Encargo Amereida 2014 - II Trimestre

De Casiopea


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El proceder transfiere algo, ese ceder es el "¡ha lugar de América!

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TítuloEncargo Amereida V - II Trimestre 2014
AsignaturaTaller de Amereida
Del CursoTaller de Amereida 2014
CarrerasArquitectura
Alumno(s)Ignacio Favilla


SINGULARIDAD COLECTIVA; UN ACTO QUE TIENE LUGAR AL CREAR.

Pienso en lo que es la arquitectura hoy en dia, mas bien, lo que ha sido desde sus comienzos, pasando por el Antiguo Egipto y la antigua Mesopotamia, la hermosa Florencia, las exacerbadas construcciones neoyorquinas hasta las experimentales de nuestra propia Ciudad Abierta. Quisiera traer a cuenta propia lo que es nuestro oficio enrealidad: singularidad, la búsqueda por marcar la diferencia entre nuestras creaciones.

Tomando en cuenta las palabras de Godofredo Iommi “también el olvido es bello, el arrojo es la travesia, la hermosura cuenta menos que la ruta”“ podemos enfocar algo mejor la idea, hemos olvidado lo importante, la esencia del oficio, y hemos redirigido el enfoque a dar una imagen en vez de construirla. “… la huella se bifurca, generalmente a la derecha…”[1]. Pensemos en lo que es la huella, reparemos en que signifique huella, que vendría a ser algo asi como el paso o la evidencia de la individualidad que deja cada persona por el mundo. Siendo asi, como podemos decir que se conforma la sociedad actual? cual es la huella de nuestro vivir actual? si vivimos para impresionar o para satisfacer nuestra búsqueda de originalidad? no dejamos huella, no dejamos nada en que se nos pueda identificar, ya no es un reconocimiento propio, hemos creado un molde, una suerte de timbre con el que estampamos nuestro nombre y nada mas.

Con esto mi intención no es criticar a lo que se ha derivado el hecho de ser un artista, porque a fin de cuentas, eso somos, personas que crean para el resto que no tiene la gran oportunidad de confeccionar lo que da cabida a la hospitalidad. Mi intención, mas bien, es la de recalcar cual es el lugar de las cosas, por ello llamare a nuestro oficio, “un acto que tiene lugar de crear”.

Para ser mas gráfico con mi idea, traigo a presencia la misma historia de Fillipo Brunelleschi, arquitecto de la cúpula de la Catedral de Florencia. Un creador, un original, ya que expuso una idea, ganó, luchó y trabajó hasta que su obra hoy en dia conforma el perfil de la ciudad italiana con esa portentosa cúpula de dimensiones inimaginables para su época. El si que fue uno de los originales, estampó no sólo su nombre en la obra, esclareció que su idea funcionaría y lo logró. Nadie le dijo como debía conformar una cúpula que se sostuviera por sí misma, ni hubo persona alguna que apoyara incondicionalmente la idea, fue tamaña ridiculez a comparación de otros proyectos para el mismo fin.

Por este y otros ejemplos, una obra de arquitectura requiere de muchos pasos, que la vuelven algo detllado, el resultado de mucho estudio en distintos aspectos, tanto históricos, sociales y estructurales, lo que es poco decir. Creo asi que se nos implica que el fin ultimo y superior de la obra es, como bien sabemos, el proceso que nos lleva a ella, y no solamente contemplarla en su totalidad después del trabajo realizado. El fin es menos importante que la ruta hacia ella. Este "paso a paso" es el que nos da la posibilidad de ser diferentes en nuestros pensamientos y en lo que planteamos al proponer un proyecto.

El oficio nos restringe, muchas veces, de nuestros propios límites creativos

CONFORMAR EL MOLDE DE LA MUCHEDUMBRE.

Pienso en lo que hablamos con gran énfasis sobre “el otro”, y bien, parece ser que no hemos aprendido a pensar en el otro, la sociedad vive en una gran catarsis por resaltar el “yo”. Es algo lastimero, pobre y rotundamente actual el hecho de que una persona en plena libertad de poder crear sea una parte más de este molde que conforma a la sociedad. No nos identificamos con la realidad, vivimos en la irrealidad de no querer sobrepasar los preceptos que supone la masa de personas que nos rodea y que a fin de cuentas, viene a ser un ideal de como debemos ser y hacer en nuestro proceso de creación.

"En las habitaciones se duerme y se recibe gente cuando uno está enfermo, pero no se hacen actividades sociales; para eso existen los livings." - Coco Legrand"[2]

El fin de lo que creamos puede tergiversarse en el proceso, pero no cabe duda que el fin resultante no debe distar de lo que representamos en el bosquejo de nuestra idea.

Como mencionaba anteriormente, la obra no es el objetivo final, no hay que olvidar que la rapidez con que transcurre el oficio actual nos hace olvidar lo importante, lo que muchas veces dejamos pasar por alto los detalles de las cosas importantes de nuestra carrera: el ser calmos a favor de la prolijidad que requiere ser arquitecto.

"Nous avons oublié ce que les pierres, les plantes et les animaux savent toujours. Nous avons oublié comment être; être calme, être nous- mêmes, être où la vie se trouve: ici et maintenant" (Nos olvidamos aquello que las piedras, las plantas y los animales aún saben. Nos olvidamos cómo ser: ser calmos, ser nosotros mismos, estar donde la vida se encuentra: aquí y ahora)

-Albert Camus (1913- 1960) Novelista, ensayista, dramaturgo, filósofo y periodista francés.[3]

TRAVESIA: ESCAPAR DE LOS PARAMETROS.

Si la arquitectura es una expresión de las tantas creaciones que conforman el arte, ¿Cómo podemos escapar un poco de los limites que se nos imponen dia a dia para convertirnos en un precepto de arquitecto? Para mi, es una de las instancias en las que escapamos de esto, a la que damos el nombre de Travesia. Ese dar nombre es lo que la sociedad actual no comprende, vivimos en una realidad tan restringida por los parámetros de los oficios que no queda un “más allá” para las creaciones que los mismos desempeños deberían potenciar. Vivimos en un sincretismo preocupado por la singularidad colectiva, es decir; lo que todos hacen o como pueden tener el ingenio para copiar y plasmar en sus trabajos. Un derrocamiento de las corrientes que se establecen, eso requerimos, se abre un aparte que es permeable, se aplica a las nuevas teorías que presentamos. El gesto en el oficio se aminora a ser un mero adjunto mas a nuestra realidad. La expresión de la Travesia me trae el pensamiento de que el oficio se bifurca en dos caminos: el hacer y el vivir.

EL HACER

como el construir lo que es habitable, el ejercer en los espacios, hacer propicio a la creación y a la re-creación. Con esto no me refiero al mero construir algo físico, sino al maquinar, al ver un vacío con potencial suficiente para recibir y dar el ingreso a algo mayor.

"La suma de conclusos es inconclusa hasta construir un límite"[4]

Pero eso no significa que dejemos de lado lo físico, por ello no se puede hablar de hacer sin experimentar, la falla nos lleva a darnos cuenta de que el arquitecto es como cualquier otro integrante de este "molde", solo que en sus manos recaen los beneficios del cincel y de la piedra ante un lienzo al que llamamos "el espacio".

Los que se enamoran de la práctica sin la teoría son como los pilotos sin timón ni brújula, que nunca podrán saber a dónde van. -Leonardo Da Vinci. [5]

EL VIVIR

se fusiona con lo anterior, los integrantes del hacer como del vivir coexisten en un espacio común, porque exploran el terreno, lo hacen propio y experimentan tanto sus ventajas como sus fallas.

Quiza, tan solo quizá, sea posible que estos dos caminos lleguen a un punto donde se unan y allí se encuentre la respuesta a mi pregunta. ¿Dónde termina lo común, mundano y repetible, para dar cabida a la singularidad del artista? Puede sonar un tanto paradójico, pero en el conjunto de las cosas, en una contraposición digna de reconocer, esté nuestro nombre, el del arquitecto que busca y no el de quien se ofusca ante el sello de la nueva era que impone una visión globalizada del hacer o el construir. Ese es nuestro “¡Ha lugar!”, y poco a poco lo engrandecemos hasta que forma parte de esta gran masa reconocible por partes a la que llamamos Acto.

Citas y Bibliografía

  1. (Reflexión de clases de Amereida)
  2. Con el Coco en el diván, Coco Legrand y Pilar Sordo. pág. 25
  3. Citations de Eckhart Tolle
  4. Carlos Covarrubias, nota 23° de Amereida
  5. (Obras Selectas, Leonardo Da Vinci)