Florencia Pimentel - Módulo 3
| Asignatura | Taller Del Habitar |
|---|---|
| Del Curso | Taller del Habitar 2024 |
| Carreras | Diseño |
| Nº | 04 |
| Alumno(s) | Florencia Pimentel |
El proyecto comenzó con la creación de un módulo desplegable, pensado para abordar necesidades prácticas y portátiles en entornos diversos. Esta primera etapa se centró en explorar soluciones que combinaran funcionalidad, simplicidad y eficiencia espacial. En una segunda fase, esta idea evolucionó hacia el diseño de un bastidor compuesto por unidades discretas, que ofrecía un sistema estructural y organizativo adaptable. El bastidor se enfocó en la articulación de elementos modulares y en la exploración de relaciones espaciales y materiales, abriendo paso a un sistema más flexible y preciso en su ensamblaje. Finalmente, el aprendizaje acumulado en estas etapas permitió la concepción de un módulo de resguardo diseñado específicamente para la travesía en Chiloé. Este módulo integra espacios para comer, cocinar y dormir, alineándose con las dinámicas del cuerpo humano, el resguardo necesario frente a las condiciones climáticas y la relación respetuosa con el entorno. La propuesta final conecta el diseño con las gestualidades del habitar, enmarcando una experiencia sensible y armónica con el paisaje circundante.
Modulo I
El módulo desplegable, compuesto por una mesa y sillas plegables, fue concebido para transformar y optimizar el espacio en un entorno de camping, buscando una solución que integrara funcionalidad y conexión con el entorno natural. Desde su concepción, el diseño se centró en la idea de un objeto que no solo cumpliera con las necesidades prácticas, sino que también favoreciera la interacción de las personas con el espacio, permitiendo que la gestualidad y el movimiento se convirtieran en elementos esenciales en la experiencia de habitar. A medida que se avanzaba en el desarrollo del módulo, se perfeccionaron los detalles y mecanismos de despliegue para asegurar una transición fluida y adaptable entre los distintos usos del espacio. El acto de desplegar la mesa y las sillas no era solo un gesto funcional, sino un momento que transformaba el entorno, convirtiéndose en un proceso de reconfiguración que invitaba a las personas a participar activamente en la creación de un espacio habitable. Esta transformación subrayó la importancia de que el objeto fuera un sistema dinámico que respondiera a la gestualidad de las personas, integrándose de manera natural en el entorno y en la experiencia de habitar. El diseño incorporó una puerta de almacenamiento que, al abrirse, optimizaba el uso del espacio y creaba una transición sutil entre lo cerrado y lo abierto. Este elemento reforzaba la conexión entre el interior del módulo y el entorno natural, diluyendo los límites y favoreciendo la interacción entre ambos. La manera en que la puerta se integraba en el diseño ayudaba a mantener un equilibrio entre funcionalidad y estética, y aportaba una sensación de apertura y acogida.
El proceso de creación y uso del módulo mostró que un objeto puede reconfigurar la percepción del espacio y la forma en que se habita, enfatizando la interacción entre el objeto, la persona y el entorno. El aprendizaje más importante fue comprender que la gestualidad y la interacción no solo son elementos que enriquecen la experiencia, sino que son fundamentales para transformar el espacio de manera que las personas se sientan parte activa de él. Este enfoque resaltó la necesidad de pensar en el diseño no solo como un ejercicio estético o práctico, sino como una herramienta que pueda facilitar una relación más fluida y consciente con el entorno natural. La experiencia con el módulo desplegable evidenció que los objetos de diseño pueden ir más allá de sus funciones iniciales, convirtiéndose en catalizadores de cambio que redefinen la manera de vivir y experimentar el espacio. La flexibilidad, la adaptabilidad y la conexión con el entorno se convirtieron en principios fundamentales para crear un espacio que no solo responda a las necesidades momentáneas, sino que invite a una experiencia de habitar más rica y conectada. En el futuro, la optimización del módulo podría incluir mecanismos de plegado más avanzados que mantengan la coherencia y la estética, y un uso más eficiente de la zona de almacenamiento, para mejorar aún más la funcionalidad sin comprometer el diseño. También se podría incorporar un techo ligero de material como tela o malla, que se desplegara de manera armónica para proporcionar sombra y reforzar la transición entre el interior y el exterior. Así, el módulo seguiría evolucionando como un espacio flexible, adaptable y profundamente vinculado a la gestualidad del cuerpo y al entorno natural, invitando a quienes lo usan a participar en su transformación y a redefinir la experiencia de habitar.
Modulo II
El segundo módulo, resultado del análisis y desarrollo del primer módulo desplegable, se define por su estructura de bastidor compuesta de unidades discretas que derivan de los ángulos específicos del diseño inicial. La base de este bastidor se sustenta en triángulos rectángulos de 45° y 90°, los cuales fueron empleados para crear un patrón modular y armónico. Este patrón, compuesto por una red de triángulos interconectados, no solo ofrece un soporte estructural robusto, sino que también transforma el objeto en una entidad con una estética funcional y una capacidad de adaptación que va más allá de su uso práctico. El bastidor, que se erige como una extensión del primer módulo, es una representación de continuidad y ritmo visual. Las unidades discretas dispuestas en forma de grilla generan un balance entre orden y flexibilidad, creando una base que puede interpretarse desde distintas perspectivas, invitando a la observación y a la exploración. La elección de estos triángulos no es accidental: su disposición permite una integración sin fisuras y una repetición que refuerza la identidad del diseño. La simetría y la geometría de las unidades discretas se unen para formar un marco que no solo sostiene, sino que también organiza el espacio de manera que cada elemento se convierte en parte de una narrativa más grande. La transformación de este bastidor en un objeto funcional y estético implica también la adición de materiales que complementan y enriquecen su carácter. La incorporación de telas translúcidas, como el tul, añade una capa visual que modula la interacción de la luz con la estructura. La transparencia del tul crea un efecto de luminosidad cambiante que varía con el paso del día y con la dirección de la luz. Las unidades discretas se iluminan y oscurecen de manera sutil, revelando patrones y texturas que se ocultan y se muestran en diferentes momentos, creando un juego de luces y sombras que enriquece la percepción y hace que la pieza se viva de manera dinámica. El diseño también se destaca por la forma en que la luz, al atravesar las telas, resalta los patrones geométricos y las conexiones entre las unidades. Este juego lumínico genera una experiencia de observación en la que los detalles emergen y desaparecen, invitando al espectador a redescubrir el módulo una y otra vez. La luz se convierte en un elemento interactivo que transforma el ambiente y la percepción del espacio, haciendo que cada observación sea única y dependiente de la posición y el momento del día. El desarrollo del bastidor también destaca por su capacidad de adaptación y modularidad. A medida que se despliega, se genera un espacio que no solo se define por su funcionalidad, sino por su flexibilidad para formar diferentes configuraciones y perspectivas. La gestualidad de quienes interactúan con el módulo el movimiento, el enfoque y el cambio de posición, agrega una capa de interacción que redefine el entorno. El objeto no es solo una estructura estática, sino un espacio que se adapta al flujo de las personas, invitando a un habitar que se transforma constantemente. Cada unidad de la grilla, al desplegarse, contribuye a la creación de un entorno que combina lo estático con lo dinámico, creando una atmósfera de transformación y continuidad. La estructura modular, en su capacidad de cambiar y reorganizarse, permite que el espacio sea vivido de distintas maneras, ofreciendo desde áreas de descanso y contemplación hasta zonas más interactivas y funcionales. Este tipo de diseño se convierte en una metáfora de cómo la interacción entre las formas y el entorno natural puede dar lugar a un espacio acogedor y adaptativo. Finalmente, el segundo módulo, al mantener la esencia del primer diseño desplegable y al expandir sus elementos visuales y funcionales, ofrece una experiencia de habitar que va más allá de lo convencional. Los patrones visuales, la interacción de la luz con las texturas y la gestualidad de las personas que lo usan hacen de este módulo un objeto que desafía la percepción y reconfigura el entorno de manera constante. La estructura y el diseño modular se convierten en elementos de transformación y descubrimiento, invitando a los usuarios a ser parte activa de la experiencia y del espacio que se genera a su alrededor.
Modulo III
El tercer módulo, inspirado en la travesía a Chiloé, se configura como un espacio integral que refleja las necesidades prácticas y emocionales surgidas en esta experiencia. Este diseño toma como base los ángulos del módulo anterior, desarrollando una estructura en la que las unidades discretas se proyectan casi en toda su extensión, generando un lenguaje visual unificado y funcional. El módulo está pensado para cuatro personas y organiza sus espacios en tres zonas principales: comer y cocinar, dormir, y almacenamiento, cada una conectada mediante un despliegue fluido y armónico de sus elementos. Zona de comer y cocinar: En la base del módulo, se encuentra un sistema desplegable que une las funciones de preparación y consumo de alimentos. Este espacio se despliega a partir de las unidades discretas derivadas de los ángulos fundamentales, formando una mesa y bancos integrados que facilitan la interacción grupal. La continuidad entre ambas funciones permite una transición natural entre preparar, servir y disfrutar la comida. Zona de dormir: Ubicada en un nivel superior, esta área está diseñada para ofrecer comodidad y privacidad. El espacio permite armar una carpa, proporcionando un ambiente acogedor y seguro para el descanso. Antes de ingresar a la carpa, hay un espacio previo pensado para reposar y organizarse, lo que mejora la gestualidad del módulo al ofrecer transiciones cómodas entre actividades. Almacenamiento: La zona inferior al área de descanso está dedicada al almacenamiento. Este espacio maximiza la funcionalidad del módulo, integrando compartimentos que siguen los ángulos de las unidades discretas, lo que otorga continuidad estética y un uso eficiente del volumen disponible. Además, se han añadido repisas superiores que acompañan la estructura, también alineadas con la geometría del módulo, para optimizar aún más el espacio y proporcionar accesibilidad a los elementos necesarios. Este módulo completo, con sus elementos cuidadosamente diseñados, ofrece una experiencia integral que combina funcionalidad, estética y comodidad. La inspiración en Chiloé se refleja en su carácter acogedor y su capacidad de adaptarse a los desafíos del entorno, creando un refugio armónico. La estructura modular del tercer módulo transforma la interacción con el espacio, proponiendo una experiencia que combina funcionalidad, estética y comodidad. Inspirado profundamente en las travesías a Chiloé, este diseño refleja el aprendizaje obtenido al enfrentar las duras condiciones climáticas y diversas adversidades que caracterizan a este entorno. Las lluvias persistentes, los fuertes vientos y la humedad constante en la isla destacaron la importancia de un refugio que no solo protegiera a sus ocupantes, sino que también se adaptara dinámicamente a las necesidades de quienes lo habitan.
El módulo está concebido para cuatro personas y prioriza la integración fluida entre sus diferentes áreas. La zona del comer y cocinar se despliega desde un único punto de anclaje, uniendo ambos espacios de manera intuitiva y eficiente. Esta transición se logra a partir de un sistema que utiliza las unidades discretas como base estructural, generando ángulos que dialogan entre sí y que organizan visualmente el espacio. Este despliegue, además de ser práctico, enriquece la gestualidad del habitar, haciendo que la interacción con el objeto sea un acto que acompaña el ritmo natural de los usuarios. El área del dormir se encuentra en un nivel superior, diseñada para acomodar una carpa que añade un sentido acogedor y cálido al espacio, a la vez que protege contra los elementos externos. Este nivel elevado no solo actúa como zona de descanso, sino también como un espacio intermedio que permite reposar antes de ingresar a la carpa, facilitando una transición cómoda y funcional. Este detalle, aprendido de las travesías en Chiloé, busca hacer más llevadero el tiempo en ambientes desafiantes, optimizando la comodidad en un entorno naturalmente hostil. El almacenamiento se sitúa estratégicamente debajo de la zona elevada, aprovechando el espacio al máximo. Adicionalmente, se incorporan repisas superiores que, siguiendo los ángulos de las unidades discretas, amplían la capacidad de organización y otorgan un orden visual al diseño. Estas repisas, en conjunto con el resto del módulo, contribuyen a una percepción de continuidad y funcionalidad que convierte al espacio en un refugio práctico y estéticamente atractivo. El aprendizaje obtenido en las travesías a Chiloé ha sido fundamental para dar forma a este módulo. Las experiencias bajo intensas lluvias y condiciones climáticas impredecibles nos llevaron a concebir un diseño resiliente que no solo enfrenta el clima, sino que también lo convierte en parte de la experiencia. El módulo no es solo un objeto estático; es un compañero de viaje, un espacio transformador que responde a las necesidades de quienes lo habitan mientras dialoga con el entorno natural que lo rodea.