Los Archivos de Mnemósine

De Casiopea







TítuloLos Archivos de Mnemósine
Año2012
AutorJaime Reyes
Tipo de PublicaciónEnsayo
ColecciónPoética
Palabras Clavearchivo, memoria, poética, historia, disponibilización

Los Archivos de Mnemósine

En 1952 el fallecido arquitecto y profesor José Vial Armstrong comenzó el Archivo Histórico que hoy lleva su nombre y que depende de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Dentro de su extensa y prolífica labor docente, desarrolló un especial cuidado por la fotografía y resguardo de planos, documentos y diversa clase de originales.

Estrechamente asociado a este Archivo está la Biblioteca Con§tel, que siguió un rumbo propio desde 2002, y que se ocupa de editar, corregir, catalogar, referenciar y publicar el material textual. Es decir, todos los textos y escritos producidos por los profesores y la comunidad de la Escuela desde 1952 en adelante.

El Archivo Histórico conserva, mantiene, valoriza y disponibiliza el patrimonio artístico e intelectual de 60 años de interacción entre la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCV y sus entornos públicos y privados, sociales, políticos, institucionales, académicos, artísticos, etc. Consiste en el registro fotográfico, video, audio, dibujos, escritos, planos, pinturas, cuadernos, etc. de todas las actividades de vida, trabajo y estudio en Valparaíso, la Escuela, la Ciudad Abierta y también todo el material provenientes de las ‘Travesías’ [1] a lo largo y ancho de América. También contiene el material documental de estudios, proyectos y obras (láminas y carpetas de planos y dibujos) desde la década del ’50; desde la fundación del Instituto de Arquitectura hasta nuestros días.

Todo el material disponibilizado se encuentra en permanente revisión y corrección, siendo así un cuerpo de trabajo y para el cual nos encontramos desarrollando nuevos medios adecuados de publicación y disponiblización. Estos medios implican especialmente la difusión a través de internet, para facilitar el acceso y el conocimiento de nuestro patrimonio, para un amplio espectro de público.

¿Qué es realmente disponibilizar? ¿Para qué sirve la disponibilización de todo este material? ¿Para qué deben los Archivos de todo tipo salir al mundo? ¿Por qué no basta con el resguardo físico de los archivos?

Después de una larga experiencia con este Archivo, incluida la construcción de su espacio físico respetando altos estándares y de acuerdo a la archivología contemporánea en el manejo de todas sus colecciones, comprendemos que para cuidar legados, herencias, y mantener la fidelidad al origen, no basta con el resguardo físico y tangible de los diversos originales. Es necesario entregar el material a usuarios de diversa índole y abrir accesos universales que posibiliten búsquedas y encuentros que generen nuevo conocimiento. Se trata de concebir la disponibilización como una “exposición [que] no sólo muestra sino que pide y exige” un usuario “activo testigo porque en lo que presenta y en la actitud y disposición en que pone a quien la visita, también (se) produce memoria y archivo” (Bianchi 2004). La disponibilización de los archivos genera la memoria poética, para la construcción de la realidad.

No archivamos, en un mundo ya completamente interconectado cuyas distancias son asombrosamente reducidas por los medios tecnológicos, para ser emisarios de la comunicación entre las culturas, como tampoco estamos en el propósito de preservar el prodigio singular y exclusivo de cada cultura contra la amenaza de una posible contaminación ocurrida precisamente por el contacto frecuente entre esas culturas diversas. Mucho menos entendemos la memoria poética “asentada en una intencionalidad política” (Mansilla Torres 2009), no se nos “constituye en una categoría que informa” y no la concebimos más como el ‘depósito’ que imaginara San Agustín (Browne 2005).

La intención o finalidad de un archivo, entonces, más allá de obligaciones legales o disposiciones tradicionales, no es el mero acopio ni la acumulación de datos para que prevalezcan o para que perduren. ¿Qué entendemos por memoria poética? Proponemos que la memoria sea Mnemósine, la madre de las musas, quien nos ayude con la construcción de la realidad.

La fotografía puede conducirnos directamente hasta Mnemósine, y tal vez por ellos sea la fotografía una suerte de arquetipo paradigmático de los archivos modernos.

Si atendemos con cierta simpleza a la etimología de la palabra fotografía, podríamos decir que esta es una escritura de la luz (Csillag 2006). Pareciera que las fotografías pueden escribirnos con la luz. Podríamos suponer que cualquier fotógrafo, ya sea profesional, aficionado u ocasional, dedica su escritura de la luz a escribirnos a nosotros junto con lo que nos rodea. Con decir nosotros estamos diciendo las gentes que pueblan la Tierra; el mundo y sus pueblos, en sus quehaceres y aconteceres. Es decir, en sus tiempos y lugares. Desde que existe, la fotografía ha podido escribir la luz del tiempo y del lugar de una forma en que ninguna otra invención técnica ni manifestación artística pueden hacerlo.

La escritura de la luz tiene el don de recoger el tiempo y el lugar al unísono, reúne asombrosamente en un rayo único, fulgurante e inextinguible, esas dos dimensiones, dando cuenta de lo que no se observa a simple vista, algo que a la mirada corriente se le escapa y que aún cuando se esfuerce sinceramente nunca podrá conseguir. La fotografía ‘captura’ ese algo que emana en la luz de la reunión de tiempo y lugar, y que se resiste a otros medios de prender las cosas. Tal vez esto comprendían aquellos antiguos que no se dejaban fotografiar aduciendo que las fotos se quedarían con sus almas. Y entonces tal vez es cierto que las fotografías son un homenaje eterno, porque con su escritura de la luz nos regalan con la revelación de nuestras propias esencias. Aquellas aparentemente invisibles e incapturables y que sin embargo son, con toda precisión, ‘reveladas’. ¿Qué es eso misterioso y único que las fotografías capturan y luego revelan? La Memoria.

La memoria es uno de los elementos centrales en la construcción de la identidad personal en cuanto “aporta conciencia de la propia mismidad, aporta identidad: yo soy el mismo de ayer” (Parra C 2007); ayuda decididamente a “reconocernos a nosotros mismo a lo largo del espacio y el tiempo e incide en la constitución de la identidad social y en el involucramiento social” (Castro 2007). Si muchos recuerdos individuales coinciden en diversos puntos comunes, se puede hablar de una memoria colectiva; miradas hacia el pasado desde un presente compartido (Aravena R 2003). Porque es cierto que hay varias formas de hacer memoria; el “deber de la memoria que me obliga a descentrarme de mí mismo y ejercer la memoria solidaria”, olvido y la memoria, tanto individual como colectiva; el olvido y la memoria manipulada, entre otras formas de hacer memoria (Bustamante E 2011). Básicamente, la memoria es el fundamento de la identidad.

Sin embargo y no obstante todas estas implicaciones que ubican a la memoria en los procesos de identidad, “¿es necesario no perder una supuesta identidad? ¿Cuál?” (Iommi 1983).

El poeta Godofredo Iommi Marini en su texto Hay que ser Absolutamente Moderno , recogía un relato2 acerca del comienzo del mundo (Iommi 1984):

“Zeus termina la construcción de un mundo.
Todos los dioses están presentes. Sobreviene un admirable silencio, estupor ante la belleza de lo construido. Entonces Zeus pregunta a los dioses si falta algo para que la construcción sea perfecta. Los dioses convienen que algo falta. ¿Qué? Falta la palabra, pues sólo la palabra elogia. Y entonces Zeus crea las Musas”.

¿Por qué traigo ahora este relato? Porque la madre de las musas es Mnemósine, y ese nombre nosotros lo hemos traducido como memoria. Sucede entonces que la memoria no es sólo una facultad intelectual, no es sólo un poder de la mente, no es la depositaria de un conjunto de recuerdos, no es un receptáculo en donde se ordenan los fenómenos del tiempo pasado. “La memoria no es ningún desenterrar cosas del pasado”. Los neuro científicos ya prefieren de hecho “pensar a la memoria en términos de "circuito" y no de "depósito" (Calise 2011).

Nosotros proponemos a la memoria como la madre de las musas, a quien le son debidos todos nuestros elogios, es decir todas nuestras obras, del oficio que sean.

¿Por qué hemos de ofrecerle siempre el fruto de nuestros quehaceres y aconteceres? Porque la memoria es quien nos permite volver (varios autores 1967):

hay un 
llegar que es volver       aún más        todo llegar es un volver      así 
como el alba es un perpetuo volver         nosotros vivimos orientados 
por la palabra volver             en la resurrección volvemos a nuestra 
carne      resucitar 

    

Resucitar; vencer a la muerte. Lo contrario de la memoria, de Mnemósine, es la amnesia. Pero la amnesia no es el olvido de las cosas, no es perder o extraviar los recuerdos. Es no saber quién uno es. Y no saber eso es la muerte. El anhelo de que los registros nos permitirán volver, no una vez sino cada vez, a narrarnos cómo fue que sucedieron los eventos, los viajes, las experiencias, es lo que está promoviendo una relación con esta memoria. El anhelo de volver para recrear procesos que permitan entender el fondo de los sucesos y así erigir el presente.

Mnemósine entonces anula las divisiones ordinarias del tiempo y lo abre, con una incisión radical y refulgente. Al abrirnos nuevos modos del tiempo podremos, siempre y cada vez, “comenzar con gracia otro pasado” (varios autores 1967). ¿Es posible un prodigio semejante; ‘comenzar otro pasado’? La pregunta no es retórica ni tampoco literal. Pero la respuesta es que sí es posible volver a ver, ahora y aquí en el puro presente, ver otra vez, con una nueva mirada, todo aquello que creímos ya pétreo, inerte y estático en los fondos inalcanzables del pasado (Cruz 1993):

“El hombre está irremediablemente llamado y obligado a hacer y rehacer el mundo. Vale decir a re-inventarlo una y otra vez (nótese que etimológicamente la palabra invento tiene que ver con ‘ventura’, y consecuentemente con ‘aventura’)”. Y esta urgencia y obligación, puede cumplirla porque tiene la posibilidad de ver el mundo, su mundo, siempre de nuevo, de verlo como por primera vez (“Ver está tomado en sentido amplio; tal vez podría hablarse de “percibir”)”.

A esto lo llamamos el ‘hacer memoria’. Y este ejercicio no sólo es importante para las cuestiones del pasado, sino es lo que va a permitir vivir el presente como un regalo o concebir al futuro ya no como una amenaza. Es posible “rescatar el pasado sin renunciar al futuro. Solo la razón anamnética, la memoria, puede salvar del olvido del pasado” (Parra C 2007).

Pero para llevar a cabo estos modos, estos intentos, se requiere coraje; esto es un temple en el corazón. Hay que vestirse de héroe para llegar al fondo de un oficio.

Desde los trabajos que nos ocupan en el Archivo Histórico José Vial Armstrong podemos percibir una incapacidad general en las entidades estatales, en las organizaciones de la sociedad civil y en los ámbitos universitarios, para que el registro de las actividades de todo orden esté lo más completo y documentado posible. Pero el hecho del registro no puede ser una actividad sostenida desde sí misma; necesita un propósito.

En el Archivo Histórico José Vial hacemos poderosos y a veces infructuosos esfuerzos por acumular esos registros, sostenidos en diversos soportes, guardados físicamente en salas acondicionadas y digitalmente en equipos adecuados. Luego intentamos publicarlos, con la mayor cantidad de datos disponibles, en libros, artículos, en internet. Toda esta información, con miles de fotografías y videos y documentos, está disponible para cualquier visitante, para trabajos de investigación diversa. Pero el enfrentamiento con toda esta tremenda labor nos deja ante un cierto sin sentido. ¿Cuál es el valor de todo un material repleto de detalles que al neófito se le presenta inexorablemente sin contexto y siempre huérfano de referencias directas? Como si la sola acumulación de bitácoras, imágenes, textos leídos y escritos, latitudes visitadas o cantidad de kilómetros recorridos fuesen a constituir una suma de evidencias suficientes para justificar nuestros esfuerzos en mantener ese mismo registro. O tal vez pretendamos que desde las entrañas del registro inacabable sea posible obtener los tesoros secretos de cada lugar que visitamos o de cada obra que construimos. Más simplemente podría ser sólo la acumulación de información, tan estrictamente abundante y aparentemente necesaria en nuestros días digitales y on line, de suerte de que estén allí para cuando se la requiera en algún posible trabajo o experimento. Pero nada de esto basta para ser regalados con la benevolencia de la memoria, la aquiescencia de Mnemósine.

Es ella, Mnemósine, quien nos invita a narrar lo que nos ‘ha pasado’, para que, casi mártires, podamos ser los testigos y los testimonios de la verdad (Carneiro 2006), para que se produzca la catarsis que modifica también a los narradores, y por ende a quienes oyen o reciben esas narraciones. Tal vez por esto los poetas se empeñan en contar, una y mil veces, los mismos cuentos; cada vez que le agregan o suprimen alguna parte no están aderezando la historia para hacerla más digerible o amena según la ocasión. Esos “textos son la memoria de los sistemas sociales, sin importar si están fijados por escrito o si son solamente transmitidos oralmente” (Calise 2011). Los poetas están siendo transformados ellos mismos, junto a quienes les oyen, por el recuerdo-memoria, en la reinteriorización de lo vivido. Tal vez a esto se refería el gran Hölderlin en su poema Andenken, cuando afirmaba que “was bleibet aber stiften die dichter”, en el sentido de que sean estas narraciones el fundamento mismo de la realidad. Y que, además, permitan “la instauración del ser por la palabra”. Heidegger ofrece una interpretación que conduce con delicadeza hacia el sentido último que tal vez el poeta quiso proponer. “Pero lo que queda, lo instauran los poetas” o “mas, lo permanente lo instauran los poetas” podrían ser algunas traducciones casi literales. Lo que queda es lo permanente, lo que permanece. Los poetas instauran esto (Heidegger 1988). 

“Lo que dicen los poetas es instauración, no sólo en sentido de donación libre, sino a la vez en sentido de firme fundamentación de la existencia humana en su razón de ser. Si comprendemos esa esencia de la poesía como instauración del ser con la palabra, entonces podemos presentir algo de la verdad de las palabras que pronunció Hölderlin,”

 

La memoria, que se remite al comienzo, atiende a la lengua como el cimiento del ser y el principio de todas las cosas. Que “al principio era el Verbo” quiere decir que sólo porque hay verbo hay principio. Pues el principio nace con el primer acto de enunciación, con la primera palabra enunciada que abre las tinieblas. Sólo entonces puede acontecer la Creación: “Al principio Creó Dios los cielos y la tierra”. 

La lengua, así, no es un intercambio de información, y el permanecer (bleiben) es tener capacidad de memoria (erinnerungfähig). Para hallarnos en otro mundo es menester volver a la vida, darle vida, al principio. Es decir, lo que permanece, instaurado por los poetas, es la memoria. De hecho memoria podría ser una buena traducción del nombre del poema en cuestión; Andenken.

Podemos hacer que nuestros archivos conduzcan a estas narraciones como cimiento de la historia, y que esos mismos archivos dejen de ser representantes de los brutales y supuestamente siempre objetivos hechos.

Los hombres han de atender a las cosas constantemente nuevas que nos salen al paso en el presente. Así es nuestro acontecer y no una suma de hechos que se deslizan desde un pasado irreversible hasta un futuro sin fin. Por eso la historia puede nutrirse con el presente; justamente porque ve en lo anterior o lo pasado no un irrecuperable sino una suerte de presente anterior inagotable. Volver al pasado para tenerlo como un nuevo presente es la bella invocación que ya cité, de Amereida: 

y la primera tumba inútil

donde con gracia
comenzar otro pasado!

Todos los hombres somos históricos. El pasado visto desde la historia es todo menos lo que se fue, ni tampoco lo para siempre perdido. Más bien es aquello lo que puedo volver una y otra vez para alimentar mi presente; “se hace presente el pasado” (Parra C 2007). No vale preguntarnos entonces qué es el tiempo, pues caeríamos en la simpleza o charlatanería de entregar definiciones que cierran y acaban con la pregunta. Lo entenderíamos sabiendo que la verdad no es la certidumbre o atendiendo a los hechos y personajes de la historia como lo hace un gran poeta del mar (Walcott 1997):

Where are your monuments, your battles, martyrs?

Where is your tribal memory? 
Sirs,
in that gray vault. The sea. 
The sea
has locked them up. 
The sea is History.

Como el mismo Hölderlin sentencia justo antes de los versos que mencionábamos de Andenken: “Es nehmet aber / Und gibt Gedächtnis die See” (el mar destruye y da la memoria). Lo permanente luce sólo en el presente, como nos lo decía el diablo Escrutopo (Lewis 1993): “El presente es el tiempo que más se parece a la eternidad”. En el presente podemos exponernos a los cambios, arriesgar en lo que viene y en lo que va, pues, aunque suene a paradoja, sólo el presente es mudable.

Bibliografía

  • Aravena R, A. (2003). "El rol de la memoria colectiva y de la memoria individual en la conversión identitaria mapuche." Estudios atacameños: 89-96.
  • Bianchi, S. (2004). "Núnez, El Memorioso: ("La Quinta del Sordo": archivo y memoria)." Atenea (Concepción): 145-156.
  • Browne, T. (2005). "Tiempo: cuerpo y memoria, salones y recorridos." ARQ (Santiago): 10-13.
  • Bustamante E, C. (2011). "La memoria, la historia, el olvido: 10 años después, París, 2010." Teología y vida 52: 571-573.
  • Calise, S. (2011). "El concepto de memoria social como problema para la teoría de sistemas sociales." Cinta de moebio: 261-275.
  • Calise, S. (2011). "El concepto de memoria social como problema para la teoría de sistemas sociales." Cinta de moebio: 261-275.
  • Carneiro, S. (2006). ""Alguien te hablará de los tiempos oscuros": memoria, telemaquia y trasmisión de nuestro pasado reciente." Literatura y lingüística: 83-99.
  • Castro, G. (2007). "Jovenes: la identidad social y la construccion de la memoria." Última década 15: 11-29.
  • Cruz, F. (1993). Acerca de la Observación Arquitectónica. El mundo del croquis; Observación y croquis en la UCV. Valparaíso, www.ead.cl.
  • Csillag, I. (2006). "Rescate de la memoria a través del patrimonio fotográfico." Revista 180 nº 18.
  • Heidegger, M. (1988). Arte y Poesía. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
  • Iommi, G. (1983). "América, Américas Mías." Atenea (Concepción) 447.
  • Iommi, G. (1984). Hay que Ser Absolutamente Moderno. Cuatro Talleres de América en 1979. Hay que ser absolutamente moderno. Viña del Mar, Taller de Investigaciones Gráficas, Escuela de Arquitectura y Diseño, PUCV.
  • Lewis, C. S. (1993). Cartas del diablo a su sobrino. Santiago, Andrés Bello.
  • Mansilla Torres, S. (2009). "CUANDO LA MEMORIA POÉICA DOCUMENTA LA HISTORIA NO TODO LO SÓLIDO SE DESVANECE EN EL AIRE: (En torno a Nada queda atrás de Carlos Trujillo y Milton Rogovin)." Alpha (Osorno): 45-63.
  • Otto, W. (2005). Las musas y el origen divino del canto y del habla. Madrid, Siruela.
  • Parra C, F. (2007). "Desafío del tiempo, memoria y esperanza." Teología y vida 48: 449-469.
  • varios autores (1967). Amereida. Santiago, Editorial Cooperativa Lambda.
  • Walcott, D. (1997). El Reino del Caimito. Madrid, Norma editorial.

Notas

  1. El propio nombre ‘travesía’ ya indica su sentido: ir a través, atravesar, a campo traviesa. En este ir a través de América, la travesía se detiene para levantar obras que interpretan, ponen en forma y espacio, cada extensión en que se emplazan. Las travesías son viajes poéticos por América que realiza anualmente la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCV, a partir del año 1984. Estos viajes, que son integrados por los alumnos y profesores de Arquitectura, Diseño Gráfico y Diseño Industrial, hoy cuentan más de 170 lugares visitados y obras construidas a lo largo y ancho de toda América. En las travesías se realizan obras desde la creatividad del oficio, en algún punto de América fijado a través del estudio que desarrolla cada Taller.