De lo Heteróclito

De Casiopea
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TítuloDiez Separatas del Libro no Escrito
Año1985
AutorGodofredo Iommi
Tipo de PublicaciónCapítulo de Libro
EditorialEscuela de Arquitectura UCV
ColecciónPoética
CiudadValparaíso
Palabras Claveconstel, separatas
Código
743.8368 HON
PDFArchivo:POE 1985 Heteroclito.pdf
NotaTítulo Alternativo: Sobre las Crónicas de las Proclamaciones de la Travesía al Mar Dulce o Desembocadura Urbana de la Hidrografía de América Latina.

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Hace varias décadas Enrique Santos Discépolo compuso un tango. “Cambalache”. A nuestro juicio es el arquetipo del tango genuinamente porteño que corresponde profundamente a la ciudad de Buenos Aires. Anotemos algunos momentos del tango. El tango enjuicia al siglo, por el modo heteróclito, desordenado, no jerárquico con que los valores, las cosas, los elementos están mezclados y por lo tanto implica un juicio moral.

¿Pero puede el cambalache y lo heteróclito ser realmente poético? La definición radical de la poesía contemporánea y que recoge en el fondo proposiciones que vienen desde el fondo del mismo Aristóteles, implica precisamente el modo de unir en un marco de referencias las dos cosas más dispares, es decir en cierta manera, una semejanza con “Cambalache”. Pero con signo invertido, no es ya un juicio moral sino un momento constitutivo fundamental de la obra de arte.

La célebre proposición de Lautréamont de que la poesía no es más que el encuentro fortuito de un paraguas, una máquina de coser sobre una mesa de vivisección, sigue estando vigente, por lo menos hasta hoy.

Una meditación, o una reflexión sobre este punto podría tal vez permitir rever la ciudad de Buenos Aires a través de su propio cambalache para dar con su trasfondo poético más allá de toda su fuerza moral, su nostalgia moral, su inquietud moral, o su verdadero anhelo por no decir voracidad por ser grande.

Sin embargo, esa fluidez es tomada por la poesía y es llevada a su máxima expresión porque ya no le basta la cota de la mera transmisión sino que además exige per se la plenitud de la fluidez. De allí entonces que se tome los primeros versos de una de las églogas de Garcilaso de la Vega, para rematar aún más en un fragmento de un poema de Fray Luis de León. Sin embargo, esa fluidez en un momento determinado es insuficiente y la poesía avanza aún más hacia el fondo de sí misma, como una suerte de algoritmo, y aparece un texto de suyo con la sintaxis habitual quebrada y que se hace a primera vista ininteligible como si fuera un capricho, como si fuera a su vez un cambalache.

Pero si Dámaso Alonso tuviera razón la pregunta que aquí se hace: “¿para qué entonces Góngora lo escribió así?” es pertinente. La respuesta la da Coleridge, porque inmediatamente fija el marco de referencia donde la poesía puede comparecer con su célebre máxima que dice: “Abandone su incredulidad”. Fundamento para poder estar frente a toda obra de arte. Es decir, aquello que permite trascender no importa qué significado para ver la coherencia íntima como un algoritmo que la obra propone para sí. Inmediatamente después de esto, se trata, entonces, de la pregunta radical. ¿Cómo se puede leer a Góngora? Y la respuesta es, sin ponerlo en tela de juicio, en plena inocencia.

Todo el decorado donde ha transcurrido la acción es a su vez heteróclito, es a su vez un cambalache y la respuesta de por qué es así la va a dar precisamente uno de los mayores poetas románticos alemanes, Novalis. Diciendo cómo y por qué y cuándo la poesía es poesía. El texto que ustedes oyeron de Novalis, es a su vez espejo y contraproposición del tango de Discépolo. Es precisamente por esa vía, que trascendiendo el juicio moral o incorporándolo como sucede realmente en el tango, como elemento del propio cambalache, se puede encontrar, al trasluz un fundamento poético de la propia ciudad que generó el tango.