Dos mansiones viñamarinas: Homenaje a dos arquitectos porteños

De Casiopea








TítuloDos mansiones viñamarinas: Homenaje a dos arquitectos porteños
Año-
«-» no es un número.
AutorRoberto Montandón Paillard
NotaArchivo transcrito del Archivo histórico de Viña del Mar. Biblioteca Benjamín Vicuña Mackenna.


PALACIO VERGARA Y RIOJA

Ambas residencias datan del mismo período: 1908-1810. La primera, el palacio de la Quinta Vergara, de estilo gótico veneciano, se levanta al sur del Estero de Marga-Marga en tierras que fueron de la hacienda "Siete Hermanas". La segunda, el palacio Rioja, de inspiración Luis XV, fue construido en terrenos que pertenecieran a la hacienda "Viña de la Mar", al norte del estero. La historia de estas dos haciendas unificadas en 1620 por Alonso de Riberos, entra a su etapa final unos 200 años más tarde, al adquirirlas en 1840, el acaudalado armador portugués, Francisco Alvares.

En estas tierras, al sur del estero nace "Viña del Mar", en torno a la posada de Agua Santa (1845) y de la estación del ferrocarril (1854). En 1874, el Intendente de Valparaíso, don Francisco Echaurren decreta la fundación de Viña y en 1879 se constituye su Municipalidad. En 1880, desde los terrenos de la hacienda de Las Siete Hermanas, Viña salta el estero de Marga-Marga, entra a las tierras de la hacienda Viña de la Mar y, en un eje perpendicular a su primera estructura urbana, se desarrolla en una dirección sur-norte a lo largo de la Avenida Libertad, diversificando la estructura vial de la incipiente ciudad.

El carácter de la arquitectura de Viña del Mar, desde su fundación, sigue una evolución paralela al progresivo desarrollo urbano de un primer loteo semi rural, concebido para "agradable retiro" y su transformación paulatina en balneario elegante y en ciudad.

A la primera etapa de los "cottages" de los ingleses de Valparaíso, siguen la etapa de las villas más pretensiosas y la etapa de las primeras mansiones. El Palacio Vergara es un reflejo del traspaso a Chile, a contar de mediados del siglo XIX, de las tendencias arquitectónicas europeas que estaban evolucionando desde las primeras expresiones neo clásicas y neo góticas de la segunda mitad del siglo XVIII, hasta las normas dictadas por l'Ecole des Beaux Arts y la libertad estilística de las "villas" en los albores del siglo XX.

El dramático interludio del terremoto del 16 de agosto de 1906 que asoló Valparaíso y Viña del Mar, destruye en Viña la casi totalidad de los edificios de albañilería de ladrillos sin refuerzos y fundados muchos en terrenos arenosos. Es la gran lección que este terremoto nos enseña. En cambio se salva la mayor parte de las viñas construidas con cuidada tabaquería. La reconstrucción de la ciudad, estimulada por favorables condiciones económicas nacionales y el traslado a Viña de numerosas familias acaudaladas de Valparaíso, fue ordenada, de gran calidad y relativamente rápida. Constituye también una demostración de esa persistencia en el uso de los modelos clásicos, góticos y victorianos, cuyas expresiones que armonizan con el carácter elegante y las formas tradicionales de vida de Viña, sumado a su condición de primer balneario de la República, todavía estarán vigentes durante los dos primeros decenios del siglo XX.

En la reconstrucción de Viña del Mar, las familias acomodadas, muchas de ellas santiaguinas que querían tener en ese balneario una casa para veraneo, eligieron entre la "villa", versión aristocrática del "chalet" y, con cierta vacilación para sus mansiones, entre las dos grandes corrientes que rigieron la sensibilidad de un siglo entero: la neo clásica con sus "revivals" greco-romanos y la neo-gótica.

La villa que, dentro de una cierta gama de importancia volumétrica y formal mantiene aires de gran casa, se caracterizó en Viña por la calidad de su construcción o tabicada y la riqueza de su amplio repertorio estilístico que cada arquitecto manejaba con un marcado liberalismo. Este tipo de construcción cuya meditada asimetría se aparta de la concepción simétrica que entonces era ley, creado más para completar un escenario natural e inspirar imágenes románticas, tuvieron en Viña, ciudad balneario propicio a la fantasía, un gran arraigo.

El lenguaje arquitectónico de las dos mansiones que nos interesan pertenece a las dos tendencias predominante, la clásica y la gótica pero utilizada en forma más pura, principalmente la versión clásica, que en otras expresiones dominadas frecuentemente por una actitud ecléctica que se acentúa a medida que transcurre la segunda mitad del siglo XIX.

EL PALACIO DE LA QUINTA VERGARA

El Palacio Quinta Vergara pudo llamarse Quinta Alvarez en recuerdo del último dueño de las haciendas Las Siete Hermanas y Viña de la Mar, Francisco Xavier Alvarez, el Portugués, nacido sin fecha conocida en Viana, Portugal, fallecido en Valparaíso en 1843. Su mujer, doña Dolores Pérez de Álvarez y su único hijo, Francisco Salvador Alvarez heredan sus bienes, considerados entre los mayores del país. Su hijo, Francisco Salvador se encargará de dilapidar parte de esa fortuna. Inteligente y capaz, cualidades que nunca ocupó productivamente, de fuerte espíritu aventurero, viajero y jugador, lleva una vida pintoresca, buscando oro en la California de 1848 y compartiendo la hambruna de los franceses en el París asediado de 1871 o lleva una vida dispendiosa en París, Roma, Singapur y Macao que alterna con largas travesías en los veleros que heredara de su padre. De estos cruceros volvía con plantas tropicales, regalos que su madre, en tarea predilecta, plantaba en el parque que más tarde se llamara Quinta Vergara. Doña Dolores de Álvarez fallece en 1873, legando a su nieta, Mercedes Alvarez, hija de Francisco Salvador Alvarez y casada desde 1859 con don José Francisco Vergara*, su hacienda Viña de la Mar. Al fallecer su padre, Francisco Salvador, en octubre de 1873, doña Mercedes hereda la hacienda Las Siete Hermanas y el resto de la fortuna Alvarez. Vuelve así a reunir en sus manos las dos haciendas que su abuelo, don Francisco Xavier Alvarez adquiriera en 1840.

En 1874, don José Francisco Vergara y su esposa doña Mercedes Alvarez, quienes vivían en la antigua casa patronal de la hacienda Viña del Mar (que Don José Francisco Vergara arrendaba a doña Dolores de Alvarez) deciden construir una residencia en el parque que doña Dolores había iniciado en la hacienda de Las Siete Hermanas. Allí, don José Francisco manda a levantar una mansión de grandes dimensiones, de cuya masa predominantemente horizontal surgían terreones y almenares medievales. En ella fallece en 1895, ese destacado e ilustre hombre público que descolló en los medios políticos y sociales de la República.

El matrimonio Vergara-Alvarez tuvo dos hijos: Blanca, que se casaría con don Guillermo Errázuriz Urmeneta y Salvador, que sería General de Ejército y Ministro del Gabinete del presidente don Germán Riesco. Al contraer matrimonio a fines del siglo pasado, doña Blanca manda a construir una vasta residencia en el mismo parque, a poca distancia del "castillo" que edificara su padre en 1874. Al fallecer don José Francisco Vergara en 1895, doña Blanca, entre otros bienes, hereda la hacienda Las Siete Hermanas y por consiguiente el parque y las casas. En la hacienda Viña de la Mar, sigue vendiendo lotes de terreno, operaciones que su padre ya había iniciado en 1877.

El terremoto de 1906 causa graves daños a las dos mansiones construidas por José Francisco Vergara y por su hija blanca. En 1908, tras demoler y remover y remover los escombros de las dos residencias, de inicial a construcción de la segunda casa de doña Blanca Vergara en el mismo lugar que ocupara la señorial residencia de don José Francisco. No se sabe si doña Blanca impuso el modelo gótico veneciano o si aceptó el proyecto del arquitecto. Lo cierto es que Ettore Pietri estuvo en su elemento.

El renacer del gótico llegó tarde a Italia. Comenzó al despuntar el siglo XIX, como una importación foránea. Gradualmente, con el crecimiento del nacionalismo italiano, se despierta el interés por el propio pasado gótico de Italia y sus representantes de mayor estatura fueron Salvator y Camilo Boito, este último, más flamígero y veneciano. En el Palacio de la Quinta Vergara, de composición horizontal, el arquitecto Ettore Pietri se inspira en el palacio Ca d'Oro, obra maestra del gótico veneciando, construido por Giovani y Bartolomeo Buon hacia 1430 en gótico tardío. La composición más bien horizontal de la arquitectura gótica civil de Venecia y Florencia, es un reflejo del gótico religioso de Italia central, donde las fachadas siguen leyes propias. El sentimiento meridional del espacio tiende a la amplitud y los italianos no pueideron familiarizarse con los interiores nórdicos, altos y estrechos, de impulso vertical; como excepción podríamos citar la fuerte influencia germana en Lombardía. La arquitectura veneciana merge de circunstancias especiales. Es una ciudad que nunca ha olvidado sus contactos con oriente. Sus grandes palacios góticos reciben esa influencia y aquellos construidos hacia el período tardío, presentan rasgos en que se reconoce el camino hacia el Renacimiento.

El arquitecto del palacio Vergara, Ettore Pietri, nació el 26 de junio de 1866 en Montale, provincia de Ancona. En 1894 regresa del Instituto de Bellas Artes de Roma con el título de profesor de diseño arquitectónico europeo regido entonces por un espíritu historicista. Es autor de numerosas e interesantes casas construidas tanto en Valparaíso como en Viña del Mar. En sus proyectos, maneja por igual tanto la línea clásica como el gótico, ambos con sabor italianizante. El Club de Viña del Mar,, neo-clásico y el palacio gótico de la Quinta, representan sus principales obras. La dura lección de terremoto de 1906 llevó a los arquitectos de Valparaíso y de Viña a reflexionar sobre las ventajas de la tabiquería de listones, conocida ya en el norte bajo el nombre de tabiques de cañas de Guayaquily probada en Viña, al resistir el sismo sin daños, entre otros, el interesante palacio Carrasco, de estilo alto renacimiento francés, levantado en estructura tabicada por el arquitecto Azancot. Es así como a petición expresa de la propietaria de la Quinta, Ettore Pietri acepta el desafío de adaptar un palacio gótico veneciano con el recurso versátil, resistente y flexible de la tabiquería doble, la que ancla sobre buenas fundaciones y un fuerte zócalo de mampostería la primera y de sillares el segundo, ambos de 1 metro de espesor. El palacio Vergara desarrolla los sesenta y cinco metros lineales de su volumen horizontal entre prados, palmeras y árboles exóticos de sus treinta hectáreas de parque. En un tratamiento elaborado recoge en su larga fachada almenada, los elementos del gótico. Así vanos ojivales en series repetidas, los balaustres de los balcones, el encaje de las tracerías, los arabescos de los frisos y las almenas que recortan el cielo, crean la sensación irreal de un gran volumen suspendido en el espacio. En este palacio, la expresión de abierta exterioridad se aquieta en la intimidad del patio de la fuente, cuya arcada de doble columnata produce una atmósfera de monacal recogimiento.

La actitud ecléctica del aquitecto, por lo demás propia del período, se expresa en el tratamiento de los interiores. El palacio de la Quinta es gótico por fuera y clásico por dentro y la decoración de los alones, comedor, sala de música, jardín de invierno y vestíbulos, situados en el primer nivel corre pareja con la intensa y fastuosa vida social que llevaron sus propietarios. Parque y mansión contribuyeron a crear un marco de grandeza que hizo de la Quinta un centro de vida social, intelectual y político refinado y a ratos extravagante. Como lo apunta Joaquín Edwards Bello en su "Valparaíso y otros lugares", doña Blanca Vergara fue la Reina oriental de Viña del Mar, como doña Juana Ross fue la Reina inglesa de Valparaíso. Al adquirir la propiedad en 1941, la I. municipalidad de Viña del Mar destina el palacio y el parque como sede de su departamento de Bellas Artes; digno escenario para un museo de artes plásticas, una Escuela de Bellas Artes y un Conservatorio de música. La propiedad, originalmente de cuatro hectáreas, perteneciente hacia 1906 a don Carlos Newman, estaba ubicada en un lugar cercano a las antiguas casas de adobe de la hacienda Viña de la Mar. Esta gran superficie libre, inscrita en una incipiente trama urbana ofreció a su nuevo propietario, don Fernando Rioja y a su arquitecto don Alfredo Azancot, un espacio apropiado para distribuir una mansión, un teatro, el palmarium, la caballeriza, el picadero, la piscina y las canchas de tenis, en un complejo residencial que no tenía ni tuvo parangón en Viña del Mar. Fernando Rioja , nacido en España, acaudalado hombre de negocios, talentoso y perseverante, hizo su fortuna en la industria tabacalera y en la del cuero, en explotaciones agropecuarias y en bienes inmuebles. En 1907, adquiere la propiedad de cuatro hectáreas y encarga al arquitecto francés Alfredo Azancot la construcción de su residencia.

Hacia 1915, Fernando Rioja, rico pero generoso y filántropo, llega a la presidencia del Banco Español. Su residencia, junto con la de la Sociedad Viñamarina. En su teatro, daban representaciones y pequeños conciertos. Por su opulencia y bienestar, la mansión de los Rioja trascendía el ámbito viñamarino. En 1929 y durante tres meses, el principe Fernando Baviera de Borbón alojó en el palacio, dando lugar, a interminables y costosas fiestas. En adelante, esta mansión pasó a ser residencia extra oficial de destacadas personalidades y altos dignatarios fueron huéspedes de la familia. En 1924, con ocasión de un viaje a España, don Fernando Rioja recibió del rey el título de conde de Neila en agradecimiento por las atenciones que dispensó al príncipe de Baviera y Borbón. El arquitecto de esta mansión, Alfredo Azancot, nace el 1° de febrero de 1872, en el trayecto de a isla portuguesa de Santo Tomás (Africa) a Lisboa. Vive en Francia donde se titula de Ingeniero-arquitecto en "L'Ecole Supererieur des Ponts et Chaussées" de París en el año 1893. Llega a Valparaíso en 1895. En sus cuarenta y dos años de vida profesional en Chile, Alfredo Azancot proyecta y construye en Valparaíso y en Viña del Mar, algunas de sus más importante mansiones, villas y edificios; entre otros, los palacios Carrasco y Rioja, el castillo Brunet, las villas de las familias Barazarte y de doña Felisa Granja de Astoreca y las graderías del Sporting Club de Viña del Mar y, en Valparaíso, el edificio Cory, el centro Español, la Escuela Barros Luco, el arco de triunfo de la Avenida Brasil donado por la colonia británica a la ciudad de Valparaíso en 1910... En las numerosas villas que construye, introduce esquemas neo renacentistas, georgianos, victorianos y tudores, que maneja con soltura y gracia. Azancot fallece en 1937. En su quehacer arquitectónico en Chile, este excelente intérprete del monumento histórico en arquitectura, abarca casi todos los campos del diseño, desde pequeñas viviendas hasta mansiones, recurriendo con seguridad a un vasto repertorio. Sus obras en Valparaíso y Viña del Mar representan exponentes destacados de la trayectoria arquitectónica y de las favorables condiciones económicas de este período. Arquitecto versátil, no puede ocultar sus inclinaciones hacia la lpinea clásica y más propiamente hacia el refinado siglo XVIII y su movimiento clásico francés que, según Quatremere de Quincy, representó "una comunidad de educación y de conocimiento, una cierta igualdad del buen gusto y del dsaber entre todos los lugares de Europa".

Para su palacio Rioja, Azancot busca su inspiración en la segunda mitad del siglo XVIII, influenciada por los trabajos de Stuart y Revett (los descubrimientos de Herculano y pompeya) y el pensamiento de Johan Winckelman sobre Grecia. En esa época, en Francia el clásico tardío que cubre la Regencia y los reinados de Luis XV y Luis XVI (1715-1792) comienza a evolucionar hacia un regreso al sobrio clasicismo del estilo Luis XIV, a la vez que crece el respeto por los monumentos de la antiguedad. La arquitectura exterior se limpia de elemntos superfluos. Ese período marca también un alejamiento de la grandiosidad de los palacios monumentales y una inclinación hacia la construcción de residencias más íntimas, más compactas donde lo confortable primaba sobre la fría dignidad de los interminables alineamientos de salas y salones.

Entre los arquitectos que se identificaron con ese movimiento reformador, se destaca Ange Jacques Gabriel(1698-1782), primer Arquitecto de Luis XV y de cuyas obras se inspira particularmente nuestro equipo arquitecto Azancot.

Gabriel construye para la corte edificios más pequeños, armoniosos y comedido, rodeados de la gracias y del decoro de la mejor tradición clásica francesa: le "Pavillon francais" de Madame Pompadour, le "Petit Trianon" que Luis XV presentó a Madame du Barry, la más interesante expresión de arquitectura doméstica de ese siglo, el "Ermitage" de Fontainebleau. Su idea conceptual de la arquitectua influencia a arquitectos representativos de ese periódo, como Víctor Louis, Alexandre Brongniart, Francois Bélanger, autor del muy clásico y celebrado "Pavillon Bagattelle" de conde de Artois y aún de los precursores Ettienne Boullée y Claude Ledoux, ilustrados represantes de esa arquitectura visionaria de fines del siglo XVIII que se deleitaba en el limpio juego de la geometría formal.

De entre todos los edificios de Gabriel, Alfredo Azancot se acerca, en la búsqueda de un modelo, al Petit Trianon y al edificio de la Opera de Versailles. Aleccionado por la destrucción que el terremoto de 1906 causó en los edificios de ladrillo y como Pietri lo hizo para la mansión de la Quinta Vergara, Azancot diseña la monumental estructura del parque Rioja en base a un sistema de tabiquería de madera apernada, utilizando soleras, pies derechos, diagonales y cadenas, cuya escuadría varía según la ubicación del panel (de 4" X 4" a 8" X 8").

Resulta difícil, sin saberlo, establecer una relación entre el volumen de este edificio de dos ´pisos altos y su sistema constructivo sellado con listones y estucos, capáz además, de adaptarse con éxito a un lenguaje arquitectónico determinado.

Sin alcanzar la suprema armonía y la elegancia del Petit Trianon, la influencia de sus proporciones se acusa en forma visible en el Rioja y tanto su juego volumétrico como la composición de sus fachadas, evidencian una notoria fidelidad a un patrón original que sin embargo no se intenta copiar.

Del volumen ligeramente rectangular del palacio Rioja, se destacan los cuerpos salientes en las fachadas sur y oriente. El primero corresponde al volumen casi escultórico y de rica composición de la escalera imperial y la columnata de la semi-rotonda que conforma la terraza cubierta de acceso a la casa. El segundo define el gran comedor, espacio de doble altura, configurado por un volumen saliente compuesto de un cuerpo ortogonal rematado por una amplia semi-rotonda.

El palacio Rioja es un edificio construido bajo el signo de la armonía, la unidad y el equilibrio. El uso de trazadores reguladores ordenan su fina composición semétrica, de acuerdo a las leyes clásicas. Esta mansión traduce con propiedad la "Belle Epoque" que hacia 1910 viviera la sociedad viñamarina y su carácter de Casa Grande se exterioriza en la distribución de su zona de recibos: Gran salón, salón Imperio, salón de los Boulles, salón rosado, Sala de los Espejos, sala rosada, sala celeste, biblioteca, gran comedor con loggia para la orquesta. La decoración interior, muy rica, usa también en el gran salón el sentimiento renacentista de llevar la arquitectura a espacios interiores. Este recurso bien logrado, se repite en el gran comedor. Allí, las doce columnas exentas que acotan el espacio de recepción y la curva de su semi-rotonda modulada por anchas pilastras de doble altura, le transmiten un sello imperial de palacio romano.

Don Fernando Rioja fallece en 1925. Su familia siguó habitando la mansió hasta el fallecimeinto, en el año 1950, de la señora Sara Ruiz de Rioja. Por incapacidad económica de mantener la residencia y el parque, los herederos cerraron las puertas de la casa en ese mismo año.

Con una clara comprensión del valor cultural y estético del palacio Rioja y con el objeto de detener un progresivo dterioro, la I. Municipalidad de Viña del Mar lo adquiere el 12 de julio de 1956, junto con 10.000 metros cuadrados de parque. Sede de la Alcaldía hasta 1978, la mansión es hoy Palacio Ceremonial de la Municipalidad y, gracias a una recuperación de gran parte de su alhajamiento original, es también un museo ambientado que sitúa la casa en su tiempo y en su espíritu.


  • Don José Francisco Vergara Echevers, hijo de D. José María Vergara Albano y Da. Carmen Echevers Cuevas, nació en Talca en 1834. De muy grata memoria como personalidad plurifacética en su extensa labor de bien público, destacó en la política y el periodismo con relieve singular. Coronel en la guerra del pacífico de 1879. Ministro de Guerra y Marina, 1880-1881, y del Interior, 1881-1882. Ministro plenipotenciario en Perú en 1883. Candidato a la Presidencia de la República en 1886. Promovió con su esfuerzo la fundación de la ciudad de Viña del Mar, donde su recuerdo se mantiene en la hermosa Quinta Vergara, en la cual se construyó magnífico palacio, que fue sede del Museo de Bellas Artes. Se casó en Valparaíso el 8 de agosto de 1859, con Doña Mercedes Alvarez Goñi, hija de Don Francisco Salvador Alvarez Pérez, diputado por Valparaíso, 1849-1852 y de Doña Carmen Goñi Prieto. De su matrimonio nacieron dos hijos: Don Salvador Vergara Alvarez, General de Ejército y Ministro de Guerra Marina en 1906 y 1915, casado con Doña Blanca Vicuña Subercaseaux, hija del insigne historiador Don Benjamín Vicuña Mackenna; y Doña Blanca Vergara Alvarez, esposa de Don Guillermo Errázuriz Urmeneta, diputado al Congreso Nacional, 1882-1885. (Vid. Juan Mujica, Linajes Españoles Nobleza Colonial de Chile, tomo II, pág. 452, Santiago, 1986).