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Ocaso Cinético - Pascal Gratacós



TítuloOcaso Cinético
AsignaturaTaller Topológico Multiescalar
Del CursoTaller Topológico Multiescalar 1S 2025
CarrerasDiseño
Nº05
Alumno(s)Pascal Gratacós



INTRODUCCIÓN


Durante este semestre, el Taller se centró de manera profunda y reflexiva en el estudio del cuerpo humano entendido como un mecanismo complejo y fascinante. A lo largo de las distintas etapas del proceso, se abordaron con detenimiento sus partes, funciones y dinámicas, comprendiendo no solo su anatomía, sino también su potencial como inspiración y base para la construcción y el diseño. Este enfoque permitió apreciar cómo cada elemento del cuerpo interactúa de manera armónica, generando movimiento, equilibrio y expresión.

La observación atenta y el análisis detallado fueron claves en esta experiencia, acompañados de un trabajo material que se caracterizó por la sencillez y la honestidad en los recursos utilizados. Entre ellos, el alambre destacó como protagonista de gran parte del proceso, por su versatilidad y capacidad de sugerir tanto lo estructural como lo expresivo. Este material, aparentemente simple, permitió descubrir un sinfín de posibilidades para representar, reinterpretar y experimentar con las formas y los gestos del cuerpo humano.

El Taller se transformó así en un espacio de construcción colectiva y de exploración personal, donde el diálogo entre lo técnico y lo artístico se hizo presente en cada propuesta. A través del trabajo en equipo, la observación compartida y la creatividad individual, surgieron resultados que reflejan no solo el aprendizaje adquirido, sino también el entusiasmo y el compromiso por ir más allá de lo evidente y lo funcional.

En definitiva, este Taller fue un lugar para descubrir, construir y comprender desde lo humano, generando una experiencia que trasciende lo puramente formal y que deja huellas en el modo de mirar, pensar y hacer diseño. Una experiencia que, sin duda, enriquece tanto el proceso académico como el crecimiento personal de quienes participaron.

DE DONDE NACE

El primer objeto de estudio elegido fue el camarón de río, con un especial énfasis en comprender sus mecanismos de desplazamiento. A través de una observación minuciosa, se analizaron sus estructuras como sistemas articulados de gran simplicidad, capaces de servir como referencia para imaginar nuevas soluciones constructivas. El objetivo no fue reproducir fielmente su anatomía, sino captar y reinterpretar sus movimientos dinámicos, llevándolos a una propuesta propia y original. Con el paso de las distintas pruebas y ensayos, el camarón se convirtió en un punto de partida esencial para el desarrollo de los trabajos posteriores.

El proceso avanzó hacia la búsqueda de formas de integrar el movimiento al cuerpo, concibiéndolo como una prolongación capaz de transformarlo y modificar su presencia en el espacio. Esto dio origen al diseño de dispositivos y estructuras que alteraban la percepción del cuerpo y su relación con el entorno. Entre las propuestas, destacó un gesto oscilante que nacía desde una mochila y generaba un efecto de expansión al desplazarse. El uso de materiales flexibles abrió nuevas posibilidades creativas, favoreciendo la exploración de aspectos expresivos relacionados con el color, la luz y la sombra.


CRESTA ERRANTE


Como parte de la etapa final del proceso, se creó una propuesta especialmente pensada para la Farándula de la escuela. La intención fue diseñar máscaras que, al unirse en el recorrido, dieran forma a un “manto” colectivo capaz de envolver y conectar a los participantes. El trabajo en grupo dio origen a un prototipo construido con alambre y telas, retomando el concepto del caparazón como estructura protectora: una envoltura que disimula la identidad individual para dejar al descubierto lo esencial del ser.


CUBIERTA


El proceso de generar la cubierta para la máscara y el yelmo estuvo acompañado de diversas pruebas y ensayos. Se trabajó primero con el alambre como base, explorando distintas opciones de recubrimiento, entre ellas papel mantequilla y plásticos, algunos planchados y otros en su estado original. El objetivo fue encontrar el material y el grado de cobertura adecuados para ocultar lo necesario sin bloquear el movimiento ni afectar el funcionamiento de la estructura. Esta búsqueda permitió definir una solución que equilibrara lo funcional con lo expresivo.

COLORES

La selección de los colores tuvo un rol fundamental en el desarrollo de la propuesta. Se optó por una combinación de tonos naranjas intensos, pensados para evocar sensaciones de energía, vitalidad y creatividad, junto con el uso del blanco en la parte superior, que aportó un contraste luminoso, transmitiendo calma, claridad y equilibrio al conjunto. En cuanto a la forma, se buscó una solución de estructura simple, donde un leve movimiento del torso bastara para activar un mecanismo cinético capaz de desplegar la pieza como un abanico, generando un efecto sorpresivo y elegante.

De este modo, el diseño no solo alcanzó un fuerte impacto visual, sino que también adquirió un carácter performático, transformando el yelmo en un objeto vivo, dinámico y cargado de expresión.

PROCESO CONSTRUCTIVO

Desde el inicio del proceso de creación de las distintas iteraciones de máscaras y yelmos, hubo un elemento que se mantuvo constante: la decisión de trabajar a partir de una base apoyada sobre los hombros. Esta postura sirvió como punto de partida y estructura esencial para el desarrollo de todas las propuestas, ya que garantizaba un soporte firme y equilibrado sobre el que construir las variantes. A partir de esa base sólida, se fueron explorando y modificando diferentes posibilidades de movimiento y articulación en torno a la cabeza, en un camino de búsqueda que combinó la experimentación formal con la necesidad de resolver aspectos prácticos.

El proceso se centró en encontrar la manera adecuada de equilibrar distintos factores: la movilidad de la pieza, su apariencia externa, la capacidad de ocultar o hacer “desaparecer” el rostro, y la firmeza necesaria para sostener todo el conjunto sin perder estabilidad. Este desafío llevó a múltiples ensayos, en los que se probaron diversas formas y configuraciones. Durante estas exploraciones, las figuras de contorno ovalado y las líneas rectas aparecieron de manera recurrente como opciones formales. Sin embargo, tras un proceso de prueba y análisis, se optó por las líneas rectas, que aportaban una mayor rigidez a la estructura y reforzaban la intención de construir desde la simpleza y la claridad del gesto. Así, el diseño fue depurándose hasta llegar a una solución que integraba lo técnico con lo expresivo, logrando un equilibrio entre lo funcional y lo simbólico.

Las amarras de color morado formaron parte intencionada de la propuesta, no solo como un recurso funcional, sino también como un elemento con un rol dentro de la composición cromática general. A lo largo del proceso, la autora descubrió que estas amarras resultaban fundamentales para otorgar firmeza y estabilidad a la estructura de alambre, ya que permitían unir y tensar las piezas entre sí sin perder cohesión. Al mismo tiempo, estas uniones ofrecían la dosis justa de flexibilidad, lo que posibilitaba que las capas se movieran de manera orgánica junto con el cuerpo, logrando así que el rostro pudiera cubrirse y descubrirse en función del gesto y el desplazamiento.

La elección del morado no fue casual. Este color, complementario del naranjo predominante en la propuesta, fue escogido con el objetivo de generar un diálogo armónico dentro de la paleta cromática. Cada tono fue pensado cuidadosamente para que, en conjunto, los colores aportaran coherencia visual y equilibrio, reforzando tanto el impacto estético como el sentido simbólico de la pieza. De este modo, las amarras moradas no solo cumplieron una función técnica, sino que también contribuyeron a la unidad expresiva y conceptual del diseño.



SEÑA ERGONÓMICA

El proceso de creación de la seña se llevó a cabo utilizando, nuevamente, el alambre como material principal, por su versatilidad y capacidad para sugerir tanto estructura como gesto. El trabajo comenzó por dar forma al torso, cuidando que las dimensiones coincidieran con las del propio cuerpo de la autora, en especial en la zona de los hombros, ya que estos constituían el punto de apoyo fundamental. En este caso, la estructura de hombros y pecho se construyó con un alambre más grueso y resistente, destinado a proporcionar la solidez necesaria para sostener el conjunto, especialmente la máscara y el yelmo, que dependían directamente de esta base para mantenerse firmes y en equilibrio.

Por otro lado, el rostro fue trabajado con un alambre más delgado y flexible, dado que su función no era estructural, sino simbólica y expresiva. Esta parte se integró principalmente para dar continuidad al proceso desarrollado a lo largo del taller, permitiendo que la propuesta dialogara con las etapas previas y que el conjunto pudiera leerse como una evolución coherente del trabajo realizado. De este modo, la pieza no solo cumplió un propósito funcional, sino que también reforzó el vínculo entre las distintas exploraciones, logrando una síntesis entre lo técnico y lo conceptual.

LÁMINAS