Daniela Reyes Amereida II trimestre

De Casiopea



TítuloEncargo Amereida - Daniela Reyes
AsignaturaTaller de Amereida Vlll, Taller de Amereida
Del CursoTaller de Amereida 2014, Taller Amereida 2014, Taller de Amereida VIII
CarrerasArquitectura
Alumno(s)Daniela Reyes

De la travesía, el desconocido, la abertura, el yo y el otro.

La travesía como el "salir a recorrer América", un salir que se hace sin un objeto, un objetivo. En este andar sin objetivo hay un ánimo motivado por el gusto de hacer las cosas, por mera gratitud. Del segundo libro de Amereida: "Godo: No sabes cuánto me cuesta escribir. Desde que salimos en este viaje he perdido toda referen- cia. Estoy como en un enorme vacío interior y ex- terior. Percibo lo que va aconteciendo pero en ausencia. Las sensaciones suceden pero no se de- cantan en parte alguna de la conciencia. No ad- quieren cuerpo en el espacio del pensamiento, no se dejan pensar, no se dejan atrapar. Me he con- vertido en una suerte de conducto, que es sólo pa- ra dejar paso". La travesía como el viaje en que se está ante un desconocido constante, en que uno mismo se llena de ella y se hace vacío al adentrarse con este desconocido, el uno se sale de la realidad que se le presenta y la observa como ajeno. La realidad nueva se antepone a la persona, en un anteponer tan constante y tan rápido que la persona no alcanza a insertarse en la realidad que se le está presentando cuando ya aparece una nueva. En travesía surge un modo de habitar dado en la gratitud: la verdadera ciencia y arte surgen en un operar dado en la gratitud. En un temple dado en gratitud surge lo inesperado, lo que nunca pudo preverse, lo que se da incalculadamente. En este temple de gratitud surgen el regalo y el presente, los cuales son prueba de la gratitud, y que pueden traer a presencia en la actualidad una gratitud antigua, haciéndola viva en distintas instancias al hacer presente parte de su legado y heredándola al presente. En la travesía sin objetivo, dotada de la gratuidad que trae a presencia lo inesperado, se desvela una América que es regalo y un habitar como regalo: la travesía como un acto de libertad puro, en el que el desvelar de la realidad se da ante la persona que está en una postura abierta de recibimiento, que se adjudica para sí lo que la realidad alcanza a regalarle al insertarse en su memoria y permitiendo construya una trascendencia en el tiempo. Del segundo libro de Amereida: "que al Regalo se le llame también Presente. Los hechos o situaciones que vivimos saltan como pulga sobre la sábana: está aquí, luego allá; cer- ca, lejos, donde mismo, en ninguna parte. No ve- mos el salto sino el punto.". El regalo que es también el presente, este presente que se expone a la persona en travesía, el cual es tan inmenso y tan nuevo que no puede abarcarse; solo se muestra y abre a nuevas posibilidades, no es contable, no es experiencia definida, sino que pasa dejando una huella que se traduce en lo que la persona percibe de él y lo que ésta crea a partir de ello, lo cual traduce parte del presente regalado en un lenguaje propio que permite posteriormente traerlo a presencia como herencia de un presente anterior regalado.

Qué es la ruta: el seguir partiendo siempre. La hermosura cuenta menos que la ruta que se hace hacia ella, la cual se hace y recorre hacia ella, la ruta es más belleza que la obra misma, porque la ruta tiene este desconocido que se recibe constantemente como regalo y que se traduce en lo propio en la obra. La obra no es el objetivo en la travesía, sino que el proceso por medio del cual se llega a ella, en una belleza, una armonía, el punto en que cualquier cosa que se agregue o quite a la obra sea para peor. Del segundo libro de Amereida: "El signo así se intercala para otorgarle a la obra transparencia. Transparencia para que se manifieste en ella el acontecer. Trans- parencia para que el rodaje quede inscrito en su verdadera magnitud.". La obra manifiesta el acontecer dado en la ruta hacia ella, transparenta y evidencia la realidad vivida, y lo hace físico en verdadera magnitud, la hace real, la hace habitable y la hace presente, regalo en el presente en que vive y para el presente futuro, en los cuales se expone la realidad dada en la ruta con su virtuosidad hecha física.

La modernidad cambió la belleza buscada en travesía a un horizonte, el cual es equivalente a la ruta: mantener el rumbo abierto. Este horizonte que se busca alcanzar pero siempre se mantiene distante, porque lo desconocido es cada vez más grande y más difícil de abarcar, cada vez aparece más desconocido que hace más grande este horizonte que es objetivo abierto de travesía. Hay una ruta poética: atravesar mismo a través del continente, a través de la gratuidad, lo cual da origen a un modo de ser, que es sin tener un fin por delante, sin plazos ni objetivos, y que por ello siempre está comenzando. La persona se hace de un temple abierto a comienzos, debido a que siempre se está ante algo que no tiene precedentes y no tiene futuro definido, ya que no tiene antecedente que defina que pasará posteriormente. Del segundo libro de Amereida: "En este Tiempo, el hombre sólo puede vivir en tránsito, es decir, en la indiferen- cia del pasado, del presente y del porvenir con solamente la posibilidad amenazadora de la ruptura de esa indiferencia". De esto se desprende este vivir en tránsito, en que la ruta es más importante, y la ruta es el presente mismo, el cual se da indiferente del pasado, apartado de él, con un futuro que lo único que evita es re conectarse con este pasado que saca a la persona de su presente y del regalo que este tiene: la evasión del salirse de este regalo constante.

La obra y el otro: la obra no es objetivo sino que es el modo de andar en travesía: una condición poética creativa, y quien se adjudica a quién esté abierto a recibir constantemente lo nuevo y traducirlo en un lenguaje propio que lo hace presente y regalo que puede entregarse a otros en otra instancia. Lo creativo y el ocio como los principales medios de actuar en travesía, en que hay una libertad que permite el surgir de nuevas realidades a partir de esbozos de realidades presentes, es decir, a partir de lo que el presente entrega, el aparecer de dimensiones que tienen lo propio y lo ajeno correspondidos. Se está en un estado de lucidez que permite vislumbrar el ocio necesario en una obra para que esta aparezca. Del segundo libro de Amereida: "¿Por qué no aceptar y cuidar la realidad para que las cosas cobren su propia e inaudita existencia?". Esta postura que recibe la realidad y permite que lo nuevo se aparezca, y con ello el ocio y el temple que permiten que se engendre la obra y se haga física y presente. Hay una conciencia de que en cada uno de nosotros co-habita el otro y el yo, por ello se vive de una forma que no se centra en uno mismo, sino que en el otro que finalmente hace de un todo, un taller que está en travesía que además es yo y otro como la gente que llega y la gente que es del lugar al que se llega. "Yo soy el otro de tí". El encuentro con el otro, de nosotros con los otros, y que trae a presencia en lo propio el pensamiento ajeno y viceversa. Yo es otro y el otro está en uno mismo. El nosotros que abarca un otros que es propio pero que también se adjudica otros que se aparecen y que se hacen propios al hacerse nosotros.

Qué es un temple: una fibra en el corazón, agallas, el talante del coraje. El que templa es el que modela y tempera, el que apacigua y contiene, el que saca la belleza de los obstáculos que aparecen en la carrera. En travesía es necesario un temple de quienes la hacen, para rescatar de todas las instancias vividas en su ruta un positivo, una belleza que se extrae para la obra y para la ruta, para los otros y la convivencia en el viaje, en un aprender constante de lo nuevo que se aparece, una asimilación de la realidad presente. El temple es llevado en la lengua: el mundo se vuelve casa, se hace propio, con la lengua se traduce la realidad de forma que es comprendida y asimilada y traída a presencia.

El miedo a lo desconocido es motor esencial que mueve a los hombres. Del segundo libro de Amereida: "Respondiendo al llamado hemos venido para reducir lo desconocido - para que el otro, por ejemplo, el otro lado de la tierra salga de su ausencia y se torne lo invisible que llevaremos con nosotros". Lo desconocido como lo que quiere desvelarse, sale de su ausencia que se da por no conocerlo, y se aparece lo de uno mismo que no ha sido desvelado que se trae con lo desconocido, aquello que viene con lo que no se conoce y viene de uno mismo, y que solo se hace presente cuando este se expone, el yo y el otro que se hacen presentes con el presente que se les presenta. "Entre los hechos que se presentan a nuestro conocimiento, ningún otro puede ser más maravilloso ni más extraordinario que el hombre": la condición humana como el desconocido más extraordinario que puede alcanzarse, o busca alcanzarse en conocimiento como horizonte, la travesía como un camino abierto hacia la expresión de la condición humana con uno mismo y con los otros. El viaje a lo desconocido con un sentido de lo nuevo, lo que no tiene antecedentes en uno mismo, y que se abre sin conocer cómo comienza ni dónde termina. El encontrarse del mundo y uno mismo con la dimensión americana, la dimensión americana como este otro que se alcanza cuando se abre, dado esto en una gratuidad que viene desde el "partir por partir", la salida a travesía sin un objetivo fijo, con una entrega que se da sin esmeros, sino que con la abertura que espera un desconocido, en un temple propio y abierto, y que es retribuido al tener al continente como regalo, un hallazgo de lo desconocido por Colón, y que se desprende en sus particularidades y grandores, los cuales hacen de una impropiedad, lo que no pertenece a uno pero se abre para conocerse en más profundidad: lo otro.

"Yo soy un otro". El ser un otro como la madera se vuelve instrumento, es decir, el ser un otro en una continuidad con uno mismo y el otro, en un complemento que da origen a un regalo que viene de lo que ya viene de un nosotros, un plural que ha tenido un camino recorrido que tiene una diferencia con lo individual. El poeta llega a lo desconocido, le da forma y lo presenta en la forma que se aparece. Desde su propia abertura al presente, el desconocido se le aparece y él lo traduce en su propio lenguaje para luego concretarlo y volver a traerlo a presencia en otras instancias, volver a hacer presente el desconocido que en algún momento fue presente suyo. "La lengua del alma para el alma", la poesía que viene de la abertura misma del poeta, de su yo que recibe un otro y que es escrita para otros yo y otros otros. La poesía determina el desconocido que impera en cada época, lo nombra y lo describe, para ser traído a presencia en otras instancias y volver a ser desconocido, pero un desconocido que viene con un mediador que lo ha templado bajo su propio yo y que es el poeta. En travesía, la poesía que viene de ella es para ella, en un llamado a construir América, en las obras que son signo y ejes de levedad, que son experiencia de lo leve para nosotros y los otros. Con la obra se reabre el mar interior del continente, y por ello mismo es que se parte a recorrer América, en el afán de reabrir, desvelar, lo que esconde y es rico y que yace en América.