MBN2016T09: La orgánica de lo apetente - Folleto

De Casiopea


TítuloLa orgánica de lo apetente - Dimensión de la unidad y lo sensorial que dice del comer
AsignaturaTaller de Diseño Acto y Celebración 2016
CarrerasDiseño Industrial
09
Alumno(s)Mariana Boubet Neumann
PDFArchivo:Biombo T09.pdf

El encargo consta de la construcción de un folleto en formato biombo donde se ubicarán, por una cara, imágenes de los trabajos realizados en formato cuadrado reventado en los extremos de la página, con un pie de imagen en la página siguiente especificando su relación con el discurso de la propuesta. En el retiro, se escribe un discurso sobre los elementos conceptuales estudiados para conseguir el sentido y valores de lo apetente.

Discurso

Cuando consideramos algún elemento «apetecible», es el cuerpo el que reacciona a una lectura de símbolos que estimulan la percepción. Los sentidos en general, y no tan sólo el gusto, perciben que aquel elemento nos dice del comer y, por tanto, tiende a un valor comestible.

El comer surge como una necesidad intuitiva del hombre. Pero, ¿no repercute en otras dimensiones de lo humano? La comida aparece como evidencia constitutiva de las relaciones sociales1, surgiendo la identidad del individuo y de la comunidad. En consecuencia, el comer da un sentido cultural, evocando recuerdos y constituyendo experiencias.

La experiencia tiene un valor fundamental al estudiar lo apetente. Cuando queremos evocarlo, queremos también incitar a una sensación, una experiencia donde la semiología del elemento da cuenta de este sentido específico. Es así como surge el acto del comer.


Valores formales y sensoriales de lo apetente

Cuando hablamos de lo apetente, no se debe acotar sólo a la relación alimento - boca. Este «placer» que evoca el sentido de la apetencia, este llamado al vínculo entre lo sensitivo y el estímulo, puede abarcar más dimensiones que entre sí vislumbran un acto.

Por ejemplo, la apetencia del tacto. Cuando la formalidad de un objeto dice del tocarlo, de palpar, apretar, raspar, etcétera. Al presentarse una figura de formas sintéticas o rígidas, puede que no sea tan apetente al tacto como uno de características orgánicas y sinuosas, ya que éste último dice de lo humano, se observa una dimensión del hombre que llama al vínculo directo con lo sensorial.

Si observamos las esculturas del artista Fernando Casasempere2, específicamente las de la muestra “Mi Andadura”3, podemos ver cómo un material orgánico no constituído para la alimentación puede resultar, a través de su forma, textura, unidad y colores, apetente al tacto y también a lo comestible. En algunos casos, las texturas evocan una sensación de cremosidad o de consistencia aireada, en otras, de crujencia y de dura densidad.

Lo que resulta más atractivo, sin embargo, es el irreductible de lo orgánico en sus formas, donde «lo simétrico» aparece como una cualidad de partición o porcionamiento, y no como lo que constituye el valor propio de la escultura.

De este modo podemos establecer que lo apetente considera más que sólo el equilibrio y armonía del sabor. Aspectos como el color, que va de la mano con la textura y la densidad que esta dice de lo formal (la textura en la boca) o el cómo comer o sostener (partición), deben encontrarse, para llegar a la apetencia, bajo la dimensión de lo orgánico, de lo natural, para así establecer relación con lo humano.


Dimensión conceptual

Como ya mencionamos, los valores formales de lo apetente fluctúan en el universo de lo orgánico.

Estos aspectos que le dan una determinada formalidad al bocado, no sólo se quedan en la gráfica. Al proponer evocar una experiencia, hay un valor conceptual tras cada carácter formal que trae, en conjunción, la apetencia.

Bajo la teoría del color, éstos, dependiendo de su tonalidad, traen consigo diferentes sensaciones de, por ejemplo, frescor, calidez, dulzor o incluso picor. El color en ciertos contextos gráficos puede aludir a qué tan fresco se encuentra un alimento, o en qué período de maduración se encuentra un fruto, sin olvidar el brillo que lo complementa.

Esto nos da un valor tangible de la comida. Pero lo apetente va más allá de esta dimensión sensitiva física del humano. ¿Qué ocurre con los valores conceptuales del comer?

El color

Cuando observamos los frutos, se cae en la cuenta que el color, dentro de otros aspectos, actúa como una alución a la sorpresa. Por ejemplo, al abrir lo opaco y áspero del kiwi y encontrarnos con lo verde brillante de una textura fibrosa y jugosa. Lo apetente surge de inmediato al descubrir un color (estímulo) intenso.

A su vez, los matices de tonalidades dan cuenta de un vínculo de la periferia del fruto con el centro (núcleo) de este. Las semillas de una frutilla se encuentran ligadas al centro por matices de blanco y rojo que se trazan en su interior. Así, lo frutoso aparece en los matices de intensidades de lo periférico a lo concéntrico.

El tiempo

Al interactuar con un fruto, el cuerpo se dispone para la experiencia y la lectura de los signos de lo apetente. La diferencia de tiempo que toma el pelar una naranja o un plátano, le da un ritmo particular a cada uno desde que se comienza a pelar hasta que se pela por completo. En consecuencia, la experiencia que trae comer cada fruto resulta diferente no sólo por la variación de sabores, si no que ahora, bajo una dimensión temporal, el tiempo de espera y la dinámica que se requiere para llegar a lo comestible constituyen una nueva apetencia. Un factor de ansiedad aparece en la boca, al ir paulatinamente descubriéndose el color, el aroma y la contextura de lo que se quiere comer.

El tiempo, entonces, aparece como un elemento intrínseco de lo apetente donde la experiencia en la dinámica del comer toma forma en un «aparecer» de signos.

Lo «erótico» del comer

Podemos observar, a su vez, el valor del «eros» al considerar la búsqueda del placer y la belleza, la tendencia a la unidad4 en lo que se consume.

Lo erótico del comer, dejando a un lado la concepción de deseo carnal, es el placer que se busca frente a la apetencia. En algunos frutos, este deseo es dado, como por ejemplo en las uvas, donde su unidad es entregada a la dimensión de la boca armoniosamente por su racimo. Cuando pelamos un plátano, se entrega la lectura clara del código que permite quitar su cáscara intuitivamente. Aparece como una unidad que evoca placer al entregarse al comer.

Cuando decimos que un elemento es apetente, es porque dice del comer, del tocar, del sentir, por tanto, se considera bello en su atractivo comestible, placentero y conformado como una unidad clara. Aparece un deseo dispuesto por el cuerpo a conseguir aquello que no se tiene.

La unidad

Cuando vemos que un fruto posee unidades formales discretas provenientes de un total, da cuenta de un tiempo y orden del comer, dejando abierta la posibilidad de generar comunidad al compartir.

Por ejemplo, al observar la unidad de una naranja, los gajos, le dan al bocado la dimensión de la boca, y la posibilidad de replicar la acción con otros.

El hecho de que un alimento esté porcionado, le da sentido de comunidad a lo apetente, junto con una noción de consistencia que incita a su consumo. Esto podemos notarlo claramente en las esculturas de Fernando Casasempere descritas previamente. La formalidad de las figuras resulta sintética, pero vuelve a lo orgánico gracias a lo que incita su contextura sinuosa. Sin embargo, esta síntesis geométrica de este “porcionamiento”, proviene de la existencia de una unidad total de la cual se coge un trozo.

De esta manera, lo apetente aparece tanto en su unidad discreta como en el total del cual se desprenden estos bocados, donde cabe la dimensión de lo simétrico en orden de lo orgánico.


La trama del bocado

Cuando establecemos la porción del bocado, éste habla del modo y cantidad del comer.

Al observar el total de una torta cilíndrica, se pretende cortarla en trozos iguales para compartirla. De este modo la partición se vuelve concéntrica. Lo mismo ocurre con cualquier total de comida. Como mencionamos, el comer es un acto del hombre que lo vincula con la comunidad. Es por esto que siempre se pretende entregar relativamente la misma porción para todos quienes participan de esa comunidad y del comer. Así, lo simétrico toma partida en este ámbito. Se diseña un bocado en un formato de unidad de 10 cm x 10 cm, particionado en cuatro trozos iguales. En esta medida se inscribe una trama formalmente orgánica dando cuenta del aspecto «frutoso» de la apetencia, constituída por los valores formales y conceptuales descritos.

La apetencia de lo «frutoso» aparece al enfrentar el total, donde se observa una textura tridimensional de formalidad sinuosa dando cuenta de este eros de lo apetente, que converge con los matices y forma la unidad.

El bocado posee una temporalidad, donde el ritmo aparece en el descubrir mediante los matices de intensidad de colores y sabores que de manera proporcional, se intensifican hacia la periferia. El encuentro de texturas le da el aspecto de sorpresa que intensifica el placer de satisfacer la apetencia.

De esta manera, conseguimos rescatar los aspectos esenciales de «lo fruto» para constituír un bocado que evoque una experiencia.

El bocado se compone de frutilla, maracuyá y naranja, trabajando el material natural con elementos adicionales para conseguir las texturas, sabores y tonalidades necesarias para llegar a una armonía orgánica.


Referencias

1. Menasche, Renata. Cuando la Comida se Convierte en Patrimonio.2013. Research Gate. pág 03

2. Fernando Casasempere. Esculturas: http://www.fernandocasasempere.com/mosaic/sculptures/

3. Fotografías esculturas Casasempere

4. El Eros Platónico definido en el diálogo El Banquete, aparece como el deseo de lo que no se tiene. El deseo pasional de lo que se desea, encontrándose en un plano medio entre dioses y hombres. De este modo, los suma, llena el vacío que los separa mediante el anhelo y el deseo de la pureza, plenitud y unidad. Boulangger Atoche, Lourdes. El Eros griego y el Eros Platónico. https://filosofiaudep.wordpress.com/el-eros-griego-y-el-eros-platonico-del-mito-a-la-filosofia/ 03/04/2016 Calame, Claude. Eros en la Antigua Grecia. 1992

Bibliografía

1. Menasche, Renata. Cuando la Comida se vuelve Patrimonio. https://www.researchgate.net/profile/Renata_Menasche2/publication/260334451_Cuando_la_comida_se_convierte_en_patrimonio__puntualizando_la_discusin/links/00b7d530ca314d1cd5000000.pdf

2. http://fernandocasasempere.com

3. Boulangger Atoche, Lourdes. El Eros griego y el Eros Platónico. https://filosofiaudep.wordpress.com/el-eros-griego-y-el-eros-platonico-del-mito-a-la-filosofia/

4. Dávila Reyes, Paul Andrés. Aplicación del Food Design como una Experiencia Sensorial. http://dspace.ucuenca.edu.ec/bitstream/123456789/1558/1/tgas86.pdf