La Observación es una actividad del espíritu (y del cuerpo)

De Casiopea





TítuloLa Observación es una actividad del espíritu (y del cuerpo). Observation is an activity of the spirit (and of the body).
Año2017
AutorJaime Reyes
Tipo de PublicaciónEnsayo
ColecciónPoética
Palabras Claveobservación, espiritualidad, arquitectura diseño, observation, spirituality, architecture, design
LíneaFormación y Oficio
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño, Náutico y Marítimo, Ciudad y Territorio, Formación y Oficio, Interacción y Servicios

La Observación es una actividad del espíritu (y del cuerpo)

El profesor y arquitecto de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCV, Fabio Cruz P., en 1993 dio una clase sobre la observación:

“Observar” sería entonces esa actividad del espíritu (y del cuerpo) que nos permite acceder, una y otra vez, a una nueva, inédita, visión de la realidad.

Observar, en el sentido que lo estamos considerando, se convierte en una verdadera abertura. Se trata de algo profundamente artístico y por ende poético.

(Cruz P. 1993)

¿Qué entendemos una actividad? ¿Cuál observación? ¿Hay un espíritu? Estas tres preguntas apuntan a la poética del enunciado que titula este escrito.

¿Qué entendemos como una actividad?

Una actividad no es meramente un conjunto de operaciones o tareas propias de una persona o entidad; el diccionario de la Real Academia Española define actividad como la facultad de obrar. En este sentido la Observación sería la aptitud del espíritu para hacer o estar en obra. No es una acción de cualquier tipo, sino una proyectada hacia la obra de los oficios. Y en este sentido la observación sería una actividad posible para cualquier oficio, para cualquier persona que practica un oficio. De hecho, está implícito en la postulación de Fabio Cruz el que la observación, al ser del espíritu y del cuerpo, es inherente a todas las personas; es una posibilidad que tiene cualquiera, porque todas las personas tienen un cuerpo y, como veremos más adelante, todas también tienen espiritualidad.

¿Cuál observación?

La Observación es uno de los ejercicios que distingue a esta Escuela de tantas otras escuelas de arquitectura y diseño del mundo. Aquí se la practica con una modalidad particular desde hace más de sesenta años. Todos los estudiantes, desde el primer día, tienen tareas de Observación y esta atraviesa los talleres de arquitectura y diseño durante todos los años de estudio. No sólo esto, sino que la Observación es una actividad que podría o debiera seguirse ejercitando toda la vida, no sólo durante el tiempo universitario. De hecho, tal vez sea, el ejercicio de ella, una bella oportunidad de reinventarse en el oficio cada vez, de poder perseguir los intereses personales que mutan con la edad, de estar presentes en el tiempo que muda sus horizontes, en el mundo que se transforma velozmente, habitando en comunidad junto a las personas que evolucionan.

Lo que en la Escuela se llama la Observación no es sólo una actividad disciplinar, sino que es también, y sobretodo, un proceso de transformación personal interno que no puede abordarse como metodología. Se podría considerar que la formación de arquitectos y diseñadores en esta Escuela pretende no sólo la instrucción profesional, sino una transformación individual íntima. Es como el poeta Godofredo Iommi interpretaba el verso de Rimbaud “Il faut changer la vie”: no hay que cambiar ‘la’ vida, sino hay que cambiar ‘de’ vida. Por supuesto que este cambio o transformación personal de cada estudiante no es exigible ni evaluable; pues queda sujeta a la libertad de cada cual. Cualquiera puede graduarse en esta Escuela sin necesidad de adscribir a esta evolución personal, no es un requisito ni una cláusula obligatoria, pero no cabe duda que esta es la invitación última, el llamado o invitación, extrema y moderna, que hace la poesía para que se pueda establecer su relación con los oficios.

Si una institución o un grupo o una organización, de la índole que sea, propone que para pertenecer a su íntimo círculo la persona debe realizar un cambio de vida, está discriminando, positiva o negativamente, y puede parecer sectaria o intolerante; homogénea en contraposición a diversa. Pretender que el espíritu de una comunidad académica reside en una transformación personal de sus miembros, a través del ejercicio de esta clase de Observación, se presta para que esta comunidad sea considerada dogmática y ajena a los procedimientos de la razón. Sin embargo, sabemos bien que estos mitos pueden y deben ser revisados, actualizados cuando sea posible o abandonados cuando se muestren obsoletos. Además, la Observación no es exclusiva de estas aulas y consideramos que todos los oficios, en cuanto se aproximen a una obra creativa, pueden y deben ejercerla.

Alberto Cruz en 1982 declaraba que “la observación representa un primer paso, un paso que aún no se encuentra con el poder, el poder de dominio de la naturaleza, imprescindible para toda realización que ha de edificarse.” Es decir, es el paso previo, anterior a la obra. Pero aún cuando es un paso previo “la observación pertenece en propiedad al reino de la obra.” (Cruz 1982). Alberto Cruz se refiere esencialmente a la observación arquitectónica, “que nos muestra los tamaños en y con los cuales construimos el acto de habitar, acto que la obra recoge.” Es decir, la observación ha de vérselas con un acto o gesto que luego la obra deberá considerar como su cuestión fundamental irrenunciable.

El arquitecto David Jolly explica la Observación arquitectónica (y de diseño) de nuestra Escuela: “desde hace ya más de sesenta años se practica este modo de contemplación, dibujando de cuerpo presente ante la extensión, sea esta el espacio urbano o natural; son croquis acompañados de un breve escrito que ilumina lo que el dibujo revela.” (Jolly 2015, p. 15). Es decir, es un ejercicio con el dibujo. El arquitecto Mauricio Puentes, en concordancia con que la Observación es también una actividad del cuerpo, afirma que esta es “el hacer vidente a los sentidos” (Puentes 2008, p. 20), no sólo a la vista, y que por ello se le llama al acto de observar “un ir más allá de los sentidos mismos para construir una reflexión” (Ibid, p. 23). Finalmente, según Puentes, este acto de observación incluye una dimensión espacial –el lugar en que se ejecuta el acto de observar– y una dimensión temporal:

la observación que se registra en una relación estricta entre dibujo y texto, es aquella que permite no solo ver sino permanecer e indagar en una especie de lapso de tiempo-espacio donde el mundo se muestra desde lo entero, a diferencia de una imagen fotográfica que retiene un instante donde no ocurre la permanencia. (Ibid, p. 29).

En este sentido la observación puede generar un lenguaje desde el cual abordar, creativamente, el proyecto arquitectónico o de diseño basado en las peculiaridades de un lugar o de un gesto, y este lenguaje previo del lugar y del gesto puede, según Puentes, dar curso al habitar y a las formas en las ciudades y en las obras de lo humano.

¿Hay un espíritu?

El espíritu no es un fantasma que vaga dentro de zonas desconocidas en nuestro interior incognocible ni en los alrededores etéreos e infinitos de la naturaleza. Si bien es cierto que el espíritu presupone existir como una parte inmaterial del ser, también podemos considerarlo una entidad abstracta bastante concreta. Carl Sagan dice que

a pesar del uso en sentido contrario, la palabra «espiritual» no implica necesariamente que hablemos de algo distinto de la materia (incluyendo la materia de la que está hecho el cerebro), o de algo ajeno al reino de la ciencia. La idea de que la ciencia y la espiritualidad se excluyen mutuamente de algún modo presta un flaco servicio a ambas. (Sagan and Abelló 2017).

Por ejemplo, sabemos que la ley tiene un espíritu; es el sentido profundo, la idea central o el principio generador de una ley o un reglamento. Es una característica esencial. También podría representarse como un valor o fuerza, como cuando decimos, para alegrar a alguien, hay que levantar el espíritu. Las personas pueden poseer un espíritu crítico o ser de espíritu abierto. Otros hablan del espíritu nacional o de equipo, entendiendo que forman una unidad mayor aunque funcionen como entidades separadas. En este sentido el espíritu podría ser una sustancia de los seres humanos que los hace iguales. Hay otros que creen en el Espíritu Santo. Pero Fabio Cruz no se refería a esta creencia religiosa. Se puede ser absolutamente ateo y poseer una profunda espiritualidad, como se puede poseer lo sagrado. Cuando Fabio Cruz dice que la observación es una actividad del espíritu no se refiere a la recepción de iluminación divina, sino a esta labor destinada hacia la obra, practicada por cualquier persona, independiente de que tenga creencias religiosas.

Observar es una ocupación artística. Y esta proposición no proviene exclusivamente de los artistas, sino también de las humanidades o de las ciencias clásicas.

Algunos científicos modernos, de quienes normalmente se podría esperar que fuesen reacios a considerar al espíritu como uno de los actores relevantes que aportan al conocimiento, sin embargo creen que “el espíritu penetra en otra realidad más allá del alcance del peso y la medida.” (Wilson 1999). Incluso piensan que esta penetración ayuda a “reforzar el conocimiento organizado” y se previene la “confusión epistemológica” (Ibid), porque aunque nunca podremos conocer ni descubrir ni explicarlo todo, es el espíritu humano quien permite viajar velozmente a través de lo conocido y desde allí seguir trazando rutas, indefinidamente, hacia lo desconocido.

En el siglo XVII la humanidad comenzó a establecer que el mundo físico está regido por leyes matemáticas y entonces se asoció, por una parte a la naturaleza con la materia inerte gobernada por la matemática, y por otra parte a la realidad espiritual con lo sobrenatural. Desde entonces se creyó que sólo los enunciados de la física podían constituirse como verdad material (Prigogine 2004). Pero en pleno siglo XXI ese paradigma se ha mostrado insuficiente. Hoy la física no pretende explicar la totalidad del mundo, sino establecer relaciones entre los problemas y los métodos de análisis. Existen múltiples puntos de vista o de percepción y la ciencia ayuda a escoger alguno; en el fondo se trata de escoger las preguntas, sin importar si el mundo reconoce alguna utilidad inmediata. En todas las disciplinas vale esta misma actitud. El premio Nobel de química Ilya Prigogine sabe que “sólo algunos espíritus indómitos, ajenos, en su batiscafo en medio del fragor del océano social, rumian de vez en cuando problemas extraños, totalmente carentes de actualidad. Son los inventores del futuro.” (Prigogine 2004).

El historiador inglés Eric Hobsbawm pensaba que en el siglo XXI ya no existe más la barrera tradicional que separaba al cuerpo del espíritu (Hobsbawm 2013). Las ciencias lo corroboran cuando proponen que la conciencia es un proceso biológico que se podrá explicar en términos de células que interactúan entre sí. Eric Kandel, premio Nobel de medicina, estudiando la memoria decía que:

para algunas personas la idea de que la mente y el espíritu del hombre provienen de un órgano físico –el cerebro– resulta novedosa y alarmante. No pueden creer que el cerebro es un órgano de cómputo que procesa información, cuyo extraordinario poder no radica en su misterio sino en su complejidad: la enorme cantidad de células nerviosas que contiene, su diversidad, y sus múltiples interacciones. (Kandel and Marengo 2007).

Muchas de las preguntas que durante milenios han sido abordadas por la filosofía o la metafísica hoy son testadas en laboratorios experimentales de las ciencias de la mente. Hoy sabemos que “en realidad, las emociones son algoritmos bioquímicos vitales para la supervivencia y la reproducción de todos los mamíferos.” (Harari and Harari 2017).

El historiador Yuval Harari piensa que la espiritualidad es un viaje:

La religión es un pacto, mientras que la espiritualidad es un viaje. Por ejemplo, una joven puede empezar estudiando Economía para asegurarse un puesto de trabajo en Wall Street. Sin embargo, si lo que aprende hace que, de alguna manera, termine en un ashram hindú o ayudando a pacientes con VIH en Zimbabue, entonces a esto podemos considerarlo un viaje espiritual. (Harari and Harari 2017).

Lo mismo que pensaba Godofredo Iommi cuando anotó, en Amereida II, que es más importante la ruta que la hermosura. El poeta se refería a que es en la ruta donde se ejerce la actividad espiritual, no en la obtención de un resultado final. Como si lo más importante fuese no responder ni hacer nada que tienda a confirmar los órdenes establecidos, sino obrar sobre aquello que nos permite salir de dichos órdenes. Se requiere el coraje y la disponibilidad para errar hacia las difíciles preguntas aún cuando estas conduzcan hacia horizontes arduos y saturados de obstáculos, especialmente aquellos que no han sido predeterminados por los dogmas y los mandatos de unos sistemas supuestamente válidos por tradición o por cualquier orden que sea. Especialmente sabiendo que es muy probable que los hallazgos o regalos que surjan en esta ruta nunca puedan ser anticipados: “el don para mostrarse equivoca la esperanza.” (varios autores 1967).

Esto es lo contrario de lo que normalmente las academias y la economía del crecimiento infinito establecen como pacto (Harari and Harari 2017). La observación en la formación de estudiantes permite inquirir sobre la realidad mediante preguntas que nos lleven hacia campos desconocidos.

El filósofo Daniel C. Dennett explica y resume, con gran simpleza, lo que él considera el secreto de la espiritualidad:

Estas personas se han percatado de uno de los mejores secretos de la vida: dejar de preocuparse. Si puede acercarse a las complejidades del mundo, tanto a sus glorias como a sus horrores, con una actitud de humilde curiosidad, y reconocer que, no importa cuan profundo lo haya visto —si acaso, apenas rasguñando la superficie—, encontrará entonces mundos dentro de mundos, bellezas que hasta entonces no había podido imaginar, y sus preocupaciones mundanas se reducirán a un tamaño adecuado, no muy importante cuando se contrastan con el gran esquema de las cosas. Mantener esa imagen atemorizante del mundo lista y a la mano, mientras uno trata de lidiar con las demandas de la vida cotidiana, no es un ejercicio sencillo, pero definitivamente vale el esfuerzo, pues si puede mantenerse centrado e interesado, encontrará que es más fácil tomar las decisiones más difíciles, las palabras adecuadas llegarán cuando las necesite, y será en realidad una mejor persona. Mi propuesta es que ése es el secreto de la espiritualidad, y no tiene nada que ver con la creencia en un alma inmortal, o en nada sobrenatural. (Dennett and De Brigard 2007).

Un nuevo campo existencial

En verdad, la observación permite la abertura de un campo existencial; antes que nada, exige nuestra propia transformación. Primero hay que cambiar de vida y luego podremos hacer obras que transformen nuestro entorno o la realidad. Aún cuando esta proposición pueda resultar trágica; hacer esta transformación personal es duro, solitario, hay que ir contra las estructuras, lo que no necesariamente significa ser un antisocial. Ya lo sabía perfectamente Godofredo Iommi cuando escribe, en 1963, su Carta del Errante:

Pero el poeta es también un hombre. Entonces ¿cómo vivirá? No tiene oficio, él oficia. El mundo puede humillarlo o sostenerlo. Eso no le concierne. Celebrante, no juzga ni quiere ser juzgado. Es el mundo quien se juzga a sí mismo agobiándolo o glorificándolo. Su misión es autónoma e indestructible porque es necesaria. Pase lo que pase, la fiesta continúa. No tiene nada que temer, y aún si lo peor ocurre, podemos estar seguros que ‟otros horribles trabajadores vendrán”; (Iommi 1963)

La proposición de Fabio Cruz es una abertura hacia una nueva visión de la realidad. Esto es la abertura hacia un nuevo campo existencial que no se agota, porque deriva de la creatividad humana. Es decir, es un campo existencial que podrá mantenerse y sostenerse, mediante los trabajos, los estudios y la vida de cada cual, sin fin.

Observation is an activity of the spirit (and of the body)

The professor and architect of the School of Architecture and Design of the PUCV, Fabio Cruz P., in 1993 gave a lecture about the observation:

"Observe" would be that activity of the spirit (and the body) that allows us to access, again and again, to a new, unusual, vision of reality.

To observe, in the sense that we are considering it, becomes a real aperture. It is something deeply artistic and therefore poetic.

(Cruz P. 1993)

What do we understand as an activity? Which Observation? Is there a spirit? These three questions point to the poetics of the statement that titles this writing.

What do we understand as an activity?

An activity is not merely a set of operations or tasks typical of a person or entity; The dictionary of the Real Academia Española defines activity as the facultad de obrar (faculty of action in a work). In this sense the Observation would be the aptitude of the spirit to do or to be in work. It is not an action of any kind, but a projection into the work of the trades or offices. And in this sense Observation would be a possible activity for any trade, for any person who practices a trade. In fact, it is implicit in the postulation of Fabio Cruz that Observation, being of the spirit and the body, is inherent in all people; Is a possibility that anyone has, because all people have a body and, as we will see later, they also all have spirituality.

Which observation?

The Observation is one of the exercises that distinguishes this School from so many other schools of architecture and design of the world. Here it is practiced with a particular modality for more than sixty years. All students, from the first day, have Observation tasks and it goes through the workshops of architecture and design during all the years of study. Not only this, but Observation is an activity that could or should continue to be exercised throughout life, not only during university time. In fact, it may be, the exercise of it, a beautiful opportunity of each person to reinvent himself in the office each time, to be able to pursue personal interests that change with age, to be present in the time that changes its horizons, in the world that Is transformed quickly, living in community with the people who evolve.

What in this School is called Observation is not only a disciplinary activity, but also, and above all, a process of internal personal transformation that can not be approached as a methodology. It could be considered that the training of architects and designers in this School aims not only professional instruction, but an individual transformation. It is as the poet Godofredo Iommi interpreted the verse of Rimbaud Il faut changer la vie: it is not necessary to change 'the' life, but it is necessary to change 'of' life. Of course, this personal change or transformation of each student is neither demandable nor evaluable; Because it is subject to the freedom of each one. Anyone can graduate in this School without having to be attached to this personal evolution, is not a requirement or a mandatory clause, but there is no doubt that this is the last invitation, the extreme and modern call, that makes poetry to Their relationship with trades can be established.

If an institution or group or organization of any nature proposes that, to belong to their inner circle, the person must make a change of life, is discriminating, positively or negatively, and may seem sectarian or intolerant; Homogeneous as opposed to diverse. Pretending that the spirit of an academic community resides in a personal transformation of its members, through the exercise of this kind of Observation, lends itself to make this community considered dogmatic and unrelated to the procedures of reason. However, we are well aware that this invitation can and should be reviewed, updated where possible or abandoned when it is obsolete. In addition, Observation is not exclusive to these lecture rooms and we consider that all trades, as soon as they approach a creative work, can and should exercise it.

Alberto Cruz in 1982 stated that "observation represents a first step, a step that still does not meet with power, the power of domination of nature, essential for any realization to be built." It is the previous step , Prior to the work. But even when it is a prior step "the observation belongs in property to the realm of the work" (Cruz 1982). Alberto Cruz refers essentially to architectural observation, "which shows us the sizes in and with which we construct the act of inhabiting, an act that the work collects." That is, the Observation has to deal with an act or gesture that then Must consider as its fundamental question that can not be renounced.

The architect David Jolly explains the Architectural (and design) Observation of our School: "For more than sixty years, this mode of contemplation has been practiced, drawing a present body before the extension, whether it is the urban or natural space; Are sketches accompanied by a brief writing that illuminates what the drawing reveals. "(Jolly 2015, p.15). That is, it is an exercise of drawing. The architect Mauricio Puentes, in agreement with the fact that the Observation is also an activity of the body, affirms that this is "making seer to the senses" (Puentes 2008, p.20), not only in sight, and for that reason He calls the act of observing "a going beyond the senses themselves to construct a think about" (Ibid, p.23). Finally, according to Puentes, this act of Observation includes a spatial dimension –the place where the act of observing is performed– and a temporal dimension:

The observation recorded in a strict relationship between drawing and text, is one that allows not only to see but to remain and to inquire in a kind of time-space span where the world is shown from the whole, unlike a Photographic image that retains an instant where the permanence does not occur. (Ibid, 29).

In this sense Observation can generate a language from which to approach, creatively, the architectural or design project based on the peculiarities of a place or a gesture, and this previous language of place and gesture can, according to Puentes, give course By dwelling and forms in the cities and in the works of the human.

Is there a spirit?

The spirit is not a ghost that wanders within unknown areas in our incognosy interior or in the ethereal and infinite surroundings of nature. While it is true that spirit presupposes to exist as an immaterial part of being, we can also consider it a rather concrete abstract entity. Carl Sagan says:

In spite of its use in the opposite sense, the word "spiritual" does not necessarily imply that we speak of something other than matter (including the matter of which the brain is made), or something alien to the realm of science. The idea that science and spirituality mutually exclude each other in some way lends a poor service to both. (Sagan and Abelló 2017).

For example, we know that the law has a spirit; Is the deep meaning, the central idea or the principle that generates a law or a regulation. It is an essential feature. It could also be represented as a value or strength, as when we say, to cheer someone, we must raise the spirit. People can have a critical spirit or be open-minded (an open spirit). Others speak of the national or team spirit, understanding that they form a larger unit even though they function as separate entities. In this sense the spirit could be a substance of human beings that makes equals between them. There are others who believe in the Holy Spirit. But Fabio Cruz did not refer to this religious belief. One can be absolutely atheistic and possess a deep spirituality, as one can possess the sacred. When Fabio Cruz says that Observation is an activity of the spirit, it does not refer to the reception of divine enlightenment, but to this task destined for the work, practiced by any person, independent of having religious beliefs.

Observing is an artistic occupation. And this proposition does not come exclusively from the artists, but also from the humanities or the classical sciences.

Some modern scientists, who would normally be expected to be reluctant to consider the spirit as one of the relevant actors who contribute to knowledge, nevertheless believe that "the spirit penetrates into another reality beyond the reach of weight and measure." (Wilson 1999). They even think that this penetration helps to "reinforce organized knowledge" and prevents "epistemological confusion" (ibid), because although we may never know or discover or explain everything, it is the human spirit that allows us to travel quickly through the known and From there continue to trace routes, indefinitely, towards the unknown.

In the seventeenth century mankind began to establish that the physical world is governed by mathematical laws and then associated, on the one hand, nature with inert matter governed by mathematics, and on the other hand spiritual reality with the supernatural. Since then it was believed that only the statements of physics could be constituted as material truth. But in the XXI century this paradigm has proved insufficient (Prigogine 2004). Today physics is not intended to explain the whole world, but to establish relationships between problems and methods of analysis. There are multiple points of view or of perception and science helps to choose some; At the bottom it is a matter of choosing the questions, regardless of whether the world recognizes any immediate utility. In all disciplines this same attitude holds true. Nobel laureate Ilya Prigogine knows that "only some indomitable spirits, strangers, in their bathyscaph amid the din of the social ocean, occasionally ruminate strange problems, totally lacking in timeliness. They are the inventors of the future." (Prigogine 2004).

The English historian Eric Hobsbawm thought that in the 21st century the traditional barrier separating the body from the spirit no longer exists (Hobsbawm 2013). The sciences corroborate it when they propose that consciousness is a biological process that can be explained in terms of cells that interact with each other. Eric Kandel, Nobel Prize in medicine, studying the memory said that:

For some people the idea that the mind and the spirit of man come from a physical organ –the brain– is novel and alarming. They can not believe that the brain is a computation organ that processes information, whose extraordinary power lies not in its mystery but in its complexity: the enormous number of nerve cells it contains, its diversity, and its many interactions. (Kandel and Marengo 2007).

Many of the questions that have been addressed for millennia by philosophy or metaphysics today are tested in experimental laboratories of the mind sciences. Today we know that "emotions are actually biochemical algorithms vital to the survival and reproduction of all mammals" (Harari and Harari 2017).

The historian Yuval Harari thinks that spirituality is a journey:

Religion is a covenant, while spirituality is a journey. For example, a young woman may start studying economics to secure a job on Wall Street. However, if what she learn causes she to somehow end up in a Hindu ashram or help HIV patients in Zimbabwe, then this can be considered a spiritual journey. (Harari and Harari 2017).

The same as Godofredo Iommi thought when he wrote, in Amereida II, that the route is more important than beauty. The poet referred to the fact that it is in the path where the spiritual activity is exercised, not in the obtaining of a final result. As if the most important thing was not to respond or do anything that tends to confirm the established orders, but to act on that which allows us to leave those orders. It takes the courage and the willingness to err on the difficult questions even if they lead to arduous horizons saturated with obstacles, especially those that have not been predetermined by the dogmas and mandates of systems supposedly valid by tradition or by any order be. Especially knowing that it is very probable that the discoveries or gifts that appear in this route can never be anticipated: "the gift to show is mistaken of hope" (several authors 1967).

This is the opposite of what academies and the economy of infinite growth usually establish as a covenant (Harari and Harari 2017). Observation in the formation of students allows us to inquire about reality through questions that lead us to unknown fields.

The philosopher Daniel C. Dennett explains and summarizes, with great simplicity, what he considers the secret of spirituality:

These people have noticed one of the best secrets of life: stop worrying. If you can approach the intricacies of the world, both glories and horrors, with an attitude of humble curiosity, and recognize that no matter how deep you have seen it –if at all, barely scratching the surface– then you will find worlds within Of worlds, beauties which you had not yet been able to imagine, and your worldly preoccupations will be reduced to a suitable size, not very important when contrasted with the grand scheme of things. Keeping that frightening image of the world ready at hand, as you try to cope with the demands of daily life, is not a simple exercise, but definitely worth the effort, because if you can stay focused and interested, you will find it easier to take The most difficult decisions, the right words will come when you need them, and you will actually be a better person. My proposal is that this is the secret of spirituality, and it has nothing to do with belief in an immortal soul, or anything supernatural. (Dennett and De Brigard 2007).

A new existential field

In truth, Observation permits the opening of an existential field; First of all, demands our own transformation. First we have to change our lives and then we can do works that transform our environment or reality. Even though this proposition may be tragic; Making this personal transformation is hard, lonely, we must go against structures, which does not necessarily mean being antisocial. Godofredo Iommi was well aware when he wrote his Letter of the Wanderer in 1963:

But the poet is also a man. Then how will he live? He has no trade, he officiates. The world can humiliate or sustain it. That does not concern him. Celebrant, does not judge and does not want to be tried. It is the world that judges itself by overwhelming or glorifying him. His mission is autonomous and indestructible because it is necessary. Whatever happens, the Feast continues. He has nothing to fear, and even if the worst happens, we can be sure that "other horrible workers will come"; (Iommi 1963)

The proposition of Fabio Cruz is an opening towards a new vision of reality. This is the opening towards a new existential field that is not exhausted, because it derives from human creativity. That is to say, it is an existential field that can be maintained and sustained, through the works, studies and the life of each one, without end.

Bibliografía / Bibliography

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  3. Dennett, D. C. and F. De Brigard (2007). Romper el hechizo: la religión como un fenómeno natural. Madrid, Katz.
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  6. Iommi, G. (1963). Carta del errante. Valparaíso, Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV.
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