renacimiento, la composición era estática, basada en líneas verticales y horizontales, estableciendo los límites del cuadro (simetría). Por otro lado, en el Barroco los objetos representados se fusionan y tienden a desvanecerse en la oscuridad (fondos) resaltando así la escena principal representada. Se construye una imagen UNITARIA.

Es la incidencia de LA LUZ que potencia y provoca las fusiones de colores y formas, creando conjuntos que dependen del total (no hay elementos independientes).

El color, la luz y el movimiento, son los elementos que definen la forma pictórica.
            

Ejemplo Pictórico:

El claroscuro (o tenebrismo) consiste en el uso de contrastes fuertes entre volúmenes, unos iluminados y otros ensombrecidos, para destacar elementos de la obra. Aquí, dos obras del pintor holandés Rembrandt, que muestras cómo los efectos lumínicos le dan un carácter particularmente dramático a la obra.

"La Ronda Nocturna" de Rembrandt, 1640-1642
"Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp", del mismo autor, 1632