Eneida - Amereida. Edición anotada

De Casiopea





TítuloEneida - Amereida. Edición anotada
Año2016
AutorGodofredo Iommi
CoautoresJaime Reyes
Tipo de PublicaciónOtro
ColecciónAmereida
CiudadValparaíso
Palabras Clavetaller de américa, eneida, amereida, poética, poesía
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño, Diseño Gráfico, Diseño Industrial, Náutico y Marítimo, Ciudad y Territorio, Formación y Oficio, Interacción y Servicios,
«Doctorado en A&D» no se encuentra en la lista (Arquitectura, Diseño, Diseño Gráfico, Diseño Industrial, Náutico y Marítimo, Ciudad y Territorio, Formación y Oficio, Interacción y Servicios, Otra, Magíster) de valores permitidos de la propiedad «Carreras Relacionadas».
NotaPrimera clase de Godofredo Iommi para el Taller de América de 1981. Fue editada y publicada internamente por el Taller de Investigaciones Gráficas, de la Escuela de Arquitectura UCV en 1982

Eneida Amereida

amereida

y su referencia confesada a la eneida
analogía – ninguna de las dos son directas espontáneas
la eneida sólo tiene sentido en referencia a la ilíada y a la odisea

Amereida, pág. 181.

Presentación

La primera intención de esta publicación digital, la misma que las otras ediciones que componen esta colección del Archivo de la Palabra, es aportar al estudio de la obra de nuestros profesores y académicos, especialmente de aquello que consideramos como fundadores de nuestra Escuela de Arquitectura y Diseño y de la Ciudad Abierta. En este caso en particular se trata del poeta Godofredo Iommi M., cuya obra hasta hoy publicada y conocida consiste principalmente en sus poemas y sus textos sobre poética. Ahora nos ocupamos de sus clases y discursos que fueron registrados como audio y que hasta ahora no habían sido editadas adecuadamente. El Archivo de la Palabra fue creado por el escultor Claudio Girola, quien durante muchos años se dedicó pacientemente a grabar, en cintas o casetes, y a transcribir estas clases o lecciones, de las que luego se obtuvieron varios de los textos poéticos hoy considerados como parte de los fundamentos de la Escuela y de la Ciudad Abierta. Este es un libro para el estudio y que ha sido construido para ser material de consulta que permita profundizar en las ideas y proposiciones de Iommi, expuestas y desarrolladas durante sus más de cincuenta años de dedicación a la relación entre la poesía y los oficios.

Eneida Amereida es la primera clase de Godofredo Iommi para Taller de América de 1981. Fue editada y publicada internamente por el Taller de Investigaciones Gráficas, de la Escuela de Arquitectura UCV en 1982. Aquella edición, como mencionamos antes, se convirtió en uno de los fundamentos poéticos de nuestra Escuela y ha sido, desde entonces, ampliamente estudiada, referida y citada en los estudios sobre la Escuela, la Ciudad Abierta y las travesías, tanto en los estudios internos como en aquellos realizados por estudiosos, alumnos y profesores de diversas universidades de Chile y el mundo. Aquella edición es la transcripción de un fragmento de la clase, durante la cual el poeta leyó una conferencia que había presentado antes en Santiago, con agregados bibliográficos y pequeñas correcciones. Es muy completa y se basta a sí misma para exponer las proposiciones de Iommi sobre la relación entre la Eneida, el poema Amereida y América. Esta edición está disponible en la Biblioteca de la e[ad] y en forma digital en la Biblioteca Constel.

Sin embargo, en el Archivo Histórico José Vial Armstrong tenemos los registros de audio de la clase original. Al oír esos registros constatamos que la edición de 1982 se concentra solamente en la lectura de la mencionada conferencia y no consideró una breve introducción que hace el poeta al inicio de la clase ni el apartado con el que la finaliza. En tal sentido esta nueva edición digital aporta dos novedades. La primera novedad es la transcripción íntegra de la clase. Se agregan ahora la parte del comienzo, en la cual Godofredo presenta el tema y explica de qué se trata la clase que va a realizar a continuación y otra parte al final, dedicada especialmente a la relación de todo lo expuesto con los talleres de la Escuela. Estas dos partes son inéditas, nuevas. Además hemos ordenado el discurso a través de dividirlo en secciones, mediante las cuales pretendemos facilitar la lectura de estudio.

La segunda novedad es que este libro contiene el audio mismo de la clase, el que hemos remasterizado y adecuado a este soporte de libro digital. Este audio se encuentra además publicado en internet, en la plataforma SoundCloud del Archivo de la Palabra.

Nos parece que este es el mejor modo de poder leer y oír a Godofredo Iommi M.

Previo

Catálogo de Archivo: CL ame 81 - Eneida Amereida, del álbum Actividades / Clases y Asignaturas / Taller de Amereida / 1981, disponible en SoundCloud.

Antes de empezar a hablar estrictamente del asunto, como yo sé que ustedes no conocen la Eneida, les voy a contar rápidamente la Eneida, de un solo brochazo. La eneida es un poema del poeta Virgilio, que lo escribió bajo Augusto, el emperador romano con quien se inicia el Imperio de Roma como tal. Es el poema de la latinidad. Virgilio toma la tradición griega y construye en el poema la palabra latina; lo que es la latinidad. El poema es la vicisitud, la historia de uno de los héroes griegos; Eneas. Eneas es troyano y la resultado de la guerra de Troya es la derrota y la devastación de Troya. Eneas huye de Troya por indicación de su madre Venus y se va hacia el Mediterráneo a la búsqueda de una patria. Por lo tanto es un emigrante. Tiene muchas peripecias. La primera gran peripecia es que tiene que navegar. Entonces se las tiene que ver con el mar, tal como se las tuvo que ver Odiseo en la Odisea. Llega a una costa, después de un total y desicivo naufragio y en esa costa se está construyendo una ciudad. Y la construye una reina, una mujer; Dido. Ustedes la pueden conocer con el nombre de Elisa, que es lo mismo que Dido. Está construyendo esta ciudad por una serie de intervenciones de orden divino, Eneas pide hospitalidad, Dido se la da, se enamoran perdidamente uno del otro, viven su gran amor (Eneas ha huido con su padre que muere, y con su hijo, y pierde en el camino a su esposa que también muere; Creusa). Están enamorados y Eneas junto con sus compañeros que se habían salvado del naufragio colaboran con la construcción de una ciudad. Se trata de la construcción de una ciudad que es Cartago. Es decir, encuentra prácticamente la plenitud. En ese momento el dios Mercurio, en nombre de los dioses, se acerca a decirle que no era ese su destino, que él tenía que cumplir otro destino. Entonces Eneas se va y Dido se suicida. Y después de otras peripecias llega a las costas de Italia, y lo primero que hace es ir a visitar el mundo de los muertos, donde entre otros se encuentra a Dido y especialmente a su padre. Y su padre le indica, en el mundo de los muertos, el destino de Roma, que él viene por primera vez a oírlo formulado explícitamente; qué significa ser romano, por primera vez, allí. Lo que sigue es la guerra. Él llega finalmente al Lazio, se establece, hay una lucha de pueblos, y finalmente allí, en ese lugar, se instala Roma (no se funda aún, pero se instala). Y el poema repentinamente termina. Quedó trunco, según la tradición. Virgilio no lo terminó. Pero está terminado; el poema concluye con la lucha entre Eneas y Turno. Turno es el héroe local, y Eneas se va a casar con Lavinia, y por vía de su matrimonio va a pasar de ser troyano a la estirpe que va a dar lugar a los romanos. Pero Lavinia era prometida de Turno, el padre de Lavinia es el rey Latino, tanto que la madre de Lavinia prefiere morir antes de verla casada con Eneas. Y el poema termina allí.

Esta es más o menos la trayectoria del poema, lleno de peripecias que por supuesto yo me salto y no les cuento.

Hace quince años, los profesores de esta Escuela, quedándose unos para respaldar a los que se iban, y junto con otros artistas europeos que vinieron especialmente para esa ocasión, se cumplió por América una travesía que se llamó Amereida. Y se llama Amereida por la Eneida. El último fundamento de esa travesía es de lo que nos vamos a ocupar ahora; que es la Eneida iluminando América. Muchas veces hemos hablado de esto, pero en forma fragmentaria, parcial. Esta va aser posiblemente la primera vez en que tomemos una estructura posible –hay otras posibles también– de la Eneida como una especie de lámpara para ver América. La segunda advertencia es la siguiente: no es simplemente una exposición universitaria la que yo voy a a hacer. Si son quince años de aquel viaje, el propósito o la intención que yo tengo es la de proponerle a toda la Escuela este reencuentro, y por lo tanto la consiguiente proyección, acción y trabajo que de él se siga: este encuentro de nuevo con América, vista a la luz de la eneida y que ilumine desde sus propios fundamentos todo nuestro quehacer y lo proyecte con todo el vigor, la audacia y la aventura que requiere. Esto que voy a leer tiene un poco una forma universitaria porque fue una clase que yo di en la universidad de Santiago para profesores y alumnos que no saben nada de Amereida ni tenían ninguna idea acerca de esto, y fue en ocasión de que este año es el bimilenario, es decir que hace dos mil años que murió Virgilio. En ocasión de esto se produjo un acto académico, durante tres días, y me tocó a mi cerrar estos actos con esta conferencia.

Yo sé que no se va a entender todo con la primera lectura, porque está lleno de tácitos. Tácitos que en general no se tienen, pero podríamos al término hacer preguntas, discutirlo, hacer preguntas y aclarar todos los puntos que fueran necesarios. Lo que más me gustaría sería eso, lo que menos me gustaría es que todo el mundo tomara esto simplemente como una clase. Me gustaría que todo el mundo se sintiera directamente concernido como americano y pensara y pudiera discutir inclusive, dilucidar sus dudas o plantearlas, a fin de ver qué hacemos. No solamente qué pensamos.

Las formas de leer

Minuto 12 de la grabación. Inicio del texto editado.

Variadas y legítimas son las formas de leer. Sea con tedio entrecortando la lectura por fatiga o ensueño, sea por distracción suspendiéndonos. Otras por real gusto que es el surco de la cultura con la que maduramos, o por ilustración a fin de lucirnos en los reflejos del recuerdo. A veces, las menos frecuentes, la lectura nos toca, nos despierta, nos advierte o nos llama. No importa el modo como sucede, pero se nos transforma en un toque, en un llamado. Puede decirse entonces que la lectura nos acaece como una experiencia. Heidegger decía para definir una experiencia que la mejor expresión para comprenderla es la expresión popular que dice “se me cayó la casa encima” o “se me cayó el mundo encima”. Cuando algo a uno se le cae encima hay experiencia. La experiencia abre, provoca una pregunta, al par que trae o insinúa respuestas al modo como una herida revela y alerta el cuerpo.

Vamos a tratar de una lectura de La Eneida de esta especie. Es decir de una lectura herida de La Eneida de Virgilio, de Publius Virgilius Maro, nacido (según Carcopinó) (1) el 15 de Octubre del año 71 A.C., en una cierta aldea llamada Andes cerca de Mantua, pero todo esto es pura conjetura.

La Tradición

Antes de exponer el movimiento, la e-moción que nos lleva hacia La Eneida, hay que aclarar un concepto fundamental: qué es lo que entendemos por tradición. Y hay que aclararlo por dos razones. Uno para saber cómo la tradición abre lo nuevo. Dos, cómo la tradición soporta y escurre en las obras que la renuevan con las lenguas y con las existencias. Es habitual presentar como casi opuestos los términos de tradición y novedad, o como suelen decir algunos títulos, tradición y aventura. A veces el hábito lógico de la afirmación y negación pueden llevarnos a engaños bajo aparente claridad y tiene parte en ello cierta pereza de la inteligencia. Para ser breves tenemos que partir de algún obvio, por ejemplo el obvio de que la tradición se hereda. A menudo con ello se significa que la tradición se mantiene repitiendo lo propio del pasado de suerte que los cambios temporales no la adulteran. Sin embargo, se pueden pensar tradición y herencia de otra manera. Por ejemplo; la herencia como algo que alumbre, que venga a luz, que se de a luz, como una mujer que da a luz y que con ello señale, indique o mejor dicho abra un campo existencial. Más que atenerse o conservar axiomas la herencia surge y brota creativamente. La tradición está insertada, incita en la herencia que la trae a luz de tal modo que es como la vida, y estaría pues siempre presente, doquier y por lo tanto siempre inmediata. Pero, esta inmediatez la esconde, como la inmediatez de la superficie en la proximidad no deja reconocer el muro. La herencia, en este caso, heredar sería traer a luz la tradición, es decir, escuchar su llamado para desocultarla. La tradición o real historia en su esencia temporal, no sería otra cosa sino este esconderse y manifestarse, este ascender o bajar como las mareas según las atracciones invisibles, como por ejemplo la luna, y sería con ello, el ritmo mismo de nuestro vivir.

Así, quizás, lo esencial de la tradición no es tanto lo que se infiere de un postulado primero, sino llamado propio que irrumpe, que se obedece o no se obedece, que se cumple o no se cumple, y se que se oculta de nuevo para volver a reaparecer. De este modo, tal vez, se construyen las culturas. La tradición por la herencia es una invitación a recrearla, como si su emergencia fuese su mismo ser. Por el modo peculiar que tales o tales hombres escuchan ese llamado se constituyen los pueblos en pueblos diferentes. Pareciera que la historia de un pueblo es la melodía [altura y bajura de notas] que diseña el modo como en él se re-crea esa tradición. Más que una tradición establecida de una vez para siempre, que tienda a mantenerse, hay una pulsación que ora da a luz uno de sus perfiles, manifestándola, ora, tras ser nuevamente oída, revela un lado, o bien otra cara inédita. Y así sucesivamente. Así descubre ese diamante siempre escondido y que nos llama para, renovadamente, hacerlo esplender. ¿Dónde está desde siempre, y tan inmediata, y tan escondida, y tan viva esta tradición esperando ser heredada, renovada? ¿En el sueño de un futuro, está en el recuerdo de un pasado? En Occidente al menos no. Ella vive en ciertos modos de la existencia cotidiana, pero en lo más inmediato del hombre; en la palabra, en el lenguaje. Cuando por algún quiebre, alguna ruptura de lo obvio, de lo que es tan inmediato en el lenguaje, cuando se quiebra el lenguaje y se la escucha, por esa fisura, por esa rotura ella sobreviene como moción del alma o como luz furtiva en el pensamiento, o como resonancia del eco, o ya cual mente abstraída, sueño o vaga inclinación, pero ya nunca más nos abandona.

Así hay lecturas que tocan la existencia más allá del hecho sicológico como si el propio lenguaje se oyese a sí mismo como cuando niños se oía en la caracola el ruido del mar, y se oye en el lenguaje lo que ocultamente tiene de más propio: su innumerable diamante. Así la tradición siempre renovada aflora y construye el lenguaje desde la poesía, para las ciencias y oficios, hasta para la terapéutica y para el habla.

A la luz de este ritmo de la tradición y la herencia, de suerte que una va en la otra como en la aventura va la tradición misma, nosotros comprendemos lo que impropiamente se llama en todas las historias: influencias. Pero no por las llamadas influencias sino por el vivo ritmo –eso decimos nosotros– es que La Eneida es impensable sin La Ilíada y La Odisea, desde su misma esencia lo es, hasta su texto y sus versos, episodios, sus temas que surgen no como citaciones, nunca lo son y se equivocan profundamente los tratadistas, sino como reales apropiaciones inherentes al palpitar de la tradición en estado de herencia. Y precisamente por eso La Eneida renueva, pero no repite nunca La Ilíada y La Odisea.

La re lectura de la Eneida

Proponemos entonces otra lectura frente a las llamadas imitaciones. Si consideramos por ejemplo sólo el primer libro de la Eneida, en los versos 293 y siguientes del canto V reaparecen los versos de La Odisea, episodio del VII, en el verso 229 del VI también y una leyenda basada en La Ilíada; nada más que en el libro primero. Pero además de los poema homéricos están también en la Eneida “Las Argonáuticas” (2), de Apolonio de Rodas, fragmentos de poemas desaparecidos que se llamaban los Nostoi, que quieren decir ‘regresos’, que era la historia de los regresos de los héroes que habían sido vencedores en Troya y tenían que volver a su país (3), “Las Teogonías” de Pisandro de Rodas, fragmentos de Eurípides y de Varrón [“Antiquitates”], de los poetas latinos Ennio y Nevio, de los trágicos latinos, de los analistas Lucrecio y de Cátulo, tomado literalmente en ocho oportunidades [en IV, 316 (lat. 64, 141); V591 (lat. 64,115); VI 460 (66, 39)]. Más, la leyenda de la llegada de Eneas a Roma la habían tratado antes Ennio, Nevio, Catón y Varrón. Pero la Eneida de Virgilio, que los incluye a todos no es la de ninguno de ellos, pues es el modo propio de hacerse siempre nueva la tradición. Y todavía más, desde su tumba Virgilio –la tumba de Virgilio es inexistente, la buscamos infructuosamente– Virgilio va en Lucano en “La Farsalia” (4); en Estacio con “La Tebaida” (5), por ejemplo en la historia de las Guerras Púnicas de Silio Itálico; en el II DC en Aulo Gelio; en el IV con Macrobio; en los padres de la Iglesia en San Gerónimo. Por la Bucólica IV, el cristianismo lo tomó, pero como profeta. Eusebio el historiador, Constantino el Grande, San Agustín, Lactancio y Tertuliano. En el siglo VI Fulgencio escribe “De Continentia Virgiliana”, que trata de descifrar el sentido místico de La Eneida, porque en ese momento, explícitamente, Virgilio es mago y poeta. Sigue Virgilio después en el interior de las scholas y perdura como nigromante en la Edad Media. Hay un documento interesante del siglo XII, hay una carta del canciller imperial Conrado de Querfort (publicada por Arnaldo de Lubek en su “Chronica Slavorum”) (6), en que se explicita a Virgilio como un gran taumaturgo. Tiene gran difusión un libro de Gervasio de Tilbury que se llama “De Mirabilia Roma” (7), fundado en Virgilio. Y finalmente el libro de “Los Siete Sabios” (8), llega hasta el Arcipreste de Hita (9) y con él a la literatura española. En ese período Benoît de Sainte-Maure escribe “Le Roman d'Énéas” (10), que es uno de los libros más leídos de la época y por supuesto el momento cumbre es el 1300 cuando Dante lo toma como fundamento de Occidente (11). En el [siglo] XVII se traduce en España, ya Villena [lo había hecho] en el 1428 (12) y se llega a las traducciones casi inéditas de 1557 de Fray Luis de León. Todo esto que parece muy docto y muy importante se puede encontrar en cualquier libro porque todo esto está trabajado profundamente y forma parte del acervo de todas las bibliotecas del mundo, sin embargo siempre hay un libro muy importante para Virgilio en la Edad Media que es de Comparetti, se llama Virgilio nel Medio Evo (13) y que es la base, la clave de todo lo que se estudia y se trabaja, por supuesto enriqueciéndolo, en todas las otras lenguas. Pero Virgilio como Homero, se despiertan vigorosamente en el lenguaje de la poesía moderna. Aquí, en la Escuela, por ejemplo, en Diseño Gráfico se publicaron posiblemente los dos poemas más densos de Giuseppe Ungaretti, el poeta conteporáneo italiano “Los Lamentos de Dido” y “El Recitativo de Palinuro”, los dos de la Eneida (14). Y está tan actual, que llegan ahora en esta misma mesa, ante nosotros, nada menos que para una aprehensión de América.

Yo voy a omitir las circunstancias en que se nos produjo este cruce de América y Eneida, no las omito porque sean secretas o vergonzosas, porque no son del caso, las puedo contar después. Sin embargo, un día, como seguramente a otros, la pregunta por nuestro ser americanos amanece y ancla en uno, tal pregunta inquiere por lo que se suele llamar destino, que no es de suyo una fatalidad sino el lote de ventura y desventura –ritmo– que no toca, que nos atañe, que nos tañe y con y en el cual resonamos; personamos, es decir nos volvemos personas [per-sonare]. Ya la pregunta por nuestro ser americanos, en su último extremo no puede ser científica, pues no se ciñe a un campo delimitado con respuestas predecibles y verificables, es de suyo poética, porque es compleja, extensa y ambigua. La respuesta también lo es y por eso se abre sin certidumbres, pero sí con indicaciones.

¿Qué significa ser americanos? [Muchos pensaron en ello].

Retengamos algunos trazos. Se pensó en Hispanoamérica, fundándola en la hispanidad y pensando aún la hispanidad como forma última, o posiblemente última precisamente del imperio romano, pero la hispanidad lo que obligaba de alguna manera [era] a excluir las poblaciones, la cultura indígena del continente y por supuesto la portuguesa. Entonces se la pensó como Iberoamérica para incluir a Portugal; la reacción fue pensarla como Indoamérica para incluir [a] los aborígenes y de algún modo invertir simétricamente la situación. Y finalmente alguien la pensó como Indohispanoamérica tratando de reunir ambos. Sin embargo, nosotros decidimos pensarla haciéndonos unas preguntas fenomenológicas, partiendo de la base por reconocer quienes estamos en América. Y está claro que son múltiples razas, múltiples lenguas y múltiples costumbres. Y la pregunta fue si hay algún estatuto o palabra que pueda reunir a las múltiples razas, múltiples lenguas y múltiples costumbres. Se trata bien de reunir, y si lo hay ¿qué significa, qué nos dice ese vocablo?, hacia dónde nos mueve o nos lleva, pues de existir tal palabra y de movernos en un sentido, sería propiamente un modo de ser y de hacernos americanos. Esa palabra existe y se llama América Latina. Pero quién y dónde puede hablarnos de lo latino, con palabras que revelen qué es lo latino. No es un problema de cronología, se trata aquí de una palabra decisiva existencialmente y por lo tanto creadora y poética, ¿quién? Virgilio, ¿dónde? en La Eneida. En el libro III de otro libro de Virgilio, Las Geórgicas, Virgilio vaticina él acerca de su propia poesía, advirtiendo que cantará un día al César, dice Virgilio: “En medio de este templo pondré a César; él será su ocupante”, y con ello se dará el paso y la consiguiente metamorfosis del tempo griego, la tradición, al nuevo tempo latino. Trasladará la fiesta o módulo temporal griego, cito la Geórgica: “Toda la Grecia abandonando, gracias a mí el Alfeo y los sagrados bosques de Malorco disputará estas carreras y el premio de la cruda cesta. Y yo ornada mi cabeza con follaje del recortado olivo, llevaré las ofrendas”. Pues él sabe que, cito a Virgilio: “Yo el primero, con tal que baste a ello mi vida, regresaré a la patria conmigo trayendo a las Musas... seré el primero que traiga a tí Mantua las palmas idumeas…” (15).

La Eneida por ser el canto de la latinidad o renovada tradición griega, revela pues la latinidad, y es un cálculo, es una misión que sube a la palabra de Virgilio antes de escribir la Eneida. La historia no revela nunca nada, la historia hace. La Poesía descubre, indica;

“Arma virumque cano, Troiae qui primus ab oris
Italiam fato profugus Lavinia que venit litora”,
dicen los primeros versos del poema;
“Desde Troya a Italia en las orillas latinas
vuelto prófugo por su destino”.

Tal fue, dice La Eneida, “fato profugus” el origen de la gente latina, por transportar los dioses al Lacio y fundar Roma, siendo los padres los albanos. La latinidad surge pues de este transporte, en palabra griega, de una metáfora que surge del lenguaje griego y se posa en el latín.

Eneas vuelto prófugo por su destino, es un emigrante. El verso 380 dice: “ltaliam quaero patriam”, “en Italia busco mi patria”. Un buscador de patria impelido por el destino, dice el canto: "a mi desconocido, sin recursos, recorro desiertos de Libia rechazado de Europa y Asia”. ¿Cuál es su tarea, cuál es su oficio, cuál es su modo de oficiar?: buscar la patria. Desde Grecia –Troya– busca la patria, pero a diferencia de Grecia, otra patria y así se comienza a ser latino.

Los cuatro momentos o travesías

No podemos recorrer todos los aspectos que para nosotros americanos ofrece La Eneida, y sería un hermoso trabajo, que no se ha hecho todavía nunca. Tomaremos sólo cuatro momentos cruciales de la Eneida, cuatro travesías que constituyen su espina dorsal: La travesía del naufragio. La travesía del amor y del reino. La travesía de los muertos. La travesía de la guerra. La travesía del naufragio que es sustancialmente la travesía de la carencia. La travesía del amor y del reino que es la travesía de lo impropio. La travesía de los muertos que es la travesía para saber el cometido. Y la travesía de la guerra que es la travesía para aprender el modo de vivir y de morir.

En el libro primero, apenas Eneas zarpa de Sicilia por reclamo de Juno, la esposa de Zeus, los vientos temibles; Euro, Noto, Áfrico, dice el texto: “cargados de temporales y rondando envían vastas olas”. Sigue el texto: “todo se conjura para procurar a aquellos hombres una muerte inminente”. En plena tempestad aparece por primera vez el nombre del protagonista del poema, a diferencia de La Ilíada cuyo primer verso nombra a Aquiles, en La Eneida el nombre de Eneas por primera vez aparece en el verso 92, en plena y absoluta tempestad: “Extemplo Aeneae soluontor frigore membra”; ¿y cómo aparece?: “Se destemplan de Eneas súbito por frialdad sus miembros”.

¿Por qué el naufragio? ¿Cuál la necesidad poética de este naufragio?, de donde emerge por primera vez el nombre de Eneas. La divina la conocemos: es la ira de Juno, pero lo que el naufragio expone es el desprendimiento radical, es una reiniciación ineludible para poder recrear. Dante en su experiencia de la pérdida que será selva en vez de mar, dirá que ese extremo es apenas menor que la muerte y que el pavor renovado en el pensamiento dura, dura en el lago del corazón.

Yo quiero hacer aquí un alcance. Lo obvio de nuestra vida tan dulcemente organizada no nos deja llegar casi nunca a este pavor que dura en el lago del corazón y que es apenas menor que la muerte. Si no nos sucede ese desasosiego y no llegamos a ese borde, no se nos cae encima la necesidad de ser americanos. Porque la pérdida es lo que tenemos todos sin darnos cuenta, y ¿qué es lo que tenemos todos en lo obvio?: la ceguera del rumbo. “Ipse diem noetemque negat, discernere caelo/ nec meminisce viae media. Palinurus in unda”, “a sí mismo día de noche niega discernir en cielo/ ni reconocer vía en medio del mar, Palinuro” [lo repite tres veces]. Palinuro es el piloto, es el nombre del piloto. Si no asumimos la plena ceguera del rumbo en el lago del corazón, y así en nosotros mismos nos negamos discernir en el cielo, el día de la noche, porque no podemos reconocer en el medio del mar la vía, no asumimos nuestra carencia.

Por eso, la palabra alta del naufragio, la palabra de la iniciación o catarsis con que se recomienza la tradición de Grecia en Roma, la palabra latina del naufragio es Palinuro, el piloto. Su lucha por vencer el caos marino para poder abordar Italia, en el canto quinto, hasta entrar en el misterio del sueño que lo vence y las olas que lo arrebatan del navío, en el verso 860 del libro quinto, hasta que Eneas siente que el barco flota ya sin piloto, a la deriva, abandonado, en medio del mar, a la ventura. Es el máximo extremo de la errancia. No hay en la literatura una situación semejante. Es el máximo extremo de la errancia, el límite. Allí no queda más que recrear o desaparecer.

Y sin embargo, es un equívoco el que tiene Eneas, porque el máximo extremo de la errancia va todavía más lejos. Palinuro no fue vencido por el dios del sueño; el timón le fue arrancado por el mar y con él, sin abandonarlo, se fue el piloto, que sobrevivió a las olas tres días. Al cuarto vio Italia y la alcanza, él antes que todos. Y sin embargo, los bárbaros lo matan en el momento mismo de aferrarse a la patria prometida y a la patria buscada. Y así, en el sexto libro, Palinuro, en su vida de sombra, de muerto, dice la verdad, la trágica verdad de la aventura de buscar una patria.

Hay que arrojarse a las carencias para palpar el borde del propio ser en su mayor zozobra. Repito, hay que arrojarse a las carencias para palpar el borde del propio ser en su mayor zozobra.

Y todo nos fue dicho en el comienzo del poema, cito a Virgilio: “Muy maltratado fue en tierra y mar, por el poder de los dioses / muchas guerras afrontó antes de echar los cimientos de su ciudad y establecer en el lacio sus penates / de donde procedieron las razas latinas / y los altos muros de Roma”. Pues fundación y destino es aventura y peripecia. Ellas alumbran después la historia, ellas (esas aventuras y peripecias) hacen posible la historia. “Tantae mobis erat Romanan condere gentem”, “Tan enorme esfuerzo requería fundar el lugar romano”. Basta esta indicación, sería demasiado largo extender la prueba siguiente, la prueba del amor y del reino como lo impropio. Pero vamos a indicarla en lo que tiene de esencial.

Después de la travesía de la carencia, la travesía de lo impropio, el amor y el reino. La travesía del amor y la del reino se levanta bella, fascinante, se diría que justa pero insuficiente. Es nada menos que el eje de los cuatro primeros cantos del poema. Es el amor espléndido, el amor de Eneas y Dido (Elisa, amante, amada, amanza). La erección hermosa de la ciudad hermosa, Cartago, y nada menos que ante los ojos de los buscadores de patria. Es el hallazgo de la felicidad y del hogar.

Y sin embargo, la felicidad y el hogar, es lo impropio. Por eso va a producirse el esquive cruel de Eneas, que lo van a sorprender en el amor espléndido y en la ciudad espléndida con la advertencia, pues le recordarán que no hay patria sin destino y que el destino es más que el hogar y que la dicha. Dido abandonada, Cartago abandonada. Nunca, nunca dejaré de conmoverme hasta las lágrimas ante la voz de Dido, la suicida, frente al abandono puro e intacto de Eneas: “Sic sic innat ire sub umbras” dice Dido, “así, así, –mientras se suicida– gozoso irme a las sombras”, “así, así, este gozoso irme a las sombras”. Difícil es imaginarse amante igual, difícil es imaginarse altura igual en un ser femenino, y sin embargo –y sin embargo– el destino es más que el hogar y la dicha. “Sic, sic, innat ire sub umbras”. ¿Qué mujer podría decir eso hoy?

Desde el borde último de la existencia, de esa casi muerte en el naufragio inminente, hasta la renuncia al amor y a la ciudad, al país ya casi constituido, a la belleza fulgente que nos distrae con su abundancia de nuestro propio rumbo. Desde ese límite, desde ese desprendimiento, desde ese abandono; ahora sí, desde ambas pruebas y después de ellas se abren los caminos.

El primero es conocer nuestra tarea en la historia. ¿Pero dónde se conoce? ¿Dónde se oye? ¿Quién nos la dice? ¿Quién la indica? Es la travesía de los muertos. Hay que entrar a la patria por los muertos, no hay otro acceso. Y ahí también están nuestros muertos. ¿Pero qué son los muertos, nuestros muertos? Son los testigos de la tradición, desde donde nosotros partimos, con quienes hemos convivido la peripecia de la errancia que llevamos en la sangre, y quienes nos dieron la existencia. Eneas, como Ulises (Odiseo en griego), desciende al mundo de los muertos, inmediatamente, apenas aborda Italia. Lo hace en Cuma, junto a Nápoles (junto con otros artistas yo recorrí, ví, consulté y escuché la misma Sibila en el mismo lugar que la oyó Virgilio) (16). Y allí, él va a encontrar la sombra del padre muerto: Anquises. Padre que le indica a Eneas el destino de Roma. Cito el texto, palabras de Anquises: “Otros sabrán labrar con más suavidad el bronce... sabrán otros abogar con mayor elocuencia... tú, ¡oh, romano! acuérdate de someter a tu imperio a los pueblos, porque estas son tus artes, de imponer condiciones de paz, perdonar a los vencidos, y someter con la fuerza a los soberbios”. “Perdonar a los vencidos” en el orden guerrero y político, en la historia, es la primera vez que sucede como mandato de destino. En Roma.

He ahí revelada la tarea. He ahí el oficio que ha de oficiar Roma, por lo tanto, abierta al mundo, pues con ella comparece por primera vez en la historia una misión ecuménica y mundana, y aflora inmediatamente, a raíz de eso, el modo de vivir y de morir con que termina el poema inconcluso que es La Eneida, de Virgilio. La misión de Roma es acoger el mundo, lo que significa hacerlo perdonando a los vencidos y doblegando a los soberbios, e imponer condiciones de paz.

Dante, en el 1300, va a recoger esta palabra poética y va a señalar, específicamente, como Roma cumplió eso, señalando que Dios esperó hacerse hombre, es decir, que Cristo naciera sólo cuando el mundo estuviera en paz, y hubo paz en el mundo bajo Augusto, a partir de Augusto, que hasta el día de hoy se llama la Pax Romana. Es una apertura radical al mundo.

¿Cómo termina La Eneida, cómo es esta lucha para vivir y morir? Voy a tomar el último momento de La Eneida. Eneas lucha y está en trance de matar venciendo a Turno, es una lucha entre héroes, y lo hace Eneas para vengar la muerte de Palante, su amigo, que fue muerto por Turno. En el momento de matarlo, en el mismo momento de matarlo, así termina La Eneida, vacila. Insensata cosa en un héroe. Dice el texto: “Eneas, moviendo los ojos, contuvo su diestra” y desde ese extremo pasa al inverso y mata. “Cómo escaparías a mis manos... mientras esto decía le hundió con encono en el pecho su hierro”. Toda La Eneida, todo Eneas, toda la latinidad tiene un nombre; es esta vacilación profunda de Eneas, es el atributo que todo el libro constantemente le da a Eneas: la pietas latina, Eneas el piadoso. ¿Pero qué es la piedad latina? La piedad es la abertura, es la hospitalidad sacra. Cuando alguien tiene reverencia por otro es porque lo hospeda, lo recibe y ese es el secreto inagotable de Roma, esa es el alma del Imperio, la cabida de pueblos, de razas, de lenguas, de hábitos múltiples, en la paz y en la lengua. Toda Europa habló una sola lengua: el latín, durante siglos, y las nuestras de él se derivan.

La guerra que es como antes fue el mar, el extremo donde el hombre se pierde, se anega y desaparece, es también desde donde se yergue, se construye y se ilumina, porque la guerra en la Eneida, en los últimos versos de la Eneida, es la misteriosa disputa entre la apertura y la muerte. La muerte que se ofrece precisamente para que no se cierre el mundo. Ha de morir Turno, que cierra, para que Eneas abra, a fin de que se extienda lo extensible, que se invente la extensión o pietas. Y yo dije que es la relación misteriosa entre apertura y la muerte, porque el último verso de la Eneida, misteriosamente, sombríamente, dice: “cum gemitu fugit indignata sub umbras”, “gimiendo huye indignada a las sombras”, la figura de Turno; la sombra del héroe y esas son las últimas palabras del poema.

La pregunta por América

Con La Eneida como antorcha, preguntémonos ahora por América.

La travesía de lo impropio, la travesía de los muertos, la travesía del modo de vivir y de morir. Y vamos a preguntarnos, tal vez por primera vez, por Chile.

Muchas veces lo hemos dicho, ningún aborigen vivió nunca en América, ellos vivían en el mundo, en el universo. América la inventa Europa, pero no la inventa, como se suele decir, América irrumpe. Todos sabemos que Colón nunca vino a América y que murió seguro de haber llegado a las Indias, y todos sabemos que el primero que se dio cuenta que estaba frente a algo inédito fue Américo Vespucio, y que por eso nos llamamos América y no nos llamamos Colombia. América emerge como súbito presente, inesperado presente, gratuitamente, inesperadamente. Por eso el único lazo posible con América, la forma propia del amor americano, es la gratitud. Y hasta que no se explore en la palabra, en el pensamiento, que es la gratitud, América no tendrá amor y no sabrá nada del amor. Y será en vano repetir gratitud según se dijo antes, en la antigüedad; habrá que renovar el sentido de la gratitud a la luz americana, pero es el modo propio de la pietas americana. Y por eso, en Amereida nosotros decimos que, eminentemente América es un regalo. Y no es fácil vivir de, por y para un regalo. Es tan difícil que en la medicina, en la sicología profunda, se considera el regalo como uno de los puntos duros y difíciles, porque pareciera que compromete la gratitud. Pero un regalo regalado, que se regala y regala, lo primero que tiene que regalar es la gratitud, es decir, estar apto para la ingratitud, con lo cual ya empezamos a ver que le empezamos a dar a la palabra gratitud, medidas y condiciones y resonancias, que no tenía antes. Tanto cuanto lo ingrato pueda ser grato, precisamente porque regala su ser regalo. Y recibimos la tradición en la herencia y ¿cuál es la herencia que recibimos? La tradición que recibimos. La lengua y el amor a lo desconocido, que es lo propio de los buscadores de la patria. En la lengua somos, vivimos, y morimos. Si no estamos alertas como una herida, pero una herida grata como el labio, (los labios son una herida), la herida que habla, el amor a lo desconocido se nos vela y se nos oculta. Sin lengua y sin amor a lo desconocido, no estamos en la tradición, no recibimos herencia. Con ello vamos a poder acometer la travesía de lo impropio. ¿Qué es lo impropio para nosotros? Perder el sentido del regalo, adherimos al confort y a la felicidad. Ni Cartago ni Dido deben hacernos perder el sentido del regalo, que es el alma, en el sentido del hueco del fundidor, no de principio vital, donde se funde América. Sólo desde allí, podremos abordar la travesía de los muertos, para escuchar las formas que va tomando, o que debe tomar en el lenguaje o en el amor a lo desconocido, el destino. Nunca nos han contado, las abuelas, para hacemos dormir, a nadie lo han acunado en América, excepto los aborígenes que sí lo hacían, pero no para América, sino en el mundo; a nadie nos han acunado con cuentos donde figuraran ni el descubrimiento de América, ni la conquista, ni la lucha por la independencia. La historia nuestra no ha llegado a ser cuento. En otros pueblos, todavía se cuenta, para hacer dormir a un niño, la historia de Aquiles, o de Sigfredo y las brujas, también tienen ese mismo origen. Este hecho, lo primero que nos revela es que nosotros no sabemos aún dónde están nuestros muertos. Pero tenemos que abordarlos. Tenemos dos noticias posibles, como pistas, para abordarlos. Una, que se elabora también en Asia, pero a nosotros nos llega por Europa, durante muchos siglos y concluye con la concepción de la muerte como la semilla que está dentro del fruto, que a medida que madura el fruto va madurando para dar a luz a la semilla, que va a volver a re engendrarlo. Y que en la boca de un poeta, como Rilke, se va a llamar "la muerte propia". Cada ser lleva consigo, como el fruto que madura, a lo largo de su vida, su propia muerte y con él va madurando. Detrás de eso hay muchísimas cosas.

Y la otra es la muerte abierta. La muerte impropia, una muerte común como el pan. Las dos están enraizadas en lo más profundo, oscuro, de la tradición humana. Pero nosotros tenemos que abordarla, so pena de morir de cualquier modo. A estas dos muertes se le opone una tercera opción: la muerte cualquiera, que no es la muerte común como el pan: la muerte impropia, como morían los héroes de La Ilíada, que no es la muerte propia, como van a morir todos los santos. Es una muerte irrelevante, no revelada. Y tenemos que abordarla, para poder saber cómo vivir y cómo morir, y eso si lo sabemos. Nuestra "pietas" se funda en la gratitud, en no perder el sentido del regalo, en la apertura al mundo. Nuestra apertura al mundo americano no es un problema político, económico, antropológico, etc., ni siquiera histórico. Nos va el ser en ello. Como para los romanos, para los latinos les iba el ser en someter a los pueblos a la paz, al perdón a los vencidos y a la caída de los soberbios. ¿ Y para qué nos va el ser y por qué nos va el ser en la apertura al mundo? Porque lo propio de nuestro heroísmo, es decir, de nuestro eros, la norma de esta gratitud, la forma de este amor para nosotros es asumir lo desconocido. Y lo desconocido en todos los niveles y en el nivel inmediato, general, concreto que tenemos a mano, podríamos hablar de lo desconocido de la gratitud, de lo desconocido del regalo, de lo desconocido de la muerte y por lo tanto de lo desconocido de las relaciones humanas, que deben aflorar un día con caracteres propios entre los seres de América, está lo desconocido, aún, geográfico. Cuando uno dice geográfico piensa que se refiere a las cosas objetivas que pertenecen al cielo y a la tierra. Pero el cielo y la tierra son cosas inventadas, no son cosas naturales. La geografía no existe, la geografía es un modo de hacer la naturaleza. Y eso desconocido nosotros lo hemos caracterizado como mar, como la gran invitación a los grandes naufragios de América. El mar interior de América y el Pacífico. Travesía de la carencia, travesía de lo impropio, travesía de los muertos, y el modo de vivir y de morir a la luz de La Eneida. Reconociéndonos latinos, que quiere decir darle cabida al aborigen, al mestizo, al negro, a todas las razas del mundo, a todos los colores del mundo, a todas las costumbres, porque tenemos una estructura, oscura aún, pero densa y propia, que se enraiza en la tradición de quienes nos dieron forma de América, que fueron los latinos, es decir, la herencia del imperio romano. Si esto es verdad, no, no digo que sea verdad, si esto que he hablado es posible, hay que ponerse en marcha, repetidamente, tal como nos pusimos en marcha una vez. Porque no es que de una vez, por una vez y para siempre nos vamos a librar de la carencia, nos vamos a librar de lo impropio, vamos a conocer a los muertos y vamos a conocer el modo de vivir y de morir; y de una vez para siempre. La historia no es así, como lo dije al comienzo, se oculta y se manifiesta, aparece y desaparece. Es el ritmo de la existencia nuestra. Periódicamente debemos volver a mirarnos bajo esta luz, para volver a reiniciar las travesías, so pena de dormirnos.

Ahora en la Escuela

Pienso que la Escuela podría partir de la Eneida como luz sobre América en Amereida y trabajar desde, con y sus oficios, que hay varios, sin más trámite y a ciegas en el Mar Interior y en el Pacífico. Ir a buscarlos, llevarlos a palabra, a signo, a arquitectura, a gráfica, hacerlos comparecer. En un verdadero estudio que es arrojo, con todo lo que tiene; con sus poetas, con sus pintores, con sus escultores, con sus gráficos, con sus arquitectos, para ser de verdad entonces –de verdad– la sangre misma, aquello que hace andar, y hacer de América, no sólo de Chile, que incluye Alaska. No digo el objeto, tampoco es la substancia; estrictamente es una palabra pero que cuesta mucho explicarla: la cosa de la Escuela. Para que ustedes me entiendan un poco algo así como cuando la mafia dice la cosa nostra. Como que no hubiera otra cosa, si es que al fin (por ejemplo, una proposición) nos arrojamos a la herencia recibida: la lengua y el amor a lo desconocido. Digo esto porque al hacer esta conferencia se me vino a la cara qué es Chile en América. Y ahora lo vamos a ver.

[Iommi se pone pie y comienza a hablar mostrando láminas con mapas, y dibujos. Para mejor comprensión de la lectura hemos introducido las que son probablemente las imágenes que Iommi muestra a sus auditores. Estas imágenes provienen principalmente de la Tesis del Pacífico y del poema Amereida].

Cuando América irrumpe lo primero que se busca es dejarla de lado, se busca el paso, desde Colón en adelante no se quiere saber nada con América; hay que llegar a las Indias. Entonces España a través de México o por el sur después de Magallanes. Lo curioso es que toda esta zona del Pacífico sur es intransitable porque no tiene posibilidad de retorno. El barco a vela tenía que irse y tenía que poder volver; como no se sabía si había tierra tenía que ir hasta el máximo de víveres que llevaba y tener vientos y corrientes que lo trajeran de vuelta. Entonces en el sur no había lo que los españoles llamaban tornaviaje. En el Pacífico norte sí; el último de estos acaba de suceder ahora, para que ustedes no crean que es un cuento, el globo que cruzó de Japón lo puede hacer en el norte, no en el sur. Por esto [muestra láminas, fig 1] esto son cuatro siglos de viaje; 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8. Esto es permanente.

Esto es hoy, ahora [muestra láminas, fig 2]; todos los viajes marítimos que se hacen en la actualidad esta es la densidad, este es el viaje por el Pacífico. Este es uno de los últimos viajes que se hicieron a comienzos del siglo. Y este es el viaje aéreo que se hace hoy. Este es el Pacífico y esta es la Antártida. Aquí estamos nosotros, 1982. Nosotros le cambiamos el norte a América. Nos dijimos ¿de dónde viene norte, sur, este y oeste? Si el norte es el polo, nuestro norte no es el mismo norte del norte, es este norte. De manera que nosotros tenemos un nuevo norte, el nuestro. Entonces América hay que empezar a verla así. Seguimos viviendo igual; todas las grandes ciudades son perimetrales; este es el mar interior de América, que tal como el Pacífico permanece intacto [fig 3].

Tan intacto que este es el único camino que lo cruza: de Sao Paulo se puede llegar al Cuzco por un ferrocarril que llega hasta Santa Cruz de la Sierra. Nada más. Cuando se quiso hacer la transamazónica hubo que abandonarla porque la selva se la comía por atrás. De aquí al sur, estos son los cruces del continente. Tenemos pues el Pacífico y el mar interior; abandonados, desolados, intransitable ¿los vamos a abandonar? hay que decidirlo en el corazón. ¿Qué hace Chile? América tiene dos grandes alas, es un gran pájaro; el pájaro de Europa es el águila a lo largo de toda la historia de la lengua europea. Y el águila, dicen ellos, viene de la India, del indo, que es la lengua y llega a Europa y es el signo del imperio. Ese signo quiso ir a las Indias y se tropezó con el regalo y levantó otro pájaro cuyo nombre no sabemos. No es el águila y tiene dos grandes alas desconocidas; el mar interior y el Pacífico, y una espina dorsal que es Chile. Chile es la espina dorsal entre estas dos grandes alas. Hacemos volar el pájaro o lo matamos o lo hacemos dormir para que otras generaciones lo hagan volar. Pero Chile es la espina dorsal. Lo que quiero decir es que se abre una perspectiva. Traemos a palabra, todos al unísono, tenemos poesía, escultura, pintura, arquitectura, gráfica. Puede ser que también quepan en esta visión, el diseño industrial, si se puede pensar la industria de otra manera. Para traer de hecho lo desconocido de América. [Fin de la Grabación]. [P]odemos traer a gráfica el desierto, vamos al desierto. Podemos traer a gráfica el océano, vamos al océano. Podemos traer a gráfica la selva, vamos a la selva. Por supuesto que no vamos a hacer almanaque. Podemos traer a arquitectura el desierto, la selva, el océano. Podemos traer a palabras, a pinturas, a esculturas. No estoy refiriéndome a nada figurativo, sino a lo que resulte. No vamos a ir a copiar paisajes, pero sí a estar en lo desconocido y a habérnosla con él; con todo el acervo abstracto (en el más puro sentido de la palabra) que ya tenemos. Sería a los quince años de haber hecho Amereida, la reaparición de Amereida con un corazón palpitante que en estos quince años se ha constituido, con las cuasi características de las que hablo al borde del océano en la Ciudad Abierta; nacida, prohijada, iluminada por esta misma videncia. Ahora se propone como una relectura de la Eneida y un salto para que a bordo del pájaro chile levantemos América. Ojalá tengamos suerte. Pregunten todo lo que quieran (no se asusten).

– ¿Cuál sería esa gran luz, esa piedad para abrir el amor aquí en América?

– Yo no lo sé. Veámoslo por este lado: si yo hago un regalo a ella, inesperado (si hay un cumpleaños y yo hago un regalo, no es un regalo) y me quedo ahí –estoy contando experiencias, no estoy inventando nada– el regalo inesperado le provoca a ella, la coloca en una condición de lazo casi obligado conmigo a agradecerme, después de pasadas todas las sorpresas. Casi irreal. Pero si yo le hago un regalo tal, y me voy y desaparezco, y le quito a ella toda posibilidad de sentirse obligada a agradecerme, es absolutamente gratuito. Porque ella también aún se sienta ligada a agradecer a este desconocido que le regaló, como no me tiene y no me tiene que agradecer nada, se va a encontrar ella con algo dentro de sí que no tuvo nunca. Es otra forma del amor. Entonces yo no sé qué desarrollos tiene eso, no sé qué lazos establece ni cómo se teje y se desteje. Pero sé que nuestro origen está así. Y por eso la perplejeidad de Europa frente al regalo que tenía delante. Y por eso inadmisibilidad, no solo en Colón que no lo sabía, sino después que Américo dijo que era un continente nuevo. Todo el esfuerzo fue tendido a ir a las Indias, porque eso que Colón anunció, en la primera carta casi; aquí es el reino donde no hay ni tuyo ni mío, donde las gentes viven desnudas, donde se había cumplido el sueño utópico de Europa, en América. Aún así (pero no era América, era las Indias, para Colón), en ese signo –si nosotros somos no se si capaces, no puedo decirlo– la gratitud sería una que deja de pedir correspondencia. Esto se podría llamar de otra manera: el dispendio; es el cálculo del no cálculo, que es un finísimo cálculo.

– ¿Cómo se hace el cálculo del sur para el norte?

– El norte es el país de los hiperbóreos, que era el occidente y se transforma en el norte y le llama Europa el norte a una estrella que es la polar, y que es exactamente el norte y que abajo no tiene continente. La estrella polar cae sobre el mar y es la misma estrella de la mañana que la misma de la tarde; la primera estrella que se ve y la última que se deja de ver en el otro hemisferio. De ahí viene, en las letanías de la Virgen la stela matutina, estrella de la mañana. Y es la estrella que conduce y orienta toda la navegación europea. En el sur no hay esa estrella, no existe. Lo único que hay en el sur es una constelación, la Cruz del Sur, que no es el sur. Para establecer el sur se hace una operación geométrica; se prolonga el brazo largo de la Cruz del Sur y se lo cruza con la mediana de dos estrellas Alfa y Beta, y donde se cruzan ese es el sur, pero es un punto inexistente (Fig 4 y 5).

Fig 4 y 5. La figura cuatro muestra el modo de cálculo que explica Iommi. La figura 5 muestra un modo más fácil de calcular el sur utilizando la proyección de la Cruz del Sur.

Se le llamó sur respecto al norte; el ecuador era el sur para el hemisferio norte; todo lo que quedó debajo del ecuador siguió siendo sur. Pero si el norte apunta a las tierras heladas, acá hay un continente helado que es la Antártida. Allá no, no hay Antártida. Por qué habría de ser el sur, si el norte es aquello que orienta, ¿por qué nosotros no orientarnos por nuestro propio oriente, por nuestro propio extremo? que además es tan hiperbóreo como el otro; son los hielos. El giro fue dado por esa razón; nosotros tenemos nuestro propio norte en el doble sentido de la palabra.

– ¿Cómo hacemos para que esto, que es un recorte poético, qué hacemos con el confort? ¿cómo hacemos todos nosotros en la Escuela con el confort, para que no sea un recorte poético?

– La idea es la siguiente. Si nosotros pensamos en Cartago y en Dido se nos va a ocultar el amor a lo desconocido y lo desconocido que nos toca, en el continente. Si nos ponemos en el horizonte Cartago y Dido no vamos a ver ni el Pacífico ni el mar interior. Al revés el Mar Interior y el Pacífico se nos van a convertir en palabra. Pero si nosotros nos ponemos a trabajar con el Pacífico y con el Mar Interior no tenemos el confort y Dido como objetivo, lo que no quiere decir que nos convirtamos todos en célibes y que no comamos. Lo que quiere decir es que en lo estemos haciendo el horizonte esté girado, sea lo desconocido; el Pacífico y el Mar Interior. Lo otro viene de suyo. A lo mejor hay que tener más confort para estar en el Pacífico que para no estarlo, pero no es confort.

– Entonces qué tenemos que entender por confort.

– Ponernos a trabajar en el Pacífico y en el Mar Interior es desconfortarnos, porque el confort verdadero es que ignoremos los dos llamados y permanezcamos en lo obvio. El confort es esto: como si hubiésemos encontrado ya una patria, cuando tenemos los dos grandes desconocidos uno al lado del otro y un destino en el que somos la espina dorsal.

(No me van a decir que todos entendieron todo porque entonces… pregunten).

– Godo yo quería hacerle una pregunta. Cuando usted habló de que podíamos confrontar América con el diseño, con la gráfica, con la arquitectura, la poesía y la escultura, dijo que el diseño industrial todavía no encontraba el modo de estar en esa condición.

– Porque yo es lo que menos sé. Lo que pienso es que es cuestión de enfrentarse, si tampoco sé para lo otro. Yo me imagino que si el diseño gráfico se enfrenta a esto no va a hacer calendarios, pero qué es lo que va a hacer tampoco lo sé. No vamos a salir a hacer calendarios del Pacífico, del desierto ni de la selva ni de las especies vegetales. Qué es eso en gráfica no lo sé, qué es eso en industrial tampoco lo sé. Habría que pensar otra forma de industria.

– Pero acá en la Escuela, me parece, con todos está más o menos claro, por qué con el diseño industrial aparece más abajo.

– No es más abajo, es más difícil. Por lo que implica la idea de industria.

– ¿El Pacífico y el Mar Interior involucran a toda América?

– A toda América y acá también. Toda América nos incluye. Norteamérica también, y Alaska, Canadá, las tundras. Canadá tiene treinta millones de habitantes, es el segundo país más grande del mundo después Rusia. También en el centro de Estados Unidos. Ahora del Pacífico no lo tengo claro, pero creo que el problema crítico está en el Pacífico sur, no en el norte. Sobretodo porque los norteamericanos hablaron sobre el Pacífico con una gran palabra, que es Moby Dick. Y además lo hicieron. Pero vengan ustedes a darse cuenta que a pesar de Moby Dick, a pesar de todos los cazadores de ballenas, el Pacífico se viene a incorporar a la vida norteamericana en la Segunda Guerra Mundial, no antes. El nuestro de hecho no está incorporado.

¿Nada más? ¿y las niñas no preguntan nada?

[Una alumna pregunta acerca de cuáles son nuestros muertos].

– Eso es lo que tenemos que averiguar y saber. Lo que no podemos hacer lo sé, lo que tenemos que hacer no lo sé. Lo que no podemos hacer es fingir que tenemos lo que no tenemos. Evidentemente que tenemos todos los muertos de la tradición occidental, pero los nuestros mismos no sabemos si los tenemos o no. Hay que saber cómo los tenemos. Yo pregunté miles de veces en clases; a ninguno de nosotros nos cabe la menor duda de que Prat es un héroe ¿quién sabe por qué Prat es un héroe? Ahí empieza la pregunta, hay que empezar a verlo con claridad y ahí vamos a tener cierta luz. Y lo mismo con los muertos directos. La muerte es como vivida, pensada, sufrida y padecida de muchas maneras, pero a grosso modo yo dije de dos: para un santo la muerte es antes que nada un juicio personal; se va a enfrentar con Dios directamente. En la Ilíada, cuando matan a un héroe, le hacen una herida, el texto va a decir que la negra […] entró en él. No es llamado un juicio personal. Hay muchas maneras de vivir la muerte, o hubo en dos grandes formas ¿cómo la vivimos nosotros? lo que no podemos es fingir que no la vamos a vivir, imaginar que da lo mismo. No da lo mismo, es fundamental para tener cierta prioridad existencial, de vida.

– Godo, ¿Qué es esta América con una religión que le viene regalada, desde otro continente? – El Papa contestó eso hace muy poco en Bahía, en Brasil. Con gran sorpresa de todo el mundo. dijo que reconocía en la macumba, dejando de lado las supersticiones que podía haber, había un sentido de adoración a Dios valedero. Lo que no quiere decir que el cristianismo se ha vuelto al panteísmo, no. Me refiero a que no es la misma forma de hablar de hace algunos siglos atrás.

[vuelve a hablar la alumna, pero no se entiende en la grabación].

– Claro, pero tiene muchas otras cosas. Por ejemplo en el caso de la muerte, es característico de toda América, no sólo de Chile, que hay dos tipos de cementerios; aquel donde está el cuerpo y la animita. Toda América está sembrada de animitas, que señalan el lugar donde el personaje perdió la vida. Si ustedes cuentan la cantidad de animitas que hay en el camino de Viña a Concón es sorprendente, es un verdadero cementerio el camino. Es otra manera de ver la muerte, que en Europa no hay eso. En Europa cuando muere en un accidente o lo asesinan a nadie se le ocurre poner una animita. Yo no tengo idea antropológicamente de dónde viene eso, puede ser de los indios, no tengo idea. Pero hay una forma. Lo que está claro es que no queda la persona indiferente, va y pone una animita.

Bueno, ahora aprueben por lo menos el exámen para seguir adelante.

Notas

Nota 1.

Jérôme Carcopino fue un historiador especializado en la Roma Antigua y alto cargo del funcionariado francés, nacido en Verneuil-sur-Avre (Eure) el 27 de junio de 1881 y muerto en París el 17 de marzo de 1970.

Nota 2.

Las Argonáuticas (Αργοναυτικά) es la obra más importante de Apolonio de Rodas que nos ha llegado. Es una epopeya que trata sobre la historia de Jasón y los argonautas, y narra en cuatro libros el viaje de la nave Argo hasta el norte de la Cólquide a través de la Propóntide y del mar Negro (libros I–II), la obtención, con la ayuda de Medea, del vellocino de oro (libro III), y el regreso a Yolco, en Tesalia, a través del Danubio, el Po, el Mediterráneo y el norte de África (libro IV).

Nota 3.

Los Regresos narraban la epopeya completa de la Guerra de Troya, ubicándose cronológicamente tras la Iliupersis (Saqueo de Ilión) y antes de la Odisea. Relatan el retorno a casa de los héroes griegos tras el final de la Guerra de Troya. Para su trama dependemos casi completamente de un resumen del ciclo épico contenido en la Crestomatía atribuida a un desconocido «Proclo» (posiblemente identificable con el gramático del siglo II Eutiquio Proclo). Algunas otras referencias antiguas a este poema dan más datos acerca de su trama. Texto bilingüe griego - inglés en Internet Archive: facsímil electrónico de la ed. de 1914 de Hugh Gerard Evelyn-White en la Loeb Classical Library de obras de Hesíodo y de Homero.


Nota 4.

Marco Anneo Lucano (en latín, Marcus Annaeus Lucanus) fue un poeta romano nacido el 3 de noviembre del año 39 en la ciudad de Corduba, capital de la Bética en Hispania. Condenado a muerte, murió el 30 de abril de 65 en Roma, a los 25 años de edad. La Farsalia, de título primitivo Bellum civile, es un poema narrativo muy realista que narra la guerra civil entre César y Pompeyo

Nota 5.

La Tebaida (Thebais) es un poema épico latino en doce libros de hexámetros compuesto por Estacio. El autor trabajó durante doce años en él, y lo publicó finalmente en 90-91. El argumento del libro es la expedición de los Siete contra Tebas para apoyar el intento de Polinices de recuperar el trono de manos de su hermano Eteocles.


Nota 6.

Chronica Slavorum o Crónica de los Esclavos es una crónica medieval que representa la cultura pre-cristiana y la religión de un número de pueblos eslavos del oeste, tribus que vivían a lo largo del río Elba, en lo que hoy es el este de Alemania, escrito por Helmold de Bosau (ca. 1120 - después de 1177), sacerdote e historiador sajón. En él se describen los eventos relacionados con las tribus eslavas del noroeste eslavos conocidos como los Wends (nombre histórico para los eslavos que vivían asentados cerca de Alemania) hasta 1171. Arnoldo de Lübeck (murió 1211-1214) fue un abad benedictino, un cronista, el autor de la Chronica Slavorum y defensor de la causa papal en el conflicto Hohenstaufen. Fue monje en el monasterio de San Ägidien en Braunschweig, a continuación, desde 1177 el primer abad del monasterio de San Juan de nueva creación en Lübeck.


Nota 7.

Mirabilia Urbis Romae ("maravillas de la ciudad de Roma") es un texto en latín medieval muy copiado, que sirvió a generaciones de peregrinos y turistas como una guía para la ciudad de Roma. El original, que fue escrito por un canon de San Pedro, data de los años 1140. El texto se conserva en numerosos manuscritos. Gervasio de Tilbury o Gervasius Tilberiensis (c.1150 – c. 1228) fue un jurista, político y escritor del siglo XIII, nacido al parecer en Tilbury, en Essex (Reino Unido).


Nota 8.

Probablemente Iommi se refiere libro “Los siete sabios de Roma” de autor anónimo, impreso por Jacobo Cromberger; y que es uno de los incunables en español, de Sevilla alrededor de 1510. Hace pocos años se halló una edición al parecer más antigua en Escocia, y que pudo haber sido impreso en Zaragoza entre los años 1488 y 1491

Nota 9.

Juan Ruiz (Alcalá de Henares, Madrid,1 n. 1 c. 1284 - c. 1351), conocido como el Arcipreste de Hita, fue el autor del Libro de buen amor, obra miscelánea predominantemente narrativa considerada como una de las más importantes de la literatura medieval española.

Nota 10.

El libro referido por Iommi Le Roman d'Enéas no fue escrito por Benoît de Sainte-Maure. Es una novela anónima; de primer manuscrito estimado en 1160. Se considera este texto como una de las novelas francesas más antiguas. Es una adaptación de la Eneida de Virgilio que el autor tradujo del latín, dejándose de las libertades que hacen de este texto una verdadera creación literaria. Benoît de Sainte-Maure fue un escritor francés del siglo XII, originario de la región de Tours. Su obra más importante es el Roman de Troie (1160-70), dedicado a Leonor de Aquitania y probablemente encargado por ella. Es la principal obra medieval acerca de la guerra de Troya y está basado en traducciones de la Ilíada al latín escritas en los siglos III y IV.

Nota 11.

En la primera parte de la Divina Comedia, El Infierno, Virgilio y Dante se encuentran y descienden juntos a este Infierno. En la segunda parte, Dante y Virgilio atraviesan el Purgatorio.

Nota 12.

Enrique de Aragón o de Villena, llamado el Astrólogo o el Nigromante (Torralba de Cuenca, 1384 - Madrid, 1434) fue un noble castellano de sangre real, señor de la villa de Iniesta, caballero y maestre de la Orden de Calatrava. Escribió y tradujo numerosas obras sobre las diversas disciplinas que cultivó: medicina, teología, astronomía y literatura. En 1428 traduce a Virgilio, por primera vez a una lengua romance, proyecto que había comenzado en 1417.

Nota 13.

Domenico Comparetti (27 junio 1835 a 20 enero 1927) fue un erudito italiano. Nació en Roma y murió en Florencia. En 1872, en el Instituto de Altos Estudios de Florencia de la Universidad de Florencia, publicó “il Virgilio nel Medioevo”. Este libro hoy se encuentra digital en varios sitios de bibliotecas en el mundo.

Nota 14.

Giuseppe Ungaretti (Nació en 1888 en Alejandría, Egipto – murió en Milán el 2 de junio de 1970) fue un poeta italiano, habitualmente situado en el grupo de los herméticos.

Nota 15.

“La primera cosa que yo tengo que hacer, en dando vuelta a mi patria, es traerme conmigo a las Musas de monte Helicon de Beocia (digo si la vida me fuese favorable). O Mantua! Yo el primero te historiaré las vitorias Iduméas, y edificaré un Templo de mármol en el campo florido, ribera de las aguas, donde el gran Mincio espacioso con sus largas revueltas, tiene su corriente, y adorna sus riberas con las verdes cañas: en medio de ese Templo pondré al gran César; que se señoree de él: yo allí me ostentaré vencedor, y vestido de la púrpura de Tiro, correré con su honra a las riberas de los ríos, cien carros de quatro caballos. Toda Grecia, desamparando el río Alfeo y los bosques de Molorco, contienda conmigo a correr, y a los juegos del cestón crudo; yo mismo adornada mi cabeza con las hojas de la oliva aun no podada llevaré los dones…” Todas las obras de Publio Virgilio Maron, ilustradas con varias interpretaciones y notas en lengua castellana: 1. (1795). de Orga.


Nota 16.

En la mitología griega, la Sibila de Cumas era natural de Eritras, ciudad importante de Jonia (en la costa oeste de la actual Turquía). Su padre era Teodoro y su madre una ninfa. Se cuenta de ella que nació en una gruta del monte Córico. Nació con el don de la profecía y hacía sus predicciones en verso. Se la conocía como Sibila de Cumas porque pasó la mayor parte de su vida en esta ciudad situada en la costa de Campania (Italia).