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Ciclo de observación - Interacción dinámica entre elementos que conversan entre sí - Martina Núñez



TítuloInteracción dinámica entre elementos que conversan entre sí
AsignaturaTaller Ciudad Legible 2025
Del CursoTaller Ciudad Legible 2025
CarrerasDiseño
01
Alumno(s)Martina Núñez

Interacción dinámica entre elementos que conversan entre sí.

Las ramas y el mar crean un encuadre para el barco.


Veleros se arremecen gentilmente entre el mar.


Las olas del mar bravas no interrumpen la tranquilidad del agua dentro de la estructura, permitiendo mantener el reposo gentil de los veleros en su superficie.


La zona de mayor interés visual se concentra en el centro, pues el cielo y la arena de las dunas parecen planas a comparación. / El mar es apenas una franja dentro de la vastedad del contexto, minúsculo a comparación. La naturaleza lo rodea, los árboles opacando su diminuta figura.


El reposo inestable que provee el movimiento del mar inquieto, el suelo intranquilo en contra del estable, sólido, e imperturbable por fuerzas menores.



Todos los elementos presentes en un paisaje conversan entre sí para formar, en su totalidad, una interacción dinámica que produce distintos resultados que dependen de la forma en que se entrelazan. Los elementos interactúan variadamente, se complementan, y se aíslan.


Una de las variables es la luz. Proyectante sobre los objetos, las estructuras, y la naturaleza, recubre sus formas de maneras distintas y únicas que dependen tanto de la forma y textura como de la dirección desde donde venga la luz: El mismo árbol se verá diferente por la mañana y por la tarde. El tiempo es un factor a considerar con respecto a su actuar influenciable. Siendo de lo más variable, el transcurrir de la hora le permite moverse y transformarse, cambiando su manifestación en todo aquello a lo que puede acceder. La luz es un elemento sumamente versátil que provee un contexto importante y enriquecedor de la imagen y los objetos al, con sus muchas variables, alterar distintivamente las formas que toca.


La luz, directa que hace brillar o gentil que ilumina sin ser eclipsante, tiene la capacidad de resaltar tanto las pequeñas cualidades de estos como su forma general, esto último especialmente visible si se observa desde una distancia considerable donde los detalles pasan a ser una cosa mínima. La luz directa y brillante puede hacer destacar la forma en contra del contexto, o al contrario, su falta crea una sombra opaca que le mezcla con este y hace que las formas se pierdan entre ellas. 


De la mano va el suelo donde se proyecta, en términos más vastos que los del objeto específico. Comparte las mismas propiedades, pero se ve en una escala mucho mayor y por ello puede que la luz se proyecte en el total de su plenitud, volviéndolo plano si es que no presenta mayor profundidad. Como ejemplo está el mar, el que actúa como superficie, el oleaje tranquilo sirviendo como el suelo de las embarcaciones que reposan sobre él. La figura de ellas resalta distintivamente entre la tranquilidad que le provee su suelo, su presencia destaca sobre el mar aparentemente calmo y el cielo, a los que la luz aplana por la falta de otros elementos que le afecten o profundidad de la superficie. En tal caso, la luz que cae sobre su forma es directa y no resalta la profundidad o perspectiva de la superficie, su reflejo en el mar apenas es influyente en lo que se puede notar a una distancia lejana. Esto permite que la figura contraste entre la calma y así se cree un encuadre natural, llevando la embarcación de forma instantánea en lo que se enfoca el ojo.


Esta interacción entre los muchos elementos presentes en una escena es completamente dinámica. Por ejemplo, las arenas y la naturaleza que enmarcan al mar con naturalidad. Opuesto a la grandeza del océano en primer plano, a lo lejos, cerca de la punta de la duna se ve minúsculo, prácticamente invisible si es que la mirada no lo busca de forma activa, puesto que el color es, además, muy similar al del cielo. La luz del sol deja el horizonte inferior plano, no se marcan fuertemente las pisadas en la arena ni los usuales patrones que suele haber en ella, y el superior, donde está el cielo, tampoco resalta demasiado puesto que estaba despejado. Los árboles en la franja del medio, a la distancia desde donde se observa, resaltan por su forma interesante en contra de la planitud de lo demás. Como resultado, la pequeña separación entre ellos resulta en la zona de interés visual que le provee suelo, un encuadre que surge de los contrastes naturales donde se ubica frágilmente el mar.


Los colores no son cosa menor para este. Colores complementarios o no, la superposición o asomo de uno de ellos sobre el otro lleva el ojo a uno de manera inevitable, incluso si es que la luz los cubre de la misma manera. Todo es matizado, tonalidades variadas y complejas presentes en literalmente todo aquello que es visible. El contraste claro-oscuro está estrechamente relacionado con la luz y la sombra, las tonalidades de gris en extremos opuestos y contrastantes que pueden sobreponer la luz sobre la sombra o la sombra sobre la luz al jugar con su posición, con su cantidad, y el cómo se superponen. Así mismo, un color claro destacará entre tonos oscuros, y uno oscuro lo hará entre claros. El asomo firme del color permite encuadrar, como la embarcación oscura resaltando entre los matices blanquecinos del mar y el cielo.


El encuadre que se genera es completamente dependiente del contexto. La luz, los colores, tonalidades, texturas, posición del observador, y hasta la presencia humana son elementos que pueden irrumpir o cooperar a esta acogida de información dinámica por parte de quien esté mirando. Los elementos interactúan entre equilibrio y contraste que cambian el enfoque o la totalidad de lo que se está observando. Puede que el equilibrio pacífico que se genera entre ellos se vea irrumpido por un elemento particular resaltante entre la tranquilidad con su contraste por color, iluminación, tamaño, o demás, o, al contrario, la calma destaque entre el caos y desorden. Incluso sin contrastes, el color por sí mismo basta para generarlo. Sea como sea, la interacción abraza, rodea, eleva, y encuadra.


El contexto y la presencia de todos estos elementos complementarios y/o contrastantes juegan un papel fundamental en la percepción del espacio al brindar lo necesario para generar un efecto en el mirar. La luz es fundamental en esta tarea, abrazando aquello a lo que puede acceder de forma versátil y logrando proveer contrastes que resaltan ciertos elementos por sobre otros, y así mismo lo hace el color con sus distintas saturaciones y tonalidades, y el tamaño de los objetos en contra de otros. Todos estos elementos son versátiles, permitiendo que el ojo interprete la imagen de maneras diversas dependiendo de las condiciones y las variables presentes en cada momento. El color, los tonos, los miles de matices visibles generan contrastes, la hora a la que se observa que cambia meticulosamente la luz y todo aquello a lo que ella accede. Es la interacción dinámica entre estos elementos lo que da forma a la percepción del espacio.