La Misión

De Casiopea







TítuloLa Misión
AutorAlberto Cruz, Patricio Cáraves
Tipo de PublicaciónOtro
Palabras Clavemisiones, catolicidad

Tener presente las misiones realizadas al recoger esta última reciente. Con una presencia de índole plástica que nuestro oficio nos otorga así como la ciudad abierta se traslada por el continente americano para recoger la obra que la época solicita, así la mesa del entreacto – el lugar de de nuestra intimidad creativa – se extiende a las ubicaciones de los misionados. Para abrir un tiempo de intercambio de dones. Cuyo símbolo es el regalo que la Escuela concibe y ejecuta., conciliando el sentido del don de la creatividad, y que los misioneros entregan a los misionados los acogen. Y en que ambos permanecen, de-moran en lo que son; el que llega, el llegador y el que acoge, el acogedor. Es el encuentro que demora por que se habla, se asiste, se participa con una cierta medida que en este tiempo sobreviene: lo reverente. Que mide a la par el alma y el cuerpo. Siendo así mismo a la par, extremo de lo entre todos y extremo de la donación de cada cual. Extremos que son inicios. Dios los determina, enseñan los teólogos. Por ello, precisamente la reverencia es conclusa.

Año de conmemoración del milenio dos de San pablo, misión preparada con sus epístolas. Lo que lleva a pensar teniendo presente las misiones anteriores que esta puede ser redactada de una manera tal que resulte dirigiéndose a las misiones que se realizan en el país, a sus misioneros. Como un encuentro eclesial. Que podrá llevarse a cabo de diversos modos. Y si ello se lograra, podrían participar en determinados momentos algunos de los misionados, por ejemplo, en una reunión de ciudad abierta.

Por cierto que palpamos que la época nuestra no habita fluidamente en los símbolos, si en lo que podemos llamar “símbolos-masa”, así la juventud. Ante esto, el “símbolo-forma” de la misión. Algo que puede ser dirigido a los no-creyentes también. En que el símbolo se sitúa en la relación presentación-representación, para cuanta masa hacer que la representación lleve a la presentación a su modo, esfera de concernir; y el símbolo en cuanto a forma hacer que la presentación lleve a la representación a su mayor modo, esfera de enaltecer. La esfera del concernir envía al poder, la del enaltecer al creer. Este puede conciliarse con aquel, no al revés.

Cabe entonces al exponer la misión mostrar los símbolos de su preparación, regalo, estadía entre los misioneros y con los misionados , vuelta a la Escuela, relación con la casa central y la pastoral universitaria; ellos han de conformar el signo-forma. Precisamente en la actualidad del signo-masa de la fotografía digital que registra cuanto puede, pudiese estimarse como un encuentro, presentirse como una conciliación.

Pero antes de exponer conviene saber que hay misiones que actúan no declarando su pertenencia a tal universidad o movimiento con un sentido que podría entender como de autonomía o de anonimato dentro de la fidelidad a la diócesis, de cooperación con la parroquia. Misiones que se centran en la participación con los hogares de las familias, participando inicialmente en lo que llama el aspecto humano para desde este acceder a lo religioso. No misionar en una sola vez, sino en tres o cuatro ocasiones seguidas de manera de establecer experiencias en común. Este conocimiento nos lleva a vernos como una escuela que desea ser identificada como misionera; que por el regalo concilia ya en el primer momento el aspecto humano y el religioso; y el que al visitar cada año un distinto lugar, procede de acuerdo a su pulso creativo que viene a la temporalidad del saludo. Dicha temporalidad otorga al misionero ese equilibrio que las misiones cuidan de mantener, para él no termine absorbido o inclinado.

Alberto Cruz C.

La misión de la Escuela cubre un trecho de tiempo. Ella se espacia a lo largo del año. Acompaña las actividades propias de la Escuela; está presente en distintos momentos de celebración como son el Acto de San Francisco, patrono de la Escuela, los actos de despedida de los alumnos que egresan de la Escuela los que son al término de cada trimestre bendecidos, el acto de recepción de los que ingresan a la Escuela, la eucaristía de inicio del año académico y la de envío de los misioneros. Todo ello conforma lo que llamamos el ámbito religioso de la Escuela.

Ahora, próximo al término de año y, de regreso de la misión de Quillota, pensamos que es oportuno y necesario hacer el tránsito que va de lo vivido durante el año y específicamente de la misión para darle forma de experiencia. Así ya no sólo recuerdos aislados, sino que la forma articulada de lo memorable. Para que al hacerlo a presencia cumpla con ser una oración que alegremente se eleva al Creador para dar gracia.

Para hacer este tránsito de lo vivenciado a la experiencia, se requiere “madurar en un tiempo determinado”. Este momento es ocasión para traer a presencia un texto del Padre Roberto Navarro.

“El silencio, la misión y la clase maduran en un tiempo determinado: La Noche. Es la ley fundamental de la maduración del reinado de Dios en medio nuestro. La cruz llega a la plenitud en la noche del jardín de los olivos. El diálogo más hermoso de Jesús con un fariseo que está muy cerca del reino, ocurre durante la noche. La elección de los más cercanos de Jesús acontece después de una larga vigilia de oración nocturna. La epifanía del Resucitado a los discípulos de Emaús comienza con la llegada de la noche. Todo esto nos señala que la Gracia, que es siempre regalo, se nos anticipa de modo desbordante y absoluto, realizando la maduración en el hombre desde lo más profundo, desde la hondura de la existencia; por eso la noche”.

Entonces;

Ahora la noche nuestra.

                         la noche del ámbito religioso de la Escuela.