Paulina Caballero, taller de amereida viii 2014

De Casiopea


«Paulina Caballero» no es un número.


TítuloPaulina Caballero, taller de amereida viii 2014
AsignaturaTaller Amereida
Del CursoTaller Amereida 2014
CarrerasArquitectura
Paulina Caballero

EL SENTIR DE LA TRAVESÍA DESDE LA OBSERVACIÓN

“hay que tener esperanza. Soñar jamás ha nombrado. Un lugar único en el mundo. Con eso basta. Rasgo que no es trazo. Presente verde y sostenido en penumbra. Esta tierra así por sus huesos abierta se muestra cambiada más allá del aliento. Entonces se mira en sus vientos distantes. Distinguiéndose en las primaveras”

Al momento de estar en travesía, de saberse contenido en el espacio, debemos entender que se parte sin un objetivo, sin premisas, solo se parte, siempre ir partiendo en este sin objeto al que travesía nos invita y así proponiéndonos vivir en la gratuidad, en pos del descubrir a través de la observación, bajo esta mirada poética que nos entregará la experiencia que comenzaremos a vivir. La ruta de la travesía es abrir un sin rumbo, solo ir yendo, pues ese es nuestro no objeto. Es así como llegamos a la conclusión de que hacemos travesía para seguir partiendo siempre, en cada instancia de la ruta. Es bajo esta concepción donde nace el ha lugar, el habérnosla con el lugar, con un constante “alzar el vuelo”, hacia lo desconocido, lo sorprendente, lo sensible en la observación, del regalo que entrega el lugar.

“desde aquella gratuidad del yerro Se abren todavía Los grandes ríos crueles de anchas complacencias Las montañas solas sobre las lluvias Los árboles difíciles dejando frutos En la casa abandonada”

La travesía, la gratuita travesía, es un acto de libertad puro, esto implica un desprendimiento para, desde esta nueva mirada con que se percibe la realidad, volvamos a no saber, de ahí puede surgir lo inesperado, lo incalculable, aparece lo gratuito como regalo junto al presente, pero esta gratuidad llega a quien esté de lleno en la obra, en el obrar mismo, solo la entrega total a la obra permite descubrir la realidad desde el desprendimiento. Es así como surge la necesidad de ver, “se podría decir que toda la vida consiste en ver… “, aquel íntimo imperio del ojo y alma poética de acceder al continente americano, acceder a nuestro ser puramente americano. Mediante la observación tomada como instrumento por los oficios, podemos abstraer la propia impresión del presente regalado y dar cuenta del dar cabida al habitar de nuestro continente, este continente que se nos regala para descubrir lo simple y la vez lo asombroso en la observación, sin embargo, al no existir la sensibilidad poética del ver, no será posible percibir y recibir este regalo plenamente.

“Observar será entonces esa actividad del espíritu (y del cuerpo) que nos permite acceder, una y otra vez, a una nueva, inédita, visión de la realidad” (Fabio Cruz Prieto, Una clase de la Observación, 1993). “Me digo: es necesario obedecer al acto poético con y a pesar del mundo para desencadenar la Fiesta. Y la Fiesta es el juego, supremo rigor de mi libertad. Tal es la misión del poeta porque el mundo debe ser siempre reapasionado” (carta del errante).

Ya estando dentro de este ojo que observa, es momento de rasgar, de enfrentarse a lo que se ve (percibe), y hacerlo observación mediante el rasgo trazado en el croquis, nos queda entonces tener un juego íntimo de los sentidos y la palabra para ser capaces de tomar y nombrar lo esencial de América: ABSTRAER.

“La aparición de la palabra que nombra, hace que aquellas cosas y aspectos que el croquis va recogiendo cobren existencia, y salgan del mundo homogéneo de las posibilidades (el caos). A partir de estos nombres, ya se puede comenzar a pensar; esa suerte de juego combinatorio algebraico que se retroalimente y se multiplica” (Fabio Cruz Prieto, Una clase de la Observación, 1993).

La abstracción mediante el croquis fusionado con la observación decanta en la palabra, en el nombrar; en la palabra que es capaz de nombrar y ser nombrada. Es precisamente a través de este acto de donde nace lo extraordinario, lo novedoso y junto a ello, se nos presenta lo desconocido. El hallazgo americano fue entonces, un regalo y un constante “presente” en la búsqueda de lo desconocido en América. Aquella búsqueda de lo desconocido es lo que trae a presencia la impresión en lo inesperado. Vernos ante lo desconocido no es el objeto de la travesía, es con lo que nos vamos encontrando, en tal caso, la búsqueda y el hallazgo son la clave para encontrarse con el asombro…, es justamente este asombro producto del no objetivo, el que nos permite descubrir el regalo en la travesía.

“Un día, he visto al poeta mezclado al mundo, fuera de su sepultura, horriblemente libre entre las gentes. Descubridor de realidad entre los órdenes convenidos, instrumento de su acto que hace su canto. Canto en el mundo, codo a codo en las rutas, en todas las esquinas prohibidas y permitidas. Y más aún en el paisaje y la naturaleza puesto que él es creatura –el acto abierto al cosmos. Sin enemigos ni obstáculos posibles. ¿Su virtud? El coraje, tal como Hölderlin nos lo ha dicho en su admirable “Dichtermut” (carta del errante).

El descubrir no es a través de la búsqueda, sino mediante el encuentro con el asombro, puesto que para descubrir se debe tener los sentidos dispuestos al encuentro, a este enfrentamiento con lo desconocido, sin esta disposición de nuestros sentidos por encontrarnos con el asombro, solo podremos ver lo cotidiano, lo ordinario en nuestra observación; por tanto, la sensibilidad, la disposición, el no buscar, sino solo asombrarnos con el descubrimiento, es lo que nos permite la observación poética que alimenta el alma de nuestro ser… Si se busca no se descubre, pues al buscar, se tiene un objetivo, se sabe lo que se quiere encontrar, en cambio el asombro en el descubrimiento es lo inesperado, el encontrarse a destiempo con lo desconocido que se manifiesta como una constante celebración del presente. El descubrir constituye parte del reconocerse…, reconocerse como un ser sensible, capaz de descubrir la poesía en la observación de nuestro entorno arquitectónico. La travesía se nos presenta nuevamente como nuestro medio, nuestra invitación a vivir en la nueva visión de América, reconocernos en la esencia misma de ella; la poética. Se trata entonces de que, junto a la travesía, atravesemos América y nos dejemos travesar por ella a través de la gratuidad. Este atravesar implica un enfrentamiento, un enfrentarnos a la travesía para poder mirarla y que ella nos mire a nosotros. Este encuentro meramente poético es el que nos lleva a caer en la cuenta de que estamos donde hay que estar, en este estar presente y en un constante ir yendo. Los ojos del alma son los que, de alguna manera, nos sitúan en nuestra realidad y también la realidad de los demás, nos presenta la esencia de las cosas, para así revelar el mundo. De esto se desprende que se va de travesía para, gratuitamente, encontrarnos con el otro, con todas las formas del otro y de lo otro, de esta manera reconocernos también como un otro. La mirada podría llegar a ser propio de cada oficio, algo que se percibe, que se comparte, ya que estando todos situados en un mismo lugar, miraremos las mismas cosas, pero el ver constituye un acto personal e íntimo, entonces, según esta afirmación, todos tendríamos percepciones y una concepción de mundo diferente al de los demás, que se podría compartir para retroalimentar y enriquecer el descubrimiento. SOY OTRO A PARTIR DE LA CONCEPCION DEL SER PROPIO…

A partir de la travesía americana, El oficio de la arquitectura se forma con una sensibilidad, una mirada más profunda y nueva de lo que nos rodea, es capaz de capturar y abstraer momentos únicos del habitar americano, y a la vez, actos permanentes vividos de manera constante, es capaz de comprender la esencia de los espacios que nos acogen y así, en comprensión del contexto en el cual se está habitando, construir el mundo en que vivimos. “la condición humana es poética, y por ella el hombre vive libremente en la vigilia de hacer un mundo” (Expo Escuela 1972).

Cuando se concibe la observación, se da cuenta de lo propio, del apropio que se tiene en este ha lugar, y del estar en una realidad presentada nuevamente a través de otra mirada, la poética. Ahora, teniendo la mirada poética, la observación y la palabra, se puede decir que la travesía cobra sentido, un sentido, UN SENTIR… El tener los sentidos abiertos, permite sentir, descubrir la naturaleza poética del hombre y la propiamente americana. El Hombre, como ser individual, también tiene un descubrir individual, un oficio, y por tanto, un obrar propio pero que es compartido, esto permite que el asombro del presente se abra como un abanico de mil miradas; mil regalos, mil regalos que se transforman en mil ideas de nuevos regalos, así el presente es y será un eterno asombro y un eterno regalo.

“¿no fue el hallazgo ajeno a los descubrimientos…”

No hay oficios sin el obrar y por consiguiente, la travesía no se concibe sin la obra, ya que esta es el modo de andar, de atravesar, es así como la obra en América o el obrar americano, se nos revela, mediante la observación sensible, íntima y a la vez compartida, de tal manera que se es capaz de ver más allá y comprenda la realidad del espacio, del lugar desde otra mirada; la poética.

“Cara a cara del mundo constituido, el poeta se encuentra en otro lugar. Me explico. El no puede, y no debe tener en cuenta ni los favores ni los obstáculos que el mundo pueda significarle. Surge tal como es en su medio. Este es su deber y su destino. No se ocupa de ser o de llegar a ser un rebelde. El no lo es, puesto que lo es obligatoriamente desde el punto de vista de las convenciones establecidas. Pero no combate, estando vencido de antemano; su tortura es su poesía, su fiesta, y de ningún modo la lucha más o menos eficaz para cambiar el mundo. No se rebela contra nada. Obedece al acto que lleva en sí y hace, en el mundo, la fiesta de la condición humana” (carta del errante)

La condición poética del hombre se encuentra en este constante andar, logrando dar cuenta del apropio, de habitar en lo propio, de lo íntimo, de lo único y sublime que cada ser en armonía…

“Se trata ahora de una realidad compleja, incierta, inestable, que se sale de lo ya conocido. Se trata de una realidad que nos TRASCIENDE. TRASCENDENTE, algo que nos sobrepasa, que nos saca fuera de sí. La obra entonces, para insertarse ella, deberá también participar de esta trascendencia. ¡Estamos de lleno en el arte! ¡Estamos en el dominio de la e-moción y la admiración! ¡Estamos en el mundo de la belleza! ¡Aquí topamos, aquí se acaban las “explicaciones”!” (Fabio Cruz Prieto, Una clase de la Observación, 1993).

Pasándonos ahora al plano de los sentidos, del sentir… decimos que el andar en la travesía es ir amando, es donde se ama el aire abierto, siempre abierto…, el espacio, el universo que nos entrega el lugar, es amar el enfrentarse a lo adverso; amar que la obra en este riesgo, para recibirla como un regalo, desde la observación, desde los sentidos, desde la libertad del solo amar.

Al momento de dar con el acto de amar más puro, aparece la concepción del recibir, pero más aún, del dar, aparece como premisa el regalo. Éste último viene dado por el obrar amando…, recibiendo…, entregando, en tiempo siempre presente, y es en esta entrega que se recibe, que el amar se vuelve poesía. “Consolar quiere decir revelar constantemente a los hombres cogidos por las tareas del mundo, el esplendor que llevan en ellos, el fulgor de esa pura posibilidad antes de toda elección; de esa posibilidad de hacer y de alcanzar toda realidad no obstante las culpas, los errores, los éxitos, los crímenes y aún la alegría admitida. La revelación de esta posibilidad a través de sus trabajos, penas y placeres, a través de todas las significaciones que son cumplimientos reales, ya establecidos en curso de desaparición, significaciones conocidas, mal conocidas o desconocidas; revelación que es también –¿por qué no?– lámpara sobre zonas del espíritu y sobre el país de la labor. Revelación del instante que es el hombre antes de todo tiempo. Revelación que es la verdadera memoria” (carta del errante).