Isidora Correa: Taller Amereida VIII

De Casiopea



TítuloAmereida Trimestre II 2014
AsignaturaTaller de Amereida
Del CursoTaller de Amereida 2014
CarrerasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial
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La actualidad y un presente que invita a la contemplación

“La modernidad es lo transitorio, lo fugitivo,
la mitad del arte cuya otra mitad es lo eterno, lo inmutable”
Charles-Baudelaire. 

El desarrollo de este escrito pretende reunir la tensión, o más bien dicho el encuentro de dos tiempos en una misma circunstancia, que parecen tener un mismo significado, sin embargo tratan de dos ideas diferentes. El presente y la actualidad que transcurren de manera paralela, sin embargo ambos se pertenecen.


El primer concepto sirve para dar cuenta de la concepción tradicional del tiempo y que tiene que ver con el “hallarse” del ser humano en el espacio, con ser consciente de un instante determinado, preciso y fugaz pero que tiene la virtud de extenderse en el tiempo-espacio y lograr que el hombre sea capaz, de alguna manera, de establecerse en ambos. Este momento se relaciona con los cinco sentidos, ya que es en ese instante cuando el hombre logra la detención y por lo tanto la capacidad de concientizarse de ellos, logrando contemplar aquello que lo rodea, extrapolándose de lo cotidiano para refugiarse en sí mismo, sin embargo siempre con la mirada posicionada al exterior, ya que de otro modo no se podría llevar a cabo aquel estado de contemplación.

Este posicionamiento del hombre frente a lo que transcurre en su espacio, que denominamos entonces como el vivir en presente, se activa en relación a un pasado y futuro, ubicados en una línea horizontal que estructura el tiempo de forma lineal y que reúne en una misma línea, valga la redundancia, situaciones y circunstancias que conforman “acontecimientos” “hechos” e incluso “hitos” formando parte de lo eterno, de lo inmutable, del segundo concepto que denominamos como “actualidad” o modernidad. (Esa mitad del arte según Baudelaire) Estos se organizan horizontalmente sin entorpecer aquel instante de detención en el que el hombre con sus sentidos activos logra la contemplación y vivir en el presente. Son entonces aquellos “hitos” que se relacionan entre si y configuran la historia acorde la subjetividad del hombre y que se presentan de manera continua y paralela a ese instante preciso y fugaz que es el presente y que invita a la contemplación.

La contemplación como consecuencia de la detención

Es a partir de la detención que el hombre logra contemplar y caer en la cuenta de la multiplicidad y simultaneidad de estímulos externos que lo rodean producidos por distintos factores, entre ellos la tecnología y los medios de masa, que presentan una realidad fragmentada y cohesionada ante los ojos del ser humano. Como consecuencia de aquella interrupción de lo cotidiano, el hombre logra “volver a su centro” es decir, apartarse de todas esas ideas que intentan plasmar en el hombre algo en particular, ya sea una forma, un método, una ideología, etcétera. Y así imponer su propio pensamiento frente a los acontecimientos que se producen diariamente. Es ahí cuando aparece lo singular de cada uno, esa esencia que es única e irrepetible y que no nace de lo cotidiano, sino que precisamente de ese instante al que en un principio llamamos presente y que invita a la contemplación, a apartarse de lo habitual y refugiarse en sí mismo. Es necesario aclarar que al hablar de "apartarse" no implica precisamente quedar fuera los hechos, ni de esa cotidianidad que invade diariamente al hombre, sino que ser capaz de detenerse y observar.

Hacer una pausa y mirar

Lo anterior tiene que ver con el detenerse un instante y simplemente mirar (para dar paso a la observación) todo aquello que transcurre diariamente ante nuestros ojos pero que tanto nos oculta a través de la rapidez con que acontecen las cosas. Pareciera que se presentan antes nuestros ojos fragmentos de lo que verdaderamente son ellas pudiendo ver solamente lo superficial. No hay una apreciación, disfrute ni goce en la fugacidad de lo cotidiano. Entonces, es cuando la detención se convierte en un factor elemental en la vida diaria del ser humano. Esta permite observar lo que ocurre en profundidad, por lo tanto dejar de lado aquellos "prejuicios" que se pueden tener de todo aquello que pasa ante nuestra mirada.

Dentro de esta linea horizontal que se menciona en el comienzo de este escrito se superponen entonces estos dos conceptos que hablan al hombre del tiempo-espacio: la modernidad o actualidad que es lo transitorio, que permanece fugazmente, pero que no termina sino que se transforma en algo nuevo.

Aparecen en esta linea también estas pequeñas instancias de detención necesarias para el ser humano, en las que se refugia en si mismo pero con la mirada al exterior.

Una mirada que se expande ante tamaños mayores pero se detiene en detalles

Infinitos colores y texturas configuran los espacios de una ciudad. Llegar a Valparaíso, por ejemplo, es encontrarse con incontables elementos que simultáneamente se presentan ante los ojos de quien la observa. Una mirada que se expande ante tamaños mayores: espacios despejados y en altura que permiten ver la totalidad y abundancia de la Ciudad pero que al mismo tiempo se detiene en detalles pequeños que surgen desde y en todas las superficies creando un recorrido dinámico dentro de ella.

La ciudad de Valparaíso ante la mirada de quien recorre

Quien visita Valparaíso se enfrenta ante espacios amplios en donde se ve disminuido por la extensión, logrando captar de manera general un total integrado por la diversidad de elementos: arquitecturas que se sobreponen, colores que contrastan, espacios amplios y otros muy estrechos, entre otros. Sin embargo el que lo habita y se enfrenta a un encuentro con ellos de manera más cercana, se incorpora y se hace parte de la Ciudad, como otro elemento fundamental en ella. La cantidad de componentes que dan como resultado la ciudad de Valparaíso y que finalmente son los responsables de su esencia, haciendo que sea única, son abundantes y se disponen de tal manera que conforman una integridad a pesar de la diferencia entre ellas. Ascensores, largas escaleras, casas pintadas de colores brillantes, calles inclinadas, miradores, entre otros, forman parte de los elementos únicos de la Ciudad de Valparaíso. Porque a pesar de ser comunes, son totalmente diferenciables. Por ejemplo, una escalera es posible encontrarla en cualquier otra ciudad, sin embargo las de Valparaíso parecieran ser únicas e inmediatamente reconocibles por el ojo del ser humano. Cada uno de estos elementos están distribuidos en el espacio de manera “abierta”, es decir accesibles tanto para los habitantes como para quienes visitan la ciudad, permitiendo un recorrido que surge muchas veces de manera espontánea y sin ninguna dirección. Es como si Valparaíso quisiera que lo recorrieran y conocieran cada espacio en el, presentándose de manera cercana, a pesar de sus cerros que muchas veces parecieran ser inaccesibles, desenvolviéndose llena de expresión ante quien la recorre. Valparaíso es una ciudad que de manera transparente se presenta ante todos aquellos que la recorren, sin nada que esconder frente a ellos, siendo posible la proximidad con la ciudad y también con quienes habitan en ella.