Hypnerotomachia Poliphili

De Casiopea


Hypnerotomachia Poliphili durmiendo.jpg



TítuloHypnerotomachia Poliphili
Año1499
AutorFrancesco Colonna
CoautoresAldo Manucio
Tipo de PublicaciónLibro
EditorialImprenta Aldina
URLhttps://www.gutenberg.org/files/18459/18459-h/18459-h.htm
Palabras Claverenacimiento, libro, xilografía, tipografía, metáfora
Carrera(s)Diseño, Diseño Gráfico
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La extraña y hermosa Hypnerotomachia Poliphili, publicada por Aldo Manucio en Venecia en diciembre de 1499 y escrita por el monje Francesco Colonna (si vamos a creer un acróstico formado por las primeras letras de cada capítulo), narra el viaje soñado de Polífilo y su búsqueda para ganar el amor de Polia.

El nombre de Polífilo indica que es un amante de muchas cosas, incluida la arquitectura, los jardines y la escultura. "Le apasionan las telas ricas y coloridas, especialmente cuando las ninfas las usan; se deleita con la música, el boato, el ritual y cualquier otro espectáculo que induzca un elevado estado de conciencia. ... Cuando Polífilo se queda boquiabierto frente a los estupendos edificios de la antigüedad, parece disfrutar del mismo estado de excitación que cuando viaja a Citerea en compañía de Cupido, Polia y seis exquisitamente seductoras ninfas marinas. En cada oportunidad se entrega a la enumeración de detalles que uno podría llamar fetichistas cuando los aplica a la ropa o al calzado, pero que no son menos obsesivos cuando el objeto es una fuente elaborada o un obelisco emblemático. Este erotismo polimorfo es lo que le da a la Hypnerotomachia su intensidad y su atmósfera, saturada con el deseo de mirar, saborear y consumir".


I

Polífilo comienza su «Hypnerotomachia». Describiendo la hora y estación en que le acaeció encontrarse en sueños en una tranquila y silenciosa región agreste. Luego penetró inadvertidamente, con gran temor, en una selva impracticable y oscura.

II

Temiendo Polífilo los peligros del oscuro bosque, dirige una oración a Júpiter, sale de él ansioso y sediento y, queriendo aliviarse con agua, oye un suave canto y, por seguirlo, abandona el agua y llega a una congoja mayor.

III

Polífilo cuenta aquí que le pareció dormirse de nuevo y se encontró en sueños en un valle cuyo extremo estaba admirablemente cerrado con una portentosa pirámide digna de admiración, que tenía un alto obelisco encima. Y que examinó estas dos cosas sutilmente, con cuidado y placer.

IV

Polífilo, tras haber hablado de parte de la inmensa estructura y de la vastísima pirámide y el admirable obelisco, en el siguiente capítulo describe obras grandes y maravillosas y principalmente un caballo, un coloso yacente y un elefante, pero en especial una puerta elegantísima.

V

Tras haber dado suficiente explicación de la gran puerta y de su simetría, Polífilo prosigue su discurso describiendo óptimamente su acabado y trabajadísimo adorno y cuan admirablemente estaba compuesta.

VI

Polífilo, comenzando a entrar por la puerta descrita, contemplaba también con gran placer el adorno admirable de su ingreso. Y, queriendo luego volverse atrás, ve al dragón monstruoso, increíblemente aterrorizado por el cual emprende la huida por lugares subterráneos. Finalmente, encuentra la deseadísima salida y llega a un lugar ameno.

VII

Polífilo habla de la amenidad de la región a la que fue a parar, vagando por la cual encontró una fuente exquisita y muy notable, y cómo vio venir hacia sí a cinco encantadoras damiselas, que, maravillándose de su llegada a aquel lugar, le tranquilizaron piadosamente y le invitaron a sumarse a sus placeres.

VIII

Polífilo, tranquilizado por las cinco ninfas, fue con ellas a las termas, donde hubo mucho regocijo por lo que ocurrió en la fuente y durante la unción. Conducido después ante la reina Eleuterilide, vio por el camino y en el palacio cosas notables y una hermosa fuente.

IX

Polífilo cuenta como puede cuán insigne era la majestad de la reina y la naturaleza de su morada y su admirable lujo, y cómo ella se extrañó de su llegada, y su benigna y afable acogida y cuán maravilloso y espléndido fue su banquete, que excedió la medida humana, y el lugar incomparable en que tuvo lugar.

X

Polífilo sigue contando que después del gran banquete hubo un elegantísimo baile que fue un juego, y que la reina le encomendó a dos distinguidas muchachas, que le condujeron a que admirara cosas deliciosas y grandes. Y, hablando claramente, disiparon algunas de sus dudas. Finalmente, llegaron ante las tres puertas y él se quedó en la de en medio, entre las amorosas ninfas.

XI

Las lascivas muchachas le dejan solo en este lugar desierto y una ninfa elegantísima le sale al encuentro. Polífilo describe amorosamente su belleza y su indumentaria.

XII

La bellísima ninfa llega hasta Polífilo, llevando una antorcha en la mano izquierda. Le toma con la libre y le invita a ir con ella. Entonces comienza Polífilo a sentir inflamados sus sentidos, abrasado por el dulce amor de la elegante damisela.

XIII

Polia, todavía no reconocida por el enamorado Polífilo, le tranquiliza graciosa y amablemente. Y él, a causa de sus admirables bellezas, se entrega al amor en su mente. Y cuando ambos se acercan a los triunfos, ve con mucho placer a innumerables jovencitos y muchachas solazándose.

XIV

Polífilo ve en el lugar ya dicho los cuatro carros triunfales en honor del supremo Júpiter, todos hechos de diversas piedras y de preciosísimas joyas, muy venerados por la multitud de felices jóvenes.

XV

La ninfa cuenta elocuentemente a Polífilo de quiénes se componía la muchedumbre de los jóvenes amantes y de las enamoradas y divinas muchachas y cómo fueron amados por los dioses. Y ve los coros de los divinos poetas cantando.

XVI

La ninfa, tras haber explicado diestramente a su Polífilo los misterios triunfales y el amor divino, le invita a proseguir el camino, por el que ve con gran placer otras innumerables ninfas solazándose con mil entretenimientos con sus gratísimos amantes por entre las flores, las frescas sombras, los claros arroyos y las limpidísimas fuentes. Polífilo, muy alterado por el amor, enloquecía, pero, temperándose con la esperanza, se tranquilizó, contemplando el dulce rostro de su bella ninfa.

XVII

La ninfa conduce al enamorado Polífilo por otros bellos lugares, en los que ve innumerables ninfas que solemnizan y festejan alegremente el triunfo de Vertumno y Pomona en torno a un altar sagrado. Luego llegan a un maravilloso templo, cuya arquitectura describe en parte, y cuenta que en él la ninfa apaga con gran solemnidad su antorcha, por mandato de la sacerdotisa, y le manifiesta que es su Polia. Luego entra con la sacerdotisa en el santuario para realizar un sacrificio e invoca ante el altar divino a las tres gracias.

XVIII

Polia ofrece devotamente las tórtolas; vuela sobre el altar un pequeño espíritu y la sacerdotisa dirige una oración a la divina Venus. Luego esparce las rosas y cuando ha hecho el sacrificio de los cisnes, brota de allí milagrosamente un rosal con frutos y flores. Los dos comen de ellos. Después llegan alegremente a un templo en ruinas, cuyos ritos explica Polia a Polífilo, persuadiéndole de que entre en él a contemplar muchos epitafios antiguos. Vuelve él espantado y es tranquilizado por ella, y cuando están juntos, Polífilo se inflama de amor viendo las inmensas bellezas de Polia.

XIX

Polia persuade a Polífilo para que vaya a ver los antiguos epitafios en el templo destruido. Allí ve Polífilo cosas admirables y, al contemplar por último el rapto de Proserpina, teme haber perdido incautamente a su Polia y vuelve a ella asustado. Luego viene el dios Amor, que invita a Polia y a Polífilo a entrar en su navecilla. Habiendo llamado aquel a Céfiro, navegan felices y los dioses marinos demuestran a Cupido gran veneración.

XX

Polífilo cuenta que las ninfas, tras haber frenado los remos, comenzaron a cantar suavemente. Y que sentía una gran dulzura de amor, porque Polia competía con ellas en el canto.

XXI

Llegaron alegremente al deseadísimo lugar, cuya digna amenidad afirma Polífilo, describiendo oportunamente sus plantas, hierbas y avecillas, pero antes la forma de la navecilla. Y cuenta que, al descender de ella el señor Cupido, salieron a su encuentro para honrarle muchas ninfas portadoras de trofeos.

XXII

Cuando salieron de la navecilla, vinieron a su encuentro infinitas ninfas con trofeos, soberbiamente vestidas. Polífilo describe la misteriosa forma de los objetos procesionales que ofrecieron a Cupido y la procesión del carro triunfal, que fue seguido por él y Polia atados. Y que llegaron en máximo triunfo a la puerta del admirable anfiteatro, el cual describe Polífilo completamente por dentro y por fuera.

XXIII

Polífilo describe el admirable artificio de la fuente de Venus que había en el centro del área del teatro, y cómo fue rota la cortinilla y vio a la madre divina en su majestad y cómo ella impuso silencio a las ninfas que cantaban, de las que consignó tres a Polia y tres a él. Luego Cupido les hirió a los dos y la diosa les mojó con el agua de la fuente y Polífilo fue revestido. Por último, a la llegada de Marte, se despidieron y se retiraron.

XXIV

Polífilo cuenta que, a la llegada del guerrero, salieron del teatro con sus acompañantes y las otras ninfas. Llegaron a una fuente sagrada, donde las ninfas hablan del sepulcro de Adonis y de cómo la diosa acudía a él todos los años a cumplir las ceremonias santas; y, cesando en sus danzas y cantos, convencieron luego a Polia de que contase su origen y sus amores.

  • POLÍFILO COMIENZA EL SEGUNDO LIBRO DE SU

«HYPNEROTOMACHIA», EN EL QUE POLIA Y ÉL CUENTAN INTERCALADAMENTE CADA UNO SUS AMORES

XXV

Cuenta aquí la divina Polia su noble y antiguo origen y cómo Treviso fue edificada por sus antepasados. Y que era oriunda de la familia Lelia, y de qué modo, sin ella advertirlo y sin dar se cuenta, se enamoró de ella desmesuradamente su querido Polífilo.

XXVI

Atacada Polia por la peste, hizo un voto a Diana y, habiéndose consagrado a ella, por casualidad la vio Polífilo en el templo, donde un día después la encontró sola orando. Contóle su pena y el martirio que sufría amándola y le pidió alivio, pero ella, permaneciendo inmisericorde, le vio desvanecerse como muerto y emprendió la huida como un malhechor.

XXVII

Polia termina de contar su crueldad y cómo, al huir, fue arrebatada por un torbellino y transportada sin darse cuenta a un bosque, donde vio que dos muchachas eran despedazadas. Luego, cómo volvió en sí espantada. Después, durmiendo, le pareció ser raptada por dos verdugos. Aterrorizada por ello, se movió en sueños y se despertaron ella y su nodriza, la cual le dio útil consejo sobre la razón de aquello.

XXVIII

Polia cuenta de qué modo la sagaz nodriza le aconsejó, por medio de varios ejemplos y paradigmas, que evitara la ira y las amenazas de los dioses; y cómo una mujer, desesperada por un amor desmesurado, se mató; y le recomendó que fuera sin tardanza a la sacerdotisa del santo templo de la señora Venus, que le daría un consejo conveniente y eficaz.

XXIX

Polia, temerosa de la ira divina a causa de los ejemplos de la prudente nodriza, comenzó a enamorarse con buena disposición y fue al templo donde yacía muerto Polífilo y, llorando y derramando lagrimas y abrazándole, le hizo resucitar. Y cuenta cómo las ninfas de Diana los pusieron en fuga y las visiones que vio Polia en su cámara. Y que luego, yendo al santuario de Venus, encontró al enamorado Polífilo.

XXX

Polia se acusó ante la sacerdotisa del templo de su pasada impiedad y declaró, mostrando a Polífilo presente, que ahora estaba completamente llena de un amor ardiente. La religiosa matrona llamó ante ella a este, el cual suplicó que les confirmara a ambos en su meditada resolución. Polia, a causa del amor impaciente que crecía en ella sin cesar, interrumpió la respuesta.

XXXI

Apenas hubo acabado Polífilo su discurso, Polia le expresó el vehemente amor por el que había sido íntimamente alcanzada, así como la gran avidez que sentía de amarle, con varios ejemplos. Y para manifestarle su pasión ardiente, le dio un beso dulcísimo como prueba de su gran amor. Después cuenta lo que le respondió la venerable sacerdotisa.

XXXII

Obedeciendo las órdenes de la sacerdotisa, Polífilo alaba la perseverancia y cuenta, suprimiendo lo que ya ha dicho de sus amores, cómo vio a Polia en el templo durante una fiesta y cómo fue agitado sumamente por el amor. Luego se duele de su alejamiento. Le manifiesta su tormento tras haber tenido la idea de enviarle una carta.

XXXIII

Primera carta que Polífilo cuenta haber escrito a su Polia, y que, como ella no se conmovió en absoluto, le envió la segunda.

XXXIV

Polífilo prosigue su dolorosa historia y cuenta que, ya que Polia no se mostró conmovida por sus cartas, le envió una tercera y cómo, perseverando ella todavía en su crueldad, la encontró por casualidad sola y rezando en el templo de Diana, donde él murió. Luego resucitó entre sus dulces abrazos.

XXXV

Polífilo prosigue su narración y cuenta que su espíritu, al regresar a él, se le apareció y le habló alegremente, diciéndole que había estado en presencia de la divina Pafia, propicia y benévola, y que, tras haber obtenido su gracia, estaba de regreso felizmente para vivificarle.

XXXVI

Polífilo dice que apenas se hubo callado su alma, se halló vivo entre los brazos de Polia. Luego, rogando a la sacerdotisa que les uniera a ambos en un amor perpetuo, puso fin a su discurso. Y Polia concluye el relato que hizo a las ninfas de cómo se enamoró de Polífilo, y él de ella.

XXXVII

Cuenta Polífilo que cuando Polia se calló, había terminado al mismo tiempo la guirnalda de flores, que le puso en la cabeza, besándole suavemente. Las ninfas, que habían escuchado durante todo aquel tiempo la historia de amor, volvieron a sus placeres y se despidieron. Polia y Polífilo se quedaron solos, hablando de amor. Y Polia, abrazándole estrechísimamente, desapareció junto con el sueño.

XXXVIII

Acaba aquí Polífilo su lucha de amor en sueños, lamentando que aquel no fuera más largo y que el Sol envidioso produjera el nuevo día.


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