La expresión en el encuentro con el “otro”

De Casiopea



TítuloLa expresión en el encuentro con el “otro”
AsignaturaTaller Amereida 2014
Del CursoTaller Amereida 2014
CarrerasDiseño Industrial
Alumno(s)Bárbara Quiroz

La expresión en el encuentro con el “otro”

Un poco de contexto

Desde los inicios de la humanidad, el arte fue un sinónimo de expresión. Los dibujos creados por los predecesores del nuestra raza inspiran un medio de comunicación, una expresión del pensamiento a través de la mano. Así también, junto con la evolución a través de los años, se desarrolló la capacidad artística donde la mano del ser homínido fue ejerciendo más profundidad expresiva. Ya no eran solo un medio de comunicación, sino que se transformó en un medio de vida.

Pero me detengo en este punto preguntándome, ¿cómo se alcanzaba este medio de vida?

Claramente, como conocemos, las técnicas del homínido se fueron desarrollando por y para su capacidad de supervivencia. Los cuchillos hechos en piedra sólida, con una hoja que podía atravesar la carne de su alimento, martillos que le permitieron construir objetos, y muchas otras cosas son ejemplos del cómo el ser humano de esa época se desarrolló en cuanto a la técnica. Sin embargo, cuando comenzó el sedentarismo ya no había necesidad de sentirse en peligro todo el tiempo, por lo cual la capacidad de expresión se llevó a un siguiente plano: el ser. La mano se fue desenvolviendo en otro tipo de traspaso expresivo, a una composición interior donde se dejaba una huella de vida – como el traspaso de la cultura, por ejemplo – y de características propias.

¿Qué es lo que quiero decir con esto? Bueno, el traspaso de la necesidad de sobrevivir al manifestar el interior se debe a querer dejar algo hacia “otro”. Ya no solamente se ve uno mismo, sino que también la intención, la necesidad por decirlo de alguna manera, de querer mostrarle a otro la obra que vino desde sí mismo. Esta característica, dada por nuestra condición de “ser” humano, la desarrollaré un poco más adelante.

Una evolución hacia el automatismo

El verdadero rostro del arte se ha ido desvirtuando en nuestro tiempo. Ya no existe – o existe poco – el concepto de entregarle una obra al mundo, ya que para eso están las máquinas y todo un sistema que permite que solo productos lleguen a cada casa. No se piensa en la unidad como un regalo, sino que si llega a ser un buen recurso o no.

Y esto viene también de lo anterior hablado, la capacidad de hacer del ser humano. La mano, que antes trabajaba directamente, es suplida por un sistema de automatismo. Aunque no se pueden criticar sus cualidades positivas – que son varias – se puede hacer un hincapié en lo que se ha perdido. Esto es la forma de la creatividad transformada en objeto, y el objeto transformado en regalo.

El arte, la expresión, el transmitir una idea única sacada de la profundidad de ser humano y, a la vez, realizada con su propia mano se ve infravalorada en la sociedad actual.

Como oficio de diseñadores y arquitectos nos vemos enfrentados a estas dos partes. Por un lado aprendemos el desarrollo de la técnica con respecto a las herramientas que podemos adquirir en la actualidad, por otro nos enfocamos en la observación del mundo y es en esta parte donde nosotros logramos ver y hacer conciencia de esta carencia de expresión artística. Obviamente se nos prepara para salir al mundo laborar y pertenecer a ciertos parámetros del sistema contemporáneo, sin embargo se nos inculca ese valor desprendido muchas veces de la humanidad: el regalo. Valorar este concepto nos permite ver más allá de lo preestablecido, así como también de salir a “hacer mundo” (de lo cual también trataré un poco más adelante).

El regalo

En otras oportunidades de taller de Amereida se nos ha conversado acerca del regalo. Este derivado de la obra creada y que es transmitida al mundo. Bien, esto no es diferente a lo que hablé en un principio, de este ser humano sedentario que pasó de velar por su propia vida a ver hacia los demás.

Más que un elemento vago de mencionar, el regalo, el entregar una obra hacia otros es una condición de “ser” humano. ¿Por qué destaco el “ser”? Pues por el hecho de estar, de existir siendo humano y todo esto con la relación de expresar, ya que el “ser” humano no puede ser – bien valga la redundancia – sin manifestarse al otro. El vivir en comunidad le hizo darse cuenta de este hecho a nuestros predecesores.

¿Por qué, de pronto, el homínido decidió vivir en comunidad? El sobrevivir solo era una tarea complicada y al darse cuenta que al “unir fuerzas” con otros le daba más seguridad comenzó este proceso de la vida en comunidad. Tal vez fue por simple casualidad que el desarrollo de las emociones le permitieran sentirse más cómodo con otros, pero este traspaso del ente solitario al conviviente le hizo querer traspasar parte de su propio ser en forma de expresión.

Así es como el regalo de una obra se traduce al transmitir parte de ese “ser” humano, o sea, transmito mi propia existencia hacia el “otro”.

El encuentro con el otro

Ya he mencionado bastante a este “otro”. Pero, ¿qué quiere decir? O mejor aún, ¿qué significa para mí ese “otro”? La primera pregunta se puede responder en base a lo conversado en el taller de Amereida, sobre el receptor de este traspaso expresivo. La segunda pregunta se responde brevemente: el “otro” soy “yo”. Pero esa es una manera muy vaga de explicarlo. Lo que quiero decir es que nosotros, cuando entregamos una obra – una parte del ser, como lo expliqué – se la entregamos a los otros, el mundo, la humanidad en general. Pero a su vez, este otro somos nosotros mismos cuando nos regocijamos de alguna obra. Este juego de palabras viene de los mismos inicios de nuestra América, desde el viaje inadvertido de Cristóbal Colón a las tierras ajenas. En este mismo punto el encuentro con el “otro” fue insospechado e impactante a la vez, un hecho fortuito que llevó consigo toda una historia que trascendió el ritmo de la sociedad.

Esta casualidad transformó al otro en un yo, y ese yo se transformó en otro. Así es el encuentro con el “otro”, es el encuentro con uno mismo, este caminar por un hecho fortuito de toparse con la esencia interna propia y, además, de toparse con la realidad ajena.

Nuestra obra: la expresión en el encuentro con el “otro”

Todo lo anteriormente hablado se compila en nuestro quehacer del oficio como diseñadores y arquitectos: la travesía. El querer expresarse como ser humano culmina en esto llamado travesía, donde nos vamos en busca de este hecho fortuito del encuentro con el otro, dejando una huella: un regalo. Es por eso que la travesía a través de América va más allá del simple hecho de ir a construir algo en otro lugar, es parte de lo que se mencionó al principio, el llegar a tomar la enseñanza de la expresión artística, de dejar esa esencia de ser humano con una obra hecha por nuestra propia mano.

Desde mi punto de vista, con la experiencia de la primera travesía del año anterior, es realmente gratificante dejar tal huella. Del saber que en algún lugar se dejó una parte del propio interior, de que se ese “ser” del “yo” ahora está a disposición del “otro”. La obra creada desde la humanidad, regalada a la misma humanidad, es la síntesis que hago de este viaje de "hacer mundo" llamado travesía.

Reflexión general

Viviendo, o mejor dicho, conviviendo en nuestra sociedad contemporánea he llegado a percibir el deseo de seguir construyendo mundo a través de la travesía, que es la instancia más ligada a mí. Por otra parte también es importante mencionar la valoración de aquellos “otros” por la obra misma, lo cual me da a entender que a pesar de lo desvalorado el concepto del regalo como parte de uno mismo sigue existiendo ese brote de la expresión y mientras continúe estando siempre existirán los “yo” y lo “otros” como un conjunto y no como entes individualizados.

El convivir en comunidad nos hace estar en contacto con nosotros mismos y, por ende, de querer expresar. Así el “ser” que ha ido evolucionando a través de los años está presente en la sociedad actual.

Para finalizar hago la siguiente reflexión: si nos cuestionamos nuestra capacidad de expresar nos estamos cuestionando a nosotros mismos, ya que la expresión es lo que nos hacer existir. Si cuestionamos la voluntad del “otro” también nos estaremos cuestionando, porque sin el “otro” no existe el “yo”. Basta con mirarnos nuestras propias manos y preguntarnos: ¿qué soy capaz de transmitir?

De la existencia viene la creatividad, de esta viene el regalo al otro… del otro viene el yo y, por ende, el “ser” humano.