Condominios Sociales en Altura y sus transformaciones urbanas La oportunidad de vivir en comunidad

De Casiopea



TítuloLa oportunidad de vivir en comunidad
AsignaturaPoética General
Del CursoPoética General Mg 2T 2015
CarrerasArquitectura, Ciudad y Territorio
3
Alumno(s)Claudio rivas

Condominios Sociales en Altura y sus transformaciones urbanas

La oportunidad de vivir en comunidad

La vivienda social regida por el concepto de copropiedad ha existido desde la década del 30, la edificación en altura ha sido su tipología predomínate. La necesidad de vivienda está ligada a la migración ocurrida durante todo el siglo XX (Migraciones campo – ciudad), lo que fomento la ejecución de políticas públicas que abordaran esta necesidad, esta se relacionó directamente con otra necesidad, la de poder habitar suelo urbano, por lo cual se priorizo la densificación en altura, cuestión que obligo tempranamente a desarrollar un marco que normase la relación entre propiedad privada y la administración de bienes comunes, como resultado de un sistema de habitabilidad colectiva.

Desde la década de los años 30 se comienza a configurar un escenario institucional y cultural que comienza a favorecer la construcción de viviendas en altura, impulsado por los primeros cambios tecnológicos, apareciendo así los primeros edificios que en varias plantas acogerán a múltiples familias y con ello aparece la necesidad de normarlos, desde la aplicación de diversas leyes (ley de venta por piso 1937, ordenanza de construcciones y urbanización en 1963 y ley de copropiedad inmobiliaria de 1997).

En los años 80 y amparados por la política de erradicación y posicionada por los subsidios a la demanda, las familias que llegaron a habitar los nuevos condominios sociales no lograron a configurar un tejido social cohesionado, lo que agudizo las problemáticas físicas y sociales de estos conjuntos, con esta realidad ya evidente se creó la ley de copropiedad inmobiliaria en 1997 como nuevo instrumento de regularización En conclusión Un Condominio social, según la ley, se define como la construcción o los terrenos acogidos al régimen de copropiedad inmobiliaria (ley de 1997 la cual se aplica en la actualidad), lo que los hace ser sociales es porque su construcción se realiza mediante recursos públicos. Los condominios sociales pueden ser de dos tipos, los condominios en las cuales el bien común es el predio, o la infraestructura (block), los condominios sociales en altura son estos últimos, es aquí donde ocurre la convivencia de forma más íntima donde no solo se comparte la misma coordenada sino también el mismo techo. El término “Condominio” es de origen latín, nos evoca la propiedad, no la privada, sino la que comparto con mi vecino, el que está al lado, arriba y abajo, el vecino que se encuentra en mis pies pero también en mi cabeza, al que puedo escuchar, ver y sentir, el que no conozco, pero vive bajo mi mismo techo, el mismo techo que se comparte con la madre, la pareja y el hijo, se comparte con un extraño que no sé, de donde viene, tampoco se donde trabaja y menos, lo que piensa de mí, solo hay veces que lo veo cuando abro mi puerta y cuando me voy a trabajar o estudiar, el condominio social permite este tipo de encuentros, y nos obliga a convivir en comunidad, comunidad que ninguno de sus habitantes eligió.

Que es lo que transforma en social a este tipo de condominios; su pobreza, su arquitectura, su olor, sus historias, lo deteriorado de los espacios comunes y públicos, o simplemente es la forma de financiamientos, en donde el estado es el que se “encarga” de la construcción de las viviendas y la urbanización de su contexto. Esta forma de hacerse “cargo” es bastante dudosa ya que como en la mayoría de las acciones que el estado realiza, estas son externalizadas a empresas privados, que se deben hacer cargo de lo que el estado no es capaz, acciones que el mismo estado fomenta no las ejecuta directamente, los privados tiene la misión de ejecutar políticas públicas, estas en muchos casos deficientes y con recursos acotados, lo cual da como resultado lugares que cumplen con el mínimo de lo exigido por el estado, lo cual “se supone” que cumplen con las condiciones de habitabilidad para una familia vulnerable que como promedio mínimo está compuesta por 5 habitantes, en departamentos que no superan los 45 metros cuadrados. Cuando una familia de por lo menos 3 niños tiene que habitar estos lugares, la población comienza paulatinamente a buscar otras soluciones, y necesariamente se comienza a relacionar con el exterior de la vivienda, los espacios comunes y públicos juegan ahora un rol determinante en la forma de vivir de estos pobladores. El termino condominio social posee una definición técnica, ya que su nombre viene a clarificar el origen como política pública de carácter social, la cual trata de dar una solución a una problemática de este mismo origen, que en este caso es la vivienda. Pero además posee otra acepción que comienza a surgir mientras escribo estas palabras, que es la obligación que tienen estos pobladores dada la necesidad u oportunidad de sociabilizar y saludar al “otro”. El vivir en comunidad y de estas formas, me transforma en parte del otro y por ello, en “un habitante del gueto”. El vivir en altura ya sea en el segundo, tercero o cuarto piso, modifica la forma en que el habitante se relación con su entorno, y si a esto le sumamos el vivir con otros que no conozco ya sea al lado, arriba, abajo o todas las anteriores, modifican como “yo” habitante de condominio social en altura, me relaciono con mi propia vivienda y mi cosmovisión interna de lo que yo considero “mi vecino” “la infraestructura condiciona la forma en que vive el hombre”, esta frase es clarificadora pero además de la infraestructura como elemento detonante en la relación con el habitar, existen otras “condiciones” que clarifican de mejor forma lo que es vivir de esta manera, y estas pueden ser respondidas mediante las siguientes preguntas: “ quien, como y donde”, el quien se transforma en la definición de las características de las personas con las cuales comparto mi habitar, el cómo es la relación de mi habitar con la infraestructura que habito, que en este caso es el llamado “ block” y el donde, es la relación entre el quien y el cómo, con el territorio, que en estos casos es principalmente en lugares vulnerables o simplemente en el gueto, la combinación de estas tres respuestas, me permiten caracterizar al poblador de un condominio social en altura.

Vivir en copropiedad es vivir en lo mío, lo tuyo y en lo de los otros, ¿pero cuál es mi propiedad?, solo la que está adentro de mis cuatro paredes, la cual no superan los 45 metros cuadrados, “aquí es donde hago mi vida y soy el que me gusta ser”, pero sin caminar muy rápido o hablar muy fuerte para que mis vecinos no escuchen como vivo. A pesar de eso después de un tiempo conozco los pasos de mi vecina y los gritos de los niños de abajo.

Las decisiones políticas y el mercado inmobiliario, condicionan a la población más vulnerable a vivir en el gueto, lejos de los centros productivos, lejos de establecimientos educacionales y de salud, al mirar alrededor y detenerme en mis vecinos, es evidente, que ellos son igual que yo, la única diferencia son nuestros lugares de origen, los cuales pueden ser de cualquier parte del país. Pero a pesar de esto, nos parecemos más de lo que nos diferenciamos, Mis vecinos tienen los mismos problemas que yo y vivimos de la misma forma, sin plazas, mal conectados, sin juegos o lugares que inviten a habitar en los espacios públicos, en conjunto con otras problemáticas relacionadas a la seguridad y accesibilidad, todo esto nos hace pensar y preguntarnos ¿él porque tenemos que querer un lugar que no nos entrega nada, y que ni siquiera nos invita a vivirlo?, tal vez estas mismas condiciones desfavorables entregan “algo” y este mismo se transforma en el valor rescatable de este tipo de habitar.

Los espacios públicos y comunes son esenciales en el habitar de estos pobladores, ya que los espacios internos de este tipo de viviendas no permiten el desenvolvimiento de sus habitantes, principalmente de niños y jóvenes, los cuales necesitan espacios mucho más amplios de los que ofrece los departamentos de los condominios sociales, por lo cual estos buscan los espacios fuera de las 4 paredes de su vivienda, he aquí el problema ya que los espacios que se encuentran “afuera” o no se existen, o están en mal estado, o simplemente no se encuentran diseñados para este tipo de población. Los espacios públicos tienen que reclamar la “identidad del lugar”, y contribuir a su contexto. Estos son el mayor bien que posee la ciudad ya que los orígenes de estos espacios intentan rescatar esta idea, en conjunto con incitar la reunión, la convivencia, el ocio y la pertenencia. Si el departamento no invita a la apropiación, una oportunidad esta en los espacios públicos y comunes ya que el cuidado, invita a la ocupación y está a la identidad.

En muchas ocasiones el mismo habitante busca la forma de solucionar la escases de espacio, ya sea con la fija idea de aumentar los espacios en los cuales habita, mediante ampliaciones irregulares, u ocupación ilegal de espacios comunes y públicos, esto genera tensión en los mismos vecinos y complicaciones en las relaciones interna entre habitantes lo cual no favorece en la relación con el entorno, lo que se traduce en deterioro no solo de las relaciones sociales sino de los mismos espacios que son mal utilizados.

Los espacios públicos, son la biopsia de las ciudades, siendo estos, el reflejo de su contexto. “Un lugar que no posee sombra, no invita a la permanencia”, un “espacio público que posee escaños invita al reposo y a la mirada”. En definitiva los espacios públicos permiten reconocer cuales son las características de sus habitantes y como estos se relacionan con la ciudad. Los espacios públicos son los primeros en demostrar los niveles de organización de una comunidad. Una comunidad organizada cuidara sus espacios, y de pasada comenzara a relacionarse entre ellos lo cual permitirá generar una red de contactos, lo que apoyara la oportunidad de conocer al otro. ¿Pero que es mejor espacios en desuso o mal utilizados?

Pero vivir en copropiedad es vivir en una oportunidad, la oportunidad de conocer, de sorprendernos, del encontrarnos con el otro, incorporar y nutrirnos de “algo nuevo”, tal vez no se eligió con quien vivir, pero si con quien reunirnos, a pesar de la imposición hay una decisión. Vivir en copropiedad es vivir en un constante umbral entre lo mío y lo tuyo, es como se escribió en la apertura de terrenos de ciudad Abierta “todos estábamos cerca, pero ninguno supo estar juntos” , esto es lo que sucede en copropiedad. La oportunidad esta en esto, en el aprendizaje de estar juntos, como lo hicieron en ciudad abierta donde la decisión, se inició desde la voluntad, y creer en un proyecto en comunidad.

La voluntad recae en fundar, y superar lo impuesto, superar el ¿por qué estamos ahí?, y la decisión no es aceptar, es simplemente fundar sin repreguntarse, elegir el lugar impuesto y transformar la escases en oportunidad, al igual que en ciudad abierta donde la “ley está escrita, es exacta, es precisa no hay alternativa, no hay propiedad privada”, la diferencia está en el significado del lugar y esto solamente se resume en la decisión, y en querer.

La hospitalidad es parte de esto, se acepta donde se vive, se comienza a trabajar para mejorar, y se acepta la gente con quien se comparte el día a día, la oportunidad esta en mirar al vecino como parte de mi habitar, parte del condominio social, pero esta partida es desde uno mismo del yo interior, del aceptar y querer mejorar las condiciones de vida en las que vivo yo, y mis vecinos, desde el que conozco y con que me hablo todos los días hasta con el que nunca he visto por qué se encuentra en otro block, y nunca he transitado por este, pero este sentimiento de apropiación personal no basta, debe ser reflejado en la comunidad, en el colectivo, ya que el individuo de un condominio social como tal no posee las herramientas para mejorar de forma cierta las condiciones de vida de una población entera, pero si la organización completa de una población puede interferir de forma real incluso las políticas públicas de este país, en donde las decisiones políticas son mucho más importante que la “mirada técnica”.

La oportunidad de vivir en copropiedad se evidencia objetivamente en los niveles organizacionales que posee una comunidad, en este caso la fuerza que poseía por ejemplo el gueto de bajos de Mena, se traduce en la cantidad de población, que habitaba este sector que alcanzaba aproximadamente ciento veinte mil habitantes (120.000), población similar a la que posee en la actualidad la totalidad de la comuna de Villa Alemana, la cuales en su mayoría se concentraban en condominios sociales en altura. La evidente condición de deterioro urbano y social de este sector no fue el detonante de las políticas públicas que se implementaron para mejorar esta condición en el año 2010, sino fue la fiera organización comunitaria de los habitantes que vivían en el lugar. Después de 30 años desde la construcción de las primeras viviendas sociales en el sector se implementaron las primeras políticas de regeneración y erradicación de población de estos condominios sociales, a lugares que cumplían de mejor forma el concepto calidad de vida. Una cosa de lo sucedido en bajos de Mena que resulta llamativo, es el tiempo en que tardaron (30 años) en emplear las primeras políticas en lugares que evidentemente se sabía que estaban increíblemente deteriorados, y esta responsabilidad sin duda alguna recae en el estado y la forma en que traduce sus políticas públicas, pero además otro responsable es la misma comunidad que demoro 30 años en organizarse, tiempo en el cual sufrieron innumerables patologías urbanas y sociales.

Lamentablemente el vivir muchos años en un lugar determinado y específicamente en un condominio social en altura, no es sinónimo de arraigo y apego por este lugar. Este sentimiento se fabrica con el día a día, y contar con un lugar que ofrezca las condiciones mínimas para poder subsistir (áreas verdes, salud, educación, seguridad equipamientos, locomoción), todos estos elementos y otros permiten generar aprecio por el lugar en el cual habito, la cual con el tiempo se transforma en topofilia. Si yo no puedo lograr el desarrollo de forma individual o como grupo familiar, que las condiciones de vida mejoren, la oportunidad está en la unión y en el trabajo en equipo que puedo realizar con el resto de la comunidad y han sido muchos los ejemplos en donde esta unión y el trabajo han sobrepasados las barreras que fueron impuestas por los mismos que eligieron, diseñaron y ejecutaron el lugar que hoy habitan las personas más vulnerables.

La idea de vivir en “copropiedad” responde a la naturaleza humana de vivir en comunidad, los condominios sociales en altura, de forma consciente o inconsciente tienen esta oportunidad, la relación con el otro es directa, si el poblador llega a conocer su innumerable potencial, las claras externalidades negativas serán potencialmente subsanadas. Pero todo esto depende de cuan organizado este su población.

¿Cómo organizamos a la población para mejorar nuestras ciudades?

REFERENCIAS

  1. VIVIENDA SOCIAL EN COPROPIEDAD, Memoria de tipología en condominios sociales, Secretaria ejecutiva Desarrollo Barrios MINVU, 2013, PAG 20-21 Y 22.
  2. Apertura de Terrenos, Godofredo Giomi 1971, Pag 5.