Cristían Zamora, taller de amereida, La huella de la palabra

De Casiopea



TítuloCristían Zamora, taller de amereida, La huella de la palabra
AsignaturaTaller de Amereida 2014
Del CursoTaller Amereida 2014
CarrerasDiseño Industrial
Alumno(s)Cristián zamora miranda

La huella de la palabra

El hombre en su condición humana siempre se ha sentido atraído a lo desconocido, lo extraordinario. Esto lo ha impulsado a recorrer y explorar el mundo haciéndolo propio. Desde tiempos antiguos ha convertido todo el mundo en su casa, es decir, a través de los viajes, conquistas, exploraciones, expediciones, etc. El ser humano va descubriendo sus posibilidades.

Este apropiación se refleja actualmente en la predominancia del idioma inglés. Debido a que desde tiempos antiguos el hombre ingles fue el primero en abalanzarse hacia lo desconocido. esto era concebido como la máxima aventura, provocándole un temor, que en vez de paralizarlo era el motor para recorrer el mundo entero y hacerlo propio.

Las conquistas Inglesas de la antigüedad y su soberanía se reflejan actualmente en la predominancia de su idioma y su lenguaje. Esta es la lengua más hablada. De conocimiento casi transversal en todo el mundo, adoptada como segundo idioma en muchos países. El inglés se encuentra a pasos de convertirse en un idioma global, con el que las barreras de comunicación alrededor del globo podrían desaparecer eventualmente. Esta hambre del inglés por conocer y hacer propio el mundo. Ha logrado trascender a través de los años. Por ejemplo el explorador John Cabot llego a la península de Labrador, en 1497,esperando poder difundir la cultura inglesa. La corona inglesa llevó otra expedición encabezada por Sir Walter Raleigh, quien intentó establecer colonias en la llanura oriental en América del norte y fundó fugazmente Virginia, en 1585, en homenaje a la reina Isabel.

Las intenciones de estas expediciones eran claras: Los indígenas nativos no eran considerados humanos y por eso, el "Nuevo Mundo" tenia que ser repoblado por los ingleses "puros". Entonces, motivados por sueños de oro y gloria, apareció un nuevo tipo europeo: el colono anglosajón. Este colono anglosajón a pesar de las atrocidades que cometió tenía un propósito de ir mas allá de lo conocido, quería ser reconocido por grandes hazañas, cosa que en ese tiempo era valorado de forma distinta. Se valoraba el viajar a tierras lejanas en busca de riquezas, porque eran hombres que no se conformaban con lo que tenían, porque sabían en su inconsciente que había más, que había un mundo mucho más amplio y más cosas que lo deparaban.

El colono anglosajón quería apropiarse de ese mundo desconocido y trabajar en el a su modo, dejando un rasgo de el, en el imperio que estaban formando, ese imperio disgregado que formaba una sola identidad.

Hacer algo propio del instinto creador En la travesía. El amor a la obra deja en ella algo único. Dejamos algo de nosotros en lo que hacemos, somos el oficio y en esta práctica debemos dejar huella de la misma forma que nos apropiamos del espacio, civilizando lo desconocido. Pero fue por medio del lenguaje, de su discurso, que se pudo expandir este imperio. Transmitieron su cultura y conocimientos en estas travesías que realizaban, estas expediciones altruistas que estaban constantemente en la búsqueda de más; así como nosotros podemos dejar nuestro lenguaje, la palabra, la poesía en nuestras travesías, plasmar nuestro discurso en obras propias, dejando clara la función del lenguaje así sea escrita, hablada o expresada por medio de una obra. Es comunicarse de verdad, dar a conocer lo desconocido, para dar una forma de entendimiento de diferentes culturas con el otro, siempre enriqueciendo el conocimiento Es este apropiarse mejor dicho dejar una marca en lo que hacemos y donde vayamos. El inglés y su amor al miedo lo llevaron a errar por el mundo logrando dejar parte de si a donde iba. Es a lo que debemos aspirar nosotros al hacer lo que amamos, en nuestro paso por el mundo buscando lo que nos apasiona, hacerlo con amor y dejar una parte de nosotros en nuestras obras, para poder comunicar al resto lo desconocido y lo apasionante de ir por mas, ya que esa ha sido la única cosa que intriga y motiva al hombre responderse preguntas, conocer lo desconocido, el hombre debe ser curioso por naturaleza he investigar o si no, no habría real pasión por las cosas, por el oficio, siempre ir por mas.

Las lenguas son un cristal a través del que podemos observar el mundo, es en ellas donde nosotros construimos nuestro contexto cultural. Transformamos lo que nos rodea a medida que lo incorporamos a nuestro lenguaje, institucionalizando lo que antes nos era desconocido. Es en esta realidad donde se produce una infinidad de viajes, hechos desde que fue posible para el ser humano viajar grandes distancias. El inglés ha definido gran parte del mundo occidental, como antes lo hizo: el Latín; el griego; el español; el alemán. Son estas capas culturales las que van construyendo nuestra sociedad, rica en sincretismos culturales.

El hombre a medida que viaja no solo descubre nuevas realidades, sino que además, re significa su existencia. Es en este desarrollo de sentido que vamos apropiándonos de lo salvaje, civilizando lo barbárico de la libertad exenta del lenguaje. El ser humano crea mecanismos a través del lenguaje para poder identificarse con su medio, llegando a moldear el mismo a su conveniencia.

Sin embargo, es en lo superficialmente conocido donde se ubica el viajero. Las comunicaciones nos dan un conocimiento parcial sobre el mundo. Ya no nos enfrentamos a la barbarie, si no que nos vemos contrapuestos a otras culturas. Desde este punto la cualidad más importante del viajero deja de ser la capacidad creativa. Es facultad de entender y absorber culturas que no conocemos el nuevo elixir de la aventura. En praxis el idioma Inglés domina gran parte del mundo, pero es necesario reconocer que no es algo absoluto.

La lengua permite la transmisión de ideas, pero ¿Son comprensibles estas ideas fuera de su marco cultural? En muchas ocasiones el viajero se verá enfrentado a situaciones que escapan de su entendimiento. Sentimientos propios de una cultura, nativos de un lenguaje, son conceptos difíciles de entregar.

Nos vemos en la disyuntiva del viajero contemporáneo y el antiguo aventurero de antaño. La contraposición entre crear y ejercer poder sobre el medio, a la necesidad de adaptarse a este sin cuestionarlo. La búsqueda de aventura que caracteriza al viajero no ha cambiado, pero si la calidad del mismo. Las facilidades para viajar que podemos observar hoy en día, hace del viaje una mera instancia de esparcimiento. No bien dicho esto, es necesario aclarar que no todos los viajeros se someten a esta idea.

Si es el antiguo excursionista inglés, nuestro objeto de estudio. Podemos analizar su llegada a tierras remotas. No solo logro su trascendencia a través de su idioma, si no que evito la supervivencia de las lenguajes ya existentes en el medio. Es así como hoy podemos observar la hegemonía del pensamiento colonizador, que proviene de estos primeros viajeros.

Es en su lenguaje donde podemos apreciar la construcción y caracterización del mundo que se origina en Europa. Retomando la idea de la lengua como un cristal, el inglés que puso en marcha su necesidad de conocer, nunca fue capaz de observar la realidad tal como es, ya que solo vio lo que su lengua y cultura le permitieron. Cuando la realidad amenaza sus nociones sobre el mundo, es el momento de acallar estas voces, de prevalecer. Es así como el antiguo colono impuso la trascendencia de su cultura, de su discurso, de su lenguaje.

Finalmente, ya estando consientes del poder del lenguaje, podemos trascender a través de este. Debemos entregarnos a lo que nos apasiona, cuidándonos de quedar encerrados en las paredes de la lengua. El habla es nuestra mayor herramienta para alcanzar nuestros sueños, sin embargo, es también un arma de doble filo, ya que nos aprisiona en sus fauces sin que podamos ver la trampa.

Buscamos entonces en el viaje la subsistencia de nuestras ideas, de nuestro supra yo. inconscientemente nos aferramos al lenguaje, ya que este siempre ha sido nuestro recurso más vasto. Es en el donde podemos vernos, donde podemos apreciar las cosas que hacemos. Plasmar nuestro discurso en el oficio que amamos. Una llama que no ha de apagarse.