Francisca Paredes: Taller de Amereida V

De Casiopea



TítuloTaller de Amereida V
AsignaturaTaller de Amereida 2014
Del CursoTaller de Amereida
CarrerasDiseño Industrial
Alumno(s)Francisca Paredes Palominos

El encuentro con lo adverso

Sus demonios no son los míos.

Mirarnos como Latinoamérica, conocer nuestra historia es redescubrir la belleza, hermandad y adversidad. Un territorio prodigioso que permite la expresión cultural de los pueblos originarios y la inmensidad de mezclas raciales que la historia a fundido a hierro y fuego, hacen hoy a una Latinoamérica multicultural con fuertes raíces indígenas mezclados culturalmente con las oleadas de inmigrantes que buscaron en estas tierras oportunidades o bandidaje.

Historias de adversidades y bellezas. De obstáculos, riesgos y necesidades. Así se sigue moldeando la historia de nuestro continente. Cada historia en un territorio, un pueblo o una cultura se talla de manera independiente pero a la vez interconectada con otros, como aliados, amigos o al ser sometidos. El imperio inca nos muestra esa grandeza, la belleza y los logros alcanzados, pero a la vez el sometimiento a los pueblos que se les oponían.

Culturas y pueblos que debieron ceder ante la hegemonía del poderoso, de las armas y del egoísmo. Sea por opción u obligación se han perdido en el tiempo y sus vestigios se han mezclado con los vencedores o han desaparecido en las huellas difusas del tiempo.

La sabiduría de un pueblo se plasma en su cultura que se manifiesta muchas veces en sus obras y en su gente. Ante las necesidades y riesgos los pueblos se adaptan y actúan. ¿Cuánta belleza y creatividad aflora durante y luego de una crisis? Ante la adversidad ¿cuánto nos reinventamos para afrontar cada nuevo paso?

Detenerse y mirar la historia de Latinoamérica es evidenciar crisis, creatividad, angustia, adversidad, obstáculos, libertad y nuevamente crisis, creatividad, etc.. Ha sido escuchar, mirar y dejar las amarras para dar pasos fuera del canon que la sociedad del momento establece. Es crear y creer desde sus/nuestras propias raíces.

Los pueblos originarios se adaptaron a lo impuesto por el invasor, pero mantuvieron su cultura, su historia su lengua. Ante la adversidad encontraron formas nuevas de mantener su cultura. Hoy por hoy existe una mayor valoración de la cosmovisión de los pueblos originarios, de su cultura e historia, pero esta se tuvo que adaptar para sobrevivir y perdurar.

La sociedad actual plantea innumerables desafíos y exigencias, además de un fuerte individualismo nos presenta el fracaso, los obstáculos y la adversidad como enemigos de una sociedad donde importa el éxito y la figuración. Un individualismo que nos hace ciegos y silentes ante los sufrimientos, ante los problemas cotidianos, ante las necesidades de otros, ante personas de otro color de piel y de otra nacionalidad. Esperan, y muchas veces lo logran, que seamos indiferentes ante la adversidad que sufre los demás. es ahí donde

Es bueno preguntarse qué se busca con “demonizar” los fracasos, los obstáculos y la adversidad. Creo que mantener lo que hay, no permitir ni alentar ni reconocer que afrontarlos da frutos creativos distintos a lo establecido. Se abre la mente, el corazón y aflora la creatividad. Se ven de manera distintas las cosas y se reconoce en los otros como complemento y no como enemigos. Se crea pensando en los espacios, en entorno y no para el propio ego.

Al observar y percibir la riqueza cultural de los pueblos del continente y de nuestro país, rompemos la lógica de situarnos en una sola perspectiva, la que socialmente existe, la que accedemos cotidianamente. Sus cosmovisiones nos permiten abrir nuestra mente y afrontar de una manera distinta la vida y las adversidades, fracasos y obstáculos, tanto profesionales como personales, así se enriquecen las soluciones que adoptamos.

Un país que constantemente enfrenta catástrofes naturales o tragedias que el hombre genera de manera directa o indirecta, debería tener más que asimilado buscar soluciones distintas, por ejemplo sustentables con el medioambiente y armónicas con su entorno, pero no volvemos cada vez a construir y plantear soluciones que siguen la misma línea de lo que hemos vivido, la historia volverá a repetirse y las adversidades serán nuestras compañeras de viaje y del tiempo. Así, ante terremotos, tsunami y tragedias, como los incendios que se han presentado, ante estas adversidades las familias han buscado enfrentar las soluciones acordes a sus propios territorios, pero las respuestas oficiales van en el camino habitual.

Que ciudad más significativa para hablar de obstáculos y adversidades para la vida y el diario vivir que Valparaíso. Una ciudad que es signo palpable de que se afrontan los problemas con lo que hay a mano, que se adapta al terreno a sus quebradas y cerros. Los obstáculos propios del puerto han hecho que sus habitante moldeen y pinten el anfiteatro natural que hoy, precario y vulnerable, es Valparaíso.

La última tragedia que enfrenta Valparaíso, ya que aún no termina y que además no quiere decir que sea la última, es el incendio que afectó a 7 cerros y a más de 12 mil personas en abril de este año. Ahí los obstáculos de la naturaleza y que estaban habitados (quebradas) fueron los canales facilitadores de la propagación del fuego. Las dificultades socio económicas en una ciudad empobrecida quedó en evidencia posteriormente, cuando, en cada terreno se conocía que habitaban 3 o 4 grupos familiares. Especial realidad evidenció el incendio, no que existiera, ya que en todo Chile pasa, sino que sorprendió la cantidad de personas que vivían en esta situación en los cerros afectados.

Suele ser habitual que ante la adversidad la familia es cobijo para enfrentar y salir adelante ante las crisis o carencias con que se tiene que vivir. Es mirar comunitariamente la realidad y afrontar en conjunto las dificultades y los obstáculos, tanto los geográficos, de hacinamiento y socio económicos. Los cerros de Valparaíso esconden esa realidad. El incendio develo una parte de ellos.

Ante la adversidad que enfrentan los porteños por el incendio la respuesta de los chilenos fue contundente. Desbordante de generosidad y voluntarismo. En lo adverso afloró la profunda libertad del cuerpo y el alma, se despojó de los parámetros establecidos, esos que decían que debían ser otros quienes debían ayudar, que debía ser el estado y orgánica la que afrontar esta tragedia. Eso quedó atrás, afloró la pureza del alma, esa que nos permite ver al otro como lo que es, un ser humano como nosotros, un hermano que necesita ayuda, que necesita una mano para sacar escombros o un abrazo para saber que no está sólo.

Al pasar los días y semanas la tragedia para la mayoría de chilenos ha ido quedando atrás, la esperanza se ha apoderado del lugar. Las manos presentes son menos, la ayuda se ha focalizado en las las reales necesidades y no sólo en dejar lo que el resto cree que necesitan. Son algunos los que han permanecido diariamente prestando ayuda.

Llama la atención y por eso lo abordo, ya que permite entender lo que aún falta por avanzar como país y como sociedad, que la adversidad fue el incendio, no el lugar ni las condiciones donde viven. Se reconstruyó y ahí queda el aporte y el compromiso, ahí se entiende las manos que han faltado para reforzar las viviendas que se han visto afectadas por la lluvia. Con la adversidad vimos un otro afectado por el incendio, no un afectado por las condiciones sociales y económicas que lo hizo tener que llegar a una toma o al terreno de un familiar.

En Valparaíso superamos la adversidad momentánea, pero no aprendemos de ella. En algunos lugares afectados por el incendio la adversidad ha sido una tremenda oportunidad de crear. De permitirse mirar con otros ojos las soluciones, pero aún son pocos y queda mucho por recorrer para que como ciudad veamos y nos planteemos otras soluciones para enfrentar y vivir de una manera distinta. En algunas de las viviendas en la toma afectada por el incendio les han propuesto y lo han aceptado y afrontado con soluciones bio/sustentables el no tener alcantarillado. Son las menos.

Cada fracaso, personal o en mi entorno, ha sido un aprendizaje. Ha sido vivir y ver como se abre la mente para afrontar y reinventarse. Y así seguir adelante. En la adversidades diarias y estructurales que tenemos como sociedad y país están las oportunidades de afrontar de manera distinta como me relaciono con mi entorno y aprendo de el. Como miro, aprendo y me alientan a encontrar en otras tierras, en otros culturas, con otros pueblos el conocimiento, pero más que eso, un alimento que me permita seguir desarrollándome en lo personal y profesional. Queda mucho por recorrer, pero las adversidades y obstáculos, no son mis “demonios” son una de las tantas oportunidades que tengo para seguir caminando, ya que basta la voluntad y el deseo de cambio para transformar/nos.