La Condición Humana y el Mar

De Casiopea






TítuloLa Condición Humana y el Mar
Año2012
AutorJaime Reyes
Tipo de PublicaciónEnsayo, Inédito
ColecciónPoética
Palabras Clavemar, poética, condición humana, posía
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial, Náutico y Marítimo, Ciudad y Territorio

La Condición Humana

Hace justo 40 años, en unos pizarrones manuscritos, esta Escuela presentó un parecer:

“Nos parece que la condición humana es poética, vale decir que por ella el hombre vive libremente y sin cesar en la vigilia y coraje de hacer un mundo.

El coraje de la condición humana, al que también llamaremos virtud, surge necesariamente.

Sus apariciones abren un campo del cual se configuran los oficios y las artes humanos”.

Este parecer implica que existe una naturaleza humana, universal, común a todos los seres humanos existentes, a los que han existido y a los que existirán. No es un parecer inocente; significa que los seres humanos no somos enteramente moldeados por ninguna clase de ambiente, ni por la familia, ni por la educación, ni por el lugar en que nos ha tocado en suerte nacer.

Hay algo que todos los humanos llevamos con nosotros, más allá de la lengua que hablamos, la época en que nacimos, los padres que tuvimos. Este parecer implica el fracaso de las ideologías que pretenden crear una sociedad de iguales totalmente iguales, porque la paradoja es que aquello que tenemos todos en común es justamente lo que nos hace preciosamente únicos e irrepetibles. Es el fracaso de todo el posmodernismo —y de muchos modernistas también—, que creyeron que todas las personas y toda sociedad es modelada por la historia y por el ambiente.

El mar

Un gran poeta del mar, Derek Walcott, en una de sus declaraciones, reivindicó "respeto para la condición humana y no para la historia". Esto quiere decir que la poesía y las acciones humanas, las obras humanas, deberán responderle no a ciertas causas o a determinados efectos; quiere decir que nuestras obras no se hacen para hacer sino para ser. Es lo mismo que decir que las obras humanas no se deben a los contextos ni a las circunstancias, sino que responden siempre a los mismos profundos motivos ancestrales, desde la noche de los tiempos. Por eso en el arte no hay progreso. Los primeros seres humanos obraron y construyeron exactamente en favor de los mismos motivos (motores) que nosotros.

Walcott comprendió perfectamente esto y así dedicó casi la totalidad de su poética a cantar los orígenes, presentes y destinos de su pueblo. El nació en una pequeñísima y pobre isla en el Caribe. Consiguió que ese canto sea también el origen, presente y porvenir de toda Latinoamérica y acaso la de la humanidad misma.

Para hacer estos cantos épicos, Walcott escogió al mar. Y en uno de sus más bellos poemas canta la historia de la raza humana a través del mar. El poema se llama Archipiélago.

         ARCHIPIÉLAGOS

         Al final de esta frase, empezará a llover.
         Al filo de la lluvia, una vela.

         Lentamente la vela perderá la vista de las islas;
         Dentro de una niebla se irá la creencia en los puertos
         de toda una raza.
 
         La guerra de los diez años ha terminado.
         El pelo de Helena, una nube gris.
         Troya, un foso de blanca ceniza
         Junto al mar de llovizna.

         La llovizna se tensa como las cuerdas de un arpa.
         Un hombre con los ojos nublados toca la lluvia
         Y tañe el primer verso de La Odisea.

         
ARCHIPELAGOES

         At the end of this sentence, rain will begin.
         At the rain’s edge, a sail.

         Slowly the sail will lose sight of islands;
         into a mist will go the belief in harbours
         of an entire race.

         The ten-years war is finished.
         Helen’s hair, a grey cloud.
         Troy, a white ashpit
         by the drizzling sea.

         The drizzle tightens like the strings of a harp.
         A man with clouded eyes picks up the rain
         and plucks the first line of the Odyssey.



         Derek Walcott. Walcott, D. (2008). Collected Poems,
         1948-1984: Farrar, Straus & Giroux.

Archipiélago

A diferencia, por ejemplo, de quienes hablan inglés, para los latinoamericanos, y especialmente los chilenos, el mar es pura carencia. Las cifras, las estadísticas y las pruebas son contundentes. En EEUU hay una embarcación por cada 15 habitantes, en Nueva Zelanda hay una embarcación por cada 7 habitantes. En Chile hay una embarcación por cada 15.500 habitantes.

Ignacio Balcells, poeta de estas arenas, escribió “Oficio de Olas”, “Aysén, Carta del Mar Nuevo”, “Tiempo en la Costa”, “La Mar”. El se quejaba porque Chile no se había dado cuenta que es un archipiélago. Esa es ahora una tesis, como la del maritorio la del Pacífico erótico, o la del propio norte. Chile es un archipiélago. Cada vez que yo he preguntado ¿qué es exactamente un archipiélago? la respuesta es siempre la misma: ‘un conjunto de islas’. Sin embargo esa es la respuesta en castellano, porque se encuentra otro concepto cuando se analiza no sólo la etimología esencial de la palabra, sino algunos poemas. Archi significa muchos, innumerables, tal vez infinitos. Piélago (en griego) significa océano y mar, pero también abismos e inmensidades. Un archipiélago no es un conjunto de islas, sino un conjunto de mares, de abismos e inmensidades. Y esa diferencia es radical.

Chile es un archipiélago porque se encuentra rodeado por un conjunto de mares.

En el oeste está el Océano Pacífico, siendo el país que tiene el mayor frente marítimo de todo este océano, con 4.300 km lineales. Existe además lo que se ha llamado el ‘mar presencial’, que involucra a Chile en tres continentes; América, la Polinesia a través de la Isla de Pascua y la Antártica y que prolonga nuestras fronteras más de 4.000 km mar afuera. Al este se encuentra el Mar Interior de América, que comienza para nosotros en la vasta cordillera de los Andes, con los mismos 4.300 km lineales, 1/5 de la distancia entre los polos. Al sur se encuentra el Mar Nuevo de Aysén, con miles y miles de islas que poseen más de 50.000 km lineales de costa. También en el extremo austral Chile nuevo y viejo tiene al Atlántico, desde la península de San José en latitud 42 grados hasta Nueva Shetland del Sur.

Uno podría decir que los poetas de la humanidad, casi todos, han oído al mar contar lo que tenía que contar. Algunos de esos poetas han dedicado su oído exclusivamente a esas canciones. La Ilíada y la Odisea son cantos marinos. Nuestra propia Amereida no es más que un poema enteramente ritmado por el mar ¿no comienza diciendo oh marinos…?

Para terminar he elegido una cita que nunca había utilizado antes, en ninguna de mis clases, en los más de 20 año que llevo encima hablando y cantando a los mares. Es una cita de un libro terrible, espantoso, que nadie debiese en verdad leer. Pero la traigo porque da cuenta, de una manera extraña, de la relación entre la condición humana y el mar (Canto I, de los Cantos de Maldoror, de Lautreamont.


Viejo océano, los hombres, a pesar de la excelencia de sus métodos, todavía no han conseguido, ayudados de los procedimientos de investigación de la ciencia, medir la profundidad vertiginosa de tus abismos, los cuales han reconocido inaccesiblemente las sondas más largas y pesadas. A los peces… les está permitido: no a los hombres. A menudo me he preguntado qué será más fácil de reconocer: la profundidad del océano o la profundidad del corazón humano.