Lugares de Aprendizaje

De Casiopea


TítuloLugares de Aprendizaje
Año2017
AutorUrsula Exss, Bruno Marambio Márquez
Tipo de PublicaciónArtículo en Revista Académica
RevistaActo & Forma
Editorial[[Editorial::Ediciones e[ad]]]
ColecciónDespliegue del Oficio
Páginas28-33
Palabras ClaveAula interior, Aula de campo, Taller de Arquitectura
LíneaFormación y Oficio
URLhttps://issuu.com/ead-pucv/docs/acto forma n 4
Carreras RelacionadasArquitectura

Lugares de Aprendizaje

Resumen

este escrito expone una reflexión que enlaza el sentido general del taller del acto y vacío con el diseño de un espacio educativo, en el marco del curso desarrollado por úrsula exss y bruno marambio durante primer trimestre de 2017. la reflexión relaciona las preocupaciones específicas del taller, que en esta ocasión se abocó al diseño de un interior (público o doméstico), con el sentido general de la asignatura que propone desarrollar un interior con luz, tamaño y límites.

Aprendizaje en el campo y en el aula

Como algunas de las principales investigaciones en educación se han esmerado en demostrar, ninguna estrategia de enseñanza es neutral y “todas cargan con sentidos y con historias que exceden nuestras intenciones” (Dussel y Carusso, p. 199) (Fig. 1). Esta afirmación plantea un particular desafío al taller arquitectónico que abordó la realización de un proyecto de espacio educativo a través de la observación arquitectónica. Esta es la manera en que practicamos el volver a no saber, fijado la oralidad de nuestra Escuela de Arquitectura y Diseño.

Fig.1. Escuela Lancasteriana, según manual de la British School Society de 1831. Fuente: Dussel Caruso p.109.

Por su parte, el taller del Acto y Vacío, en general aborda la proposición de un interior y este taller dedicado al espacio del aula, se concentró específicamente en el diseño de un interior en el cual se estudia. Siendo éste un taller vertical, los estudiantes desarrollaron una de las dos alternativas de proyecto, diferenciadas por la complejidad de su programa. El primer grupo, se abocó a un interior de estudio de orden doméstico. Una cubícula-hospedería para un investigador y su gabinete de estudio. La segunda alternativa fue un interior de orden público, una escuela unidocente, caracterizada por tener un único profesor y un aula. Ambas alternativas de proyecto se situaron en Ciudad Abierta, en consideración de un plan maestro ya existente. Cada estudiante determinó una ubicación dentro de un sector asignado por los profesores, en la frontera entre el humedal del estero que cruza sus terrenos y las dunas junto a él. Tanto el encargo general como la ubicación puntual, estuvieron orientados por el diálogo que estableció el taller con el profesor, investigador y natur lista Sergio Elórtegui, quien es además habitante de la Ciudad Abierta (Fig. 2).

Fig.2. Clase de Sergio Elórtegui con el taller en la Sala de Música en la Ciudad Abierta. Los estudiantes dispusieron el mobiliario típicamente frente al profesor, para reproducir las condiciones de una aula ya naturalizada en nuestro medio. Fotografía de los autores.

El taller se preguntó por el espacio del aula y su relación con un acto arquitectónico–educativo en las esferas de un interior doméstico y de uno público. Sergio, nuestro interlocutor, nos presentó su visión del aprdizaje como un “estar presente en presencia frente a las cosas”, que es heredero de una visión de conocimiento como la que encontramos en el constructivismo social de Jean Piaget. En ella, el conocimiento es una construcción basada en la experiencia. “El pensamiento es corpóreo” nos decía Sergio, mientras observábamos los conchales changos desde la cima de la duna de la Ciudad Abierta en una clase caminata dirigida por él (Fig.3). Y agregaba “el conocimiento se fija en nosotros en relación a una historia y a una emoción” (Elórtegui, 2017).

Fig.3. Caminata y clase de campo con Sergio Elórtegui frente a los conchabes changos en las dunas de la Ciudad Abierta. Fotografía de los autores.

Desde este posicionamiento pedagógico, nuestro interlocutor nos propuso confrontar el espacio del aula. Para los quehaceres de un naturalista, el lugar del aprendizaje era la naturaleza misma. El humedal, la duna y todo lo que en ella sucede cuando la recorremos; donde “todos los elementos imaginables e inimaginables entran a la escena del aprendizaje” (Elórtegui, 2016 p. 205-206). Con estas afirmaciones, comenzaba a delinearse un aula, a contrapelo del aula convencional que era necesariamente un espacio físico parcelado en el tiempo y en el espacio.

Ubicándonos dentro de esta hipótesis de trabajo, las respuestas del taller fueron proposiciones de un aula-interior con luz, tamaño y límites, donde el aula se entendía como una ocasión de estudio complementaria al aprendizaje en la extensión natural de la Ciudad Abierta, o en cualquier caso, en la ciudad, tal como lo practicamos regularmente, profesores y estudiantes de arquitectura y diseño de esta escuela hace más de medio siglo. Es decir que la apuesta consistió fundamentalmente en poner al aula-interior en una posición anclada a su par opuesto el aula-de campo. De este modo, la discusión del taller retomaba el pulso de iniciativas experimentales en torno a la idea de escuelas al aire libre, desarrolladas en diferentes contextos y realidades a lo largo de más de un siglo.

Para efectos de este taller, un interior educativo complementario al aprendizaje de campo, significó dos cosas: un interior que plantea una continuidad de la extensión natural y que a la vez permitiera abstraerse de ella. La primera condición se relacionaba con que ese interior se plantea desde la acción de nombrar un acto educativo que acogía la extensión natural dentro de la proposición. Citando nuevamente a Sergio: aulas “no solo [son] lugares útiles para la razón o los lugares lúdicos como propone la escuela [convencional], también hay lugares para las dimensiones de encuentro con la otredad, espirituales y de contemplación” (Elórtegui, 2016, p. 205). La segunda condición, en cambio, implicaba reconocer que el aula-interior era una instancia que permitía resguardarse de la vastedad de la extensión natural, para decantar lo que se ha recogido en el aprendizaje de campo, padecido en cuerpo y alma. Así, el interior debía ofrecer una pausa y una temperie que hiciera posible decantar lo vivido y lo aprendido. El interior doméstico recogía al cuerpo individual y el interior público al cuerpo colectivo. Al mismo tiempo, tanto espacios públicos como íntimos debían permitir depositar, es decir, clasificar, guardar y exponer los especímenes recolectados en el campo,que una vez sacados de su entorno natural deviene en un material didáctico a disposición del investigador y de la escuela.

El aula-interior debía ser un lugar que permitiera esta dualidad de ser continuidad y pausa de la extensión. Para hacerlo, el taller se concentró en la construcción de la temperie de un interior que acogiera este aprendizaje como decantamiento, a la luz de un “acto arquitectónico” como “recorrer un borde en reunión” (F. Arancibia) o “recorrer distendido en amplitud” (M. Almarza) o un “reunirse dilatado hacia un centro” (J. Correa), que cada estudiante enunció a través de la insistencia en su observación.

Proyectar el espesor de un interior

Una primera reflexión: “La lejanía aparece como un horizonte que proyecta el interior hacia la extensión cuando se alinea con el ojo. Hospedería Rosa de los Vientos, Ciudad Abierta” (Fig. 4). En el croquis se observa cómo el espacio interior tiene una proyección hacia el exterior. Hay un vínculo cuando el cuerpo adopta una postura y se recuesta sobre la cama, donde estas dos realidades se tocan. Es decir, la relación espacial hacia la extensión y la lejanía, está dada por la proximidad que ejerce el cuerpo con la horizontal, que le permite alinearse con la ventana y hallar la magnitud del territorio en el perfil de las dunas. La postura abre el espacio.

Una segunda reflexión: El cuerpo se desenvuelve al inicio de cada día donde hay un momento de transición desde la vida doméstica hacia la vida pública, un despliegue del cuerpo para encontrarse con los aconteceres de la jornada. Luego, en sentido inverso el cuerpo se repliega para guardarse en el espacio más íntimo y propio de cada uno, la casa. Extendiendo estas dos reflexiones a la proposición de un interior, que es lo que se propuso el taller, se trataría de articular un espacio que asegure ciertas condiciones que dan cabida a la vida. Un espacio donde se cobija al cuerpo de las condiciones de la naturaleza (Fig. 4).

Fig.4. La lejanía aparece como un horizonte que proyecta el interior hacia la extensión cuando se alinea con el ojo. Hospedería Rosa de los Vientos. Croquis de Bruno Marambio Márquez.

Un interior propone algo distinto de lo que ya está en el exterior. No obstante, deben pensarse por igual y en conjunto con la relación entre ambos. Para ello, hay que reconocer el lugar y hacerse parte de él para poder habitarlo. Darse cuenta de la extensión en la que nos encontramos y saber leer sus situaciones, es decir, lo eventual y por lo tanto, móvil; y por otra parte sus referencias, lo permanente e inmóvil.

Proyectar un interior es construir una transición que ha sido trabajada para permear en mayor o menor medida el paso del cuerpo, de la vista y de la luz. Estas tres dimensiones del interior acogen lo doméstico, guarda el cuerpo y los objetos más íntimos de la vida en un lugar que tiene reposo y permanencia.

El trabajo de observación y abstracción nos permitió nombrar una luz con cualidad, una “luz rasante graduada de rebote” (R. Poza) o una “luz suspendida circundante en perfiles elongados” (A. Silva). Al nombrar estas luces, se entregan las directrices de una forma de contener al cuerpo y los aconteceres de un lugar (Fig. 5).

Fig.5. Trabajos del espacio para la obtención de una luz con cualidad. Fotografía de los autores.

En los proyectos, el espacio doméstico tuvo un cuidado por el guardado de diversos objetos que necesitan un lugar específico, que se manifestó en la creación de diferentes espacios para almacenarlos y/o exhibirlos. Por una parte, la optimización del espacio era fundamental en el desarrollo de los proyectos y por otra el taller se apoyó en el reconocimiento de que los espacios domésticos poseen una dependencia de los objetos, como ha afirmado José Ramón Sierra “la casa, en su sentido amplio que trascienda los límites de la vivienda, sería del grupo de la arquitectura insuficiente, porque tal cual, desnuda o vacía, difícilmente podrá llegar a ser habitada” (Sierra, 1996 p. 14) (Fig. 6). Reconociendo esa dependencia, el desafío fue entonces aprovechar la necesidad de objetos para construirles un lugar central en el diseño, utilizando elementos arquitectónicos que construyan este espesor.

Fig.6. Conformación de muro luminoso a partir de los trabajos espaciales del taller. Fotografía de los autores.

Los muros se volvieron un elemento arquitectónico indispensable. Ellos se pensaron, más que como una división entre recintos, como un espesor que permite el acontecer de diferentes cosas: la proyección de la vista, la ventilación, la aislación, además del guardado y la exhibición de objetos. La construcción de este espesor abarcó el proyecto y también la exposición de los mismos al final de la etapa. En esta ocasión se utilizaron los propios trabajos de los alumnos para traer a presencia esta búsqueda. Se dispuso un muro luminoso levantado a partir de los trabajos del espacio y la luz, una serie de cubos realizados por el taller, como un elemento que invitaba a acceder a la exposición. Además se construyó una celosía que filtraba la luz y realzaba otros de los trabajos espaciales en forma de láminas plegadas, con que cada estudiante había fijado la “estructura radical de la extensión” (ERE) de su proyecto (Fig. 7).

Fig.7. Celosía de exposición de los trabajos de la Estructura Radical de la Extensión. Fotografía de los autores

A través de la proposición de un elemento arqui- tectónico, un pilar, una ventana o un muro, se buscó otorgar valor espacial al interior. No sólo un valor funcional y estructural, sino con relación a la vista y al cuerpo, bajo una luz pensada para dar lugar a un acto arquitectónico-educativo y hacer resplandecer los objetos y el espacio.