Gabriel Salinas Toledo- Subversión: la flama de la creación en tiempos modernos

De Casiopea



TítuloSubversión: la flama de la creación en tiempos modernos
AsignaturaPresentación de las Vanguardias
Del CursoPresentación de las Vanguardias a la Contemporaneidad 2019
CarrerasArquitectura
2
Alumno(s)Gabriel Salinas

SUBVERSIÓN : LA FLAMA DE LA CREACIÓN EN LA ÉPOCA MODERNA

==Desde sus inicios, la humanidad se ha desarrollado a raíz y en torno al hacer, fundamentalmente al crear. Se piensa, se imagina, se construye y se admira, todo ello forma parte de la creación y responde a un proceso tanto espiritual como manual que parece casi intrínseco de nuestra condición humana. La misma condición de estar vivo brinda la cualidad de poder crear algo más, ser capaz de moldear con la mente o sentir con el cuerpo, en función de lo que se quiere traer al mundo y que antes no existía.

Lo que defino en primera instancia como creación se ve adulterado por un principio más abstracto, que corresponde a poder expulsar algo propio, que nace desde nuestro interior y está dirigido hacia el exterior: el mundo compartido. Es importante mantener esa idea como la originaria, ya que con la misma evolución racional humana se vio obligada a definirse, a encontrar razón, a encontrar argumento o quizás prescindir conscientemente de todo ello. Desde un origen existe una distinción entre la creación por necesidad y solo por el placer de crear. Lo que fue un concepto elemental como la creación fue encontrando fronteras dada la distinta valoración, apareciendo el arte como un fiel acompañante del ser que poseía la cualidad de transformarse junto a él. El desarrollo de nuestra existencia manufacturó una nueva expresión del arte: la creación para transformar, que en su subversión innata encuentra unión entre la necesidad y el deseo. La valoración de lo que creamos ha ido transmutando con el tiempo. En sus comienzos, la creación aparecía para cubrir las necesidades básicas, tanto de supervivencia como de existencia. Encontrar un lugar seguro, pertenecer a un grupo, encontrar el origen en lo natural, todo aquello se construye a raíz de nuestra necesidad de crear para vivir. (Somos creadores). Pasado a otra época se valora la mímesis, la veneración, el realismo, el surrealismo, para que más adelante la creación se viera estancada tras un cordón de hilo en un amplio salón.

No es que el arte viéndose afectado por un clima de constante reinvención -tanto en técnicas como en concepto- se tuviera que fraccionar, solo que creció lo suficiente para ser inabarcable para una sola persona. Cada cambio sirve para definir la necesidad de cada época, sin embargo se alimenta una bestia que con cada transmutación no hace más que seguir creciendo. En consecuencia aparecen los oficios como una especialidad para cada uno, ya que seguir abarcándolo de manera universal no parecía funcionar, o eso creía la mayoría. Cuando contestar sin tapujos se vuelve el camino último para seguir creando, se vuelven a unir las artes.

“No habrá fronteras entre los oficios, escultura y la pintura, todo será una sola cosa: arquitectura”. (Bruno Taut, 1918)

Bruno Taut, arquitecto expresionista, pudo anticipar un año atrás en lo que consistiría el programa de la Bauhaus como una escuela del arte total. La unión profunda de todas las disciplinas en un nuevo arte de construir traería una nueva unidad cultural, que a pesar de no ser realmente nueva, significaría un remezón a lo que para entonces se entendía por arte. Opinión compartida por otro arquitecto alemán y expresionista, Walter Gropius, quien un año más tarde participaría en la revolución y unión de los oficios en una sola escuela: la Bauhaus. Resultado del esfuerzo de muchos artistas, artesanos y arquitectos en crear una educación artística aplicada y total, absuelta de fronteras y con el sabor a modernidad que se había perdido.

Pintura, escultura, orfebrería, arquitectura o incluso teatro compartían un mismo brote y no era posible entender una sin entenderlas todas. Un pensamiento que venía de las vanguardias de un siglo XX aún joven, en medio de la crisis entre el pensamiento moderno y la racionalidad técnica que afectó especialmente a exponentes europeos. La creación de la Bauhaus se vio bajo el manto de su contexto y pudo dar sus primeros pasos dado el desarrollo político, social, educativo y artístico de sus participantes, dándose así un nuevo gremio artístico que influye hasta la actualidad. Gropius dice: “La recuperación de los métodos artesanales en la actividad constructiva, elevar la potencia artesana al mismo nivel que las bellas artes e intentar comercializar los productos que, integrados a la producción industrial, se convertirían en objetos de consumo asequibles para el gran publico. “

La unificación de las Bellas Artes y las artes aplicadas se resolvía en la cuna de un continente post guerra, donde la carrera por la modernización no se vería detenida. Durante el final del siglo XIX, el militarismo y el imperialismo mantenían las vías de la modernización en manos de la aristocracia. Un par de décadas más tarde aparecerían en auge movimientos izquierdistas con intenciones políticas bañadas en solidaridad, para instaurar el socialismo ante un estable pero cuestionable nacionalismo imperialista. Sectores del proletariado demostraban una preocupante capacidad de organización, cansados de los abusos y la pobreza de una evidente crisis económica en Alemania. Como parte del movimiento de la vanguardia artística, la Bauhaus no se marginó de todos los procesos contra imperialistas y cargó su contenido crítico a favor de la izquierda alemana. Desde entonces adquirió la reputación de ser peligrosamente subversiva y carente de simpatía a ojos de los políticos conservadores.

La visión del arte de salón y las piezas únicas para un grupo privilegiado fue quebrantándose y ensuciándose, pues la idea vanguardista de Walter Gropius apuntaba a recuperar los métodos artesanales en un contexto inevitablemente industrializado para así ser de fácil acceso y utilidad sin distinción de clases sociales. La creciente industrialización en un proceso de revolución no veía límite en una carrera por la modernización entre las potencias, en especial tras los desastres de la Gran Guerra. Se proyectaba que casi todos los ámbitos productivos urbanos dependieran de la fabricación en masa, lo que era una victoria indudable para el capitalismo y permitía los abusos a la clase trabajadora. La Bauhaus como conjunto gremial y educativo mantenía una resistencia, intentando abarcar desde los oficios y el arte expresionista una contrapropuesta que se vio afectada por la censura y la violencia ejercida por el creciente movimiento nacionalsocialista que encontró techo en la vulnerabilidad alemana.La inestabilidad política y el descontento de los sindicatos de trabajadores perduraba, sin embargo las organizaciones ciudadanas pudieron proclamar una República democrática. No mucho después se manifiesta un Golpe de Estado llamado Kapp Putsch, con alto grado de fuerza militar y una postura restauradora de la monarquía, contrario a lo acordado en el Tratado de Versalles tras el final de la Primera Guerra Mundial.

Los líderes sindicales seguían apoyando al régimen socialista, convocando movilizaciones de trabajadores y obreros a nivel nacional en contra del Golpe, logrando una pronta vuelta a la democracia. En consecuencia, el 15 de marzo de 1919 son asesinados nueve trabajadores, víctimas de la represión armada de las fuerzas golpistas en la búsqueda de recuperar la joven y prometedora República. Durante los años 20, en distintas regiones de Alemania se construyeron obras memoriales para honrar a quienes pelearon por su pueblo. El director de la nueva escuela Bauhaus: Walter Gropius, quien seguía de cerca los movimientos subversivos y se encontraba en su periodo más expresionista, estuvo detrás de la obra memorial más emblemática, tanto por su estructura, su forma y su función.

“Hitos: ¡El relámpago surgiendo del fondo de las tumbas como una señal de un espíritu vivo! La sepultura en ningún caso aislada de las tumbas cercanas sino símbolo final de una gran cadena de tumbas de hermanos caídos, espacio de conmemoración universal, pero también homenaje de cada uno de ellos. Hito, sepulcro y muro de piedra caliza, de ángulos afilados y lisos.“ (Walter Gropius, 1922)

En primera instancia, el Monumento se inserta en el Cementerio de Weimar, donde la obra persigue una continuidad entre las tumbas, evocando a la hermandad y unidad que comparten las víctimas por una misma lucha. Una forma de hilera que busca incluir a quien haya formado parte que culmina en el ascenso de un relámpago esculpido bajo el ala expresionista, que grita a cuatro vientos la señal del espíritu inmortal de la lucha, que por ningún motivo termina con la muerte y que puede surgir a través de la forma. Pasados los años fueron los mismos trabajadores quienes comprendían el espíritu que emanaba el memorial, ya que más que recordar se percibía fervientemente cual era el mensaje atemporal que debía perdurar.

“erigir un símbolo que expresara el espíritu de la libertad en contra de toda opresión.” (Walter Gropius, 1922) N3.jpg

La obra muestra dos caras según el diario Volk (1922), tras la finalización del concurso: “en un gesto expansivo, que ha dado forma y contenido a los acontecimientos de marzo. Una, como si la república alemana fuera golpeada por un relámpago, atacada por los reaccionarios y suprimida brevemente por la fuerza de las armas, pero con la velocidad del rayo el proletariado hubiera pasado a la defensa, y con él, todos los republicanos. Estos son los dos extremos que Gropius tan magistralmente ha expresado con precisión. El monumento se mantendrá como una advertencia, un desafío a todas las fuerzas reaccionarias. El proletariado, agudo hilo como la piedra del monumento, se lanza contra todos aquellos que ponen en peligro la República.”

Se ve alterada la ubicación del Monumento y se reformula la idea inicial de continuidad con las tumbas, esta vez con una relación indirecta a ellas y de forma más armónica con la figura del relámpago, a base de facetas triangulares, inclinadas y escalonadas. Al otro extremo, aparece un nuevo elemento, una suerte de cola que termina por cerrar y compensar la volumetría desde el lado opuesto, aislando así la interioridad de la exterioridad de la obra. La adaptación a este segundo emplazamiento apuntó a un proyecto más dinámico, dialogante y cerrado hacia si mismo, en comparación a la primera idea de Gropius. El entorno se organiza por vegetación, con líneas de arbustos y altos árboles que siguen los ejes, creando zonas de estancia y un ambiente templado de interioridad y luminiscencia holgada, ideal para el descanso y la honra. Una configuración del espacio que esboza una forma de altar y refuerza el origen memorial dando más fuerza a la plasticidad del relámpago. Lo que en un inicio buscaba la alineación de las tumbas se convierte en un altar sostenido por dos extremos que revientan desde la tierra y crean esta atmósfera hacia adentro. A nivel de vegetación se mantienen las hileras de árboles pero se prescinde de los arbustos, ya que definían demasiado las líneas del paisaje. Al contrario, el nuevo proyecto apuesta por acercarse al jardín inglés, con algunas zonas de vegetación espesa que centran la mirada, como por ejemplo la ubicada en la parte posterior de la escultura, anteriormente fijada por una hilera de arbustos. (Nuria Ricart, 2009)

En cuanto a su composición artística y arquitectónica, la nueva forma comienza a pulir el espacio, a darle un sentido, a encontrar la función primigenia que sostiene la obra desde sus cimientos expresionistas. Por una parte, se generan capas inclinadas y triangulares, dando así espacios únicos desde cada punto de vista y evitando la idea de la armonía en pos de lo geométricamente equivalente. Por otra parte, la nueva configuración atrae un nuevo orden para la llegada, un nuevo ángulo de entrada no frontal, construido por el brazo del relámpago y su cola. La materialidad también se vio modificada, ya que en primera instancia era la piedra caliza la materia prima de la escultura pero debido a insuficiencia de presupuestos terminó construyéndose en hormigón armado. Un par de años bastaron para que el Monumento se viera como una amenaza, ya que pudo sostener intacto el mensaje de Gropius a lo largo de esos años. El símbolo de la fuerza y espíritu del proletariado por la libertad que por ningún motivo simpatizaba con la ideología nacional socialista, caracterizada por su conservadurismo y totalitarismo. Tras su inminente llegada en 1933, comenzó la censura y destrucción de todas las piezas de la vanguardia que fueran consideradas como arte degenerado. El Monumento a los Caídos de Marzo, icono de la escultura expresionista y subversiva, fue una de las primeras obras que sufrió la irracionalidad nazi y fue destruida.

”Creo que el equivalente de la expresión monumental se está desarrollando en el sentido de crear una nueva estructura física para una forma más elevada de vida cívica, estructura caracterizada por la flexibilidad hacia el crecimiento y la evolución continuas. Cuando la filosofía corriente del “tiempo es dinero” haya cedido el lugar a una civilización humanamente más alta, la reconquista de la expresión monumental se realizará. Pero no volverá como la “música congelada” de los símbolos estáticos, sino como una calidad inherente (y dignificada) en nuestro ambiente físico como un todo, una cualidad en vías de transformación continua.” (Walter Gropius, 1922)

En plena escena post guerra se inicia el proyecto para la reconstrucción del monumento, ya que se entiende como un símbolo de la lucha del proletariado, firme y rebelde, que enciende la flama de la revolución desde la memoria. Una calidad monumental integradora y llena de dinamismo; flexible y adaptable a las necesidades de conmemoración y memoria de la sociedad. Con una gran potencia icónica y formal además de significativa por ser la tumba de las personas a las que conmemora. Alejado de las prioridades de la sociedad moderna donde “el tiempo es dinero” la obra se arraiga a la tierra para no permitir que se olvide que la lucha por la libertad y en contra de la opresión es más que posible. Es en el fondo la demostración pura del arte total, el deseo de Walter Gropius, ya que se encuentra petrificada y accesible para todos, elaborada como una obra escultórica y honrada como un monumento subversivo. Una obra de transformación, que en la época moderna es una palabra clave para acompañar a la creación. (Nuria Ricart, 2009)

“No estamos en guerra”

Lamentablemente la represión, los abusos, la desigualdad y la monarquía no quedaron solo para la historia ni mucho menos solo para la historia del arte. El arte existe y como si fuera parte de su código genético trae consigo admiradores y opositores, ya que se pone en lucha qué entiende cada uno por libertad y cómo se llega a esta. Desde que las expresiones artísticas influyen directamente en el pensamiento colectivo –como en la vanguardia de inicios de siglo XX- los grupos conservadores han intentado oprimir, censurar y esconder, ya que su poder está sostenido en la ceguera del pueblo. A medida que el arte se constituye como un medio de comunicación urbano y colectivo, las personas van adquiriendo más perspectiva. Esto significa un escenario más peligroso para quienes buscan el control. Luchar por la libertad no significa estar en guerra, pues no exige nada más que contar con lo que naturalmente nacemos, el instinto de crear. La guerra se proclama por un opresor, ambicioso y egoísta, cerrado a un punto de vista único que, irónicamente, termina siendo el más ciego de todos. ¿Cómo no pelear por la libertad si su ausencia nos quita hasta nuestra condición de ser humano? Chile por supuesto no podía estar ausente de experimentar un estallido social, pues desde la llegada de los colonizadores españoles pasó a ser una tierra saqueada, ultrajada y refundada. Una cultura y una civilización completamente desvanecida por un pensamiento arrasador, totalitarista y extranjero, que por contar con las armas necesarias pudieron callar a miles de bocas y borrar millones de memorias. Somos entonces ancestralmente una región que aprendió a vivir con los abusos, puesto que de eso nacimos. Naturalmente nacían grupos opositores de cada época, pero exactamente es el punto en cuestión ¿Por qué la lucha por la libertad siempre aparece como una oposición?

Luego de años de una dictadura militar, respaldada por las Fuerzas Armadas y encabezada por una bestia fascista traumada por el socialismo, llegaría una época llena de esperanza hacia la vuelta de la democracia. La falsa idea de un nuevo orden para la República, que sí cambiaba de cuerpo pero que seguía sosteniéndose por los mismos huesos (social, político y judicial). Los años pasaron y el tan esperado cambio al parecer no recibió invitación, lo que acumulaba cada día una rabia heredada y una herida abierta para gran parte de los chilenos.

“No son 30 pesos son 30 años”

Si bien el ruido de una explosión nunca deja de sorprender, el estallido social que dio inicio el 19 de octubre de 2019 fue un grito que tradujo años de un descontento conocido, un grito que todos aquellos que sufrieron supieron pronunciar perfectamente. Lo definiría como una erupción social, ya que se gestó durante muchos años y, casi por arte de la naturaleza, tuvo que soltar toda la rabia acumulada. El gatillante de la erupción fue el alza continua y desmesurada del precio del transporte público, algo que afectó indiscriminadamente a la población y la gota que rebalsó el vaso. Lo que comenzó con un problema puntual se viralizó a cada uno de los descontentos ciudadanos, amenazando así a un Estado que se había mantenido silencioso durante las últimas décadas. No pasó ni un día y el silencio acabó, la represión por parte de las fuerzas armadas fue inmediata y se confirmó que realmente nada había cambiado. Semanas de manifestaciones dejaron al país polarizado, con historias macabras y un sinfín de víctimas, pero con el espíritu de lucha más vivo que nunca. Fue imposible que las crecientes pérdidas no golpearan duro el pecho de cada combatiente, pero al igual que en el contexto de Walter Gropius y los inicios de su escuela, el homenaje y la obra memorial jugó un rol importantísimo en perseverar el espíritu, la única debilidad de la opresión. Los monumentos desde su concepto elemental aparecieron como una figura reconocida por todxs, que comunica y junta a los aliados, que trae a la memoria algo que quizás mundanamente haya desaparecido pero que hará prevalecer su existencia a través del tiempo.

“Las palabras erigir y edificar aún cuando tienen raíces latinas distintas nosotros las tenemos por sinónimos. Sin embargo podríamos distinguirlas de alguna manera. El erigir fue el nombre que tomó la construcción de algunas obras en la Ciudad Abierta; de aquellas que se levantaron sin planos, que se iban haciendo entre muchos, en lo irregular, en Ronda, a flor de labios.” (Jaime Reyes, 2019)

No solo los artistas estuvieron involucrados en la explosión memorial durante este último mes, pues el desarrollo de una obra se nutría de cada parte de la sociedad, de cada oficio o de cada experiencia. Bajo mi perspectiva, la representación mas pura arte en la época moderna. Mismo arte que, por su carácter universal, subversivo y propio del ser, podía erigir desde el suelo una creación reconocida por todxs. Es la fiel tradición del crear, de expulsar desde nuestro interior y del interior de la tierra un órgano capaz de transmitir sin hablar, pues cuando se quiere a un pueblo callado, el arte es el arma definitiva del mudo.

"La rebeldía es quiltra, pobre y valiente”

MATAPACO.jpg MATAPACO2.jpg MATAKEMAO.jpg

El monumento que alguna vez se creó no será jamás destruido, pues no se compone a partir de su cuerpo sino a raíz de lo que rememora. Cada obra memorial que apareció dentro del contexto de la erupción social se vio amenazada por la oposición censuradora que veía la paz en un pueblo sin habla. Cada noche aparecían destruidos, pero cada día se levantaban otra vez, más fuertes y más empeñados a quedarse; representando el verdadero espíritu flameante de la subversión. Es posible que en un par de meses lo que fue explosivo pase a pertenecer a la normalidad de nuestro día, sin embargo los Monumentos que nacieron durante este último mes llegaron para quedarse.

Ante la represión el pueblo levanta a sus guerreros.


La memoria sirve para no cometer los mismos errores del pasado.


El deseo de transformar prende la flama del arte, que es nuestro canal para perdurar.


Vivimos para crear y creamos para vivir, que no se nos olvide.


Fuegojo.jpg


Referencias bibliográficas:

Ricart, N. (2009). Das Marzgefallenen-Denkmal. Monumento a los caídos de Marzo Publicado por Asociación Aragonesa de Críticos de Arte: http://www.aacadigital.com/contenido.php?idarticulo=158

Villanueva, E. (2019). Cien Años de la Bauhaus Publicado por Literal Publishing: http://literalmagazine.com/cien-anos-de-la-bauhaus