Eloisa Herrera: Taller Amereida VIII

De Casiopea



TítuloEloisa Herrera: Taller Amereida VIII
AsignaturaTaller de Amereida 2014, Taller de Amereida Vlll
Del CursoTaller de Amereida 2014, Taller de Amereida VIII
CarrerasArquitectura
Alumno(s)Eloísa Herrera


"So pretexto del Solsticio de Invierno"

La esfera de "lo sagrado"

La esfera de lo sagrado -entendida como aquello ante lo cual el ser humano queda desnudo, entregado, ofrecido frente a lo que pueda ocurrir-, conecta mi pensamiento directamente con la mirada de nuestros pueblos originarios, especialmente de la nación Mapuche, -de la que descendemos-, ante el fenómeno solar que se produce, todos los años, a fines del mes de junio.

En el Hemisferio Sur, en esa fecha, el padre sol (Tata Inti) se aleja de la Tierra (Pacha mama) iniciando un largo viaje: el solsticio de invierno. Es justo entonces cuando ocurre el día más corto y la noche más larga del año que tanto agradecen los enamorados.

El Otoño ya se ha encargado de desnudar los árboles y arbustos, preparándolos para lo que está por venir. Pero de cierta forma el ser humano también se despoja, se desnuda, para poder asombrarse ante lo sagrado…Es el influjo de la fuerza transformadora de la lluvia que purifica a los seres humanos, al reino animal y al manto vegetal.

Para los organismos superiores es tiempo de metamorfosis del cuerpo y del espíritu. Ocasión de recogimiento, de contemplación, de subordinación del Hombre ante lo sagrado.

En la víspera de este importante día, los pueblos indígenas se reúnen a esperar el regreso triunfante del sol que trae consigo la renovación de los frutos de la Tierra y de la vida.

Es una cita inexcusable con la madre Tierra, so pretexto del solsticio de invierno.

Es We Tripantu.

Figura 1. Descendientes de la cultura Inca, junto a sus auquénidos, preparándose para la llegada de un nuevo año



Lo sagrado implicado en el Año Nuevo Indígena

De acuerdo a la Corporación de Desarrollo Indígena CONADI, el solsticio de invierno es considerado por los pueblos indígenas como un renacer. Es el período del año en que la naturaleza se renueva. Ha finalizado la época de cosecha y el descanso necesario de la tierra y ahora ella está preparada para su nuevo tiempo de fertilidad. Se acerca la siembra. Pronto, los brotes emergerán desde la tierra, los animales cambiarán su pelaje y el agua de los ríos se nutrirá de lluvias y deshielos. Este momento es visualizado como el tiempo en que “El sol emprende su camino de regreso” hacia la Tierra. Regresa la luz y, con ella, la vida en todo su esplendor.

Pero en aquella época del año y de acuerdo a esta cosmovisión, no sólo la naturaleza se renueva, también lo hacen los seres humanos. Al saberse parte de la naturaleza, los pueblos indígenas establecen con ella relaciones de reciprocidad e igualmente renacen.

La importancia de esta relación primordial se expresa en la identidad social, cultural y religiosa de los pueblos indígenas, siempre vinculada al culto de la naturaleza, a los elementos que la constituyen: el Sol (padre sol), la Tierra (madre tierra), los árboles como el Canelo o la Araucaria y los animales, todos sagrados en este mundo donde la vida –no el lucro- es el mayor tesoro.




Coincidencia entre las diversas ceremonias rituales

Es sorprendente que en diversas latitudes y tiempos históricos, entre los pueblos: Aymara, Quechua, Likan Antai, Rapa Nui y Mapuche, -entre otros- se consideren los movimientos del Sol y de la Luna para establecer los tiempos de la siembra y la cosecha, celebrando ceremonias similares de agradecimiento correspondientes a cada proceso productivo.

Ejemplos de ello son los siguientes: en la cultura Quechua: Inti Raymi, se realiza una fiesta de agradecimiento a la naturaleza y al astro solar que las culturas andinas heredaron de los Incas.

En muchos lugares de la Cordillera de los Andes, cuando las lluvias se atrasan demasiado, se realiza la Fiesta del Agua con ofrendas especiales para llamar a la lluvia con agua de mar o de manantiales grandes que no se secan nunca. 

Y al interior de la cultura Mapuche se celebra el We Tripantu, también entendido como el Año Nuevo Mapuche.

Figura 2. Emblemas de celebración de We Tripantu


El solsticio de invierno en la cosmología mapuche

Los mapuche observan que comienza el invierno. Creen que ese cambio es regido por la Luna, que provocaba los brotes de vegetales y la reproducción de los animales. En este nuevo periodo la tierra comienza a limpiarse con el agua que envía Ngenechén (Dios) a través del Ngen-ko (‘el espíritu del agua’), lo que provocaba un nuevo ciclo, que implica el término el ciclo anterior de preparación del suelo, siembras, cosechas y la naturaleza debe limpiar y preparar la tierra para otro periodo y así sucesivamente. Todos participan de la festividad, ya que los adultos, los niños y toda la diversidad de los seres vivos se estiman beneficiados del Sol, que es el padre que aporta, a través de su energía masculina (opuesta y complementaria a la Tierra femenina), para que se produzcan alimentos para todos los seres vivos, no sólo a los humanos. Es una fiesta de agradecimiento por la vida que se renueva. Se dialoga con el Sol, porque se cree que el Sol está vivo, todos están contentos de que vuelva y con él sienten que los humanos vuelven a crecer. En tal sentido, la concepción del tiempo de los mapuche (en la cual  lo antiguo se renueva siempre) es distinta a la que se tiene en Occidente: (lo antiguo queda atrás y sólo se puede recordar). Relación con la Luna Los kimche (‘sabios’) observaban que cuando se acaba el otoño y comienza el invierno, hay un cambio de ciclo natural. Creen que cambio es regido por la Luna, donde se provoca una transformación en los brotes de vegetales, animales, en la tierra, el sol. En este nuevo periodo la tierra comienza a limpiarse con el agua que envía Ngünechen. Las divinidades gobiernan el mundo sobrenatural y natural, poseen una estrecha relación con la gente a quienes entregan favores o dones. Ellas habitan en la Wenu mapu (‘tierra de arriba’). Ngünechen, la divinidad mayor, es el gran espíritu del bien, creador y sostenedor de la gente y de la naturaleza. La familia divina, que se refleja en la familia mapuche, está compuesta por Kuse (‘Anciana’), Fücha (‘Anciano’), Ülcha (‘mujer joven’y Weche (‘hombre joven’). Como reproducen la forma de vida de la familia mapuche, poseen kümeke mapu (tierras buenas) cultivables, üñüm (‘pájaros’) y kulliñ (‘animales’), habitan en ruka (‘casas’) y viven a la manera de los seres humanos. Sabido es que en otras latitudes y en tiempos remotos, otras culturas como la vikinga, sin poseer ningún vínculo cultural con nuestros pueblos originarios y aun siendo guerreros, rudos y bárbaros, mantuvieron una asombrosa y respetuosa relación con la naturaleza, que convive igualmente con la ya descrita esfera de lo sagrado, incluyendo elementos de folklore dedicados a los cambios y estaciones de la naturaleza.

Ello induce a pensar que hay algo universal, humano y sagrado que parece traspasar a las latitudes y a los tiempos.



Fiestas de Año Nuevo en la cultura Rapa Nui

Cabe citar un ejemplo más. Con motivo del solsticio de invierno, se celebran igualmente fiestas tradicionales en la cultura Rapa Nui. En ellas se festeja el ciclo anual de la vida, relacionado con la fertilidad y productividad. El ritual se realiza para simbolizar una nueva temporada de siembra de los recursos naturales, tanto terrestres como marinos. Se rinde homenaje a los patriarcas de las familias, junto a los linajes y parientes de la comunidad, y se festeja con un gran curanto compuesto de pollo, atún, langosta y frutas, como plátanos y camotes.

Del mismo modo, se ha celebrado el ciclo anual de la vida, relacionado con la fertilidad y la productividad, en la Fiesta de Invierno, cada 21 de junio, tal como ocurre con las otras diversas culturas ya descritas.

Algo muy distinto ocurre durante los inviernos en la cultura occidental. Hay toda una batería de chistes en relación al mérito implicado en “pasar Agosto”, pero esta vez el Hombre se ve a sí mismo separado de la naturaleza, no unido a ella y esta naturaleza parece agredirle imponiéndole el gran desafío de llegar con vida y salud a la estación primaveral. La lluvia, entonces, tan valorada por los pueblos originarios y el frío, que pese a todo despierta los primeros brotes vegetales, constituyen para la mentalidad occidental un problema, un escollo, pues el occidental no se ve a sí mismo integrado con la madre naturaleza. Es por ello que muchas veces atenta incluso contra ella, no sólo con motivo de las grandes confrontaciones bélicas mundiales: 1914-18 y 1939-45, que dejaron una estela de devastación en lo relativo a vidas humanas y animales; deforestación y graves daños al patrimonio construido de la humanidad, sino también de modo más cotidiano, subrepticio y recurrente, contaminando a diario: ríos y playas, cielos y mares, convirtiendo las urbes en antros de insoportable ruido y las plazas públicas en reservorios de basura.



“El otro de nosotros”

Sugiero, en cambio, extrapolar esta relación de los pueblos originarios con la naturaleza vinculándola al encuentro con el otro, frente a cuya invitación debemos adoptar una actitud sagrada, de aceptación ante quien no es uno mismo. "El otro de nosotros" siempre presente: el gran desconocido, a quien debemos, a mi juicio, igualmente respeto y reciprocidad. Si el Arquitecto y la Arquitecta pudiesen recibir: desnudos, sobrecogidos, asombrados a este “otro” para quien imaginan diversos cobijos habitables, probablemente serían más dignos esos habitáculos. No siempre al Arquitecto (a) le corresponderá el encargo de una gran basílica. No todos los días se le encomendará la creación de un barrio acomodado o de una mansión para el confort y estilo de una familia adinerada. En cambio, es muy probable que, en ocasiones deba enfrentar desafíos destinados a “otros” más humildes. Postulo que igualmente, frente a esos “otros de nosotros” corresponde adoptar una actitud de respeto, humildad, despojo de todo ego vanidoso y ante todo: reciprocidad. Si, por ejemplo, tras el reciente y voraz incendio de Valparaíso, que dejó 15 muertos, 2.500 casas destruidas y 11.000 damnificados, no se hubiera vuelto a construir en las mismas quebradas, con la misma materialidad precaria y en las faldas de esos mismos cerros desnudos, desprovistos de todo vestigio de vegetación, -que desafortunadamente no soportarán las lluvias de los próximos inviernos-…. Si por un segundo se hubiera escuchado a los(a) arquitectos (as) que soñaron con plazas forestadas para esos niños desesperanzados y con innovaciones envueltas en diversas materialidades, más eficientes, para enfrentar los bríos de la naturaleza de las ulteriores estaciones lluviosas…. Si las casas entregadas a los damnificados del incendio tuvieran dimensiones mínimamente dignas, si esos conjuntos habitacionales contaran con lugares de reunión y esparcimiento para las mujeres pobladoras, para el joven, para el obrero que, tras largas jornadas de trabajo, bien merece llegar a una habitación que le permita un merecido descanso… Si, so pretexto del solsticio de invierno, renováramos nuestros votos y compromisos con la naturaleza, como los hijos del sol, como los Rapa Nui, como las culturas andinas, como la gente de la tierra y le confiriésemos sustentabilidad a los futuros cobijos habitables, teniendo como Norte principal el porvenir de las futuras generaciones, es decir: la desnudez, la incertidumbre, la humildad, la reverencia, la genuflexión ante lo sagrado … estoy cierta que la Madre Tierra se pondría muy alegre y que el Padre Sol, de regreso de su largo viaje sanador, multiplicaría sus frutos para el deleite de los niños y niñas, de los hombres y mujeres, de los adultos mayores, de los habitantes del mañana.




Bibliografía

1.- www.conadi.gob.cl (Página web de Conadi, Coorporación Nacional de Desarrollo Indígena).

2.- Entrevista a Concejal, Promotor Cultural y Folklorista Héctor Molina Fuenzalida, organizador de ceremonias de we tripantu en la IV region.

3.- Entrevista a Isabel Bascur, visitante de la isla de Pascua, quien tomó parte de las festividades relatadas.

4.- Sergio Villalobos, Historia del Pueblo Chileno, Editado por el Instituto chileno de Estudios Humanísticos, Santiago, Chile, 1980.

5.- Radios Cooperativa y Bío- Bío, notas diversas acerca del El Incendio de Valparaíso.