Luciano Cimino, Amereida V etapa

De Casiopea



TítuloEl valor de lo inesperado
AsignaturaTaller Amereida 2014
Del CursoTaller Amereida 2014
CarrerasDiseño Gráfico
Alumno(s)Luciano Cimino

El valor de lo inesperado

¿Es realmente necesario pasar por lo adverso para poder encontrar el sentido? Cómo dijo Jaime Reyes en Amereida: “Todos lo hemos padecido, lo adverso, en diferentes formas y potencia. Como si situarse siempre sólo en lo favorable nos fuera haciendo cada vez más débiles, cada vez más cómodos. Sin poder aprender a considerar que los obstáculos de la vida son, en verdad, la belleza de la vida. Porque parece que ser allí, en lo adverso, se esconde la profunda libertad del cuerpo y de alma que cada uno de nosotros lleva consigo.”

Según esto, dice que para poder comprender de mejor manera el valor que las cosas, es necesario tener que pasar por la adversidad, es decir, por ejemplo, sufrir la pérdida para recién encontrarle el valor de lo que tenía, como si tal valor estuviera escondido, o inmerso en lo más intrínseco de ese algo “sin valor”. Pero entonces ¿Por qué tenemos la necesidad de tener ese algo que, aparentemente, no posee un valor que aparece a primera vista? Y mirándolo de otro modo ¿Será acaso que la travesía no posee un valor, si es que esta no posee una obra?

A manera personal, creo que la obra es lo que nos convoca para realizar Travesía, es la razón para poder crear este viaje poético en busca de nuestra propia ruta. Dentro de mi experiencia de Travesía, creo que el viaje para llegar al lugar en donde se consolidará la obra, es una parte tan importante como el trabajo in situ. Pues es en este viaje es en donde se crea esta dimensión de la otredad entre compañeros, mientras que en la obra, se trabaja, en paralelo a la otredad del compañero, la otredad del desconocido. De modo que es la primera dimensión la que más se trabaja y se nutre, creando los lazos de compañeros/amistad que surgen desde lo improvisto, desde lo inesperado. ¿Y no es eso lo más importante de nuestra condición poética, el dejarse atrapar por lo que está por venir, sin señales ni avisos?


Más que como arquitectos y diseñadores, sino que como personas, estamos llamados a apropiarnos de esta dimensión humana que poseemos. Esta dimensión, la poética, creo que es vital dentro de la convivencia con el otro, pues es lo que nos permite, de cierta forma, acceder a los demás y poder compartir con ellos a través de nuestra creatividad y nuestras ganas de crear este regalo de compañía. Es la obra, entonces, una especie de excusa para poder encontrar esa ruta, ese camino que se crea paso a paso sin pensar en el después, sino en el ahora, esa ruta que nace de lo que no está previsto y que posee mucho más sentido que lo que sí está planeado. Pues es de aquí, de lo inesperado, en donde nuestra condición poética entra en juego, y, para nosotros, como futuros arquitectos y diseñadores, esta condición es fundamental para nosotros, pues es con ella con la que nosotros tratamos de alcanzar el horizonte máximo de nuestra ruta propia en la vida.

¿Cuál es el máximo horizonte de la travesía? Si la travesía tiene como objetivo la ruta, por sobre la obra, primordiando al otro ante todo, ¿cómo medimos si una travesía fue exitosa o no? Creo que es muy complejo poder medir una travesía como exitosa, pues dentro de todo lo que la travesía incluye, existen elementos que pueden ser medidos objetivamente, como los días requeridos, el término de la obra, el cumplimiento de los horarios, etc. También existen dimensiones que son más subjetivas y que dependen de la opinión personal de cada integrante de la Travesía y que no pueden ser medidas de forma estándar. Teniendo eso en cuenta, creo que poder decir si una travesía fue exitosa, o buena, o mala, es una tarea un poco difícil.