Entrega Final

De Casiopea



TítuloJusticia en la ciudad. De dónde viene y en dónde podemos encontrarla.
AsignaturaPoética General
Del CursoPoética General Mg 2T 2015
CarrerasCiudad y Territorio
1
Alumno(s)Pilar Pantaleon

Vivir en una ciudad es algo bastante común en estos tiempos, por ello es que se estima que para el año 2030 el 60% de la población mundial vivirá en áreas urbanas. (Banco Mundial, 2000) Pero surge la interrogante respecto al por qué el hombre tiende a vivir en ciudades, si como bien sabemos quiénes las habitamos que éstas presentan una serie de dificultades, siendo una de las principales la segregación y la pobreza que muchas de ellas adolecen, problemas que llevan implícitos injusticias de carácter social.

Dar respuesta a este tipo de interrogantes nos llevan en gran medida a buscar en la naturaleza humana, aquello que es connatural al hombre y que lo hace distinguirse de todo el medio natural que lo rodea. Se ha intentado explicar desde las diversas dimensiones que el propio ser humano representa: desde su ámbito biológico-fisiológico, desde su complejidad existencial, desde su comportamiento, etc., pero lograr dar una respuesta inequívoca y única resulta hasta ahora casi imposible, por lo cual éstas han de complementarse. Muchas disciplinas, entre ellas el derecho, buscan respuesta en el comportamiento humano, ligadas estas explicaciones fuertemente a la filosofía por sobre la ciencia.

Para los antiguos la ciudad es connatural al hombre y por ello afirman que “Si observamos que toda ciudad es una cierta compañía, y que toda compañía se ajusta por causa de algún bien – porque todos hacen las cosas por parecerles buenas- claramente se echa de ver que todas sus compañías pretenden algún bien, y muy señaladamente aquella, que es la más principal de todas y que comprende en sí todas las demás compañías, habrá de pretender el bien más principal de todos. Esta es, pues, la ciudad y la compañía civil” (Aristóteles). Con ello parte Aristóteles explicando el por qué el hombre no es por naturaleza un ser solitario, así es que parte desde la base de la relación de pareja y de la familia, para luego elevarla a toda la sociedad. Es por cómo hacemos perpetuar la especie que podría ser una primera partida para explicar el por qué vivimos en ciudades. Luego agrega el mismo autor “Mas la compañía que se compone de muchos barrios es la ciudad, la cual, hablando sumariamente, es para sí perfecta y vastamente suficiente, y se juntó por fin del vivir con mayor comodidad, Por esto, toda ciudad es compañía natural, pues lo son los elementos de que se compone. De aquí se colige claramente que la ciudad es una de las cosas más naturales, y que el hombre, por su naturaleza, es animal político o civil, y el que no vive en la ciudad, esto es, errante y sin ley, o es mal hombre o es más que hombre, como aquel a quien vitupera Homero con estas palabras: Hombre sin ley, sin suerte, sin morada.” (Aristóteles) En La Política de Aristóteles se señala que el hombre es un ser social por naturaleza y por ende tiende a agruparse y vivir en ciudades. Por otro lado, también señala en su Ética Nicomáquea que el hombre es un fin en sí mismo (Aristóteles, 1998)y que actúa en función de la virtud señalando: “La virtud, entonces, es un término medio , o al menos tiende al medio” (Aristóteles, 1998) “ Es un medio entre dos vicios, uno por exceso y otro por defecto, y también por no alcanzar, en un caso, y sobrepasar en otro, lo necesita en las pasiones y acciones, mientras que la virtud encuentra y elige el término medio (Aristóteles, 1998). En dicho texto el autor explica las diversas virtudes existentes, conocidas como las virtudes cardinales, dentro de las cuales se encuentra la justicia y la define como “La virtud en el más cabal sentido, porque es la práctica de la virtud perfecta, y es perfecta porque el que la posee puede hacer uso de la virtud con los otros y no solo consigo mismo. (Aristóteles, 1998)

Como puede apreciarse, para los griegos la justicia es más bien material y connatural al hombre, por ende sus principios son inamovibles. Para los positivistas posteriores a Kant, la justicia se va construyendo con la sociedad misma gracias a los contratos sociales que ellos mismos se otorgan a través de instrumentos como lo son las constituciones o cartas fundamentales. De este modo podemos ver que en el ejercicio de conceptualizar John Rawls la explica de la siguiente manera: “Considero entonces que el concepto de justicia ha de ser definido por el papel de sus principios al asignar derechos y deberes, y al definir la división correcta de las ventajas sociales. Una concepción de la justica es una interpretación de este papel.” (Rawls, 1971)

Indudable es para nuestra sociedad que el hecho de proteger la vida de un ser humano es algo justo, con lo cual la gran mayoría estamos de acuerdo. Luego de ello podemos encontrar una serie de los denominados valores jurídicos protegidos, derechos o garantías fundamentales dentro de los cuales podemos encontrar lo que es vivir en un medioambiente limpio, la libertad de circulación, el derecho a la salud, el derecho a la propiedad privada, al trabajo etc., pero el derecho a la vivienda no lo encontramos a lo menos en nuestra carta fundamental. Habría que suponer que éste se encuentra subsumido dentro de otros, y las políticas de vivienda han tendido a generar más propiedad privada, por lo cual desde ahí podemos hablar de protección. Este catálogo amplio, que permite a la vivienda inmiscuirse entre varios de otros derechos garantizados, no encuentra lugar en lo que respecta al hacer ciudad y que dentro de ella se encuentra la vivienda, debiendo por tanto ser tratada como una parte vinculada al todo.

Si revisamos la historia de nuestro país podemos darnos cuenta la manera en cómo se incorporan las materias de ley que se han tratado, que por cierto son bastante jóvenes en comparación a países más desarrollados, pero que tienen trasfondos más profundos de los que aparentemente presentan y que muchas veces distan de lo que por justo conocemos o creemos conocer.

Justicia en la ciudad viene a plantear las problemáticas de acceso a determinados bienes y/o determinadas oportunidades, y a la búsqueda incansable de determinados valores. En Chile, estos valores son los que no están consensuados, y por tanto la búsqueda de ellos se hace de la misma manera en que se presentan como tales en la sociedad.

Más allá de ir en búsqueda de un diagnóstico de la presencia de los valores que se discuten, la búsqueda va por encontrar en lo que existe actualmente y qué podemos hacer con ello, dado que todos los diagnósticos nos dicen que algo anda mal y que la forma de hacer las cosas no son las correctas. Se plantean en estos diagnósticos como soluciones, modelos provenientes de otros rincones del mundo, y que en su mayoría si son analizados en cuanto a su aplicabilidad en el país se hacen inviables o requieren de una serie de cambios, directos e indirectos, que toman un tiempo sobre dimensionado, lo que nos hace plantearnos que al momento que sucedan ya casi no lo vamos a necesitar.

Los diagnósticos sobre la justicia en la ciudad, es decir, aquellos análisis del estado del arte, en ocasiones nos entregan un panorama desolador que incluso nos hacen creer que nada se ha hecho por tener ciudades justas. Pero sabemos que ello no es así, y en lo que refiere a lo normativo de las ciudades tenemos un exceso de producción, el cual es inconexo y una política pública con carácter de ley podría colaborar en establecer un horizonte claro que supere la duración de un gobierno y/o ideología imperante por un periodo presidencial o parlamentario.

El tema de la vivienda como temática de la política pública surge en nuestro país luego del proceso de urbanización que trajo consigo la industrialización, y no fue precisamente por una reflexión de quienes lideraban el país, sino que por medio de las huelgas de los trabajadores obreros de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, de esta manera varias materias se fueron sumando al quehacer de los gobernantes. Armando de Ramón señala que desde finales del siglo XVIII que existe la tenencia irregular de la tierra, como una búsqueda para la habitación de los sectores más pobres de la población. De esta manera explican que los asentamientos periféricos se originaron con pueblos de indios llamados guangualíes. Continúa su relato dando cuenta de que la problemática habitacional hizo a las autoridades que a mediados del siglo XIX crearan asentamientos fuera de la ciudad para controlar la explosiva población irregular de las ciudades, y así se crean por ejemplo San Bernardo y Buin; pero esto no fue una acción del todo estratégica dado que ello no dio solución a la población porque dichos lugares se encontraban extremadamente lejos de las posibles fuentes laborales que la ciudad les podía ofrecer. Señala como ejemplo excepcional a lo anterior lo que significó la creación de Ñuñoa. (La Población Informal. Poblamiento de la periferia de Santiago de Chile 1920-1970, 1990) Al requerir las personas estar cerca de sus fuentes laborales y los servicios básicos, teniendo en cuenta que los medios de transporte y sobre todo lo que refiere al transporte público no era algo muy avanzado en dicha época. Es por ello que en los centros urbanos comenzaron a formarse los conventillos, los cuartos redondos, etc., para quienes podían pagar un canon de arriendo o la ocupación irregular de terrenos para quienes no les era posible. De Ramón describe este fenómeno, que en la ciudad de Santiago al menos perduró con fuerza hasta mediados del siglo XX señalando “En síntesis, podemos concluir que el conventillo y sus asimilados se convirtieron en el tipo de vivienda que albergó los mayores porcentajes de personas de la clase proletaria y que este proceso fue en ascenso durante la primera mitad del siglo XX hasta alcanzar sus más altos niveles en 1952. Las políticas habitacionales de los gobiernos que se sucedieron desde esta última fecha hasta 1970 modificaron esta situación, disminuyendo para estos últimos años la población de los conventillos y asimilados a sólo 64.660 personas, o sea, el 2,5% de la población de Santiago. Pero en este mismo momento se hizo patente la evolución sufrida por el problema habitacional, convirtiéndose las poblaciones y los campamentos en el tipo que albergaba ahora los más altos porcentajes de los grupos bajos de la sociedad urbana capitalina. Es decir, que el problema se traspasó masivamente desde los sectores urbanos situados en el casco tradicional de la ciudad hacia la periferia.” (La Población Informal. Poblamiento de la perifería de Santiago de Chile 1920-1970, 1990)

Los conventillos y los arriendos por piso de viviendas generaron problemas graves de hacinamiento e insalubridad, motivo por el cual en febrero de 1906 se dictó la conocida Ley de Habitaciones Obreras, primera normativa referente a la vivienda en Chile y que en su artículo 1° señalaba: “Se establecen consejos denominados "Consejos de habitaciones para obreros", cuyas atribuciones son: a) Favorecer la construcción de habitaciones hijiénicas i baratas destinadas a la clase proletaria, i su arrendamiento a los obreros, o su venta sea al contado, por mensualidades o por amortización acumulativa; b) Tomar las medidas conducentes al saneamiento de las habitaciones que actualmente se destinan a este objeto; c) Fijar las condiciones que deben llenar los que se construyan en lo sucesivo para que sean acreedoras a los beneficios que otorga esta lei, i aprobar los planos i especificaciones que cumplan con los requisitos exijidos; d) Dirijir las habitaciones que ellos mismos construyan con los fondos que les hubieren sido donados o legados o destinados por el Estado con el indicado objeto; i e) Fomentar la formación de sociedades encargadas de construir estas habitaciones.” (Chile, 1906)

La ley además de fijar ciertos estándares mínimos también establecía ciertos incentivos para que ello se materializara, y si se observa no eran mezquinos dichos incentivos: el artículo 13 establecía “Toda habitación barata, individual o colectiva, declarada hijiénica por el respectivo Consejo de Habitaciones, gozará de las exenciones o beneficios que se enumeran en el presente párrafo, por el término de veinticinco años, contados desde la fecha de la declaración del Consejo si se trata de un edificio ya construido, o desde la fecha de la conclusión, si el edificio es construido con posterioridad a la promulgación de esta lei i en conformidad a planos i especificaciones aprobados por el Consejo.” (Ley 1.838, 1906) las garantías a las que se hacen referencia son por ejemplo las señaladas en el artículo 14 y 15 “Las propiedades a que se refiere el artículo precedente quedarán exentas del pago de toda contribución fiscal o municipal, i gozarán del derecho de consumir el agua potable de la empresa fiscal o municipal que proveyere a la localidad, en la proporción de cien litros diarios por cada familia, por un precio equivalente al diez por ciento del precio común. La respectiva Municipalidad hará i arreglará por su sola cuenta el pavimento de la calle con piedra de rio a lo menos i las aceras con asfalto, e instalará el servicio de alumbrado sosteniendo un farol cada cincuenta metros. Si hubiere servicio del alcantarillado en la calle, el Fisco pagará el servicio interior hasta su conexión con aquél.” “Si las nuevas construcciones hubieren de ocupar veinte o más manzanas, se instalará además por cuenta fiscal el alcantarillado en las calles, se prolongará el servicio de agua potable, i se destinará a plaza o jardín público de cada veinte manzanas una, que será comprada por el Fisco con este objeto, i se instalará” (Ley 1.838, 1906).

Pero la ley citada no tuvo los resultados esperados y las viviendas construidas fueron muy pocas a nivel nacional.

Esbozamos anteriormente que el problema de la vivienda se origina por el fenómeno urbano, que trae consigo el aumento de población en las ciudades a causa de la industrialización y que las personas terminan viviendo en condiciones insalubres y precarias con el fin de obtener una fuente de ingresos. Es por ello que en lo que respecta a los campamentos, este problema no es solo un asunto de carencia habitacional y que su solución sea dada con ella, sino que esto responde a una problemática territorial, debiendo ser abordada desde esa óptica. En este sentido ya en los años 70’ se planteaba que las formas de abordar la ciudad eran ajenas y tardías al fenómeno de los campamentos: “Las estrategias de desarrollo regional de ODEPLAN y los planes reguladores comunales e intercomunales vigentes no sólo carecen de flexibilidad y de oportunidad, sino que, de lenguaje para responder positivamente a estas nuevas fuerzas sociales conformadoras de la ciudad. La ciencia urbana aparece así ignorando o, al menos, ajena y no comprometida con el fenómeno urbano de mayor trascendencia que está sucediendo en su propio campo de acción.” “Supliendo la teórica autoridad comunal, el gobierno central, con más recursos financieros y algunas mayores atribuciones de expropiación y de construcción sólo alcanza a correr a la siga de las iniciativas espontáneas de los "campamentos", dando soluciones tan puntuales como urgentes que en general contradicen a los propios planes de sus ministerios y de ODEPLAN.” (El desarrollo urbano mediante asentamientos espontáneos. El caso de los campamentos chilenos, 1973) Del texto citado podemos ver cómo ha perdurado la deficiencia, tratando hasta la fecha los campamentos con una mirada unidimensional, siendo que son la máxima expresión de lo que el hombre requiere, claramente pueden existir excepciones pero difícilmente una persona va a escoger vivir tan indignamente por 30 o más años.

Lo que queremos indagar, más que una crítica por falta de elementos que propendan la justicia, es afirmar que éstos existen, no son perfectos y que pueden mejorarse, pero podrían llegar a ser más eficientes en lo que justicia refiere si existiese un adecuado conocimiento y voluntad en aplicar con lo que ya contamos. La justicia y la ciudad como derecho tienen una suerte de urgencia implícita, la cual no es reconocida en cuanto formulación de procesos. Llegar a consensuar qué es lo mejor, qué es lo que se quiere y cómo ejecutarlo toma tiempos extensos, plazos que no es posible acotar. Las transformaciones de las ciudades también presentan tiempos muy extensos. Pero existen ciertos cambios, que a pesar del tiempo que toman en tener resultados, que ya pasaron por esta primera etapa consensual y que no se ejecutan por creerse que no existen los elementos para efectuarlas o por creer que la primera etapa no es suficientemente justa, se termina decidiendo por no hacer nada, y por tanto es mejor no tener justica que una justicia a medias. Creemos que esta supuesta justica a medias no es tal, sino que es el catalizador para que los procesos de transformación se generen y de esta forma hacer reaccionar a quien le corresponde efectuar dicha labor, haciendo que éste salte las barreras que le impiden tomar esa importante decisión.

Bibliografía

Aristóteles. Biblioteca Digital Universidad de Sevilla. [En línea] Editorial Nuestra Raza. [Citado el: 25 de Noviembre de 2015.] http://bib.us.es/guiaspormaterias/ayuda_invest/derecho/pixelegis.htm.

Aristóteles. Ética Nicomeáquea- Ética Eudemia. Ética Nicomeáquea- Ética Eudemia. Madrid : Gredos, 1998.

Banco Mundial. 2000. www.bancomundial.org. [En línea] 2000. [Citado el: 25 de noviembre de 2015.] http://www.bancomundial.org/temas/cities/datos.htm.

Diario Oficial de la República de Chile. 1906. Ley 1838. Santiago : s.n., 1906. El desarrollo urbano mediante asentamientos espontáneos. El caso de los campamentos chilenos. María, Ignacio Santa. 1973. 7, Santiago : EURE, 1973, Vol. 3.

La Población Informal. Poblamiento de la perifería de Santiago de Chile 1920-1970. Ramón, Armando de. 1990. 50, Santiago : EURE, 1990, Vol. 16.

Rawls, John. 1971. Teoría de la Justicia. México : Fondo de Cultura Económica , 1971.